La Cruz de barro (Miguel Ángel Mala)
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Como ya he señalado arriba, el libro de Mala se compone de 12 relatos, así y todo, una vez terminado, el lector tiene la impresión de haber transitado por una novela de fragmentos, como de contrapunto, ya que los vacíos temporales, los espacios entre cuento y cuento, los silencios de muchos personajes, se va solapando en un todo que sorprende al lector en una nueva relectura o reinterpretación de lo ya leído. También apreciará el lector un punto fuerte en La cruz de barro, y es el lenguaje, dado que, a medida que pasan las generaciones por Garmaz, la voz empleada en las distintas narraciones van sufriendo cambios formales, en consonancia con el tiempo que les toca vivir. Baste señalar los cuentos de El pelapollos, El espartano, Padre Amor o El hombre que murió del euro. Mala ha apuntado muy alto con esta obra, pero también supone un punto de inflexión para toda su narrativa futura. Volver los pasos sobre La cruz de barro no haría sino enterrarse en vida, del mismo modo que un escritor cualquiera jamás podría imitar a Borges o a Auster, porque son caminos que solamente se transitan una vez, en los que los propios autores dieron las pautas de esa creación orquestada, se expandieron en ella y le dieron sepultura. Cuando vemos que alguien imita estos estilos, rápidamente sabemos que, o bien es un escritor en prácticas o es un mal escritor. Lo mismo sucede con La cruz de barro. Miguel Ángel Mala, desde el principio hasta el final, ha creado un camino y ha llegado a su vía muerta. Por eso no puede seguir por la misma senda. Por eso, cuando leemos La cruz de barro, tenemos la sensación de que todo ha quedado dicho y que, si Garmaz vuelve a hacer acto de presencia, esta vez será con otra voz, con otro espíritu, con otras historias que nada tendrán que ver con esta cruz de desheredados, de almas sin patria, porque la suya es la de lo universal. Cuando volvamos a encontrarnos a Mala en las librerías, será otro escritor, porque La cruz de barro pertenece a ese grupo de obras irrepetibles, que existen como hijos únicos. Como advertencia a futuros lectores, señalar que La cruz de barro es literatura con mayúsculas, y solamente un lector con los posos de nuestra mejor literatura va a poder gozar con sus páginas. Abstenerse aquéllos que no hayan disfrutado con Aldecoa, Cela, Marsé o Benet.
Jorge de Barnola Juan Sin Letras. Una cruzada literaria. Juan Sin Letras. Una cruzada literaria. Viaje a la historia de la publicidad gráfica. Arte y nostalgia Descarga directa de este libro |
Aretino :: 25/Jul/2007 :: Drama y elemento humano :: No hay Comentarios »







