Francisco de Rioja

Poeta erudito espa­ñol. Nació en Sevilla en 1600 y murió en Madrid en 1659. Se graduó en Leyes en su ciudad natal. Su reputación de docto letrado le valió la protección del conde-duque de Oli­vares, quien lo llamó a la corte y le nom­bró bibliotecario del rey y abogado con­sultor. Acusado de ser el autor de ciertas sátiras, sufrió una larga prisión, hasta que fue repuesto en sus honores y dignidades. Retiróse entonces a Sevilla; en 1654 volvió a la Corte, donde residió hasta su muerte. Sus contemporáneos le tildaban por su pre­sunción y carácter altanero.

Como poeta es autor de sonetos amorosos o galantes, filosóficos, etc. Pero sus composiciones más celebradas son sus silvas a la riqueza, a la pobreza, al verano, y, sobre todo, a las flores; la que dedicó a la rosa se ha hecho proverbial. La poesía de Rioja se distingue por la elevación de sentimientos y la hondura de la intención moral; el lenguaje es puro y propio, de gran dignidad y no afeado por el culteranismo. Durante mucho tiempo se le han atribuido la Canción a las ruinas de Itálica y la Epístola moral a Fabio. En prosa escribió: una carta-introducción sobre la poesía de Herrera, para la edición de Pa­checo (1619), un discurso sobre los clavos de Cristo; el Aristarco en defensa de la injusta política del conde-duque en Cata­luña; un curioso alegato en favor del uso de la barba por los eclesiásticos, etc.