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	<title>Crítica de Libros &#187; Novela de aventuras</title>
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	<description>Crítica, reseñas, resúmenes de libros gratis, crítica literaria, comentarios...</description>
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		<title>&#8220;El Codice Maya&#8221; de Douglas Preston</title>
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		<pubDate>Tue, 13 Jul 2010 08:35:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>sonia</dc:creator>
				<category><![CDATA[Novela de aventuras]]></category>

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		<description><![CDATA[Tres hermanos muy distintos deben cumplir con la última voluntad paterna: emprender la peligrosa búsqueda de la herencia. Pero esa enorme colección de arte perdida en la selva incluye un tesoro codiciado por muchos. Tres héroes singulares contra ambiciosos sin escrúpulos, en un trepidante desafío comparable a Indiana Jones.
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			<content:encoded><![CDATA[<div>Tres hermanos muy distintos deben cumplir con la última voluntad paterna: emprender la peligrosa búsqueda de la herencia. Pero esa enorme colección de arte perdida en la selva incluye un tesoro codiciado por muchos. Tres héroes singulares contra ambiciosos sin escrúpulos, en un trepidante desafío comparable a Indiana Jones.</div>
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		<title>LAS AVENTURAS Y DESVENTURAS DE LA FAMOSA MOLL FLANDERS (DANIEL DEFOE)</title>
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		<pubDate>Wed, 16 Dec 2009 04:37:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Aretino</dc:creator>
				<category><![CDATA[Novela de aventuras]]></category>

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Si no me engaño, el hallazgo esencial de Daniel Defoe (1660?1731) fue la invención de rasgos circunstanciales, casi ignorada por la literarura anterior. Lo tardío de ese descubrimiento es notable; que yo recuerde, no llueve una sola vez en todo el Quijote. Más allá de esa tecniquería, como diría Unamuno, es admirable en su labor [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong> </strong></p>
<p>Si no me engaño, el hallazgo esencial de Daniel Defoe (1660?1731) fue la invención de rasgos circunstanciales, casi ignorada por la literarura anterior. Lo tardío de ese descubrimiento es notable; que yo recuerde, no llueve una sola vez en todo el <em>Quijote</em>. Más allá de esa tecniquería, como diría Unamuno, es admirable en su labor la continua creación de personas queribles y pecadores y el agrado peculiar de un estilo que no adolece nunca de vanidad. Saintsbury opina que su obra marca una etapa entre la novela de aventuras y la hoy llamada psicológica; las dos, de hecho, se confunden. El <em>Quijote</em> no es menos el carácter de don Quijote que los trabajos que padece; <em>Robinson Crusoe</em> (1719) no es menos el sencillo marinero, de origen alemán, que arma su habitación en la isla desierta que el penetrante escalofrío de la huella humana en la arena. Defoe, dicho sea de paso, mantuvo en el puerto de Bristol un largo diálogo con Alexander Selkirk, que vivió cuatro años y cuatro meses en la isla de Juan Fernández, al oeste de Chile, y que sería el prototipo de Crusoe. Conversó al pie del patíbulo con el ladrón de caminos Jack Sheppard, que fue ahorcado a los veintidós años y cuya biografía escribió.</p>
<p> Nieto de un señor rural e hijo de un carnicero, Daniel Defoe nació en Londres. Su padre firmaba Foe; Daniel previsiblemente agregó la partícula nobiliaria. Recibió una esmerada educación en un colegio disidente. Los negocios lo llevaron por tierras de Portugal, de España, de Francia, de Alemania y de Italia. Se le ha atribuido un panfleto contra los turcos. Estableció un negocio de mercería. Conoció la quiebra, la cárcel y la picota a la que dedicó un himno. No desdeñó el ejercicio del espionaje; trabajó por la unión de los dos reinos de Inglaterra y de Escocia. Abogó a favor de un ejército permanente. Ajeno a toda disciplina partidaria, se malquistó con los conservadores y con los liberales. Guillermo de Orange había ascendido al trono; la gente lo acusaba de no ser un inglés de pura cepa. En un folleto de vigorosos dísticos decasílabos, Defoe razonó que hablar de un inglés de pura cepa es una <em>contradictio in adjecto</em>, ya que todas las razas del continente se habían mezclado en Inglaterra, el albañal de Europa. En ese curioso poema ocurren los versos</p>
<p> </p>
<p><em> The roving Scot and bucaneering Dane,</em></p>
<p><em> whose red hair offspring everywhere remain.</em></p>
<p> </p>
<p>(El merodeador escocés y el danés bucanero, cuya prole de pelo colorado perdura en todas partes.) Esta diatriba le valió una pensión. En 1706 publicó el folleto que se titula <em>Relato aut</em><em>é</em><em>ntico de la aparici</em><em>ó</em><em>n de la se</em><em>ñ</em><em>ora Veal</em>.</p>
<p> <em>Las Aventuras del Capit</em><em>á</em><em>n Singleton</em>, en Africa, prefiguran en un estilo muy disímil las futuras novelas de Rider Haggard.</p>
<p> Era demonólogo; su <em>Historia pol</em><em>í</em><em>tica del Diablo</em> data de 1726.</p>
<p> No deja de asombrarnos pensar que la recatada picaresca española, que nunca se atrevió a lo carnal, es la lejana antepasada de <em>Las venturas y desventuras de la famosa Moll Flanders</em> (1721), con sus cinco maridos, con su incesto y con sus muchos años de cárcel.</p>
<p> Marcel Schwob tradujo este libro al francés; Forster lo ha ponderado y analizado.</p>
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		<title>UN DÍA EN LA VIDA DE IVÁN DENISOVICH (Alexandr Solzhenitsin)</title>
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		<pubDate>Thu, 12 Nov 2009 00:34:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Aretino</dc:creator>
				<category><![CDATA[Drama y elemento humano]]></category>
		<category><![CDATA[Novela de aventuras]]></category>

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		<description><![CDATA[ 

 
Quien lee ahora, por vez primera, Un día en la vida de Iván Denisovich queda perplejo. ¿Es posible que este breve relato provocara al aparecer, en 1962, semejante conmoción? Un cuarto de siglo después nadie ignora la realidad del Gulag y los genocidios de la era de Stalin, que el propio Nikita Jruschev [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong> <em><br />
</em></strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p>Quien lee ahora, por vez primera, <em>Un día en la vida de Iván Denisovich</em> queda perplejo. ¿Es posible que este breve relato provocara al aparecer, en 1962, semejante conmoción? Un cuarto de siglo después nadie ignora la realidad del Gulag y los genocidios de la era de Stalin, que el propio Nikita Jruschev denunció en el XXII Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética. Pero, en 1962, innumerables progresistas del mundo entero se resistían todavía a aceptar aquel brutal desmentido a la quimera del paraíso socialista. El discurso de Jruschev era negado, atribuido a maniobras del imperialismo y sus agentes. En estas circunstancias, A. Tvardovski, con autorización del propio Jruschev, publicó en <em>Novy Mir</em> el texto que daría a conocer al mundo a Solzhenitsin y marcaría el inicio de su carrera literaria.</p>
<p>El efecto del libro fue explosivo. ¿Quién podía, ahora, negar la evidencia? El hombre que testimoniaba lo hacía en la propia Unión Soviética y a partir de la experiencia, pues el universo concentracionario que describía lo había padecido en persona y por causas tan crueles y estúpidas como las que sepultan en el Gulag al oscuro campesino Iván Denisovich Shujov de la novela. El famoso deshielo jruscheviano duró poco pero sus efectos no se extinguirían, al menos en lo que se refiere a la destrucción de una cierta visión ingenua, mítica, del primer estado marxista-leninista de la historia. Y acaso ningún texto, ni siquiera el discurso de Jruschev en el XXII Congreso del PCUS, simboliza de manera tan vivida aquel violento trizarse del sueño comunista, como esta pequeña novela.</p>
<p>Cuando lo leí por primera vez —en 1965, en Cuba, donde la gente se lo arrebataba de las manos y era la comidilla de todas las conversaciones— resultaba imposible considerar el libro de Solzhenitsin de otro modo que como un testimonio político. La ficción servía de pretexto para revelar las ignominias cometidas en nombre del socialismo en el período bautizado —eufemismo delicioso— como el del «culto de la personalidad». ¿Podemos hoy, en 1988, hacer una lectura más neutra, puramente literaria, de esta novela? Creo que no. Ella todavía muerde carne, a cada línea, en una realidad viva, de inmensa trascendencia política y moral, y los problemas a los que alude se hallan aún vigentes y son objeto de apasionadas controversias como para soslayarlos. Pretender juzgar <em>Un día en la vida de Iván Denisovich</em> cercenándola de su contexto histórico e ideológico, como aséptica creación artística, sería un escamoteo que privaría a la obra de aquello que le imprime dramatismo y vitalidad: su carácter documental y crítico.</p>
<p>No hay duda de que esta naturaleza polémica, tan dependiente de la actualidad, dificulta el juicio literario sobre este libro. Sus virtudes y defectos no pueden ser señalados en los términos formales —estilo, construcción, diseño de caracteres, vivacidad de la anécdota, etc-como el común de las novelas, pues en este caso lo más importante de la ficción no es su capacidad emancipadora de un modelo, la forja de un mundo soberano e independiente del real, sino la luz que arroja sobre una realidad preexistente. Como <em>La condición humana</em> y <em>La esperanza</em>, de Malraux, o <em>Recuerdos de la casa de los muertos</em> de Dostoievski, <em>Un día en la vida de Iván Denisovich</em> está más cerca de la historia que de la literatura.</p>
<p>Según indica su título, el relato describe una jornada cualquiera, sin sorpresas ni sobresaltos excepcionales, de un hombre internado en un campo de concentración en algún punto perdido de la estepa siberiana. Iván Denisovich Shujov, campesino del poblado de Temgeniovo, lleva ya nueve años preso, cumpliendo una condena de diez, impuesta por «traición a la patria». Lo que motivó esta sentencia es un episodio de macabra estupidez, donde la vesania del sistema totalitario transparece en toda su crudeza. Durante la guerra contra los nazis, Iván Denisovich fue capturado por el enemigo, pero, aprovechando un descuido de sus captores, logró huir y reintegrarse a las filas soviéticas. Entonces, según una práctica que parece haber sido habitual contra los soldados que vivían situaciones parecidas, fue juzgado por haberse rendido «con intención de traicionar» y haber retornado «para cumplir una misión de espionaje alemán». Puesto ante la disyuntiva de admitir la acusación o ser ejecutado sumariamente, Iván Denisovich reconoció ser espía y traidor.</p>
<p>Todo ello ocurrió nueve años antes de que comience la novela (situada en 1951) y parece haberse desvanecido de la memoria del protagonista. Iván Denisovich no es un hombre roído por la amargura ni devastado por el pesimismo a consecuencia de su trágica situación. Tampoco es un héroe que soporta el infortunio movido por razones éticas o un ideal político. Es, simplemente, un hombre del montón, enfrentado a una situación límite. Para él no tiene sentido perder tiempo y energías lamentándose porque de lo que se trata, ahora, es de librar cada hora y cada minuto la batalla para sobrevivir.</p>
<p>Como él, sus compañeros de prisión están allí por razones que hay que llamar políticas aunque esto signifique dar a esta palabra un contenido terriblemente tortuoso y depravado: hombrecillos condenados a veinticinco años por ser baptistas practicantes, u oficiales de la Marina a quienes su profesión deparó durante la guerra estar en contacto con los aliados occidentales de la Unión Soviética y que, por ello, se pudren en el campo como peligrosos apestados. Pero, por lo poco que llegamos a intuir de lo que ocurre en las conciencias de estos seres, ellos, como Iván Denisovich, apenas recuerdan sus desgracias, a las que la rutina concentracionaria ha difuminado y convertido en un suceso casi natural. La prisión los ha despolitizado a todos, incluidos aquellos que, a diferencia del protagonista, fueron políticos activos en su vida anterior. Purgados de toda preocupación ajena a la del sub-mundo en el que languidecen, sus fuerzas y su fantasía se concentran en una obsesiva tarea: durar, no perecer. Por ello dan esa curiosa impresión de seres de otro planeta, semisonámbulos, semiautómatas, despojados de cualquier otra curiosidad o interés que los estrictamente animales de resistir el hambre, evitar el castigo y demorar lo más posible el instante de la muerte.</p>
<p>Iván Denisovich tiene cuarenta años y el escorbuto se ha llevado la mitad de sus dientes; está casi calvo y en Temgeniovo lo esperan una mujer y dos hijas (el único hijo que tenía murió), de las que rara vez recibe noticias pues sólo se le permite escribir y recibir dos cartas al año. Desde el principio de su encarcelamiento pidió a su familia que no le enviaran paquetes de comida, para evitarles sacrificios, de modo que, a diferencia de varios de sus compañeros, su orfandad dentro del campo es total. El frío, el hambre y la fatiga que son para él los cauces de la existencia, no lo han encallecido hasta el extremo de matar en él todo gusto por la vida: la fruición con que aspira la colilla que le pasa César Markovich, o con que roe el mendrugo de pan duro que se lleva a la faena, o el entusiasta frenesí con que se entrega a la tarea de enladrillar un muro de la central termoeléctrica, muestran muy a las claras que el recluso Shujov es capaz todavía, en el fondo de injusticia y opresión en que está sumido, de encontrar una justificación a la vida. En esto reside la grandeza de este oscuro ser sin cultura y sin relieves, que carece de grandes rasgos intelectuales, políticos o morales: en personificar la supervivencia de lo humano en un mundo minuciosamente construido para deshumanizar al hombre y tornarlo <em>zombie</em>, hormiga.</p>
<p>Una historia de esta índole es muy difícil de contar sin caer en la truculencia o la sensiblería, en el miserabilismo o tremendismo, excesos que a veces resultan en excelente literatura pero que a una novela testimonial, que aspira a ser más un documento que una ficción, la empobrecerían y descalificarían. El mérito de Solzhenitsin es haber sorteado esos riesgos gracias a una economía expresiva rigurosa, a un notable ascetismo formal. El horror está descrito sin aspavientos, con objetividad, evitando destacar aquellos hechos que significarían una quiebra de lo rutinario. En las veinticuatro horas del relato no sucede, en verdad, nada que no les haya pasado ya cientos y miles de veces a Shujov y a sus compañeros o que no les vaya a pasar en el futuro. La novela ha extraído del universo concentracionario una especie de átomo que resume su rutina y sus ritos, sus jerarquías y tipos humanos así como la ración cotidiana de sufrimiento y de resistencia que exige de quienes lo habitan. La novela suele ser, por lo general, la relación de hechos y hombres dotados de alguna forma de excepcionalidad. En <em>Un día en la vida de Iván Denisovich</em>, por el contrario, se rehuye todo lo que constituye ruptura y novedad y el relato se concentra en la representación de lo cotidiano, en la experiencia común de los presos.</p>
<p>Esto priva a la novela del dinamismo y la efervescencia que llevan al lector, en otras ficciones, a preguntarse «¿Y ahora qué va a pasar?» —en ésta presiente desde las primeras páginas que ningún suceso imprevisto vendrá a transfigurar la grisura ritual y miserable de esa monotonía—, pero, en compensación, le da una personería muy vasta: ésta no es sólo una síntesis de la vida pesadiUesca de Iván Denisovich Shujov, sino también de la de aquella anónima ciudadanía de reprobos a los que la sociedad comunista aisló, puso entre alambradas y dispersó por el océano blanco de Siberia.</p>
<p>Sociedad marginal, casi sin contacto con la otra, ella está lejos de ser homogénea. Salvo en su compartido empeño por sobrevivir, los presos son una variopinta fauna a la que diferencian, fuera de los oficios, las creencias y las nacionalidades —además de rusos, hay ucranianos, letones y estonios—, las cualidades morales. Sólo unos cuantos parecen haber sido degradados al extremo de prestarse a servir de delatores y espías, como Panteleev, o de abusar de los otros, como ese Fetiukov al que sus compañeros apodan «el chacal». Hay, entre los presos, ateos y religiosos, y, también, privilegiados como César Markovich, a quien los paquetes de comida que recibe le permiten sobornar a los celadores y obtener pequeñas ventajas que lo ponen muy por encima del preso promedio. La vida carcelaria no ha mellado el innato instinto de lo bueno y lo malo, de lo justo y lo injusto, en el hombre simple e inculto que es Shujov. Así, él piensa que no es éticamente aceptable ese oficio de pintar tapices nuevos que aparentan ser <strong><a class="undefined" title="<strong><a class="undefined" title="residencias de <strong><a class="undefined" title="residencias de ancianos, residencias de mayores, asistidos, útiles, teleasistencia, asistencia a domicilio, balnearios. Geriátricos en toda España. " href="http://www.topresidencias.com/" target="_self">anciano</a></strong>s, residencias de mayores, asistidos, útiles, tele<strong><a class="undefined" title="residencias de <strong><a class="undefined" title="residencias de ancianos, residencias de mayores, asistidos, útiles, teleasistencia, asistencia a domicilio, balnearios. Geriátricos en toda España. " href="http://www.topresidencias.com/" target="_self">anciano</a></strong>s, residencias de mayores, asistidos, útiles, teleasistencia, asistencia a domicilio, balnearios. 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Geriátricos en toda España. &#8221; href=&#8221;http://www.topresidencias.com/&#8221; target=&#8221;_self&#8221;>residencia</a></strong>s.com/&#8221; target=&#8221;_self&#8221;>viejos</a></strong> y que, según su mujer, parece haberse puesto de moda entre los jóvenes de Temgeniovo. Iván, en todo caso, en contra de lo que le aconsejó su esposa en la última carta, no se ganará la vida de ese modo cuando cumpla su condena y lo suelten. ¿Lo soltarán? Deberían, el próximo año. Pero Iván Denisovich no se hace muchas ilusiones, pues de este campo nadie ha sido excarcelado todavía&#8230; Al presentar en <em>Novy Mir</em> a los lectores soviéticos este texto, A. Tvardovski les explicó que Solzhenitsin no hacía más que criticar «hechos terribles de crueldad y arbitrariedad que fueron resultado de la violación de la justicia soviética». El libro, según él, era algo así como una autocrítica del propio sistema, un texto que reivindicaba el socialismo soviético denunciando sus deformaciones. Ésta fue también la tesis de Georg Lukács, entusiasta defensor de Solzhenitsin, a quien atribuyó haber restablecido, con esta novela, la mejor tradición del «realismo socialista» de los años veinte que el stalinismo luego truncó. Sería injusto ridiculizar estas opiniones recordando la historia posterior de Solzhenitsin, desde su salida de la URSS y su violenta prédica antisocialista y a favor de un esplritualismo autoritario y conservador. En verdad, las opiniones de Tvardovski y Lukács, en lo que se refiere por lo menos a esta primera novela, no están tan desencaminadas. El relato es, desde el punto de vista formal, de un realismo riguroso que no se toma jamás la menor libertad respecto a la experiencia vivida, muy en la línea de lo que fue siempre la gran tradición literaria rusa. Y está impregnado, además, como una novela de Tolstoi, de Dostoievski o de Gorki, de indignación moral por el sufrimiento que causa la injusticia humana. ¿Puede este sentimiento llamarse «socialista»? Sí, sin duda. Una actitud ética y solidaria del pobre y de la víctima, del que por una u otra razón queda al margen o atrás o derrotado en la vida, es la última bandera enhiesta de una doctrina que ha debido arriar, una tras otra, todas las demás, luego de comprobar que el colectivismo conducía a la dictadura en vez de a la libertad y el estatismo planificado y centralista traía, en lugar de progreso, estancamiento y miseria. Por esos extraños pases de prestidigitación que tiene a menudo la existencia, Alexandr Solzhenitsin, el más feroz impugnador del sistema que crearon Lenin y Stalin, podría ser, sí, el último escritor realista socialista.</p>
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		<title>ZALACAÍN EL AVENTURERO (Pío Baroja)</title>
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		<pubDate>Sun, 03 Sep 2006 16:16:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Aretino</dc:creator>
				<category><![CDATA[Novela de aventuras]]></category>

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		<description><![CDATA[La aventura no tiene por qué desarrollarse en paises lejanos, ni en selvas o bosques remotos. La aventura, la más emocionante, puede empezar también en los prados verdes de la España más profunda.
Martín Zalacaín es un niño de las montañas del País Vasco, su vida es sencilla y tranquila. Crece y todo le va bien, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La aventura no tiene por qué desarrollarse en paises lejanos, ni en selvas o bosques remotos. La aventura, la más emocionante, puede empezar también en los prados verdes de la España más profunda.</p>
<p>Martín Zalacaín es un niño de las montañas del País Vasco, su vida es sencilla y tranquila. Crece y todo le va bien, el amor, el dinero, el contrabando&#8230; Hasta que comienza la guerra carlista y con ella la aventura (a la que Baroja parece casi siempre dispuesto), a la lucha por lo que él cree que es justo en contra de los carlistas especialmente contra su enemigo Carlos Ohando. Y el libro se sumerge en historias de acción trepidante, de valor sin medida, de amistad y de amores</p>
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		<title>LA NOVIA DE LAMMERMOOR (Walter Scott)</title>
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		<pubDate>Mon, 20 Apr 2009 22:08:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Aretino</dc:creator>
				<category><![CDATA[Novela de aventuras]]></category>
		<category><![CDATA[novia]]></category>
		<category><![CDATA[romanticismo]]></category>
		<category><![CDATA[Scott]]></category>

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		<description><![CDATA[Un best seller de otra época. LA NOVIA DE LAMMERMOOR no pasa de ser paea su día lo que puede ser para hoy una novela cualquiera, bien vendida, y bien apoyada en la fama de su autor.
El Master de Ravenswood y Lucy Ashton se enamoran pero ella es hija del Lord Keeper, enemigo de Ravenswood [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Un best seller de otra época. <strong>LA NOVIA DE LAMMERMOOR</strong> no pasa de ser paea su día lo que puede ser para hoy una novela cualquiera, bien vendida, y bien apoyada en la fama de su autor.</p>
<p>El Master de Ravenswood y Lucy Ashton se enamoran pero ella es hija del Lord Keeper, enemigo de Ravenswood y asesino indirecto de la muerte de su padre. Como el Lord Keeper conoce las intenciones asesinas del Master, propicia una relación entre éste y su hija, que se prometen en <strong>matrimonio</strong>. Pero cuando Lady Ashton vuelve de su viaje lo hace con un fin: expulsar al Master de su castillo y casar a su hija con un enemigo del Master, Bucklaw. El Master, que abandonó por amor sus ansias de vengar el honor de su padre y recuperar sus posesiones familiares perdidas por un cambio de política que favoreció al Lord Keeper, huye un año y vuelve cuando Lucy se va a casar para impedir romper su relación.</p>
<p>Comparada con otras obras del autor resulta un poco floja, pewro como siempre, es entretenida.</p>
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		<title>LAS AVENTURAS DE ARTHUR GORDON PYM (Edgar Allan Poe)</title>
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		<pubDate>Mon, 20 Apr 2009 22:08:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Aretino</dc:creator>
				<category><![CDATA[Libros que recomendamos]]></category>
		<category><![CDATA[Novela de aventuras]]></category>

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		<description><![CDATA[El libro empieza con una típica explicación de las circunstancias que condujeron a ARTHUR GORDON PYM,  el protagonista, a correr sus aventuras, y luego, poco a poco, la cosa se complica, introduciendo al lector en una bella historia de suspense en la que hay de todo: amenazas, amotinamientos, terror, misterios&#8230;
 
De hecho, el final de la obra [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El libro empieza con una típica explicación de las circunstancias que condujeron a <strong>ARTHUR GORDON PYM</strong>,  el protagonista, a correr sus aventuras, y luego, poco a poco, la cosa se complica, introduciendo al lector en una bella historia de suspense en la que hay de todo: amenazas, amotinamientos, terror, misterios&#8230;<br />
 <br />
De hecho, el final de la obra es tan abierto que Julio Verne la continuó, o eso quiso, en <strong>La Esfinge de los hielos</strong>. Pero Julio verne era un señor burgués, que escribía en su casa, cómodamente, sin viajar jamás, y aunque se pueda llegar a ser un gran escritor de ese modo, no se puede competir con <strong>Poe</strong>, que vivía a veces en la calle y murió alcoholizado. No se puede competir a la hora de suscitar la inquietud del lector, ni el desasosiego, ni el miedo a lo que solamente se sospecha. <strong>Poe</strong> hablaba de monstruos conocidos, y los de Verne nos resultan unpoco de juguete.</p>
<p>En mi opinión, por tanto, Julio verne no tenía la vena maligna de <strong>Poe</strong> y la continuación no hace ninguna justicia a la obra original. O sí se la hace, resaltándola, proque eto es lo que sucede cuando escribe uno sobre los cimientos que no debe.</p>
<p>Hay que leerse este clásico,a caballo entre lo terrible y las aventuras, para comprender mejor la grandeza de un <strong>autor como Poe</strong>, al que a menudo consideramos más contemporáneo de lo que en realidad es.</p>
<p>Nació en 1809, aunque parezca tan actual. Es bueno no olvidarlo.</p>
<p><a href="\http://www.javier-perez.es/\">www.javier-perez.es</a></p>
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		<title>Vivo o muerto (Varios)</title>
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		<pubDate>Mon, 23 Feb 2009 07:55:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Aretino</dc:creator>
				<category><![CDATA[Novela de aventuras]]></category>

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		<description><![CDATA[Vivo o muerto es una apuesta de Tropo Editores por recuperar para la literatura un g&#233;nero tan clásico como los cuentos de vaqueros. Con prólogo de Jos&#233; Luis Borau (un artículo publicado en Heraldo de Aragón, en 1954) y Anselmo Nú&#241;ez Marqu&#233;s, en Vivo o Muerto hacen su especial homenaje al Spaguetti Western autores como [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em>Vivo o muerto</em> es una apuesta de Tropo Editores por recuperar para la literatura un g&eacute;nero tan clásico como los cuentos de vaqueros. Con prólogo de Jos&eacute; Luis Borau (un artículo publicado en Heraldo de Aragón, en 1954) y Anselmo Nú&ntilde;ez Marqu&eacute;s, en <em>Vivo o Muerto</em> hacen su especial homenaje al Spaguetti Western autores como los premio Nadal Francisco Casavella o Felipe Benítez Reyes, el argentino Norberto Luis Romero, Hilario J. Rodríguez, Jos&eacute; María Latorre, o los aragoneses Carlos Castán, Manuel Vilas, Mario de los Santos, Patricia Esteban Erl&eacute;s y Óscar Sipán. </p>
<p><em>&ldquo;Pero los vaqueros son como nosotros querríamos ser. La gracia y la originalidad son virtudes poco masculinas. Estos hombres duros,&nbsp; curtidos, nobles e impetuosos, hacen lo que nosotros habríamos querido hacer siempre en vez de sumar en una oficina,&nbsp; estudiar un texto o poner una tuerca. Son independientes, valerosos, decididos, se juegan todo a la cara de una moneda y saben cantar canciones con una guitarra. No tienen problemas amorosos, que es una de las cosas que más odiamos los hombres. Ven una muchacha al llegar al poblado y ya saben que va a ser para ellos, que les va a querer. Hasta llegar al beso final no hay otro inconveniente que vencer a los bandidos, rescatar el dinero robado o adivinar qui&eacute;n mató a su hermano. Es decir, problemas sencillos, de los que se pueden resolver sin andarse en zarandajas ni complicaciones. Sólo con la fuerza y la destreza&rdquo;.</em><br /><strong>
<div>JOSÉ LUIS BORAU <br />(Director, productor, guionista, actor, crítico de cine y acad&eacute;mico de la RAE)</div>
<p></strong>&nbsp;*****<br /><strong>LISTADO DE AUTORES:<br /></strong><strong>PRÓLOGO JOSÉ LUIS BORAU Y ANSELMO NÚ&Ntilde;EZ MARQUÉS<br /></strong><strong></strong><strong>Jos&eacute; Luis Borau</strong> es director, guionista, actor, productor y crítico de cine. Actualmente compagina la p<strong><a class="undefined" title="residencias de <strong><a class="undefined" title="residencias de ancianos, residencias de mayores, asistidos, útiles, teleasistencia, asistencia a domicilio, balnearios. Geriátricos en toda España. " href="http://www.topresidencias.com/" target="_self">anciano</a></strong>s, residencias de mayores, asistidos, útiles, tele<strong><a class="undefined" title="residencias de <strong><a class="undefined" title="residencias de ancianos, residencias de mayores, asistidos, útiles, teleasistencia, asistencia a domicilio, balnearios. Geriátricos en toda España. " href="http://www.topresidencias.com/" target="_self">anciano</a></strong>s, residencias de mayores, asistidos, útiles, teleasistencia, asistencia a domicilio, balnearios. Geriátricos en toda España. &#8221; href=&#8221;http://www.topresidencias.com/&#8221; target=&#8221;_self&#8221;>asistencia</a></strong>, <strong><a class="undefined" title="residencias de <strong><a class="undefined" title="residencias de ancianos, residencias de mayores, asistidos, útiles, teleasistencia, asistencia a domicilio, balnearios. Geriátricos en toda España. " href="http://www.topresidencias.com/" target="_self">anciano</a></strong>s, residencias de mayores, asistidos, útiles, teleasistencia, asistencia a domicilio, balnearios. Geriátricos en toda España. &#8221; href=&#8221;http://www.topresidencias.com/&#8221; target=&#8221;_self&#8221;>asistencia</a></strong> a domicilio, balnearios. Geriátricos en toda España. &#8221; href=&#8221;http://www.topresidencias.com/&#8221; target=&#8221;_self&#8221;>residencia</a></strong> de la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE) y el sillón B de la Real Academia de la Lengua Espa&ntilde;ola. Con &ldquo;Brandy&rdquo; (1963) arrancó su carrera en el cine y en un g&eacute;nero: el spaghetti-western. <br /><strong>Anselmo Nú&ntilde;ez Marqu&eacute;s</strong> es&nbsp; licenciado en Historia por la Universidad Complutense de Madrid y Doctorado en Arte Contemporáneo. Autor del libro &ldquo;Western a la europea&hellip; Un plato que se sirve frío&rdquo;. <br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <br /><strong>FRANCISCO CASAVELLA<br /></strong>
<div></div>
<p>Francisco Casavella inicia su trayectoria literaria a los 28 a&ntilde;os con la novela <em>El Triunfo</em> (Versal, 1990, <a title="\Premio Tigre Juan\" href="\http://es.wikipedia.org/wiki/Premio_Tigre_Juan\">Premio Tigre Juan</a>). A &eacute;sta le seguirán <em>Qu&eacute;date</em> (Ediciones B, 1993), <em>Un enano espa&ntilde;ol se suicida en Las Vegas</em> (Anagrama, 1997) y la novela juvenil <em>El secreto de las fiestas</em> (Anaya, 1997). Su última obra es la trilogía <em>El día del Watusi</em> (Mondadori, 2002), formada por &quot;Los juegos feroces&quot;, &quot;Viento y joyas&quot; y &quot;El idioma imposible&quot;, un fresco de la <a title="\Barcelona\" href="\http://es.wikipedia.org/wiki/Barcelona\">Barcelona</a>, del último cuarto de <a title="\Siglo XX\" href="\http://es.wikipedia.org/wiki/Siglo_XX\">siglo XX</a>, desde el chabolismo del tardofranquismo hasta las <a title="\Olimpiadas\" href="\http://es.wikipedia.org/wiki/Olimpiadas\">Olimpiadas</a> y los escándalos financieros de los 90. Fue guionista de <em>Antártida</em>, primera película de <a title="\Manuel Huerga\" href="\http://es.wikipedia.org/wiki/Manuel_Huerga\">Manuel Huerga</a> (1995), y en la actualidad escribe para distintos periódicos y revistas. Ha sido traducido a varios idiomas. En 2008 gana el prestigioso Premio Nadal con <em>Lo que s&eacute; de los vampiros</em>.<br />Dos de sus novelas han sido llevadas a la pantalla: <em>Volverás</em> (Antonio Chavarrías, 2002), adaptación de <em>Un enano espa&ntilde;ol se suicida en Las Vegas</em>, y <em>El triunfo</em> (Mireia Ros, 2006).
<div><strong></strong></div>
<p><strong>FELIPE BENÍTEZ REYES</strong><strong> <br /></strong>Poeta, novelista y ensayista espa&ntilde;ol nacido en Rota (Cádiz). Excelente dominador del lenguaje, que abarca desde el neo-simbolismo de su primera &eacute;poca hasta la gran versatilidad de sus trabajos po&eacute;ticos posteriores, está&nbsp;considerado como una de las voces más influyentes del panorama literario espa&ntilde;ol. Es autor de los libros de poemas, Paraíso manuscrito (1982), Los vanos mundos (1985), La mala compa&ntilde;ía (1989), Poesía (1992), Sombras particulares (1992, Premio Loewe), Vidas improbables (1994, Premio Nacional de Poesía 1996), Paraísos y mundos (1996), El equipaje abierto (1996) y Escaparate de venenos (2000). En todos ellos se ven influencias de los poetas de la generación del 27 (Lorca, Aleixandre, etc). Ha obtenido entre otros los premios, Luis Cernuda, Ojo Crítico, Loewe, de la Crítica y Nacional de Literatura. Su labor como novelista y ensayista es tambi&eacute;n notable, sobresaliendo su primera novela, Chistera de duende (1991). &nbsp;Premio Nadal 2007 por Mercado de Espejismos. <br /><strong>HILARIO J. RODRÍGUEZ</strong> <br />&nbsp;
<div>Hilario J. Rodríguez (Santiago de Compostela, 1963) es licenciado en Filología Anglogermánica y en Filología Hispánica. Durante varios a&ntilde;os dio clases de lengua, literatura e ingl&eacute;s en Espa&ntilde;a, República de Irlanda, Gran Breta&ntilde;a y Estados Unidos. Ha ganado varios certámenes literarios y ha publicado la colección de relatos Aunque vuestro lugar sea el infierno y muy recientemente la novela Construyendo Babel (editorial Tropismos). Como crítico&nbsp;</div>
<p>cinematográfico, colabora con <em>Dirigido por</em>, <em>Imágenes de actualidad</em> o <em>Abc</em>, y es director adjunto de la revista <em>Versión original</em>. Entre sus libros, cabe destacar Eyes Wide Shut: Los sue&ntilde;os diurnos, Museo del miedo, Lars von Trier: El cine sin dogmas (finalista del premio al Mejor Libro del A&ntilde;o de la Asociación de Críticos Cinematográficos) y El cine b&eacute;lico: Una propuesta de análisis (de próxima aparición en la editorial Paidós).<br /><strong>NORBERTO LUIS ROMERO<br /></strong><strong></strong>Norberto Luis Romero nació en Córdoba, Argentina (1951). Es director y profesor de cine. En 1983 publica en Editorial Noega, de Asturias, su primer libro de cuentos, Transgresiones, y en 1988 el mismo libro aparece en Argentina publicado por Alción Editora. Tras un largo silencio aparece en 1996 &ldquo;El momento del unicornio&rdquo;, en Ediciones Nobel, de Asturias, simultáneamente con su primera novela Signos de descomposición, en la editorial Valdemar, de Madrid, donde en 1999 publica su segunda novela &ldquo;La noche del Zeppelín&rdquo; y en 2002 la tercera: &ldquo;Isla de sirenas&rdquo;. En 2003 la novela &ldquo;Ceremonia de máscaras&rdquo;, en Laertes, Barcelona. En &quot;Leaping dog press&quot;, Virginia, &ldquo;The Last night of carnaval&rdquo;, libro de relatos en traducción de H. E. Francis; y en 2005, &quot;Editorial Egales&quot; de Madrid, publica la novela &ldquo;Bajo el signo de Aries&rdquo;. En 2007, &quot;Ediciones Amargord&quot;, en su colección de minilibros &quot;1003 libros para cruzar la noche&quot;, publica el cuento Capitán Seymour Sea.
<div><strong></strong></div>
<p><strong>CARLOS CASTÁN<br /></strong>
<div></div>
<p>Barcelona, 1960. Es autor de los libros <em>Frío de vivir (Zócalo</em>, 1997;&nbsp; Emec&eacute;, 1997;&nbsp; Salamandra, 1998. Traducción al alemán: <em>Gern ein Rebell</em>. Nagel&amp;Kimche: 2000), <em>Museo de la soledad</em>. (Espasa, 2000; Círculo de Lectores, 2001; Tropo Editores, 2007) y Sólo de lo perdido (Destino, 2008). 
<div><strong></strong></div>
<p><strong>MANUEL VILAS</strong> <br />Manuel Vilas nació en Barbastro en 1962. Ha publicado la novela <em>Dos a&ntilde;os felices</em> y una serie de relatos sobre la vida contemporánea reunidos en <em>La región intermedia</em>. Es autor de los libros de poesía <em>El rumor de las llamas, El mal gobierno, Las arenas de Libia,</em> <em>El cielo y Resurrección (XV Premio Gil de Biedma)</em>. Autor de las novelas Zeta, Magia y Espa&ntilde;a. <br /><strong></strong><strong>JOSÉ MARÍA LATORRE</strong> <br />Nacido en Zaragoza, actualmente reside en Barcelona. Coordina la revista &laquo;Dirigido&raquo; y dirige la colección de libros &laquo;Programa Doble&raquo;. Colabora en revistas y periódicos de Espa&ntilde;a e Italia sobre temas de literatura, cine y música y ha escrito diecis&eacute;is guiones para televisión a partir de clásicos de la literatura fantástica. Su guión para el cortometraje &quot;El sistema de Robert Hein&quot;, a partir de un cuento de Pere Calders, obtuvo el premio de la Generalitat catalana. <br />Novelista, ha publicado cuentos en las revistas de Espa&ntilde;a &quot;Turia&quot;, &rdquo;Clarín&rdquo; &quot;La Mosca&quot;, &quot;Revista de Literatura Rey Lagarto&quot;, &quot;Quimera&quot;, &quot;Penthouse&quot;, &quot;Tr&eacute;bede&quot;, &quot;Rolde&quot;, &quot;Prima Littera&quot; y <a title="\http://www.literaturas.com\" href="\http://www.literaturas.com/\"><u><strong>www.literaturas.com</strong></u></a> (internet), y, de Portugal, &quot;Boca biling&uuml;e&quot;, así como en los periódicos &quot;Diario 16&quot; y &quot;Heraldo de Aragón&quot;. Figura en la antología &quot;Cien A&ntilde;os de Cuentos en Espa&ntilde;a&quot; (Alfaguara, 1998). Editor de los libros &laquo;Cuentos bíblicos&raquo; y &laquo;Nuevas aventuras de Simbad&raquo;, y coeditor del libro &laquo;Homenaje a Giacomo Casanova&raquo;. Editor del número especial de &laquo;Nosferatu&raquo; sobre la &laquo;Generación de la violencia del cine norteamericano&raquo; y &ldquo;Raoul Walsh&rdquo;. Traducido al polaco, italiano y catalán. Ha sido jurado en los festivales de Madrid (Imagfic), Sitges, Málaga y Zaragoza (de jóvenes realizadores) y, de 1997 a 2004, en el Premio de Novela Ciudad de Barbastro. Se ha encargado de preparar ciclos para la Filmoteca Espa&ntilde;ola (dedicado al cine fantástico) y en la Filmoteca de Catalunya (sobre Nino Rota).&nbsp; <br />&nbsp;<br /><strong>PATRICIA ESTEBAN ERLÉS</strong> <br />(Zaragoza, 1972) compagina como buenamente puede su extra&ntilde;a adicción al papel manchado de tinta, propio y ajeno, con una existencia trágica de becaria mileurista en la Universidad de Zaragoza. Ambas circunstancias, asegura,&nbsp;la han convertido en la hábil ladrona de libros de cuentos que es hoy en día. Ella esgrime los siguientes argumentos para justificar un latrocinio tan especializado: &ldquo;elemental, queridos, los libros de relatos son más fáciles de ocultar en &nbsp;el bolsillo de un abrigo e infinitamente mejores que las novelas que se escriben actualmente en &nbsp;aqueste país&rdquo;. Espera &nbsp;poder robar su primer libro publicado, &ldquo;Manderley en venta&rdquo; (TROPO EDITORES, 2008), en cualquier gran superficie o peque&ntilde;a librería de viejo, a principios del próximo a&ntilde;o. Premio Isabel de Portugal de Narrativa 2007,&nbsp; Premio Universidad de Zaragoza de Narrativa 2007,&nbsp;Premio &ldquo;Tierra de Monegros&rdquo; 2007. <br /><strong>MARIO DE LOS SANTOS&nbsp; <br /></strong><strong></strong>Nacido en Zaragoza, en 1977. Doctor por la Universidad de Zaragoza. Autor de las novelas Al final de la cebada (Zócalo, 2004) y &quot;Cuando tu rostro era niebla&quot; (Onagro, 2008). Ganador del Premio de Novela Fundación 2009 con &quot;La brújula del universo&quot; (Huerga y Fierro, 2008). <br /><strong>OSCAR SIPÁN.<br /></strong>Nacido en Huesca, en 1974. Galardonado en numerosos certámenes literarios, entre los que destacan el VIII Certamen Literario Alfonso Martínez-Mena 2008, de Alhama de Murcia, el XXXV Premio <em>Ciudad de Villajoyosa</em> 2007, IX Premio de Libro Ilustrado para Adultos 2006, que convoca la Diputación de Badajoz, el Premio &ldquo;Don Alonso Quijano 2006, Málaga, el Premio Paradores de Turismo de Espa&ntilde;a 2003, el Premio Odaluna de Novela 1998 de Albacete o el XVII Premio Isabel de Portugal 2002. Autor de los libros &ldquo;Rompiendo corazones con los dientes&rdquo; (Premio Odaluna, 1998), Pólvora Mojada (Premio Isabel de Portugal 2003), Leyendario (2004), Escupir sobre París (2005), Tornaviajes (2006, Premio Búho), Guía de hoteles inventados (Premio de libro ilustrado para Adulto 2006, Diputación de Badajoz), Leyendario, Criaturas de agua (2007). En 2008 publicará &ldquo;Avisos de derrota&rdquo; (Beca de creación, Ayuntamiento de Zaragoza 2008). <br />*****<br /><strong>Prólogo<br /></strong>
<div>&nbsp;</div>
<p>
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<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Hace dos a&ntilde;os di por concluido un afanoso e inolvidable viaje de algo más de un lustro, en el que me propuse rescatar tempranas pasiones y en ello desentra&ntilde;ar el misterio de mi cinefilia adolescente. <br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Recuerdo que el planteamiento inicial estuvo cargado de incertidumbres sobre el camino a seguir, pues descart&eacute; posibilidades como la de tomar la muy lejana ruta de <em>Alderaán</em> o la del <em>Planeta Prohibido</em> -antiguos anhelos-, quizá impelido por una cuestión de modestia tecnológica o de visado. Descart&eacute; igualmente aquella otra que conducía a la recóndita floresta de <em>Sherwood</em> o a las más exuberantes selvas de <em>Mompracem</em>, tal vez porque sentí haber rebasado ya la edad de las utopías libertarias o simplemente por evitar andar entre las ramas de una ficción definitivamente ajena, atendiendo a las mutaciones de un temperamento, el mío, cada vez más esc&eacute;ptico y reaccionario. <br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Fue así que decidí buscar otras a&ntilde;oranzas no menos arraigadas, pero más cercanas, adentrándome en el territorio proscrito del <em>Western</em> patrio o mediterráneo, más conocido como <em>Spaghetti Western</em>. Bautizado así de forma maliciosa y despectiva por quienes elevaban a la categoría de S&eacute;ptimo Arte sólo aquellos productos que consideraban representativos de la tradición o bien de la innovación, si se trataba de una determinada escuela o generación definida por su progresismo ideológico. Los mismos que con alambicadas justificaciones seudo filosóficas, moralistas y recurriendo de forma impúdica a un criterio tan subjetivo como el est&eacute;tico, terminaron por condenarlo al ostracismo, desatando una corriente menospreciativa sin precedentes. Un clima de opinión que afectó, incluso, al gremio de realizadores europeos, al punto de que un amplio sector renegara de esa caterva de atrevidos colegas que había osado recrear aquí, en el viejo continente, la iconografía del g&eacute;nero americano por excelencia. (Recuerdo, con menos severidad, declaraciones como las de Damiano Damiani al subrayar &ndash;por si acaso- que su película &ldquo;Yo soy la revolución&rdquo; no era un <em>western</em>, pese a utilizar sin ambages todos sus clich&eacute;s, además de otros surgidos de la chistera del inolvidable Sergio Leone). <br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Elegí, en definitiva, ese camino, por todo lo dicho y porque las exigencias de nuevos tiempos cinematográficos, marcados por el desarrollo de los denominados &ldquo;efectos especiales&rdquo;, terminaron relegando al olvido, a vagar por las tinieblas de la historia del cine, a un g&eacute;nero con el estigma de impostor. <br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Sí, sopesando motivos relacionados con el carácter, se me antojó entonces que este era un rumbo prometedor: suponía ir contra corriente, afrontar causas perdidas y frecuentar po&eacute;ticas decadentes (<em>&ldquo;En otro tiempo, si mal no recuerdo, mi vida era un festín en el que se abrían todos los corazones y en el que se derramaban todos los vinos&rdquo;</em>&nbsp; resonaba Rimbaud).<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Asumí que para desmontar prejuicios y descifrar secretos habría de rehacerme a cada andanada desmitificadora. El compromiso requería convicción, la senda a seguir estaba desdibujada, pero yo conservaba en lo profundo de mi memoria y en el v&eacute;rtice de mi retina imágenes, y &eacute;stas me acercaban ese prurito arrebatado de infancia del que todos presumimos cuando nuestro físico nos la niega rotundamente. <br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Como si de un viaje iniciático se tratara, me propuse participar de una historia pasada sin saber bien cómo, poni&eacute;ndole a mi corazón freno y marcha atrás, para recalar en aquellas aventuras del Oeste vividas en el cine hacía treinta a&ntilde;os. Y comenc&eacute; por irrumpir en sus fotogramas rayados, visitando decorados mantenidos y rehabilitados por obra y gracia de <strong><a class="undefined" title="<strong><a class="undefined" title="residencias de <strong><a class="undefined" title="residencias de ancianos, residencias de mayores, asistidos, útiles, teleasistencia, asistencia a domicilio, balnearios. Geriátricos en toda España. " href="http://www.topresidencias.com/" target="_self">anciano</a></strong>s, residencias de mayores, asistidos, útiles, tele<strong><a class="undefined" title="residencias de <strong><a class="undefined" title="residencias de ancianos, residencias de mayores, asistidos, útiles, teleasistencia, asistencia a domicilio, balnearios. Geriátricos en toda España. " href="http://www.topresidencias.com/" target="_self">anciano</a></strong>s, residencias de mayores, asistidos, útiles, teleasistencia, asistencia a domicilio, balnearios. Geriátricos en toda España. &#8221; href=&#8221;http://www.topresidencias.com/&#8221; target=&#8221;_self&#8221;>asistencia</a></strong>, <strong><a class="undefined" title="residencias de <strong><a class="undefined" title="residencias de ancianos, residencias de mayores, asistidos, útiles, teleasistencia, asistencia a domicilio, balnearios. Geriátricos en toda España. 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Geriátricos en toda España. &#8221; href=&#8221;http://www.topresidencias.com/&#8221; target=&#8221;_self&#8221;>asistencia</a></strong>, <strong><a class="undefined" title="residencias de <strong><a class="undefined" title="residencias de ancianos, residencias de mayores, asistidos, útiles, teleasistencia, asistencia a domicilio, balnearios. Geriátricos en toda España. " href="http://www.topresidencias.com/" target="_self">anciano</a></strong>s, residencias de mayores, asistidos, útiles, teleasistencia, asistencia a domicilio, balnearios. Geriátricos en toda España. &#8221; href=&#8221;http://www.topresidencias.com/&#8221; target=&#8221;_self&#8221;>asistencia</a></strong> a domicilio, balnearios. Geriátricos en toda España. &#8221; href=&#8221;http://www.top<strong><a class="undefined" title="residencias de <strong><a class="undefined" title="residencias de ancianos, residencias de mayores, asistidos, útiles, teleasistencia, asistencia a domicilio, balnearios. Geriátricos en toda España. " href="http://www.topresidencias.com/" target="_self">anciano</a></strong>s, residencias de mayores, asistidos, útiles, tele<strong><a class="undefined" title="residencias de <strong><a class="undefined" title="residencias de ancianos, residencias de mayores, asistidos, útiles, teleasistencia, asistencia a domicilio, balnearios. Geriátricos en toda España. " href="http://www.topresidencias.com/" target="_self">anciano</a></strong>s, residencias de mayores, asistidos, útiles, teleasistencia, asistencia a domicilio, balnearios. Geriátricos en toda España. &#8221; href=&#8221;http://www.topresidencias.com/&#8221; target=&#8221;_self&#8221;>asistencia</a></strong>, <strong><a class="undefined" title="residencias de <strong><a class="undefined" title="residencias de ancianos, residencias de mayores, asistidos, útiles, teleasistencia, asistencia a domicilio, balnearios. Geriátricos en toda España. " href="http://www.topresidencias.com/" target="_self">anciano</a></strong>s, residencias de mayores, asistidos, útiles, teleasistencia, asistencia a domicilio, balnearios. Geriátricos en toda España. &#8221; href=&#8221;http://www.topresidencias.com/&#8221; target=&#8221;_self&#8221;>asistencia</a></strong> a domicilio, balnearios. Geriátricos en toda España. &#8221; href=&#8221;http://www.topresidencias.com/&#8221; target=&#8221;_self&#8221;>residencia</a></strong>s.com/&#8221; target=&#8221;_self&#8221;>viejos</a></strong> y curtidos especialistas como Paco Ardura o Rafael Molina. Pero allí, el eco de voces pasadas, tan sordo como el crujir de la madera o el vaiv&eacute;n chirriante de sus puertas, transmitía una nostalgia fantasmagórica. Rastre&eacute; a pie algunos de los desolados parajes, ramblas, desfiladeros e incluso dunas de la geografía hispana por donde transcurrieron aquellas emocionantes galopadas, adornadas por el &eacute;nfasis musical de Ennio Morricone, en busca de vestigios de antiguos ranchos, fuertes o minas abandonadas, pero entre la ventisca encontr&eacute; ruinas y, en el peor de los casos, una magnificente soledad. E intent&eacute; capturar encuadres, localizaciones y realizar comparativas de escarpados perfiles paisajísticos mudados por la desgaste del tiempo (emulando -dicho sea de paso- la pericia de Carlo Gaberscek), aunque sólo alcanzara a ver y reconocer cuando cerraba los ojos. <br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Y lejos de estar vacío en espíritu por tan sutiles hallazgos, me propuse -costase lo que costase- averiguar el paradero de aquellos h&eacute;roes impert&eacute;rritos y villanos despiadados que en algún momento, por exigencias del guión, tuvieron que abandonar aquel territorio, para colgar -como confesara Robert Hundar- el cinturón y el Colt en un clavo cercano a la puerta de sus casas. Aquella generación maldita de actores de rostro y de raza. Y sí, aunque no eran pocos los que habían quedado ya en el camino -y no precisamente abatidos por las balas-, encontr&eacute; a otros soportando el anonimato con frágil dignidad y con el consuelo de estar vivos, pero derrumbándose en gratitud ante la simple y sincera manifestación de admiración. Lamentando y maldiciendo los derroteros de una industria que les fue olvidando al dar la espalda a ese g&eacute;nero en el que terminaron encasillados. Ni siquiera esa experiencia, que fue un aut&eacute;ntico descenso a los infiernos, resultó prosaica o decepcionante, pese a asistir a sus an&eacute;cdotas adulteradas y olvidos no deliberados, a sus rencores y rivalidades no disimuladas, a sus achaques y cicatrices mal resta&ntilde;adas. La silicosis que arrastraría de su primera &eacute;poca de minero, nunca fue impedimento para que un septuagenario Frank Bra&ntilde;a presumiera de sus 17 fracturas acumuladas por saltar del caballo y realizar acrobacias y machadas propias de un actor que siempre dio la cara al riesgo, a la profesión; sin embargo, la traiciones sufridas le devoraban el hígado cada ma&ntilde;ana.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Aquel universo en el que la ficción y la realidad estaban tan engarzadas, que resultaba en sus arrabales, en sus reliquias, entre bastidores tan desconcertante y decadente a la par que apasionante, era el <em>Spaghetti Western</em> en estado puro. Extinto pero presente. Contenía definitivamente una arrebatadora carga po&eacute;tica, más allá de lo que intuí al comienzo del camino, a la que no pude resistirme. Y según lo previsto, me entregu&eacute; a ese intento particular de rehabilitación a trav&eacute;s del relato de lo que fue, de lo que fueron y de lo que dejó en mí. No obstante, cuando ya, reconfortado por el esfuerzo, se imponía el regreso, en aquel rojizo atardecer<em> </em>de la última página, sentí que había tenido que pagar un precio, el de haber latido tan cerca: aquella emoción vibrante, ingenua, contagiosa y vital que para mí había destilado el <em>western</em> desde su ficción, terminó por transformarse en taciturna melancolía. Quizá tambi&eacute;n atendiendo a las mutaciones de un temperamento, el mío, cada vez más esc&eacute;ptico y reaccionario.
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<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pasados &ndash;como dije- dos a&ntilde;os de aquella experiencia, tengo la fortuna de asistir como espectador de excepción, a esta nueva propuesta literaria de revisitación, que nos asalta con una consigna determinativa, &ldquo;Vivo o muerto&rdquo;. Un título que nos invita a frecuentar una vez más -desde la imaginación- aquella po&eacute;tica, a riesgo de hacernos partícipes de su decadencia y de una &eacute;pica marcada por el exceso, la precariedad y el desafío de la existencia: <em>Si estas vivo, dispara</em>, de otra forma <em>prepárate la tumba</em>.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &ldquo;Vivo o muerto&rdquo; proclama rotundamente, como en aquellos pasquines de <em>SE BUSCA</em>, la reivindicación de esta temática de la única forma posible, desde la dualidad&nbsp; de un universo primario y salvaje en el que todo se divide o se encuadra en dos categorías. Si a esos extremos a&ntilde;adimos algunos de los rasgos distintivos del temperamento latino, tales como la pasión o la venganza, estos <em>cuentos del Spaghetti Western</em> prometen acercarnos el aroma y la aventura de una frontera no muy lejana, sin dejar a nadie indiferente. <br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Por experiencia s&eacute; que no es fácil evocar y recrear con palabras un mundo que apenas necesitaba de ellas, tan elocuente en sus primeros primerísimos planos, en su laconismo sentencioso, en su aridez, en su letárgica desolación. Pero, la prosa luminaria de esta obra coral nos concede nuevamente la magia de sus imágenes y de su iconografía, proponi&eacute;ndonos diversos caminos a seguir más allá de la realidad (tambi&eacute;n con historias posibles detrás de las bambalinas). <br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Un regalo, en fin, que incita a quienes dormitamos con el sombrero calado hasta las cejas, a alzar la mirada, con lánguida cadencia, hacia ese nostálgico horizonte por donde siempre se pone el sol.<em><br /></em><em>
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<p></em><em>Anselmo Nú&ntilde;ez Marqu&eacute;s</em>
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<p><a href="http://www.juansinletras.com" /a> Juan Sin Letras. Una cruzada literaria.</p>
<p><a href="http://www.juansinletras.com" /a> Juan Sin Letras. Una cruzada literaria.</p>
<p><a href="http://www.matatiempos.com" /a> Viaje a la historia de la publicidad gráfica. Arte y nostalgia</p>
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		<title>DE GRANUJILLA A MALHECHOR  (Agustín Conchilla Márquez)</title>
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		<pubDate>Sat, 01 Nov 2008 18:48:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Aretino</dc:creator>
				<category><![CDATA[Novela de aventuras]]></category>

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		<description><![CDATA[DE GRANUJILLA 
A 
MALHECHOR 


PRIMERA PARTE


AUTOR:

AGUSTÍN CONCHILLA MÁRQUEZ



[&#8230;]





I



Filiberto salió dicharachero, canturreando y de buen contento: en similitud a otros días&#8230; Sin embargo, a pie de acera agarró una piedra y la lanzó a un punto indeterminado: al tuntún, aunque con tan mala uva que los cristales del vehículo de un discapacitado cayeron fragmentados. Yo indiné [...]]]></description>
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<div>Filiberto salió dicharachero, canturreando y de buen contento: en similitud a otros días&hellip; Sin embargo, a pie de acera agarró una piedra y la lanzó a un punto indeterminado: al tuntún, aunque con tan mala uva que los cristales del vehículo de un discapacitado cayeron fragmentados. Yo indiné ante tal agravio, incluso como persona mayor y también como padre, he de reconocer y reconozco que pasé por alto mi propia cordura humana&#8230; Y también sobrestimé el contenido textual que algunos legisladores plasmaren en tan impropio panfleto de la Ley del Menor. Llevado por la ira salí tras Filiberto, le alcancé, le agarré de un brazo y le pedí explicaciones por tan ingratos e indignos modales. Filiberto, en cambio, no apaciguó su estado colérico y encabritó, aún más: pataleó, giró de costado, atizó un puntapié a la rueda y zarandeó el triciclo cuyos cristales ya cayeron destrozados. En consecuencia, los cupones que portaba el discapacitado se desperdigaron por el viento, el hombre lloraba sin consuelo y yo enternecí tanto con aquél desdichado que arreé un azote a Filiberto. Aunque, &iexcl;Dios de los cielos, de la tierra, de las camadas de buenos y malos lobos y también de los infiernos&hellip;! Mejor que no lo hubiese hecho&hellip; Desde entonces miro a mi alrededor y, aún creo ver que el sol de aquél día no salió para irradiar el contorno de la tierra que yo piso, excepto para abrasarme a mí, en triste calor de penuria. O quizá aquel día el sol estuviese alineado a un turbador nubarrón que lo cubriera por entero y&#8230; El caso es que a mí me dio poco calor y muy mala suerte; aunque más que mala suerte creo que me dio muy mala espina, la de la peor sardina que en raras ocasiones se come a uno&#8230; En el mismo instante de castigar a Filiberto con un simple y espontáneo azote en el robusto trasero, por casualidad del destino, a saber, a nosotros nos sobrepasaba una patrulla de la policía nacional; los agentes ejecutaron un brusco frenazo, bajaron con pistola en mano y ante los lacrimosos ojos del discapacitado, sin pesta&ntilde;ear siquiera, a mí me lanzaron contra el triciclo cuyos cristales ya fueran destrozados por la maldad y por la inercia de la piedra que lanzase Filiberto. Los agentes me cachearon, sujetaron mis mu&ntilde;ecas a la espalda y las unieron con grilletes. En aquel momento sentí centenares de miradas vecinales y de transeúntes que, aunque no sabían el porqué, a mí ya me habían sentenciado bajo acusación de no sé cuántos delitos o ultrajes que presuntamente cometiera a mi libre albedrío y los vertiera sobre el conjunto de la ciudadanía. Aunque la verdad es distinta; muy distinta: yo jamás me entrometí en los asuntos del vecindario, ni hice da&ntilde;o o mal a nadie. Si bien, la vida ense&ntilde;a más que don Cipriano Tostones, en el cuartucho de la academia que a diario usa para impartir clase de dieciocho a veinte horas. Aunque lo peor, quizá, o a lo que no di mayor importancia; o lo que no llegué a ver; o lo que no supe cortar a tiempo, pudiera ser que Filiberto había nacido con el San Benito acuestas. A los cinco a&ntilde;os ya imponía su voluntad: a las puertas del colegio exigía cien pesetas a su madre o en su defecto pataleaba y se negaba a entrar en clase. Isabel irritaba pero el ni&ntilde;o seguía en sus trece, el autobús que a ella debería llevar al trabajo no esperaba e Isabel cedía o no llegaba a su destino. En cambio, cuando ocasionalmente me tocaba a mí reconducir a Filiberto, conmigo también intentaba tan hábil maniobra persuasiva, aunque por el gesto y la mirada de autoridad paternal que yo le dirigía, Filiberto resignaba, encarrilaba y cabizbajo y sin un duro ocupaba sitio en la fila del alumnado. Con todo, los a&ntilde;os no han pasado en vano y Filiberto ha aunado la rebeldía a la inteligencia y la picardía más superdotada. Incluso, a estas alturas, yo diría que Filiberto conoce sus derechos mejor que cualquier obligación y sabe que una llamada al Centro de Atención al Menor coactiva mi autoridad y me colma de interrogantes&#8230; Yo debo andarme con pies de plomo antes de reprimir a mi hijo; o re&ntilde;irle por tales o cuáles actos. Sin embargo, en la intimidad me desahogo con Isabel. Isabel es mi esposa y la madre de mis hijos; en ella deposité la semilla del amor que a buen fruto y a mayor esperanza, día a día y mes a mes fecundaría entre sonrisas y algarabías. Isabel les trajo a la vida con cari&ntilde;o y alevosía de ni&ntilde;os deseados. Ahora, en cambio, en la adolescencia soporta el crudo dialecto de los chavales cuando entre la ni&ntilde;ez y la pubertad cabalgan en busca de una formación, un carácter, una educación, una personalidad o un simple hueco en la sociedad. Sin embargo, a veces yo me amparo en el amor que proceso a Isabel para exponerle el sufrimiento que los padres padecemos cuando nos sentimos vetados en lo esencial, y por la propia administración del estado. Administración que a nuestro juicio: el de unos padres atormentados, debería acapararnos en su seno y apoyarnos en beneficio de la familia y del conjunto de la sociedad. Nosotros nos creemos padres en total normalidad social, aunque algo desafortunados ante el brutal comportamiento de un hijo con claros síntomas de in convivencia social y alto comportamiento irracional. Pero aun así, y, a pesar de mi dolor, también en su cara, en la de Isabel, veo las curvas de la sinrazón. Y también la huella de la impotencia y la insatisfacción&hellip; </div>
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		<title>CUMBRE DE ÁGUILAS 2 parte (Agustín Conchilla Márquez)</title>
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		<pubDate>Sat, 01 Nov 2008 18:48:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Aretino</dc:creator>
				<category><![CDATA[Novela de aventuras]]></category>

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		<description><![CDATA[CUMBRE DE ÁGUILAS NARRATIVA SEGUNDA PARTE Autor: Agustín Conchilla Márquez Inscrito en el Registro Provincial de la Propiedad Intelectual de Alicante. [...] I Torpedo llegó a casa, remojó el pelo, la cara y el cuello; agarró un peine de dilatadas púas, se peinó hacia la parte de atrás; abrió la puerta, avistó disconformidad con cielo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>CUMBRE DE ÁGUILAS NARRATIVA SEGUNDA PARTE Autor: Agustín Conchilla Márquez Inscrito en el Registro Provincial de la Propiedad Intelectual de Alicante. [...] I Torpedo llegó a casa, remojó el pelo, la cara y el cuello; agarró un peine de dilatadas púas, se peinó hacia la parte de atrás; abrió la puerta, avistó disconformidad con cielo entre turbador a grisáceo, cubrió el cuello con la solapa de la cazadora y salió más ligero que un murciélago del orificio de un poste. Pese a ello, y aunque salió más desaseado que el tejón en verano, sí evitó el chasquido de la puerta con cual eludir la ri&ntilde;a, el reproche o la sinrazón. No obstante, y, a pesar de la evasiva, con cual distanciarse de Paula, a los vecinos y transeúntes que le salían al paso les dejaba claro que marchaba a la taberna del Tosco, regentada por Dionisio, El Manchego; donde se acomodó en la mesa del rincón y esperó a Lecherito; aunque Lecherito no se hizo esperar&#8230; Lecherito llegó tan requetelimpio como él, se colocó a su lado y aunque nada dijo, la tristeza que a ambos les causare la muerte de la fiel Estrellita crecería con la ri&ntilde;a o el descontento que Lecherito también encontrara en la cara de Asunción. Quizá por ello, y por espacio de un rato se mantuvieron tan cerca y tan distantes que, aunque se miraban, lo hacían de soslayo, recelosos y en silencio&#8230; Claro que, eso sería hasta que de reojo vieran que por un costado se les acercaba El Tieso. El Tieso se les aproximaba tan insuperablemente peinado, sonriente y revestido que parecía la fotografía de un candidato a p<strong><a class="undefined" title="residencias de <strong><a class="undefined" title="residencias de ancianos, residencias de mayores, asistidos, útiles, teleasistencia, asistencia a domicilio, balnearios. Geriátricos en toda España. " href="http://www.topresidencias.com/" target="_self">anciano</a></strong>s, residencias de mayores, asistidos, útiles, tele<strong><a class="undefined" title="residencias de <strong><a class="undefined" title="residencias de ancianos, residencias de mayores, asistidos, útiles, teleasistencia, asistencia a domicilio, balnearios. Geriátricos en toda España. " href="http://www.topresidencias.com/" target="_self">anciano</a></strong>s, residencias de mayores, asistidos, útiles, teleasistencia, asistencia a domicilio, balnearios. Geriátricos en toda España. &#8221; href=&#8221;http://www.topresidencias.com/&#8221; target=&#8221;_self&#8221;>asistencia</a></strong>, <strong><a class="undefined" title="residencias de <strong><a class="undefined" title="residencias de ancianos, residencias de mayores, asistidos, útiles, teleasistencia, asistencia a domicilio, balnearios. Geriátricos en toda España. " href="http://www.topresidencias.com/" target="_self">anciano</a></strong>s, residencias de mayores, asistidos, útiles, teleasistencia, asistencia a domicilio, balnearios. Geriátricos en toda España. &#8221; href=&#8221;http://www.topresidencias.com/&#8221; target=&#8221;_self&#8221;>asistencia</a></strong> a domicilio, balnearios. Geriátricos en toda España. &#8221; href=&#8221;http://www.topresidencias.com/&#8221; target=&#8221;_self&#8221;>residencia</a></strong> en pancarta de autonomía&#8230; &mdash;&iquest;Queréis trifulcas? &mdash;dijo El Tieso a modo de saludo. &mdash;&iexcl;Trifulcas&#8230;! No sé&hellip; Torpedo, &iquest;te apetece? &mdash;preguntó Lecherito. &mdash;&iexcl;Hombre&hellip;! Aún me siento condolido, pero bueno, creo que porque haya muerto nuestra estimada Estrellita no habré de vestir luto ni colocarme el esmoquin: como hicieron los guardas, Miguelón, El Foca y Aristóteles, Barriga triste. Cuando se murió la suegra de don Luis, el boticario, al velatorio fueron tan ping&uuml;inos que en principio no les reconocieron. Bueno, no hasta que a Miguelón vieran rascando los bajos de la espalda&#8230; &mdash;&iexcl;Qué buenas piezas, tan propias e idénticas, aunque del mismo modo lo sean tan desiguales a las que tú acabas de nombrar, Torpedo! &mdash;dijo Lecherito. &mdash;Bueno, no creas que son tan desiguales: Barriga triste no se quedaba corto, ni mucho menos: en semejanza a Miguelón, llevaba los dedos a la nariz, manipulaba las fosas nasales, creaba peque&ntilde;as bolitas, las dejaba caer al suelo, las empujaba con la punta del zapato y las ocultaba en los bajos de féretro&#8230; &iquest;Es eso acaso lo qué queréis o lo qué os gustaría de mí, cochinadas, falsedad o parabién&#8230;? &mdash;&iexcl;No, hombre, yo&#8230;! &mdash;dudó Lecherito&mdash;. Bueno, vale; si os apetece vamos los tres. Pero eso sí, de antemano quiero y deseo dejar claro que con el vehículo no andaré por los caminos rurales, y ni siquiera saldré de las callejuelas de Aldea Chica. &mdash;No te preocupes, iremos con la burra &mdash;dijo Torpedo. Lecherito asintió en silencio y entre chanzas y algarabías siguieron en la Taberna del Tosco hasta que cargaditos, con faz sonrosada y bien entrada la noche marcharían a sus respectivos hogares. Al siguiente día, en cambio, y aún de madrugada, se reunirían los tres a la salida de la aldea; donde a lomos de la burra, sobre la albarda, cargarían los arreos y las escopetas. Sin embargo, ya en trasiego, Lecherito caminaba más triste que la beata en procesión, aunque su tristeza quedaba lejos de cualquier seguimiento religioso y, cerca, muy cerca de la sinrazón, por aquello de que Asunción no aceptara esa otra salida furtiva, le ri&ntilde;era y una vez más le negara el revolcón y refunfu&ntilde;ara como gata siamés con el pelo erizado. Aunque Lecherito se hallaba acostumbrado al reproche, al rechazo, a la evasión o a la incomprensión y no por ello se disgustaba. Si bien, con las amenazas que en los últimos tiempos percibía y que Asunción enarbolaba como pendón a bandera hondeada por el viento, a Lecherito le corroía la incertidumbre y le torturaba en inseguridad crítico-local; además de la propia inestabilidad conyugal en que ello pudiera deparar&hellip; En los avatares de una aldea, la presunción e incertidumbre individual no habría de ser para menos, si Asunción cumplía las amenazas aflorarían las críticas con más resonancia que ya lo hicieran en verano, cuando alguna turista pasaba por Aldea Chica y vestía sensual o atrevida. Aunque el máximo esplendor de crítica local llegaría con injurioso lenguaje por indecente atrevimiento a destape femenino, en las cercanías de la alberca del hortelano. Por tal motivo, a las atrevidas, aunque decentes, las propias lugare&ntilde;as o aldeanas las tachaban de calentonas verbeneras y rasca lomos en troncos salientes; además a&ntilde;adían aquello de pendones de pronta encendida a expansión yesquera o a celeridad de llueca en nido de huevos vanos&#8230; A veces incluso, en semejanza calificativa le a&ntilde;adían aquello de gallina ardiente, desplumada o sin alas para el vuelo; además de presumida en ronroneo de rápida sumisión para entrega al canto del gallo. O seguían con aquello de conejita de amago resurgir, provocadora y carente de olfato ante los morros del hambriento zorro&#8230; Y nada he de decir si por &gt; o por &gt; a las turistas, en fechas estivales, se les ocurría aquello de tomar el sol en tanguita de poco o menos tape; o en semi-bolas (top-lees) &iexcl;Dios de las aldeas, de las albercas, de los cortijos, de los ríos y de los pueblos de mi Andalucía&#8230;! Aunque lo peor para la mentalidad de Lecherito pudiera radicar en el presunto escándalo-crítico-local. Si Asunción cumplía las amenazas podría desatar tortuosos rumores, blasfemias o críticas, incluso injurias que distraerían a parlantes de tertulias y a él lo llevarían a la intimidad de sus hogares como instrumento de indecencia: como ya hicieran con el se&ntilde;or Alfredo, el hortelano, que previo pago de tres duros y bajo promesa de respeto e higiene a las aguas de la alberca y a las hortalizas, a las turistas dejaría tomar el sol en bragas y sujetador&hellip; Aquello, sin embargo, andaba mal, muy mal visto e indecoroso en la mentalidad de las mujeres del lugar, aunque los picarescos ojos de aldeanos se abrían de par en par, dilataban las pupilas o las giraban como la lechuza en seguimiento del ratón&hellip; No obstante, con aquello agudizarían las críticas en las callejuelas de Aldea Chica y salpicarían comentarios e incertidumbres que serpentearían como aguas de tormentas por campos labrados y aún podrían causar mayor escandalizar&hellip; &mdash;&iquest;Qué te pasa? &mdash;preguntó El Tieso. &mdash;A mí&#8230; Nada, nada &mdash;respondió Lecherito. Y cabizbajos seguían tras los pasos de la burra. Ella, en cambio, les recompensaba con el levantar del rabo, unas decenas de bo&ntilde;igas y maloliente pedorrera. &mdash;&iexcl;Si te arreo un puntapié vas a pedorrear al pájaro que no vuela! &mdash;gritó Lecherito a la burra. Torpedo soltó la carcajada, El Tieso le imitó y siguieron con la intriga. &mdash;Bueno, Lecherito &mdash;reanudó El Tieso&mdash;, el caso es que me pareció verte triste y&#8230; &mdash;&iexcl;Será cosa del vino&#8230;! Anoche nos pasamos un rato y, bueno, a lo que vamos: &iquest;os parece bien que dejemos la burra en Arroyo Turbio y entremos a pie, por la Umbría del Lobo? &mdash;A mí me da igual &mdash;dijo Torpedo&mdash;, cuando salgo de mi casa para mí todo el monte es de orégano. &mdash;&iquest;Y tú, Tieso? &iquest;Qué opinas? &mdash;Lo mismo que Torpedo; fuera de mi casa todo me da igual; incluida la panza de Aristóteles, Barriga triste, o el abultado cuello de Miguelón, El Foca; o la fantochada figura de Luciano Rodríguez, el presidente de todas y cada una de las asociaciones locales y vecinales de caza, pesca, flora, hermandades religiosas, cooperativas agrícolas&hellip; &mdash;&iexcl;A esos ni mentarlos&#8230;! &mdash;advirtió Lecherito&mdash;. Aunque si los dos estáis de acuerdo dejamos la burra en Arroyo Turbio, cruzamos el río, entramos por la senda que serpentea la colina de Mata Puercos y llegamos hasta la Umbría del Lobo. Torpedo y El Tieso parecían conformes, aunque Lecherito seguía cabizbajo, tras los pasos de la burra, y de vez en cuando levantaba la cabeza para mirarle el rabo, por si acaso&#8230; En cambio, la burra de animal tenía el nombre, y a la primera advertencia de Lecherito entendió la ri&ntilde;a o no tuvo más necesidad de evacuar excrementos y ventosidades&hellip; Aun así, Lecherito adelantó unos pasos, le agarró la punta de la oreja y casi al tacto con el vello, dijo: &mdash;&iexcl;Más te vale&hellip;! &iexcl;Si me vuelves a pedorrear&#8230;! </p>
<p><a href="http://www.juansinletras.com" /a> Juan Sin Letras. Una cruzada literaria.</p>
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		<title>CUMBRE DE ÁGUILAS 1&#186; PARTE (Agustín Conchilla Márquez)</title>
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		<pubDate>Sat, 01 Nov 2008 18:48:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Aretino</dc:creator>
				<category><![CDATA[Novela de aventuras]]></category>

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		<description><![CDATA[CUMBRE DE ÁGUILAS

NARRATIVA

PRIMERA PARTE

Autor:
Agustín Conchilla Márquez

Inscrito en el Registro Provincial de la Propiedad Intelectual de Alicante.


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			<content:encoded><![CDATA[<p><u>CUMBRE DE ÁGUILAS<br /></u>
<div>
<div>NARRATIVA
<div><u>
<div><u><br /><u>PRIMERA PARTE<br /></u>
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<div>Autor:
<div><u>Agustín Conchilla Márquez<br /></u>
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<div>Inscrito en el Registro Provincial de la Propiedad Intelectual de Alicante.
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<div>&shy;&shy;<strong><br /></strong><strong>I<br /></strong>
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<div>Cipriano salía temprano, giraba en la esquina de la calle Benjamín y se desperezaba mientras paseaba entre jardines de la peque&ntilde;a iglesia de Aldea Chica. Parte de aquella iglesia quedaba resguardada de fríos, lluvias, nieves, rachas de viento o excesiva calina por un arcaico revestimiento de madera, ca&ntilde;as, barro y tejas de canalillo, a estilo árabe. Revestimiento que tiempo atrás sirviera de protección y guarida a los reba&ntilde;os, propiedad de una casa se&ntilde;orial de la época, cuya procedencia data de la expulsión de almohades sobre tierras de al-Ándalus, y que aconteciese o iniciara su cabalgadura tras la famosa batalla de las Navas de Tolosa en 1212.</div>
<p>
<div>En premio a su ferviente cristianismo, encarnizada lucha, alto coraje, y en reparto de bienes incautados a los moros, junto a otras tierras y edificaciones, aquellas heredades serían otorgadas al abuelo del tatarabuelo del se&ntilde;orito Germán, quien altruistamente las ofrendaría al primer vicario que a falta de techo se atreviera a decir misa bajo las ramas de un almendro floreado, alumbrado por dos antorchas y un sinfín de estrellas en el firmamento. Aquel rústico cachivache, sin embargo, cambiaría de apariencia en tiempos de prosperidad eclesiástica; a excepción de una peque&ntilde;a parte que mantendría esplendor de origen y el vaticano conservaría como la más valiosa reliquia del pasado. No obstante, para que los aldeanos venerasen la simbología de posteriores efigies, provenientes de beneficencias, donaciones o sacrificios, aún de alba, Cipriano, el sacristán, alineaba medio centenar de banquetas, prendía cirios, repasaba pinturas, efigies o litografías y se acomodaba en la poltrona del altar. Desde aquella cómoda postura inclinaba la cabeza ante la Crucifixión de Nuestro Se&ntilde;or Jesucristo, oteaba en su entorno y buscaba posibles desperfectos, descolocaciones o anomalías; aunque&nbsp; pocos recovecos más encontraba, excepto el del pilón de agua bendita cuyo nivel revisaba a diario. Agua que él mismo purificada y antes de marchar a la cama dejaba tapadita en un cofre dorado: un cofre ba&ntilde;ado a imitación a oro, sobre el que mimosamente dejaba caer el pa&ntilde;o de encaje que Adela, la beata de los Mendoza, en tardes de ocio y buena gana elaborase a mano, sobre aguja de ganchillo y para conservar la pureza que don Julián otorgase al contenido del recipiente. </div>
<p>
<div>Sin embargo, no por vulgar o iglesia manifiestamente pobre, la capilla o su pilón dejarían de venerarse en la dignidad de grandeza de un lecho sagrado. Para ello, cantidad de fieles y habitantes, asistentes y curiosos consideraban aquella estancia y el líquido que don Julián purificaba tan bendito como agua de pila bautismal. Incluso la igualaban a las aguas de aquellas que en domingos y festivos, presuntamente recibieran las cabezas de ni&ntilde;as y ni&ntilde;os en la pila bautismal de la catedral de Sevilla. O la asemejaban a la del pilón que presuponían sobre alzapiés de piedra tallada, de mármol o granito, en la mismísima catedral de Granada. </div>
<p>
<div>Los habitantes de Aldea Chica, en cambio, ahuecaban la mano, la introducían en un pilón de nadería: elevado sobre alzapiés de madera perfeccionada; untaban la punta de los dedos, inclinaban la rodilla y se santiguaban para la plegaria o la pasión espiritual que, una vez más, como todos los domingos acontecería en la peque&ntilde;a iglesia de Aldea Chica. </div>
<p>
<div>En el recinto religioso se aglutinaban decenas de aldeanas y aldeanos, escuchaban la misa de absolución por los pecados, atendían las necesidades del cepillo, escuchaban al párroco y un alto número de fieles, en familiaridad cristiana tomaban la eucaristía. Pese a ello, en transcurso ceremonial don Julián vociferó como gallo de corral, amenazó con castigo divino, tarareó como grajilla aupada en la rama de una encina; encapotó como un búho al acecho del ratón y dirigió la mirada al frente, al vacío, donde por espacio de interminables segundos la mantuvo quieta o perdida en las figuradas y presuntuosas tinieblas del mismísimo más allá&hellip; Pese a ello, tras aquel&nbsp; repentino lapso, en abrir y cerrar de ojos pesta&ntilde;eó, giró la cabeza, depositó la vista en el escote y en la minifalda de una feligresa y, a&ntilde;adió: &lt;&gt;. Los feligreses cruzaban las miradas entre sí, y susceptibles ante lo inmoral o pecaminoso intentaban comprender el porqué de aquellas desentonadas palabras que a diestro y siniestro les lanzaba don Julián entre huecas y lejanas resonancias del templo. En consecuencia, y aunque los feligreses intercambiaban fugaces y furtivas miradas, como no encontraban anormalidad pesta&ntilde;eaban bajo incredulidad o desazón y amodorraban como las ovejas sorprendidas por una oleada de alta temperatura estival. </div>
<p>
<div>En cambio, cuando las feligresas y los feligreses menos lo esperaban, don Julián cesó en dialecto de embestida a la inmoralidad y en símbolo de súplica, de rezo o en busca de perdón ajeno y pecador o del más allá, abrió los brazos y reflexivo perdió la mirada en las pinturas de la bóveda&hellip; </div>
<p>
<div>Por aquel desvarío le creyeron los feligreses altamente pensativo y relajado. Sin embargo, don Julián irguió su estampa en menos que canta el gallo, giró en redondo, bamboleó la túnica como guardia civil en desfile de conmemoración y bajó los pelda&ntilde;os del altar más erguido que un pendón ondeando la bandera republicana: con la mirada al frente, las manos unidas y los pulgares sobre la barbilla. Don Julián, sin embargo, se detuvo en seguida, en seco y a pocos pasos del altar: a la altura del tercer banco giró de sopetón, agarró por un brazo a la se&ntilde;ora Asunción -cuya notoriedad femenina y de joven agraciada resaltaba por la cima de las vestiduras- y sin saludo, comprensión o explicación la dirigió y la encaminó hacia la puerta de salida. Asunción no entendía ni comprendía el mal o la razón, aunque mientras don Julián la dirigía, ella percibía indecorosas miradas de fieles que a sí mismas se presuponían en dignidad de bienaventuradas. Asunción salió de aquel recinto que algunos ciudadanos, incluso ella misma, de vez en cuando llamaban sagrado. Y salió tan turbada y ruborizada que su cara enrojeció casi tanto como cuando en romería usaba coloretes para buscar ardiente entonación facial. En tal estupor alcanzó la calle tan desolada, tan avergonzada y tan baja de aliento que bajo aquella desdicha de resignación dirigió la mirada al cielo, manoteó y, dijo:</div>
<p>
<div>&mdash;Dios de todos y cada uno de nosotros; creador del mundo, de los muertos, de los vivos, de las cosas, de los casos y de su entorno. &iquest;Se&ntilde;or, si tú eres el padre de mi Se&ntilde;or Jesucristo, también de mi hermano, padre mío, de mi marido y de mi hijo, dime por qué dejas que tu representante en la tierra, en la iglesia y en la aldea, don Julián, el cura, sea tan torpe, tan confuso y tan demente o vano e incomprensivo con los hábitos y las necesidades de sus hermanos y de tus hijos?</div>
<p>
<div>Los ojos de Asunción chispeaban de fulgor mientras permanecían a la espera de algo: una respuesta, un rayo de luz o aliento a la razón de la fe, de la esperanza y la comprensión humana. No obstante, al no obtenerla zarandeó la cabeza, gui&ntilde;ó el labio, absorbió la mucosidad y emprendió camino. Meditativa, cabizbaja, en silencio y con semblante pálido y preocupado avanzaba sin ton ni son. Pero así, en cabizbajo, triste y en solitario cruzaba los jardines por el paso de la fuente cuando de súbito o de sopetón se vio reflejada y se detuvo junto a las aguas embalsadas. Asunción limpió unas lágrimas, fisgoneó los pececitos de colores, la ciénaga del fondo, la peque&ntilde;a serpiente que tímida y temerosa de imprevisible emboscada avanzaba en diagonal, agitaba la lengua y junto a la pared interior buscaba el tranquilizador resquicio de la superficie. Con aquella imagen Asunción perdió el norte, el malhumor y el recuerdo a la sinrazón. Ahora, en cambio, aún con la sonrisa desfigurada observaba aquellos prodigios de la naturaleza, acarició la barbilla y por espacio de imprecisos segundos se mantuvo quieta, en pensativo. Aunque de súbito desperezó y siguió visualizando el deslizar de los renacuajos, el embarrancamiento de sanguijuelas en el fondo del embalse y las ondulaciones sobre el perímetro al máximo nivel. En aquel ir y devenir también se entretenía en visualizar diversidad de insectos acuáticos que como aeroplanos en aeródromo aterrizaban sobre la superficie, y agitaban, aún más, las peque&ntilde;as olas que iban y venían como si anduviesen atraídas por un encantamiento celestial. Después seguía visualizando el revolotear de preciosas abejas y peligrosas avispas y a toda ella la recorría tal escalofrío que cruzó los brazos sobre sus propios pectorales, los acarició y masculló algo inusual.</div>
<p>
<div>Mientras tanto, palomas, vencejos, golondrinas y gorriones revoloteaban sobre su entorno, como atraídas por una corona de laureles que vitorea conquista de nueva fortaleza. Incluso dóciles y románticas palomas y apacibles gorriones aterrizaban a sus pies y la saludaban con arrumacos de ternura, galantería, compasión, comprensión o necesidad: a la espera de pipas, maíz, grano o molla de pan, a cuales andaban tan habituados. Aunque ella, Asunción, iba tan afligida, confusa y acalorada que ni ganas le quedaban para gui&ntilde;adas, arrojes ni sonrisas.</div>
<p>
<div>Asunción llegó a casa tan pálida, tan malhumorada y con el rostro tan abucheado que Lecherito intuyó anomalía. Aunque Lecherito era astuto como el viejo zorro y la observaba en silencio y de soslayo&hellip; Sin embargo, tan risue&ntilde;o como irónico, en abrir y cerrar de ojos gesticuló los labios, mordisqueó el interior-inferior, chasqueó la lengua, le gui&ntilde;ó un ojo y esperó a tal o cuál evento. Asunción, en cambio, amodorró aún más, aunque en breve tomaría aliento y entre sollozos y profundos suspiros se dispondría para narrarle el motivo de su tormento.</div>
<p>
<div>&mdash;Cari&ntilde;o, no sufras por tal o cuál evento &mdash;dijo Lecherito al corriente del suceso&mdash;. El cura puede decir misa e imponer su voluntad. Para eso es cura y due&ntilde;o de su parcela; aunque mi amor, qué quieres que yo le a&ntilde;ada al tormento de mujer ultrajada si soy como los del dicho popular que piensan y argumentan que cuanto se hayan de comer los gusanos, antes que lo disfruten los humanos&hellip; </div>
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<p><a href="http://www.juansinletras.com" /a> Juan Sin Letras. Una cruzada literaria.</p>
<p><a href="http://www.juansinletras.com" /a> Juan Sin Letras. Una cruzada literaria.</p>
<p><a href="http://www.matatiempos.com" /a> Viaje a la historia de la publicidad gráfica. Arte y nostalgia</p>
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