La Sátira Menipea o La virtud del catolicón

[La Satyre Ménippée ou La vertu du catholicon]. Obra política escrita en francés por varios autores y publicada en 1594: según una tradición, las varias par­tes fueron compuestas sucesivamente por Pierre Le Roy (que ideó la obra y trazó el plan), Pierre Pithou, Nicolás Rapin, Florent Chrestien y Jean Passerat que, reuni­dos en torno a Jacques Gillot, otro de los colaboradores, quisieron rendir homenaje al nuevo rey Enrique IV de Navarra, restau­rador de la paz.

En una narración que se inspira en la tradición antigua (del filó­sofo griego Menipo, famoso por las refe­rencias en Luciano y Varrón) son satiriza­dos los Estados Generales de la Liga, que se habían celebrado hacía poco en París. Un prólogo introduce al lector en el patio del Louvre el 10 de febrero de 1593: dos char­latanes ofrecen una droga que tiene el po­der soberano de curar todos los males. Los dos vendedores, uno de ellos español, el cardenal de Plasencia, y el otro lorenés, cardenal de Pelvé, pregonan a voz en grito las virtudes del catolicón.. Esta droga, que recuerda con su nombre los deberes de los católicos ortodoxos y celosos, es un verda­dero elixir, una quintaesencia: resuelve todos los problemas, y los dos charlatanes simbolizan a los dos partidos que propo­nían remedios a Francia, igualmente per­judiciales aunque disentían entre sí. Am­bos deseaban reyes extranjeros. Sigue el desfile de diversos representantes de la Liga: armados con fusiles, picas, arcabuces y portando estandartes, avanzan para ex­poner sus ideas.

Tras una descripción de los cortinajes que adornan la sala y la sesión de apertura, hablan varios personajes: Mayenne, el legado cardenal de Plasencia, el cardenal de Pelvé, el arzobispo de Lyon, el rector de la Universidad, el representante de la nobleza y, finalmente, D’Aubray, por el Tercer Estado. De este modo son pre­sentadas a lo vivo las plagas sociales que azotaban a Francia: los nobles están po­seídos por la vanidad, los eclesiásticos no. piensan más que en suscitar la cizaña y la superstición, los ricos quieren aumen­tar sus bienes y aplastar a los pobres. To­dos ven en la lucha civil el medio de hacer fortuna y lo confiesan con descaro: combatiendo al lado de la Santa Liga han creído conservar primeramente su seguri­dad, poniendo el provecho personal sobre los intereses de Dios en este mundo. La bufonería que surge del desfile de tan per­niciosos individuos, y especialmente la char­latanería de tipo macarrónico del legado, muestran una divertida singularidad de es­tilo; pero la arenga final del representante del Tercer Estado ofrece un testimonio del espíritu que guió la composición de esta obra. El orador D’Aubray hace notar la excitación del pueblo, las expoliaciones de viviendas, las matanzas y saqueos, y por ello preconiza una política inteligente y tolerante del nuevo soberano, como único medio de salvar a la nación. Sigue a los discursos una descripción de la escalinata del Louvre, y como .epílogo una selección de epigramas que confirman el carácter evidentemente paródico de la obra. La Sá­tira Menipea constituye un importante do­cumento de las guerras civiles del siglo XVI francés, porque en el tiempo de la corona­ción de Enrique IV confirma la necesidad de una tolerancia religiosa y de un amor al Estado, lejos de todo odio y partidismo.

C. Cordié

Sátira I, sobre los Caracteres…, Denis Diderot

[Satire I, Sur les Caracteres et les mots de caractére, de professions, etc.]. Prosa sa­tírica de Denis Diderot (1713-1784), publi­cada postumamente en 1798. El breve es­crito debe incluirse, sin duda, entre los más característicos de Diderot, y bastaría, junto con la Conversación de D’Alembert… (v.) y el ensayo Sobre las mujeres (v.), para dar una idea completa de las variadísimas cua­lidades y de la sabrosa originalidad de este genial escritor.

Tomando el motivo de un trozo de la primera sátira del libro II, de Horacio, comienza Diderot con una rápida disertación centelleante de. ingenio sobre la diversidad de los caracteres humanos, todos los cuales pueden parangonarse con las cualidades proverbiales de algún ani­mal. De aquí pasa, inmediatamente, a la extraordinaria variedad de sus juicios, que sin embargo nacen de cerebros conforma­dos de una misma manera. El hecho es que tal variedad no depende tan sólo de los diversos temperamentos: está acentuada hasta lo inverosímil por las condiciones de vida, por las costumbres y por la men­talidad que cada uno de nosotros llega a formarse por su profesión.

¡Qué gama de reacciones y de ideas llega a provocar la enfermedad o la muerte de un hombre, en un pariente, en un amigo, en un moralista, en un santurrón o en un científico! Mo­tivo desarrollado aquí, en breves páginas, con un brío arrebatador, con una sugestiva mezcla de rasgos de ingenio, de anécdotas, de observaciones sacadas de la realidad, de paradojas y juicios morales serios o bur­lescos, de fugaces anotaciones rigurosamente científicas, elementos variados y contrastan­tes que logran su unidad en el ritmo de un luminoso estilo, penetrado de espíritu e in­teligencia en sus detalles más ínfimos.

M. Bonfantini

Sátira de Felice e Infelice Vida, Pedro de Portugal

«Extraño libro, mezcla de prosa y verso» — al decir de Menéndez Pelayo—, obra del condestable don Pedro de Portugal (1429- 1466), personaje directamente vinculado a la historia de los reinos de Aragón y de Castilla y a quien el marqués de Santillana dirigió su inestimable Prohemio (v.).

Fue entre 1449 y 1457, tras la derrota de Alfarrobeira, cuando el autor escribió este libro, que empezó primero en portugués y prosi­guió en castellano después de traducir la parte redactada en portugués. Ha sido pu­blicado por Paz y Meliá en Opúsculos lite­rarios de los siglos XIV a XVI (Madrid, 1892). El propio autor explica la intención de la obra: «Sátira, que quiere decir repre­hensión con ánimo amigable de corregir: e aun este nombre ‘sátira’ viene de ‘satura’, que es loor». La obra quiere ser una especie de narración alegórica en la que se mezclan reminiscencias de Dante, de Petrarca, de Boccaccio y de El siervo libre de amor (v.) de Juan Rodríguez del Padrón, cuyo argu­mento resume en una de las glosas margi­nales.

En realidad, la obra es una alabanza de las damas: a ellas corresponde la vida «felice», mientras que a los enamorados les corresponde la «infelice» (de ahí su título). El autor declara que éste es el primer fru­to de sus estudios y la historia de sus pri­meros amores, entre los catorce y los die­ciocho años. El estilo de la prosa de este libro es irregular y los fragmentos en ver­so son sumamente conceptuosos y alam­bicados.

Sátira de los Filósofos Paganos, Ermia

Bajo el nombre de un tal Ermia, que por lo de­más nos es desconocido, se transmitió a la tradición cristiana una burla de los filóso­fos paganos que es una violenta revisión de todos los grandes maestros de la Antigüe­dad precristiana. Siendo totalmente desco­nocido el autor, no ha sido posible esta­blecer con argumentos seguros la fecha de composición de este escrito, si bien puede asignarse indiferentemente a un período de tiempo comprendido entre los siglos II y el V.

Las analogías de esta obrita con las apologías del Cristianismo del siglo II, po­drían justificar la asignación más antigua. La argumentación del autor consiste en poner de relieve las contradicciones en que incurrieron evidentemente los principales maestros de la filosofía griega. Pero éste es un tema tan familiar a Taciano como a Teófilo Antíoco. La reseña, plena de mor­dacidad y sarcasmo, no está exenta de brío, si bien se complace en simplificacio­nes audaces y abunda en la caricatura. El estilo del escritor semeja el de Luciano, pero es burdamente chismoso y carente del menor aticismo. Lo que impresiona es la ausencia de toda alusión al neoplatonismo. Argumento de más para que se remonte el escrito a fines del siglo II o a los pri­meros años del III.

E. Buonaiuti

Sátira contra los Malos Escritores de este Siglo, Jorge Pitillas

De Jorge Pitillas (pseudónimo de José Gerardo de Hervás, m. en 1742), publicada en la 2.a ed. del to­mo VII del Diario de los literatos de Espa­ña (1742), fechada un año antes. El sentido crítico del siglo XVIII está representado en la poesía satírica de Jorge Pitillas. Consta esta sátira de cien tercetos, precedidos de un breve prólogo en el que el autor ponde­ra la magnitud de su intento: «Tengo muy creído que la calidad y aun la claridad de este escrito causará extrañeza a todos, es­cándalo a muchos y mortificación a al­gunos’…»

La obra comienza, a imitación de los satíricos latinos, mostrando la indigna­ción del escritor por el lamentable estado de la literatura patria y declarando su propósito: «Quiero yo ser satírico Quijo­te, / contra todo escritor follón y aleve». Luego, junto al repudio de los galicismos, censura la literatura postbarroca. Denuncia la existencia de un «literato afrancesado, antiaristotélico, filosofante, deslumbrado por lo nuevo, curioso de extrañas y lejanas noticias». Las alusiones contemporáneas dan vida a esta sátira. Su mayor interés es­triba en su valor documental. Se trata de una imitación directa del preceptista fran­cés Boileau. Pitillas no cita a Boileau, pero sí a los autores latinos citados por aquél: Horacio, Persio, Juvenal, Plauto, Marcial. Son también elementos de esta obra trozos del Viaje del Parnaso (v.) de Cervantes. Pitillas es un hábil y fiel traductor de Boi­leau. A pesar de ello, su estilo es personal y no exento de gracia.