El Monje, Matthew Gregory Lewis

[The Monk]. Novela del es­critor inglés Matthew Gregory Lewis (1775- 1818), publicada en 1796. En esta obra ju­venil, Lewis continúa la novela terrorífica de Radcliffe.

Narra la historia de Ambro­sio, prior del convento de capuchinos de Madrid, quien es tentado por la disoluta Matilde de Villanegas, que ha conseguido entrar en el convento vestida de hombre. Ambrosio se convierte más tarde en amante de una de sus penitentes, a la que con­quista con medios complicados y absurdos, como la magia, y con expedientes más prácticos, como el delito. Para no ser des­cubierto, Ambrosio llega a matarla, pero es acusado, torturado y procesado por la Inquisición y, finalmente, condenado a muerte. Hace un pacto con el diablo para escapar de la sentencia y del auto de fe, pero el diablo le traiciona y le hace morir condenado.

La novela es una mezcla cu­riosa de hechos sangrientos, de diablerías increíbles, de obscenidades y brutalidades. Se imprimió furtivamente en su forma ori­ginal completa. Lewis se inspiró en las novelas de terror, tan en boga en su tiem­po, pero es también probable, puesto que había viajado por Alemania, que influyeran en él las novelas de Bürger, los dramas de Schiller y la novela de Heinse (v. Ardinghello, de 1785). Aunque alcanzó bastante éxito en su momento, la novela fue desaprobada por muchos, incluso por Byron. A pesar de sus increíbles extravagancias, contiene escenas de cierto vigor, y algunas de las invenciones más ridículas e invero­símiles están, sin embargo, bien estruc­turadas. A la manera de Radcliffe, Lewis intercaló en su novela poemas, entre ellos la balada de «Alonso el Bravo y la bella Imógenes» [«Alonzo the Brave and the Fair Imógenes»], que es la más notable. Una morbosidad que une el horror físico al simple terror, y la sensualidad que im­pregna toda la novela, la hicieron popular entre los románticos de segunda fila, que la imitaron en algunas de sus obras. Lewis tuvo imitadores y epígonos, los más cono­cidos de los cuales son Raber Maturin, con su Melmoth el errante (v.), y Mrs. Shelley, con Frankestein (v.). [Trad. castellana de León Compte con el título El Fraile (Bar­celona, 1877)].

A. Camerino

Las Memorias del Diablo, Frédéric Soulié

[Les mémoires du diable]. Publicado en 1837- 38, es el libro más célebre de Frédéric Soulié (1800-1847), el inventivo y quizá de­masiado fecundo escritor de novelas la­crimosas y terroríficas.

La larguísima tra­ma, dividida en múltiples partes, es una sucesión de historias lúgubres donde sólo se habla de robos, raptos, adulterios, in­cestos, fratricidios, parricidios y abomina­ciones de todas clases. Estas escenas se insertan en la vida del barón Armando Luizzi de Ronquerolles, quien obtiene, me­diante un pacto con el diablo, como obtu­vieron ya sus antepasados, que Satanás, a cambio de su alma, satisfaga todos sus de­seos. Esta condición fallará si Luizzi pue­de probar que ha sido feliz al menos du­rante diez años. Armando, con la ilusión de encontrar un camino hacia la felicidad, hace que le revele el diablo todas las pa­siones de los hombres y su vida secreta. Así empiezan los tremendos relatos del diablo, combinados con las aventuras del barón Armando que se convierte, por obra del demonio, en\ instrumento inconsciente del mal. Tres mujeres de sentimientos nobi­lísimos a quienes ama con diverso afecto, su hermana, su amante y una desgraciadí­sima dama, son arrastradas por él a la ruina, a pesar de sus sinceros deseos de beneficiarlas. En el momento en que se cumple el plazo del pacto infernal, le pa­rece advertir a las tres mujeres rezando en torno a su lecho de moribundo, invitándole a dirigirse a Dios; pero el demonio le apre­sa y el castillo de Ronquerolles se hunde dejando en su lugar un profundo precipicio que los aldeanos llaman «la boca del in­fierno». Las Memorias del diablo pertene­cen a la novela de folletín, cuyos maestros fueron Dumas padre, Sue y Soulié.

M. Zini

Melmoth el Errante, Charles Robert Maturin

[Melmoth the Wanderer]. Novela de Charles Robert Maturin (1782-1824), publicada en 1820. Es una de las mejores y más famosas novelas de misterio y de terror publicadas en In­glaterra a principios del siglo XIX. Mu­chos la consideran la obra maestra de la no­vela «negra», superior a las de la Radcliffe (v. Los misterios de Udolfo, etc.) y el Mon­je (v.) de Lewis. Melmoth ha hecho un pacto con el diablo: a cambio de su alma consigue la prolongación de su vida. Pero si logra encontrar quien comparta su suer­te, evitará la condena. El primer pacto, en la novela, data ya del siglo XVII y Mel­moth sigue viviendo.

Melmoth el errante comprende una serie de relatos; la escena más importante y terrorífica de todos ellos es aquella en que Melmoth ofrece com­partir el pacto, que es rechazado por Stan­ton, prisionero en la celda de un manico­mio; por Moneada, que está en manos de la Inquisición; por Walberg, que ve a sus hijos morir de hambre; por Leonor Morti­mer y por la mujer de Melmoth, Isidora. El episodio principal es el de los amores de Melmoth e Isidora, inocente hija de la naturaleza, que entra en la novela con el nombre de Immalee y «es un carácter similar al de la Haidée del Don Juan (v.) de Byron, y… termina con el nombre de Isidora y un destino que la emparenta con la Margarita de Goethe» (Praz). Melmoth, que mata en duelo al hermano de Isidora, después de haberse casado con ella por me­dio de un espectro, de tener de ella una niña y haber perdido a ésta, que muere, y a Isi­dora, que siente terror por su diabólico amante y acaba muriendo del corazón, vuel­ve al castillo de sus mayores y, arreba­tado por los diablos, es arrojado al mar.

La novela abunda en escenas terroríficas y extravagantes, a menudo narradas con un refinamiento digno de Poe. La cons­trucción es bastante defectuosa; hay en ella un «pathos» que a menudo desemboca en las «sensiblerías» de los discípulos de Rousseau. Pero, en un ambiente tan inverosímil, hay escenas gráficas y terroríficas que impresionan, aunque se leen simple­mente por curiosidad y muy raramente para encontrar verdadero placer estético. Entre los admiradores de Melmoth se hallan Bal­zac y Dante Gabriel Rossetti.

A. Camerino

El Extraño Caso del Doctor Jekyll y de Mister Hyde, Robert Louis Stevenson

[The Strange Case of Dr. Jekyll and Mr. Hyde]. Novela del escritor inglés publicada en 1886. El núcleo de la novela es el dualismo del alma hu­mana oscilando entre el principio del bien y del mal, que en esta aventura se exterio­rizan y dan a un solo individuo una doble personalidad.

Preocupado desde su juven­tud por la antítesis existente entre el bien y el mal, particularmente viva en su espí­ritu, el Dr. Jekyll (v.), buscando liberar a la humanidad de tal lucha, logra componer una pócima capaz de privar temporalmente de aquel de los dos elementos que domina una personalidad. Al realizar su primer experimento se siente de improviso, libera­do y feliz, desembarazado de la concien­cia que le impedía dar libre curso a una maldad natural hasta entonces sofocada. Bebiendo por segunda vez la pócima, queda vencido el elemento maléfico que en aquel momento predomina, y vuelve a ser el hombre de antes. A esta transformación moral acompaña otra de carácter físico, y el Dr. Jekill, durante el experimento, se convierte en un personaje pequeño, defor­me, repugnante, ya que hasta ahora, la vida consagrada a la virtud y al trabajo había impedido el desarrollo del mal; este nuevo sujeto, su otro yo, lo llama Edward Hyde, y bajo tal aspecto es libre de seguir, cuando lo desea, los más bajos instintos que, poco a poco, le arrastran hasta el ase­sinato de un noble que encuentra por ca­sualidad.

Si bien el doctor Jekyll, cuando recobra el aspecto y los hábitos ordinarios no siente remordimiento por tales horro­res, en cambio esa parte maléfica que ahora halla un modo de manifestarse, ame­naza con sustituir a la otra y convertirse en una personalidad permanente, hasta el punto de que a veces se encuentra trans­formado en Mr. Hyde, sin haber bebido el brebaje, mientras que para volver a ser el Dr. Jekyll necesita doble dosis. Finalmente, tras haber luchado en vano contra esta tendencia, y no encontrando los ingre­dientes necesarios para preparar la bebida mágica, se mata para impedir que le en­carcelen como asesino. Este es el relato de la aventura tal como aparece en el testa­mento del doctor Jekyll encontrado después de su muerte.

Pero Stevenson desarrolla los acontecimientos de forma que el doctor Jekyll y Mr. Hyde se presentan ante el lector como dos personas distintas, con lo que el misterio que les envuelve y que se hace incomprensible para los amigos más íntimos y los criados mismos del Dr. Jekyll, contribuye a aumentar la tensión y la at­mósfera de terror de la novela, que culmi­na en la escena final, cuando el mayordo­mo Poole y el abogado Utterson fuerzan la puerta del laboratorio, en el que en vano buscan el cadáver del Dr. Jekyll, al que creen asesinado por Mr. Hyde. Esta novela, uno de los mejores ejemplos del género, alcanza en ciertos momentos un extraor­dinario poder de sugestión y dramatismo. El estupor del Dr. Jekyll, que al despertarse ve cómo su mano se ha convertido en la mano peluda de Mr. Hyde es, con algunas otras de Poe y Defoe, una de las escenas más terroríficas de la literatura inglesa.

F. Foresio

Si el ambiguo público Victoriano no supo apreciar la ética profunda e incluso trágica de Stevenson, todavía era menos apto para apreciar la perfección y meticulosidad — al modo francés— de su estilo; en el cual parecía que ensartase en la punta de su pluma la palabra precisa, como si fuera un hombre ocupado en un juego de pa­ciencia. (Chesterton)

El asunto es, con mucho, el más original de toda su producción; ni él ni nadie es­cribieron nunca una novela semejante a ésta, que une al horror de una historia de fantasmas el espíritu de los sermones… Una historia de un interés absolutamente único. (E. F. Benson)

La Trágica historia del doctor Faustus, Ch. Marlowe

El teólogo y nigromante Faus­to invoca a Mefistófeles y estipula con su señor Lucifer un pacto: le vende su alma a cambio de veinticinco años más de vida y de los servicios de Mefistófeles.

Fausto an­hela convertirse en el hombre más poderoso del mundo; en Roma libera al Antipapa, provoca la admiración del emperador Carlos V de Alemania con sus poderes mági­cos y recibe el beso de Helena de Troya. Pero al acercarse la hora de la muerte, tiembla e implora, desearía una dilación: en vano, Fausto muere, descuartizado por los demonios.