Los pecadores (Fritz Leiber)
Como Esposa hechicera de Leiber, The Sinful Ones [Los peca-dores] apareció primero en forma abreviada para revista. En este caso, quizás algunos lectores estén más familiarizados con la narración en su título original (y mucho más apropiado) de «You’re All Alone» (revista Fantastic Adventures, 1950). Des-pués de que Leiber ampliase la novela para su publicación en rústica en 1953, el editor le cambió el título por el de The Sinful Ones e insertó una serie de escenas sexuales de «porno suave»; sin embargo, en una edición posterior (1980) estas escenas fue-ron reescritas para adaptarlas al gusto más reciente de Leiber. Todo esto es desafortunado, pero no altera el hecho de que The Sinful Ones (o «You’re All Alone») es una de las más originales fantasías de horror.
El protagonista, Carr Mackay, tiene un ingrato trabajo en una agencia de colocaciones. También tiene una ambiciosa chica que lo exhorta continuamente a mejorar. Pese a los halagos de ella, Carr se resiste a incorporarse a algo que le parece una competición de ratones. Un día en que se sentía extrañamente alienado de su entorno, entró en su oficina una muchacha asustada. Parecía estar huyendo de una mujer rubia, grande y amenazante a quien Carr observa en el fondo. La chica no logra explicar su conducta, pero mira a Carr con temor y desconcierto, diciéndole: «¿Realmente no sabe quién es usted? … Tal vez mi irrupción aquí fue la causa. Tal vez fui yo quien lo despertó». Cuando ella le garabatea una nota y se marcha, Carr empieza a aprender el significado de estar «despierto». Aún desconcertado por la repentina irrupción de la chica, descuida a su cliente siguiente, hasta que le oye decir: «Gracias, creo que lo haré», y ve cómo saca del aire un cigarrillo inexistente y hace los gestos aparentes de encenderlo y fumarlo. El cliente pasa luego a mantener una conversación unilateral, respondiendo a pre-guntas que Carr no ha formulado. Es como si el hombre formase parte de un enorme mecanismo de relojería, impulsado a hacer ciertas cosas previsibles.
Carr pronto descubre que casi todo el mundo a su alrede-dor se comporta de esta manera mecánica. Aparentemente, se olvidan de él, pasando por alto sus observaciones, dando vueltas a su alrededor, llevando una rutina normal de existencia que ahora parece risible en su previsibilidad y falta de vida. Es como si Carr de pronto hubiese caído del mecanismo de relojería de la vida urbana y consiguiese toda una nueva libertad existencial. Puede moverse por la bulliciosa ciudad sin ser visto en absoluto; para todos los fines y propósitos se ha convertido en un hombre invisible. Puede ir a cualquier parte que le plazca y servirse cualquier cosa que desee. Pero también padece una terrible soledad, a menos que pueda hacer contacto con otros espíritus libres que estén similarmente «despiertos». La chica atemori-zada es uno de ellos, y por fortuna ha garabateado detalles de un lugar de encuentro en el trozo de papel que le ha dado apresuradamente. Pero, ¿por qué estaba tan aterrorizada? ¿Y quién era la amenazante mujer rubia? ¿Hay matones en la pequeña población de personas «invisibles» de Chicago, criminales que conviertan en un infortunio la nueva vida de Carr (y Jane)?
The Sinful Ones es una agradable obra de intriga, cons-truida sobre una premisa simple pero ingeniosa. Escrita en la misma época aproximadamente que el popular libro de sociología de David Riesman, La muchedumbre solitaria, pero muchos años antes de que se acuñasen expresiones como «marginación social» y «contracultura», describe el sentido moderno de la alienación urbana de modo muy eficaz. Sin embargo son lamentables esas innecesarias escenas sexuales.
Aretino :: Nov.30.2010 :: Fantasía épica y en general, Literatura erótica, Novela de terror :: No Comments »

Se han escrito innumerables cuentos sobre casas frecuentadas por fantasmas: viejos edificios que van desde castillos medievales hasta hoteles del siglo xx plagados de espectros, espíritus, poltergeists y un largo etcétera. En la ingeniosa variación de Leiber sobre el tema, los seres fantasmales son llamados «entidades paramentales», y no es sólo un edificio sino toda una ciudad (la actual San Francisco) la que está tomada por ellos. Además, en un ingenioso y elegante cambio con respecto a nuestras expectativas, el protagonista del libro sólo puede saber que su casa está ocupada por fantasmas cuando la contempla a través de prismáticos desde una distancia de tres kilómetros.
Fritz Leiber (nacido en 1910) es un maestro de la ficción de horror sobrenatural moderna. El telón de fondo tradicional de los cuentos de horror escalofriantes –castillos que se derrumban en medio de bosques obscuros, mansiones solitarias en páramos asolados por el viento– no son para él. Por lo común, sus relatos se sitúan en las ciudades y villas de la América contemporánea, y conciernen a personas brillantes y a la moda cuyas vidas son trastocadas espantosamente por terrores inexplicables. Otros escritores han seguido su ejemplo (entre ellos, autores de éxito comercial como Ira Levin y Stephen King), pero Leiber fue el primero: su obra pionera Esposa hechicera (Conjure Wife) fue publicada originalmente en Unknown Worlds en 1943. El texto ampliado para la versión en libro contiene una serie de referen-cias a bombas atómicas y otros fenómenos posteriores a 1945, pero esencialmente es el mismo relato que horrorizó y deleitó primero a los lectores del tiempo de la guerra en la revista de John W. Campbell.
La tercera novela publicada de King fue un éxito aún mayor que Carrie y El misterio de Salem’s Lot y en algunos aspectos es su obra más característica. Como he dicho, no es un escritor original, pero en libro tras libro ha barajado ciertos ingredientes comunes con gran aplomo. Aquí hay variaciones sobre la casa poblada de fantasmas y el niño mágicamente dotado, mezcladas con el horror de una personalidad alcohólica en desintegración. La historia fue filmada por Stanley Kubrik en 1980, y aunque la película tiene sus propias cualidades glaciales, los guionistas hicieron en la trama ciertos cambios decisivos que tuvieron el efecto de quitar al espectador toda simpatía por el torturado personaje principal. Uno de los puntos fuertes de la novela de King es que despierta simpatía por todos los personajes involucrados, y particularmente por Jack Torrance, el desdichado protagonista de la obra.
Stephen King se hizo famoso con Carrie (1974), la historia de una joven perseguida que posee terroríficos poderes destructivos. Después de La semilla del diablo y El exorcista, la primera novela de King tuvo mucho éxito, como libro y como película. Rápidamente le siguió El misterio de Salem’s Lot (‘Salem’s Lot), un libro mucho más voluminoso, que es su homenaje a la leyenda de Drácula. Su marco es una pequeña ciudad de Nueva Inglaterra llamada Jerusalem’s Lot («’Salem’s» como abreviatura), en la actualidad. Aquí una grande y vieja casa abandonada, «el lugar de Marsten», es ocupada por un misterioso recién llegado que resulta ser un vampiro de tipo clásico. El solitario señor Barlow gradualmente infecta a todo el pueblo con la enfermedad del vampirismo, convirtiendo a sus 1.300 habitantes en una colonia de vampiros. El punto de vista cambia, pero la historia se cuenta principalmente a través de los ojos de Ben Mears, un escritor de 32 años que acaba de volver a la ciudad después de pasar su vida de adulto en otra parte.
«Se regocijaba con el aroma de los hierbajos húmedos y la fragancia de las hojas caídas. Hasta le agradaba el rocío gélido que le salpicaba la velluda piel gris. Lejos del ruidoso sonido metálico y sibilante de la locomotora, se detuvo para escuchar los tenues crujidos de los ratones del campo y atrapó un grillo con un zarpazo de su delgada garra delantera … El júbilo le hizo levantarse, con una alegría transparente y vibrante que nunca había sentido. Elevó su hocico hacia la media luna que estaba ocultándose y lanzó un aullido trémulo y prolongado de puro deleite …» ¿El periodista Will Barbee está experimentando un sueño extraño pero estimulante, o es una realidad? Corre en libertad como un lobo en la noche, con todos sus sentidos despiertos como nunca lo habían estado antes. Una loba blanca lo llama, y parece hablarle con la voz telepática de una bella joven (y colega periodista) que se llama April Bell. Will Barbee ha conocido a April hace menos de veinticuatro horas, pero ya está chiflado por ella. Se encuentran en un 




