Novela policiaca | Crítica de Libros
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Archive for the 'Novela policiaca' Category

El juez y su verdugo, de Friedrich Dürrenmatt. Novela negra en el país de Heidi.

El juez y su verdugo

Me pongo este artículo como penitencia por olvidar, cuando me preguntan por mis autores favoritos de novela negra y policiaca, la figura inigualable de Friedrich Dürrenmatt.  Este autor suizo, tambien dramaturgo y ensayista, lleva la novela negra a uno de sus máximos niveles de calidad. Y sin entrar en los escenarios americanos a los que estamos habituados, En Suiza, en pueblos verdes con montañas al fondo y vacas pastando.  Novela negra en el país de Heidi.

El mérito es  notable, porque el imaginario de la novela policiaca pesa mucho y el lector, o espectador de películas, está acostumbrado a unos clichés y a unos sobreentendidos que Dürrenmatt ni utiliza ni menciona siquiera. Y el resultado es devastador.

Pero vayamos a este caso concreto.

En una carretera medio perdida de los montes suizos aparece muerto a balazos un teniente de policía, considerado el mejor y quizás único criminalista de la comisaría. Los demás son casi policías rurales, gente que trabaja, husmea y pregunta, pero sólo el teniente muerto era un auténtico profesional de los nuevos métodos.
Su superior directo, el comisario Bärlach es un hombre viejo y cansado, con una enfermedad terminal que trata de ocultar, pero a pesar de ello, o precisamente por ello, tratará de resolver la muerte de su subalterno y agente preferido. Y lo hará con la tenacidad del que sabe muchas cosas, ve lo que los otros no ven y se acaba por convencer de que un verdadero criminalista debe, ante todo, ponerse en la mente del criminal más que en la de la víctima.

Así, en un cúmulo de despropósitos e incompetencias, el comisario impone su propia visión de los hechos llevando al lector de la burla inicial a la sorpresa, que poco a poco va tomando forma de modo sombrío.

Magnífica novela cuajada entre la ironía, el desdén y una energía oculta que va saliendo a flote, tanto en los personajes como en la narrativa del autor.

Espléndida.

Y no es la mejor de Dürrenmatt.

El segundo más largo (Bill S. Ballinger)

El segundo más largo. Bill Ballinger

Esta es la tercera novela de Billa Ballinger que cae en mis manos, después de “Retrato de humo” y “la mujer del pelirrojo”. La primera de ellas es una de las mejores novelas negras que he leído nunca y trataré de comentarla cuando la revisite, cosa que seguramente no tardaré en hacer.

Y el caso es que lo reconozco: me gusta el autor por sus recursos técnicos más que por su narrativa, y en esta ocasión vuelve a dejarme satisfecho después de acabar un libro suyo. Una vez más me ha sorprendido y me ha llevado perfectamente de la mano por un engaño bien construido y bien finalizado, algo que no es tan común como debiera en el mundo de la novela negra. Y además, cumpliendo las normas: el lector, con los datos que se le ofrecen, puede llegar a descubrir el misterio, sin que nadie se llame a engaño y sin necesidad de sacar ningún elefante de la bañera.

La obra se planeta desde dos puntos de vista, separados por el tiempo. Por un lado tenemos a un hombre que despierta en un hospital, con una gravísima herida, y que no se acuerda de nada. Lo han encontrado desnudo, y con un billete de mil dólares en un zapato. Por otra parte, tenemos a los policías que investigan la muerte de un hombre que ha aparecido desnudo y con un billete de mil dólares en un zapatos. Ambos tiene la misma herida, las mismas cicatrices y la misma descripción física.

En principio todo parece encajar, salvo por un insignificante detalle: que uno de los dos hombres está vivo y el otro no. Y sin embargo, todos sus datos parecen coincidir.

Mientras el primer hombre busca su memoria tratando de adivinar su identidad, los policías buscan la identidad del muerto, y repasan sus andanzas, tratando de averiguar quién ha podido matarlo. El artificio de ir pasando de una a otra trama en cada capítulo ,de modo que los impares hablan del hombre vivo y los pares del muerto consigue plenamente el efecto deseado.

Con un estilo ágil, y con una perfecta dosificación de la información, el último segundo se va convirtiendo poco a poco en un enigma, un homenaje a la memoria y un laberinto sobre la identidad.

Y acaso sobre lo que sucede cuando los buenos hacen el mal y los malos tratan de hacer el bien. Por una vez. Sin acostumbrarse…

Quizás a la novela le falte algo más de ambientación, o carezca de la fuerza emotiva de Hadley Chase, el más grande de la época a mi entender, pero el modo de interesar al lector por lo que se cuenta es difícilmente superable.

 

El surrealismo negro. La pequeña vendedora de prosa (Daniel Pennac)

la pequeña vendedora

la pequeña vendedora de prosa, de Daniel Pennac

A veces se afirma que algunas obras cinematográficas como Delicatessen o Amelie hunden sus raíces en las obras de Daniel Pennac, y aunque no está plenamente justificado, lo cierto es que este autor francés, a medio camino entre el surrealismo, la tragicomedia y la novela negra inauguró el camino de este particular estilo estético.

Cinismo, humor, y un estilo magnífico que el autor no logra ocultar, aunque a veces de la impresión de que se avergüence de escribir tan bien. Esas son las calves de la literatura de Daniel Pennac, que podría calificarse de novela negra si no fuese porque sólo las trama son policiacas, mientras que los personajes son costumbristas y los ambientes surrealistas.

En esta tercera entrega de la saga Malaussene, Benjamín, el hermano mayor (ya os digo que todo tiene cierta coña maligna) se ve abocado a una serie de cuestiones que él considera desastres personales, pero una de ellas lo pone de especial mal humor: la boda  de su hermana Clara (su favorita, su amorcito platónico) y Clarence, el director de una prisión modélica en la que se encierra a todos los artistas delincuentes para que sigan creando sus obras mientras cumplen sus penas (más cachondeo, como digo).
A medio camino, Clarence muere asesinado  y la tribu completa se entrega a cuidar de Clara, mientras el comisario Coudrier hace jurar a los Malaussene que permanecerán lejos de todo el asunto antes de que la cosa se complique y se vaya al garete, como de costumbre.
De este modo Benjamín, que había abandonado su trabajo como chivo expiatorio en una editorial, dedicado a recharz manuscritos de autores noveles, se decide a aceptar el trabajo que le ofrece le raina Zabo, la editora, para hacerse pasar por un famoso escritor que sigue en el anonimato después de vender 250 millones de ejemplares.
Todo avanza a partir de aquí hacia la locura más absoluta, aderezada de frases e ideas geniales, mala uva, alusiones veladas al mundo editorial, bromas a otros escritores que algunos entenderéis y una dosis de inteligencia y simbolismo difícil de igualar.
Inolvidables personajes, peligrosa trama, furibunda conclusión.
Maravillosa.

El tercer hombre (Graham Greene)

El tercer hombre

Tiene razón el prólogo del libro cuando afirma que esta novela fue escrita más para ser vista que para ser leída. La novela, con ser buena, no alcanza el nivel de la película que se realizó sobre ella, ni consigue su atmósfera.

De hecho, la novela es  un poco insulsa, porque no explota el potencial del escenario, ni de la terrible broma que hace que el protagonista, un autor de novelas del Oeste de ínfima categoría, haya sido invitado como conferenciante a un selecto círculo literario vienés.

Lo que sí se muestra a la perfección es el inicio de la guerra fría: las capitales divididas en zonas de administración aliadas y soviéticas, donde queda cada día más claro que la alianza que los unió fue contra natura y que la desconfianza gana terreno. Los rusos, por su lado, continúan la política represiva que ya han extendido pro Europa y los aliados se dedican al estraperlo, el mercado negro, y sacar lo que buenamente puedan antes de regresar a casa, porque ya está sobradamente claro que eso es lo único que pueden hacer en las naciones ocupadas.

En esta ambiente, nuestro protagonista es llamado  a Viena pro un amigo de la infancia, por una especie de mentor que le inició a muchas cosas de adultos en su etapa escolar. Para él, su amigo es una especie de héroe de otros tiempos, pero cuando llega a la ciudad se entera de que acaba de morir.

La policía británica es la que s eocupa del caso, con total indolencia, e informa al escritor de westerns de que su amigo estaba implicado en varias cosas sucias. El escritor se niega a creerlo, porque eso supondría renunciar al mito de su infancia, y decide investigar por su cuenta la muerte, supuestamente accidental.

Y a partir de aquí, con los tópicos del género y un estilo un tanto vacilante, avanzamos por una trama que tiene poco de particular, por unos hechos que nos interesan a medias y por una falta de emoción y de suspense que no está a la altura de la profundidad psicológica con que se aborda la construcción de los personajes.

Aún así, una buena novela.

Las distintas guaridas de los hombres, de Susan Hill: una novela rosi-negra

No había guaridas por ningún lado...

Parece que se pone de moda el género rosi-negro, pensado para que parezca que te lees una novela policíaca pero en realidad te tragues un dramón romántico, donde lo que verdaderamente te cuentan es pro qué Menganita no consigue ligar con Fulanito, o por qué a Zutanita le deprime tanto tener granos y estar gorda.

Las distintas guaridas de los hombres es una novela con título prometedor, desarrollo difuso y final deslavazado en la que empiezas pensando que será una novela como tantas otras y acabas pro darte cuenta de que no, de que en realidad la autora quería escribir una novela romántica y la teñido de negro para colocársela a los amantes de lo policiaco. Eso parece en algunas fases, y te cuesta quitártelo de la cabeza cuando el comisario invita a subir a su casa a la investigadora principal del caso en que se centra la novela.

Partiendo de una frase altisonante, que intenta emular sin conseguirlo a Michel Cox, la novela nos conduce a una pequeña ciudad británica con coro y catedral donde empiezan a desaparecer personas, sin ahorrarnos el monólogo del asesino. Lo del monólogo estaría bien si al final condujese a alguna parte, peor lo cierto es que poco a poco empiezas a sospechar que se trata de loa desvaríos de un tarado que no van a explicar nada. Y al final te quedas en eso: que no te enteras de qué le pasaba al pobre desgraciado, por qué lo expulsaron, ni cual es en concreto su resentimiento. Y tampoco está muy claro a qué debe el final…

Lo más cuidado de la novela, ya lo dije, son las reacciones las mujeres a sus divorcios, las peroratas sobre lo malos que son los exmaridos, la soledad, el aburrimiento, el acné y la lucha por adelgazar. En eso la autora se pone verdaderamente detallista y nos explica las vivenciuas de varias mujeres, una cuando enviuda, otra cuando se divorcia y otras más, simplemente cuando se aburren. Las mujeres que aparecen son creíbles, auténticas y un poco bobas, pero tampoco parece que la autora quisiera hablar de otra cosa, con lo que ese Bovarismo femenil y mágico en que se mueven me parece intencionado y muy bien logrado.

La parte más interesante, o la que a mí más me interesó, fue el recorrido pro la superchería y el verdadero alivio que producen algunas medicinas alternativas. Aparecen en esta novela la reflexología, la aromoterapia, la acupuntura, la homeopatía y hasta un cirujano psíquico que servía de medium para que un médico muerto operase a través de él, psíquicamente, a sus pacientes y les devolviera la calma, la paz, el equilibrio y la salud interior. La relación de la medicina oficial con estas disciplinas está muy bien tratada y resulta muy interesante.

Los personajes, que la solapa del libro promete inolvidable, son perfectos arquetipos de gente loca por caer simpática al lector, consiguiéndolo a veces y logrando, en la mayoría de las ocasiones, hacer pensar que estás delante de un ensayo, pero que la verdadera obra será otro día.

Luego me he enterado de que hay más novelas sobre el comisartio en cuestión, pero es que en esta el comisario sólo parace copmo tío macizo que rompe el corazón a las chicas. O sea que ya puede hacer algo para ser comisarios, vaya, aunque sea en las siguientes. En las que no voy a leerme ni de coña…

Muerte entre poetas, de Ángela Vallvey.

Muerte entre poetas. Vida entre cabrones... (como la Universidad misma)

Comprada por casualidad y leída por gusto, estamos ante una novela que refleja perfrectamente una época, y eso ya es mucho.

Es fama que la novela finalista del Premio Planeta suele ser mejor que la ganadora. En este caso, no podemos estar seguros de tal cosa, pues  no hemos llegado a leer “La hermandad de la Buena suerte”, de Fernando Savater, pero la finalista nos ha dejado un regusto agridulce.

Por diversas circunstancias tuve el placer de conocer a la autora y tengo que decir, sin cinismo, que me gusta mucho más ella que la novela. Y no sólo en presencia, que vale lo suyo, sino también en agudeza, inteligencia y conversación. De hecho, tras conocer a Angela Vallvey y leer su novela tiene uno la impresión de que se ha contenido o de que le han recortado de algún modo los ramalazos de vivacidad e inteligencia que, aún así, descollan entre las páginas de este libro un poco obvio en lo que se refiere a la trama policiaca.

La trama negra no es mala, pero resulta algo floja, aunque con gracia. Pero la gracia no es de la trama, sino de la autora. Me explico: los investigadores no interesan a nadie y los investigados no tienen ni media bofetada como criminales, pero el conjunto, con el enfoque que le da la autora, resulta curioso.

La idea es más o menos esta: una vieja millonaria y viuda de un poetastro del franquismo, trata de lavar la imagen de su marido convocando un bien pagado congreso de poetas donde cada uno de ellos deberá presentar una ponencia sobre el poeta difunto. La gracia del tema reside en que todos se odian bastante entre sí (con más o menos cordialidad), y concretamente odian más que a nadie a uno de los asistentes, que es asesinado.

El difunto era un profesor universitario que plagiaba los trabajos de sus becarios (algo común), mamoneaba las subvenciones (algo habitual), y cerraba el paso a todo el que no le rindiese la suficiente pleitesía (algo corriente)

A partir de ahí, tenemos un recorrido demasiado amplio por la vidas y amores de cada cual, con una web investigadora detrás de todo, un hacker que no sabe lo que dice, unos policías que aparecen poco y no investigan un carajo y un esfuerzo mínimo por interesar al lector en todo lo que no sean las peripecias personales de cada cual, muy a lo ilusiones perdidas de Balzac, pero con toda la mierda y la podredumbre de la universidad y el mundillo poético perfectamente retratados.

El culpable puede ser uno cualquiera o ninguno. La novela negra es mala. La novela costumbrista es brillante.

 

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