François Quesnay

Nació en Méré el 4 de junio de 1694 y murió en Versalles el 16 de di­ciembre de 1774. Hijo de un pequeño terrateniente, octavo de trece hijos, parece que su educación quedó confiada a su madre al principio, la cual la descuidó hasta el punto de que el muchacho no sabía aún leer a los quince años. Pero con gran fuerza de voluntad, decidió todavía joven dedicarse a los estudios médicos. Habiendo marchado a París, asistió allí, de un modo brillante, a los cursos de cirugía y posteriormente a los de medicina: sus aficiones variadas y complejas lo llevaron a ocuparse también de filosofía y matemáticas, pero su vocación predominante continuó siendo la primera, la medicina, en la que no tardó en distin­guirse (en 1735 leyó en la Academia de Ciencias de Lyon un discurso titulado La teoría y la experiencia en medicina).

Los primeros años de actividad profesional fue­ron para él más bien duros, pero después su preparación y sus cualidades de científico, que sabía unir a la teoría profundas nocio­nes prácticas, lo impusieron a la atención de la mejor sociedad francesa: fue nombra­do secretario perpetuo de la Academia de Cirugía, publicó en 1737 y en 1743 dos vo­lúmenes de memorias en los que incluyó algunas suyas que fueron muy apreciadas. Continuando en su actividad científica, dio a la imprenta en 1753 su obra quizá más importante en este campo, Traité des fiebres continues. Nombrado, en 1752, médico de la Corte de Luis XV, se estableció en Versa­lles. Pero poco a poco fueron cambiando sus aficiones, orientándose hacia los proble­mas económicos, que empezó a debatir con otros estudiosos (como De Gournay, Mira­beau padre, Mercier de la Rivière y Turgot), los cuales fueron llamados «economistas» — término usado entonces por primera vez y destinado a subsistir en la nueva ciencia que se estaba formando — o también «fisió­cratas», por la exclusiva importancia que le daban a la agricultura, como única fuente de riqueza nacional.

Con este grupo o «sec­ta» de economistas se puso también en con­tacto A. Smith durante su permanencia en París, el cual advirtió inmediatamente tanto la importancia de la nueva escuela como launilateralidad de las doctrinas fisiocráticas. Quesnay contribuyó al principio a su formulación con trabajos publicados en la gran Enciclo­pedia (v.) de Diderot, y- especialmente en las voces Fermiers y Grains, aparecidas en 1756 y en el año siguiente. En 1758 publicó su Cuadro económico (v.), que obtuvo gran éxito en su tiempo y que es considerado hoy como el primer esquema de contabili­dad nacional, o exposición del estado eco­nómico de una nación. La fisiocracia tuvo en Quesnay su jefe, y las principales doctrinas que ella inspiró (existencia de un orden natural en el sistema económico, dependen­cia de todas las clases del «producto neto» de la agricultura y oportunidad de un im­puesto único: v. Fisiocracia o Constitución natural del gobierno más ventajoso al gé­nero humano) se deducen también de los escritos de los otros fisiócratas y de la expo­sición que de tal doctrina hizo A. Smith.

F. Catalano