Heinrich Rickert

Nació en Danzig el 25 de mayo de 1863 y murió en Heidelberg el 30 de julio de 1936. A distinción de su pa­dre, exclusivamente dedicado a la política, se interesó por la filosofía. Estudió en Ber­lín, Estrasburgo y Heidelberg, donde cono­ció a Wilhelm Windelband (v.), que fue maestro suyo y determinó su orientación filosófica; Rickert, en efecto, aparece singular­mente como sistematizador y continuador de la «filosofía de los valores», del mencionado filósofo. En 1891 inició su labor docente uni­versitaria en Friburgo de Brisgovia, de don­de pasó luego como profesor numerario a la Universidad de Heidelberg (1915), en la que sucedió en la cátedra a Windelband. Su primera obra filosófica es La doctrina de la definición [Die Definition, 1888]; a ella siguieron El objeto del conocimiento (1892, v.) y Los límites de la formación de los conceptos científicos (1896, v.).

Al principio Rickert dedicóse particularmente al problema de la teoría general del conocimiento, que, en un segundo período iniciado con el texto Ciencia de la cultura y ciencia de la natu­raleza [Kulturwissenschaft und Naturwissenschaft, 1899], aparece como cuestión me­todológica, en relación ya con el parale­lismo psicofísico o bien con la filosofía de la historia. Esta etapa se halla documen­tada por las obras La causalidad psicofísica [Psychophysische Kausalität, 1900] y Problema de la filosofía de la historia [Pro­bleme der Geschichtsphilosophie, 1905]. Una tercera fase, que cabría definir sistemática, principia con el texto polémico La filosofía de la vida [Die Philosophie des Lebens, 1922], en el que se reivindica el valor de la racionalidad y de la sistematización filosófi­cas contra cualquier forma de irracionalismo, y sobre todo frente al existencialismo de Heidegger; pertenecen a esta etapa: Sistema de filosofía [System der Philoso­phie, 1921], Kant como filósofo de la cultu­ra moderna [Kant als Philosoph der modernen Kultur, 1924] y La lógica del pre­dicado’ y el problema de la ontología [Die Logik des Prädikats und das Problem der Ontologie, 1930].

La última obra de Rickert se titula Los problemas fundamentales de la filosofía [Grundprobleme der Philosophie, 1934]; su autor divide tales problemas en metodológicos, ontológicos y antropológicos. El filósofo que nos ocupa ha sido uno de los más sólidos defensores modernos del carácter sistemático de la filosofía; toda su labor es una lucha contra la falta de sis­tema y un intento destinado a crear una sistematización filosófica lógica de acuerdo con la gran tradición kantiana. El raciona­lismo sistemático de Rickert, sin embargo, no resulta cerrado y abstracto, por cuanto pre­senta a la filosofía no sólo como un forma­lismo, sino también como una visión del mundo que abarca todos los valores huma­nos. Nuestro autor veía realizada esta inte­gración ideal en Goethe, a quien dedicó el ensayo Goethes Faust (1932). Hacia el final de su vida Rickert consideró misión de la cul­tura europea la armonización, en una síntesis viviente, de la más ilustre filosofía occidental, la de Kant, y el mayor ideal de vida humana, personificado por Goethe.

E. Pací