Memorias, Jean-François-Paul de Gondi

[Mémoires]. Publicadas por primera vez en 1717 y, según el manuscrito original, en 1837, las Memorias de Jean-François-Paul de Gondi, cardenal de Retz (1613-1679), conservan su valor documental, sin que sea despreciable la vivacidad artística con que son presentadas las costumbres y per­sonajes de la sociedad del siglo XVIII fran­cés, en una obra crudamente autobiográ­fica. Sobrino del arzobispo de París y vi­cario suyo en 1643, el joven Retz buscó muy pronto la manera de encontrar un puesto digno de su voluntad de triunfo, y en la misma Iglesia encontró manera de revelar un carácter firme y audaz, capaz de las resoluciones más arriesgadas. Aca­bó participando en la lucha de la «Fron­da» contra la monarquía ligándose particu­larmente al duque de Orleans y al Parla­mento. Hecho cardenal por haberse aproxi­mado a los círculos nobles, para defenderse del rencor que le guardaban los príncipes de sangre trató de preparar hábilmente su nombramiento de ministro. Con dicho fin se atrajo al pueblo parisiense con prédicas y regalos, y negoció en Roma asuntos de Estado y cuestiones personales, luchando con suma astucia para abrirse camino has­ta el poder. Pero la ruina de la «Fronda» redujo a la nada sus grandiosos proyectos, y la prisión fue el epílogo de una vida bastante aventurera, guiada más por el orgullo personal que por verdadero tacto político.

En esta obra, el autor quiere pre­sentarse al público como el retrato del hom­bre excepcional, como si quisiera realizar en un libro lo que no pudo conseguir en la vida. Hay, pues, en el relato de Retz una continua deformación de los aconteci­mientos que se refieren al personaje y al mismo tiempo la exigencia de reproducir francamente el perfil de los sucesos y las figuras de primer plano. De ese modo, si bien el escritor modifica fechas, hechos y testimonios, pinta con rara eficacia las costumbres de su época, y de sus páginas sur­ge la imagen de una Francia en crisis, en­tre disputas de Parlamento y guerrillas de barricada. La obra, madurada en el espíritu de la «Fronda» y en la última tentativa de oponerse al absolutismo monárquico, es un documento maravilloso de la sociedad a la que pertenecieron Richelieu, Mazarino y La Rochefoucauld. Revelando un rico co­nocimiento de hombres y ambientes, es uno de los más significativos testimonios de un carácter animoso y digno del Rena­cimiento. C. Cordié

Estas memorias están escritas con un aire de grandeza, una impetuosidad de genio y una desigualdad que son la imagen de su conducta. (Voltaire)

Si sus retratos no son siempre verdaderos individualmente, lo son humanamente hablando. Retz falsea la historia, no la psicologia. Y tanto retratos como narraciones, sus Memorias son, de un extremo al otro, una pintura curiosa del juego complejo de los sentimientos e intereses humanos. Ha penetrado en el hombre, más que en los hombres, en cada hombre: la psicología era parte y la base misma de su política. (Lanson)

La belleza de su pensamiento y de su estilo — belleza tan madurada y, por de­cirlo así, acariciada por largos rayos de sol otoñal — evoca las carpas y las uvas de Fontainebleau. (Du Bos)

La fascinación de las Memorias está en ser la expresión más fiel de Gondi: la len­gua, los modales, la viveza de ingenio, la fuerza de líneas, el atrevimiento del dibu­jo, todo parece hecho a imagen y seme­janza de un hombre que raramente en­contró su igual, y que dio su justa medida sólo en el estilo. (…) Entre los grandes es­tilistas de la prosa en el siglo XVII, Pascal, Retz y Saint-Simon, Pascal es el estilo del pensamiento, Saint-Simon el del pintor y el Cardenal el de la acción. (A. Suarés)