El Señor de las Islas, Walter Scott

[Tifie Lord of the Isles]. Poema en seis cantos de Walter Scott (1771-1832), publicado en 1815. Sigue la tradición y la historia con más fidelidad que los demás poemas de Scott; Barbour y Hailes son las fuentes de la pintoresca narración de la vuelta de Ro­berto Bruce a Escocia en 1307, y de sus lu­chas con los ingleses que culminaron en la batalla de Bannockburn; la parte nove­lesca trata de los amores de Edith de Lorn con lord Ronald, el señor de las Islas; Edith, disfrazada de paje, sigue a Bruce y a Ronald y, con su devoción, se gana el corazón del amado. Las descripciones del paisaje de Escocia occidental y de las islas, sobre todo de Skye, superan en vigor a las de la Dama del Lago (v.); y la pintura de los caracteres de los barones y jefes esco­ceses, la complejidad de la intriga y el dramatismo del desarrollo, anuncian clara­mente al genio que al poco tiempo dará al mundo la novela histórica. [Trad. española anónima con el título El lord de las Islas (Madrid, 1830)].

M. Praz

Sus versos se pueden leer todavía hoy; son fáciles, brillantes, atractivos como una música militar, pero no valen nada, com­parados con las novelas. (Bremond)

Para Scott, como para Balzac, Tolstoi y Dostoievski, escribir era un proceso natu­ral; no era, como para Turguenev y Flaubert, un ritual. (J. Buchan)

El Señor De Bembibre, Enrique Gil y Carrasco

Novela historicolegendaria del poeta español Enrique Gil y Carrasco (1815-1846), publicada en 1844 y considerada generalmente como la mejor novela española de la época román­tica. El fondo histórico del relato está cons­tituido por la extinción de la Orden de los Templarios en España (siglo XIV). Con la historia de los Caballeros y su lejano clima de leyenda se mezclan las patéticas aventuras de una noble y casta pareja de aman­tes, don Alvaro Yáñez y doña Beatriz Oso- rio; aventuras que compendian los temas comunes romanticosentimentales de las no­velas de Walter Scott. Pero más que en la habilidad del desarrollo de la acción, lenta y prolija, la novela halla sus mejores momentos en el sentimiento del paisaje y en las sugestiones del tema. El autor supo sa­car de la mezcla de historia y fantasía, estampas delicadas y mórbidas, iluminadas por una intensa luz lírica.

El ambiente de nobleza y caballería en que se desarrolla esta novela resulta algo convencional, las figuras y situaciones no son muy humanas y el sentimentalismo ro­mántico es excesivo, sobre todo en doña Beatriz; pero en compensación la parte ex­terna y decorativa es magnífica, el estilo es claro, sencillo y natural, hábil en las des­cripciones y en la narración, débil en el diálogo. (Hurtado y Palencia)

Sentencias para el Emperador, Walther von der Vogelweide

[Kaisersprüche]. Es una célebre colección de tres poesías en medio-alto alemán, di­rigida por Walther von der Vogelweide (1170?-después de 1228) al emperador güelfo Otón IV de Brunswick, con ocasión de la Dieta de Francfort en 1211. Otón, ex­comulgado por Inocencio III a consecuencia de su tentativa de unir a la corona impe­rial el reino de Sicilia, herencia del joven Federico de Suevia, había vuelto, desde Italia donde se encontraba para intentar una expedición a Sicilia, a Alemania al saber que Federico era llamado por los príncipes alemanes de parte sueva para ser coronado rey. Ya en Alemania, Otón convocó la dieta de Francfort, adonde acudió también Walther.

Las tres poesías yámbicas tienen una afinidad interior que se manifiesta ya en la inicial invocación común a los tres: «Hér-Keiser…». Walther se declara apasionadamente partidario de los derechos del emperador frente al Pa­pado. La posición que adopta no está deter­minada por una particular simpatía hacia Otón, sino sencillamente por su convicción de que la gran idea imperial debe triunfar. En efecto, después de la caída de Otón, Walther se declarará partidario de aquel que sabrá encarnar aquella idea: de Fe­derico. En la primera de las tres poesías, saluda a Otón por su regreso a la patria y le asegura la fidelidad de los príncipes ale­manes (fidelidad que, sin embargo, no fue mantenida). En la segunda, con palabras ar­dientes, le exhorta a emprender una Cru­zada a Tierra Santa, presentándose a sí mismo como mensajero divino encargado de^ inspirar al emperador para aquella ac­ción.

En la tercera define los problemas de política interior alemana que el empe­rador había de resolver, esto es, la pacificación de los príncipes germanos entre sí. Sólo de este modo el trono imperial quedaría fortalecido. Símbolo y auspicio pa­ra esta solidez son considerados por él los animales que figuran en las armas de Otón, el león fuerte de la casa de Brunswick y el águila imperial. En las tres composicio­nes resalta el concepto que Walther tenía del poder imperial destinado a dominar cristianamente la tierra, mientras que al Papa debía reservarse el dominio de los cielos y las almas.

C. Gundolfi

Sentido Común, Thomas Paine

[Common Sense]. Obra escrita en América por el inglés Thomas Paine (1737-1809), publicada en 1776, en la que considera las causas de la guerra entre Inglaterra y los Estados Unidos.

Abando­nando toda argumentación legal e histó­rica, Paine, empleando toda posible exage­ración y falsificación de hechos para des­acreditar a Inglaterra, afirma que las colo­nias ahora ya habían progresado de tal ma­nera que era imposible volver a la situa­ción anterior a las disidencias. Forzando los hechos hacia el significado que más podía complacer al público americano, Pai­ne sostiene que los ingleses ya no pueden ser de ninguna utilidad para los america­nos, y que, por tanto, la reconciliación constituiría más un mal que un bien. Se­gún los dictámenes del «sentido común», los Estados Unidos tenían que ser libe­rados. La pequeña obra tuvo un gran éxito; desde enero a marzo se vendieron más de cien mil ejemplares. Fue ésta la primera tentativa de Paine como polemista.

A. Camerino

Seiyo Jijo, Fukuzawa Yukichi

[Hechos de los países occi­dentales]. Tratado geograficohistórica del moralista japonés Fukuzawa Yukichi (1829- 1910), publicado en diez fascículos desde 1866 a 1869. La obra de Fukuzawa, funda­dor de la escuela privada de Keiógijuku, importante centro de estudios sociales, ad­quiere un particular valor, en cuanto re­presenta una aportación notable a las ideas progresistas del Japón, cuya formación so­cial y moderna estaba precisamente determinándose en aquellos años de la segunda mitad del siglo pasado.

El Seiyó Jijó, con­siderado como verdadero monumento de ilustración en la literatura japonesa, es un difuso informe, enriquecido con considera­ciones personales, de dos viajes que el autor efectuó a Europa y América al servicio de una misión del «shógunado» de los Tokugawa. El carácter polémico de la obra se revela ya desde la introducción, enérgica alocución al gobierno, en la cual se pide la eliminación total de los residuos de men­talidad feudal todavía existentes en la vida administrativa del Japón. Después de la introducción, el autor pasa a examinar la vida, la estructura estatal y social, la eco­nomía y la hacienda de Francia, de Ingla­terra, de Prusia y de Portugal, terminando después su trabajo con un difuso examen de la situación de los Estados Unidos.

Por más que su escrito resulte a menudo pro­lijo por largas descripciones de viajes e informaciones de carácter más geográfico que estrictamente social, Fukuzawa consi­gue plenamente el objeto que se había pro­puesto, y proporciona una valiosa contri­bución a la renovación del país. El Seiyo Jijó, una de las obras más populares y di­fundidas del pasado siglo en el Japón, pro­porcionó a su autor el nombramiento de consejero privado de Estado, y el gobierno se valió muchísimo de su obra y de sus indicaciones.

S. Nogami