Relación del Caso de Pietro Paolo Boscoli y de Agostino Capponi, Luca della Robbia

[Recitazione del caso di Pietro Paolo Boscoli e di Agostino Capponi]. Obra de Luca della Robbia (1484-1519), publicada en el «Archivio storico italiano» (vol. I, 1842).

Della Robbia era amigo de Boscoli, conde­nado a muerte como contrario a los Médicis (1513), y quiso asistirlo en las últimas horas de su vida, escribiendo luego una relación del acontecimiento con propósito de edificación religiosa, como buen partida­rio, de Savonarola. Boscoli era un joven de gran cultura literaria, cuyo pensamiento cristiano de la muerte no conseguían sofocar las exigencias humanas ni humanistas. Re­conocido como autor de la conjuración que junto con Capponi y otros complicó tam­bién a Maquiavelo, quien se libró sólo con la tortura, Boscoli había pedido como con­fesor a un fraile de San Marcos, mientras Luca le confortaba para una muerte cristia­na. «Ay, Luca — respondía Boscoli—, quítame de la cabeza a Bruto, para que pueda dar este paso como buen cristiano».

Afir­maba que creía en Dios con la inteligencia, pero que no sentía ni ardor ni afecto por él, y que comprendía la divinidad de Cris­to pero no su humanidad. Llegado el fraile confesor, Boscoli declaró que no le faltaba valor, porque para ello le bastaban las en­señanzas filosóficas, pero que no conseguía superar el conflicto entre sentido y razón y que no sentía fervor suficiente. Luego se dirigió valerosamente al suplicio. El ver­dugo separó de un solo hachazo la cabeza que «parecía la de un ángel». Este escrito es el tercero, cronológicamente, de las descripciones de suplicios célebres dejados por testigos oculares; lo preceden la carta de Santa Catalina a fray Raimundo y la historia de fray Miguel Minorista. La Re­lación no tiene el ardor ascético de la santa ni la sencillez carente de adornos del anó­nimo del siglo XIV: es una obra más tran­quila y difusa, de uno que se lamenta al ver en su amigo muerto una víctima de la tiranía de los Médicis, y con corazón an­gustiado y mano firme nos da un cuadro de un realismo preciso y minucioso, ani­mado por una fe verdadera.

S. A. Nulli