Abū ‘abd Allāh Muḥammad ibn al-Jatib

Polígrafo arabigoespañol. Nació en Loja en 1313, murió en 1374. Desde su más tierna infancia demostró una rara disposición para las letras, que puso de manifiesto en sus epístolas juveniles y otras prosas rimadas. Estudió los antiguos poetas árabes y filoso­fía, y se trasladó muy joven a Granada. En la capital del reino nazarita, nuestro autor estudió Medicina y llegó a ejercer como médico; pero lo que le abrió el camino de la fama fue una kasida escrita en honor del entonces rey Yusuf I, que pronto alcanzó gran popularidad hasta llegar a ser cono­cida por el propio soberano que, en premio, le concedió a su autor un empleo en la cancillería de palacio. Eran tiempos en los que la poesía era sin duda el mejor camino para alcanzar brillantes puestos en la polí­tica; por ello no es de extrañar que nuestro autor, hábil versificador, llegara a ser en breve tiempo visir de Yusuf I.

Asesinado este monarca, le sucedió en el trono su hermano Muhammad V, y entonces el poeta hubo de compartir las tareas de gobierno con Reduán, favorito del nuevo rey. No obstante, Muhammad V le encargó la deli­cada misión de ir a pedir ayuda contra los cristianos al sultán Abu luán, de la dinastía de los Beni-Merives. Al ser recibido en audiencia, el poeta de Loja pidió permiso para recitar una poesía adecuada al mo­mento, que resultó ser del agrado del sultán, el cual le colmó de honores y le prestó al punto la ayuda que se le pedía. Cinco años más tarde, Muhammad V fue destronado por un sobrino suyo. En la lucha murió Reduán, pero el rey y nuestro autor, puestos sobre aviso, lograron huir a Marruecos, donde el nuevo sultán, Abu Salem, les concedió ge­neroso asilo. El poeta, que se dedicó a re­correr todo el imperio marroquí, compuso ante la tumba de Al Mu’ Tamid una preciosa poesía. En 1362, Muhammad V recuperó el trono de Granada, y A. J. su puesto de visir. Una kasida suya que celebraba la vuelta del monarca, considerada como su mejor composición, fue esculpida íntegra en las paredes de la Alhambra. Nuestro autor había llegado al pináculo de su gloria, pero a no tardar comenzó a decaer su estrella al ser tachados sus escritos de impíos e irreli­giosos.

Temeroso, huyó nuevamente a Ma­rruecos en donde ahora reinaba Abdul Aziz, que le recibió cordialmente. Pero el cadí de Granada insistió cerca de Muhammad V so­bre la impiedad de los escritos del poeta- filósofo, y el monarca, olvidando la fidelidad que siempre aquél le había demostrado, pidió su castigo al sultán de acuerdo con las prescripciones del Corán. No obstante, Abdul Aziz no quiso faltar a la ley de la hospita­lidad; pero su sucesor, el nuevo sultán Abul Abbas, mandó prender al poeta, que en la cárcel compuso varias elegías. Un día, las turbas fanatizadas asaltaron la prisión y le asesinaron. Es autor de Al-Iḥāta fï ta’rīj Qarnāta (v.), diccionario biográfico de perso­najes granadinos o que pasaron por aquella corte; Parangón entre Málaga y Salé (v.), opúsculo en el que se comparan las dos ciudades y se concluye declarando la supe­rioridad de Málaga; y Rayhānat al Kuttāb wa-nuŷ’at al-muntab (v.), manual epistolar que contiene un conjunto de modelos de cartas del que pueden valerse los secretarios para la correspondencia oficial, y que en realidad constituye una selección de cartas que el autor había escrito durante su vida pública.

J. R. Manent