El Reino del Silencio, Georges Rodenbach

[Le régne du silence]. Poesías de Georges Rodenbach (1855-1898), publicadas en París en 1891. De las seis partes que componen el volu­men, la última, titulada «Du silence», apa­reció en 1888 en «plaquette»; las demás se titulan: «La vie des chambres», «Le coeur de l’eau», «Paysages de Ville», «Cloches du Dimanche», «Au fil de l’áme».

En la pri­mera, el poeta sueña que las habitaciones viven una vida propia llena de recuerdos, de profundos secretos; los viejos retratos por la noche hablan entre sí con voces so­ñadoras, el piano en un rincón espera que pálidos dedos se posen sobre sus teclas y, mientras las sombras de la noche penetran y llenan los ángulos más oscuros de mis­terio, de melancolía y de terror, las habi­taciones mueren de verdad, «las persianas son párpados que se cierran, el péndulo desgrana monótono los breves instantes de su rosario de agonía».

Como las habitacio­nes, también el agua (segunda parte) tiene un corazón «resignado a reflejar cuanto la vida exige», semblantes humanos, ár­boles, casas, cielo, nubes, batir de alas, pero todo ello tan sólo la roza con fuga­ces reflejos y «el corazón del agua se con­serva intacto como el corazón del Poeta». Rodenbach expresa en hermosos versos la poesía de Brujas, los canales muertos con las aguas silenciosas y desiertas que «van llorando bajo los puentes su pesar» y pide que su alma se convierta en un acuario in­móvil y silencioso. En las otras partes can­ta a su ciudad, las campanas dominicales, las horas lentas y las misas del día fes­tivo y quisiera huir de sí mismo para refugiarse en una vida estática que anticipase el último silencio.

Éstos son, con numerosas variantes, los temas fundamentales de la poesía de Rodenbach, muy próximo a los simbolistas por los temas que prefiere. La forma, el estilo y el ritmo son, en cambio, tradicionales. Se encuentran en sus versos pasajes alambicados y algunas veces re­tóricos, y no siempre la forma poética con­sigue disimular la insuficiencia del pensa­miento. Rodenbach sabe sobre todo captar las sensaciones fugitivas de un ser refinado por el recogimiento y el sufrimiento, y las fantasías, la quietud mística y los dulces y tristes paisajes de su Flandes natal.

M. Zini

Rodenbach, el melancólico y cansado ena­morado de Brujas, que en la naturaleza y en su corazón sólo encontraba brumas, llu­via y un continuo gotear de tristezas depri­mentes. (Lanson)