Hans Ernst Kinck

Nació en Oksfjord el 11 de octubre de 1865 y murió en Oslo el 13 del mismo mes de 1926. Es el representante más ilustre del movimiento neorromántico y nacional de Noruega durante el tránsito de uno a otro siglos. Todavía estudiante se interesó por las tradiciones populares y la antigua literatura nórdica. Graduado en 1890, enseñó algún tiempo en Cristianía, y luego trabajó en la biblioteca universitaria. Em­pezó a escribir de acuerdo con el naturalis­mo; sin embargo, las novelas Huldren (1892, v.) y Jóvenes [Ungt folk, 1893] presentan ya los temas que posteriormente habrían de prevalecer en la producción del autor: el alma popular y la oposición al racionalismo. En 1893 contrajo matrimonio con Minde Ramm, y pasó un año en París, donde co­noció a Hamsun y Lie y maduró el misti­cismo nacionalista y racista que en ade­lante inspiraría sus narraciones y novelas — Las alas del murciélago [Flaggermusvinger, 1895], El pastor [Driftekaren, 1908], Hermán Ek (1922).

En 1896 estuvo por vez primera en Italia, donde vivió en Roma hasta 1899 y en Florencia hasta 1903; este país, al que volvió repetidamente, y cuyo gobierno .por el fascismo vio con cierta simpatía — por lo menos al principio —, ins­piró gran parte de su producción narrativa (en la cual resulta característico el con­traste romántico entre el Norte pagano y heroico y el Sur cristiano y afeminado), los dramas eróticos (Las bodas de Genova [Brylluppet i Genua, 1911]) y los históricos de ambiente italiano, en los que el «genio de la estirpe» aparece concretado en la con­traposición entre Aretino (El último hués­ped [Den sidste Gjest, 1910]) y Maquiavelo (Hacia el carnaval [Mot kameval, 1915]), y numerosos ensayos y estudios sobre la cultura y la historia de Italia: Italianos [Italienare, 1904], Tierra antigua [Gammel Jord, 1907], La voz de la estirpe [Stammens Røst, 1919], Figuras del Renacimiento [Renaessance Mennesker, 1916]. Se le debe también un retrato histórico de Aretino: Un aventurero de la pluma [En Penneknegt, 1911]. De los dramas cabe citar, además, Agilulfo el sabio [Agilulf den Vise, 1906]. Los cuentos, donde Kinck se ve forzado a la brevedad, figuran tal vez entre lo mejor de su producción.

M. Gabrieli