Memorias secretas de una cantante (Wihelmine Schraeder-Devrient)
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Esta curiosa observadora, tan inteligente como inquieta, hace mención al "deseo como motor de la vida". Más allá de la poesía que pudiera llegar a tener esta frase, indudablemente tiene también un contenido lógico por el cual si un hombre y una mujer no se desean, no hay fruto alguno del encuentro. Además, es el factor que impulsa, al menos a esta fresca seductora, a ir en una insaciable búsqueda de nuevas formas de placer. No me animaría a decir que como mujer estuvo por encima de las de su tiempo, o que, de pronto, encajaría perfectamente en este siglo un tanto libertino; sin embargo, vale pensar que fue una mujer más que extravagante, y que todo aquello que deseara con viva convicción, iba entonces a conseguirlo. Atreviéndose a todo, fuera de todo prejuicio y pudor, la voyeur, hace de su relato una historia simple y entretenida por cuanto revela, en muchas oportunidades, algunos pensamientos y deseos propios del común de la gente con respecto al sexo. Es así mismo interesante la exposición que Wilhelmine propone a su destinatario (personaje que, cierta vez, fue un imposible objeto de su deseo): "el carácter sexual y ético se forman según las particulares circunstancias en que el amor nos es revelado". Esta afirmación invita, tal vez, a prensar que está justificando sus preferencias sexuales y sus insistencias en todo aquello que no está permitido por la sociedad de su época. En todo caso ¿quién puede juzgar a una mujer como esta? Una María Magdalena que no se arrepiente ni se avergüenza de nada; una Venus expuesta al amor heterosexual, al amor homosexual, la amor sádico, a participar en orgías, flagelaciones… El deseo tiene muchas formas. A la manera de Wilhelmine, o a la manera característica de cada uno, habrá que aprender a aprovecharlas todas. Por Agustina Jojärt ![]()
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Aretino :: 13/Oct/2007 :: Literatura erótica :: No hay Comentarios »







