Serie de los Textos de Lengua y de otras obras importantes de la literatura italiana escritas desde el siglo XIV al XIX, Bartolomeo Gamba de Bassano

[Serie dei testi di lingua e di altre opere importanti nella italiana letteratura scritte dal secolo XIV al XIX]. Obra fundamental del erudito Bartolomeo Gamba de Bassano (1776-1841), académico de la Crusca. El diccionario de Gamba fue publicado por vez primera en 1805 y reimpreso en 1812 con el título de Bibliografía de los Clásicos Italianos, en el índice general de la «Co­lección de los clásicos», publicada de 1804 a 1814 en 250 volúmenes. Es un gran re­pertorio bibliográfico dividido en dos partes: la primera registra «y describe las más im­portantes ediciones antiguas y modernas de las obras que sirvieron como textos de len­gua a los Académicos de la Crusca»; la segunda «contiene una serie de obras de otros autores que florecieron desde el lla­mado Buen siglo de la lengua hasta todo el siglo XVIII; autores que puede útilmente consultar todo aquel que estime el bien escribir y la elocuencia eficaz». Como apén­dice hay un catálogo de misceláneas, o sea, de volúmenes que comprenden obras (poe­sías, comedias, cuentos, etc.) de varios au­tores. El diccionario de Gamba comprende unas 2.800 voces.

De cada libro citado se indica el título, nombre del autor, del edi­tor, la fecha de la primera edición, una breve referencia a su contenido y su pre­cio en el mercado. También se dice si la edición es correcta o no desde el punto de vista .tipográfico y si contiene grabados; se precisa el número de las páginas y se dan los demás detalles que sirven para distinguir la edición auténtica de las apócrifas. Aún hoy día los bibliógrafos la consideran como una fuente segura y fidedigna, siem­pre consultada.

G. Falco

Rimario de la Lengua Italiana, Gerolamo Ruscelli

[Rimario della lingua italiana]. Obra de Gerolamo Ruscelli (m. en 1566). Desde la edición veneciana de 1559, precedió al Dic­cionario un tratado Del modo de componer en verso en el idioma italiano [Del modo di comporre in versi nella lingua italiana], di­vidido, en las últimas ediciones, en trece capítulos (el primero de carácter introductivo) y una conclusión; páginas llenas de indicaciones polémicas o envíos a otros tra­tados de retórica y lingüística, escritas por el mismo autor.

En el capítulo introductivo se desarrolla una distinción entre el hablar comúnmente entendido y el «razonar», di­vidido a su vez en «prosa» y en «versos» con la acostumbrada proclamación de la ex­celencia de la poesía. Sigue un capítulo sobre los requisitos esenciales para una per­fecta composición en verso, sobre la impor­tancia igual de la invención en cuanto a las «cosas» (contenido) y las «palabras» (forma). A pesar de lo misterioso de dicha invención, que depende del genio del escri­tor, Ruscelli celebra los méritos y mila­gros de la preceptiva. Con el tercer ca­pítulo emprende el examen de las cualida­des y medidas de los versos en lengua vulgar. Excluida la métrica que más tarde se llamó «bárbara» y los versos de carácter popular (como la fábula y otros similares), el autor se ocupará solamente de las com­posiciones en verso consagradas por el cla­sicismo, y del verso por excelencia, el en­decasílabo, a propósito del cual da algunas nociones elementales de prosodia (valor si­lábico de los diptongos y «colisiones» o elisiones) en relación con la armonía del verso.

Los capítulos IV y V continúan am­pliamente dichas observaciones de carácter exquisitamente formal, y las extienden a los endecasílabos esdrújulos y truncados. El uso de estos últimos está expresamente condenado y desterrado, sobre todo si se trata de sonetos, madrigales y canciones, por su efecto sincopado e inarmónico, a di­ferencia de los esdrújulos, que se prestan a especiales efectos de sonido y estilo, por lo que pueden ser usados con provecho. En el capítulo VI, dedicado a los versos libres, Ruscelli pretende basar sobre la autoridad de Petrarca la diferencia entre «versos» (li­bres) y «rimas». En cuanto a los versos agrupados en estrofas, según Ruscelli, la elección del metro es un delicado proble­ma de adecuación de la forma al asunto. El terceto es inadecuado para el poema he­roico; sólo es admisible en elegías, epísto­las, capítulos, etc. El colmo de la perfec­ción poética consiste, según Ruscelli (que fue un entusiasta cultivador, editor y co­mentarista de Ariosto), en la octava rima. A esta forma estrófica introducida en el italiano por Boccaccio (Teseida, v.), dedica una página verdaderamente inspirada, ana­lizando la elegancia y la riqueza de este medio expresivo, superior, según él, incluso a los versos libres de griegos y latinos.

Los capítulos sobre las terceras rimas (VIII), sobre los madrigales (IX), baladas y can­ciones (X) y sonetos (XI), además de al­gunas normas preceptivas, contienen pocas observaciones de particular relieve desde el punto de vista retórico. Los madrigales requieren variedad de versos largos y cortos, y sobre todo es necesario que ninguna ri­ma quede suelta (modelos preferibles a los del mismo Petrarca son los madrigales de Bembo y otros modernos). Para las baladas, divididas en «desnudas» y «vestidas» según sean de una o más estancias, el modelo ejemplar será siempre el dejado por Boccac­cio al terminar las jornadas del Decamerón (v.). Muy sumario es el tratado sobre la métrica de las canciones, para la cual Rus­celli se remite a Petrarca. Con poca dife­rencia sigue un breve análisis de la sextina. En cambio reserva grandes elogios al sone­to, a propósito del cual es notable la dis­cusión sobre lá «rotura» de los versos, ar­tificio estilístico que precisamente en el siglo XVI produjo la separación de la fórmula petrarquesca más rigurosa. El ca­pítulo XII, sobre las respuestas al soneto por rimas y por desinencias, completa el tratado, precisando no pocas normas que han sido convencionalmente respetadas en la república literaria clásica de Italia. El tratado termina con algunas páginas sobre los criterios que guiaron al autor en la recopilación de su diccionario. El Dicciona­rio de Ruscelli está rigurosamente ordena­do por orden alfabético.

Está dividido en tres partes: la primera comprende las rimas llanas y agudas, la segunda las esdrújulas y la tercera reúne en un vocabulario todas las palabras contenidas en la obra que re­quieren aclaración o comentario. Los vo­cablos usados por Petrarca preceden a to­dos los demás y llevan un número arábigo que indica la frecuencia con que aparecen en el Cancionero (v.) y en los Triunfos (v.). Casi siempre se señala el autor de las palabras no demasiado comunes (Dante, Boccaccio, Ariosto, Bembo, Sannazzaro, Tasso, Berni), con un expreso juicio e indica­ción sobre si la palabra ha de evitarse o no (como ocurre con frecuencia con las de Dante) o en qué género de composiciones es lícito adoptarlas. Los nombres propios, mitológicos, geográficos e históricos llevan siempre una explicación sumaria. Cuando la rima implica una desinencia nominal o verbal desacostumbrada o irregular, no fal­tan aclaraciones ni preceptos gramaticales u ortográficos. Ocasionalmente estos pre­ceptos se refieren a sencillos asuntos técni­cos no sólo para multiplicar la rima, sino para conseguir el número y la armonía del verso. Naturalmente, se trata de un vocabulario de palabras difíciles, recopi­lado con el expreso criterio propedéutico de conducir al escritor a una mejor selec­ción y a un uso más apropiado.

C. Muscetta

Rigen Shuran, Murata Ryoa

[Repertorio de la len­gua vulgar]. Gran diccionario japonés en 26 tomos y nueve volúmenes, atribuido a Murata Ryóa (1773-1843) y no publicado hasta 1900, en 3 volúmenes, con añadiduras y correcciones de Inoue Yorikuni y de Kondó Heijó, que modificaron incluso su estructura original.

Es un diccionario del idioma vulgar o corriente («rigen», opuesto a «gagen», idioma clásico o literario) y quie­re ser precisamente un complemento al Gagen Shüran (v.) de Ishikawa Gabó. En la época de Yedo (1603-1868), el idioma ha­blado por el pueblo no era considerado digno de estudio por parte de los doctos que se ocupaban sólo de los clásicos. La aparición de esta y de otras obras provocó un cambio de opiniones que justifica por sí solo su importancia.

M. Muccioli

Reglas Gramaticales de la Lengua Vulgar, Giovanni Francesco Fortunio

 [Rególe grammaticali della volgar lingua]. Obra de Giovanni Francesco Fortunio (14609-1520?), publicada en 1516 y dividida en dos libros.

Es bastante im­portante en la historia del gusto del Rena­cimiento, porque trata de fijar la recta grafía de los vocablos y la construcción sintác­tica, siguiendo el ejemplo de los grandes maestros del siglo XIV. Con una referen­cia a los esplendores del latín humanístico (que habían perjudicado la fijación de la lengua vulgar), Fortunio siente la necesidad de fijar armónicamente las reglas de una locución segura. Estudia la formación es­tructural y léxica del idioma italiano y afirma que nunca ha descuidado las bellezas del arte; si en su huerto de gramático las espinas hieren al lector al entrar, luego las flores lo consolarán.

El primer libro, divi­dido en cuatro partes, trata del nombre, del pronombre, del verbo y del adverbio; sobre el ejemplo de Dante, Petrarca y Boc­caccio, se discuten diversos vocablos y cons­trucciones, con la exigencia de una expre­sión límpida y segura, que permita consi­derar al italiano como un digno hermano y sucesor del latín.

En el segundo libro se habla de la ortografía, y de letra en letra se discuten los casos de escritura correcta y errónea, como en una especie de glosario razonado. La doctrina de la obra se ha creído siempre basada sobre la imitación de los grandes trescentistas y sobre la au­toridad, en detrimento del uso común, y ciertamente en este aspecto Fortunio con­tribuyó, junto con Bembo y sobre todo con la obra editora de Aldo Manuzio, a fijar armónicamente la grafía del idioma vulgar y su estructura sintáctica, que el humanis­mo latino a menudo había dejado vacilante.

Ofrece notable interés todo lo que se dice de Dante a principios del siglo XVI, aun­que el poeta sea juzgado, en cierta medida, como «licencioso transgresor» de la gra­mática. Puesto que Fortunio no observaba en sus composiciones literarias las normas que proclamaba, se ha advertido en las Reglas un interés filológico, por el que sus normas pueden parecer «dirigidas más bien a la crítica textual que al uso correcto del hablar y escribir».

C. Cordié

Recopilación sobre los orígenes de la lengua y de la poesía francesas, de la rima y de las novelas, Claude Fauchet

[Recueil de l´origine de la langue et poésie française, rime et Romans] Obra histórica de Claude Fauchet (1530-1601), publicada en 1581.

Este trabajo de un docto, escrito en pleno Renacimiento, cuando el clasicismo iba a relegar a la sombra, por más de dos siglos, a la Edad Media, es un preciosísimo documento que revela cómo un hombre inteligente y erudito del siglo XVI conocía y juzgaba la antigua poesía francesa. Sea por la originalidad de la búsqueda, sea por el sistema empleado en sus reflexiones, el libro en­cierra, para el mundo cultural francés, el valor que en Italia se reconoce a las obras de Bembo, Giambulari, Tolomei y Castelvetro sobre el origen y propiedades de la lengua toscana.

Desde la etimología al co­mentario y a la indagación histórica, mues­tra Fauchet los tesoros de sus conocimien­tos de bibliófilo y estudioso. Su contribu­ción es fundamental, por cuanto emprende el estudio de las lenguas romances en ge­neral y del francés en particular, así como el de la rima, de los trovadores y de los juglares, a la vez que estudia la poesía épica, la novela burguesa y bretona y la poesía lírica de la Edad Media. En el renacimiento de los estudios sobre el si­glo XVI ha sido objeto Fauchet de reciente reconocimiento, tal como merecía uno de los principales, por no decir el primero, entre los medievalistas franceses anteriores a Gastón Paris.

C. Cordié