Carles Riba

Poeta, crítico y humanista catalán. Nació en Barcelona en 1893 y murió en la misma ciudad en 1959. Estudió Filosofía y Letras y Derecho en la universidad de Barcelona. Profesor de griego en la Escuela de Bibliotecarias de la Generalidad y en la universidad catalana; director de la sección griega y más tarde asesor general de la Fundación Bemat Metge. Hacia 1922 estuvo un tiempo en Alemania, donde asistió a las clases del ilustre filólogo e hispanista Karl Vossler. Casó muy joven con la fina poetisa Clementina Arderiu, que fue la fiel y sen­sible compañera de toda su vida. Residió en Francia y viajó por Inglaterra, Italia y Gre­cia. Cofundador de La Revista, que dirigía López-Picó, colaboró en los más importan­tes periódicos y revistas catalanes, singular­mente en La Revista de Catalunya, de la cual fue, en sus últimas fases, principal inspirador.

Trabajó eficazmente con Pompeu Fabra en la obra filológica del «Institut d’Estudis Catalans», de cuya sección de Filología fue miembro y luego presidente; es de subrayar su intervención substancial en la elaboración del Diccionari de la Llengua Catalana, para cuya segunda edición (1954) escribió un prólogo magistral. Su obra de poeta (v. Poesías) se inicia con Primer llibre d’estances (compuesto de 1913 a 1919 y pu­blicado en este último año; el Segon llibre d’estonces, escrito entre 1920 y 1930, apa­reció en esta segunda fecha junto con el anterior bajo el título de Estances). Lírica difícil, de pasión contenida, exigente, espiri­tual y subjetiva, ofrece parentescos con Ausiás March y Jordi de Sant Jordi, reso­nancias de Dante y Petrarca, e influencias lingüísticas de Josep Camer. En plena gue­rra civil aparecen sus sonetos Tres suites (1937); a propósito de este libro puede ha­blarse de «poesía pura», de Mallarmé y de Valéry.

Sigue después su colección Elegies de Bierville (Santiago de Chile, 1946), tal vez su obra más trascendente y perfecta; poemas escritos en el destierro, graves y solemnes versos de gran belleza formal y hondura lírica, feliz intento de re-creación clásica; su tema es la añoranza y la espiri­tual justificación del hombre ante el mundo y ante Dios. Pocos años después de su re­greso a Cataluña, publica Del joc i del foc (1946), que contiene una sugestiva colección de tannkas, preciosas y precisas, y una parte titulada «Per a una sola veu», bellos poemas sueltos. En 1952 da otra serie de sonetos, Salvatge cor, de expresión ceñidísima, en­juta, y de contenido casi ascético en su pura y ardiente elementalidad. Su última obra lírica lleva el nombre de Esbós per a tres oratoris (1957), tres poemas de cierta extensión sobre temas del Nuevo Testa­mento: los Reyes Magos, el Hijo Pródigo y Lázaro, el resucitado. Obra bien elaborada, sabiamente nutrida, de desarrollo original y entrañado espíritu religioso, representa, en cuanto a la forma, una evolución del poeta hacia modos más abiertos y abundantes, que a menudo le llevan a la descripción sensual de lo externo, aun cuando siempre mantenida en estrecha función de estados del alma y de sentidos trascendentes.

Como crítico (v. Estudios y ensayos) es autor de numerosos ensayos, artículos, prólogos y conferencias, la mayor parte de los cuales aparecieron luego reunidos en cuatro volú­menes: Escolis i altres articles (1921), Els marges (1927), Per comprendre (1937) y …mes els poemes (1957), admirable ejemplo de crítica creadora: el escritor parte de la obra sometida a su atención y trata de explicársela, casi de apropiársela, de desen­trañar los principios de su concepción y alumbramiento; muestra además de prosa rigurosa y docta, pero animada por un hálito de viva humanidad. Se le deben tam­bién tres libros de narraciones para la juventud, Les aventures de Perot Marrasquí (1921), L’ingenu amor (1924) y Sis Joans (1928); este último se considera como un modelo de estilo narrativo hasta ahora in­igualado en lengua catalana. En 1923 publicó una selección de la poesía lírica de Jacint Verdaguer, con un prólogo que fija lúcida­mente sus valores.

Su tesis doctoral, consa­grada a la Nausica de Maragall (convertida luego en extenso prólogo a uno de los tomos de las obras completas de este escritor), es quizá el estudio más penetrante y substan­cioso que se haya escrito sobre cualquier aspecto del iniciador de la poesía catalana moderna. También es autor de resúmenes didácticos de historia de las literaturas clá­sicas. Una de las facetas más sobresalientes de la actividad literaria de Riba es la de tra­ductor de obras antiguas y modernas. Por encima de todas ellas domina soberana­mente su versión de la Odisea (1.a ed. 1922; 2. a, 1948, revisada a fondo, con xilografías de Ricart; 3.a, 1953), monumento del cata­lán poético moderno, y que ha sido esti­mada como una de las mejores de todos los tiempos y todos los idiomas. Tradujo tam­bién el teatro trágico griego (Esquilo, Sófo­cles, Eurípides) y la obra de Plutarco para la colección de la Fundación Bernat Metge; algunos clásicos latinos, entre otros Virgilio (Les Bucóliques), y el bíblico (Cántic deis Cántics).

De sus versiones modernas cita­remos los Contes d’infants i de la llar, de Grimm; las Histories extraordináries de E.A. Poe, L’Inspector, de Gogol, una selec­ción de poemas de Hölderlin, etc., Póstumamente ha aparecido (1962) una traducción de poesías del neogriego Cavafis. Riba ha sido el maestro de dos generaciones de poetas y humanistas y, en definitiva, la figura lite­raria más relevante e influyente de la Ca­taluña postnovecentista. Escritor y profesor de estatura europea, a la vez clásico y mo­derno, cristiano sincero, hombre íntegro, la­borioso y leal, generoso de sus dones sin afectación, interesado en la obra ajena, sobre todo en la de los jóvenes, ciudadano y patriota ejemplar, atravesó con igual dig­nidad tiempos de esperanza y períodos pe­nosos y oscuros. Al cumplir los sesenta años, Riba recibió la admiración y la gratitud de los intelectuales catalanes, en un sentido homenaje al que se sumaron amplios sec­tores del país, y del cual queda constancia en el volumen Homenatge a Caries Riba (1954).

En los últimos años de su vida, el magisterio de Riba fue repetidamente recono­cido por los más genuinos escritores de len­gua. castellana, y su autoridad se impuso naturalmente en las reuniones poéticas de Salamanca, Segovia y Formentor. En 1956 apareció en Madrid, editada por la revista ínsula, una buena antología lírica de nues­tro autor, traducida al castellano. La per­sonalidad literaria y humana de Riba espera estudios pertinentes que nos revelen en toda su hondura y su belleza artística y moral al hombre y a su obra.

J. Olíver