Las Sergas de Esplandián, García Rodríguez de Montalvo

Conti­nuación del Amadís de Gaula (v.), hecha por el adaptador español de la famosa no­vela, García Rodríguez de Montalvo (si­glos XV-XVI). Esta breve novela caballe­resca, publicada en 1510, insiste en el tema añadido por Montalvo al IV libro del Ama­dís, narrando las empresas y proezas de Esplandián, hijo de Amadís (v.) y de Oriana (v.), desde el momento que Urganda la desconocida le arma caballero, hasta sus bodas con su amada Leonorina. La novela es muy inferior al modelo, del cual repite con monotonía frases y temas: aventuras, combates, encantos y todo el acompaña­miento fantástico del Amadís.

Con todo, en algunos episodios sobresale una cierta ori­ginalidad de invención. Es famoso el jui­cio que emitió Cervantes en el escrutinio de la biblioteca de Don-. Quijote: señalan­do un volumen, el Barbero declara: «Es Las sergas de Esplandián, hijo legítimo de Amadís de Gaula»; y el Cura sentencia: «Pues en verdad que no le ha de valer al hijo la bondad del padre. Tomad, señora ama; abrid esa ventana y echadle al corral, y dé principio al montón de la hoguera que se ha de hacer».

A. R. Ferrarin

Selva de Aventuras, Jerónimo de Contreras

Entre las no­velas bizantinas aparecidas en España en el siglo XVI figura esta Selva de aventuras de Jerónimo de Contreras, que fue publi­cada en Barcelona en 1565 y que gozó de gran popularidad. Se narran en ella las aventuras y desventuras del caballero Luzmán, quien pretendiendo casarse con Ar­bolea, al ser rechazado por ésta, busca en la ausencia el consuelo y marcha a Italia.

De los lances de que es testigo en aquel país hace un minucioso relato que da cuer­po a la novela y que recuerda la técnica del Félix o Libro de maravillas (v.) de Ramón Llull y la picaresca. Al regresar a su patria, Luzmán es hecho cautivo y llevado a Argel. Ya en España, después de haber obtenido el rescate, halla a Arbolea que ha profesado, y construye una ermita próxi­ma al monasterio de la amada en la que pasa los últimos días de su vida dedicado a la penitencia y la oración. Esta novela, que Menéndez Pelayo estima enteramente original, es el más próximo antecedente de El peregrino en su patria (v.) de Lope de Vega.

Secuestrado, o sea Memorias de las aventuras de David Balfour en el año 1751, Robert Louis Stevenson

[Kidnapped. Being Memoirs of the Adventures of David Balfour in the Year 1751]. Novela histórica de Robert Louis Stevenson (1850-1894), publicada originariamente en la revista «Young Folks» y aparecida en un volumen el mismo año 1886.

Es un relato autobiográfico que el joven David Balfour hace de sus propias aventuras: el título sumario, a la manera del siglo XVIII, dice así: «Secuestrado, es decir, relato de las aventuras de David Balfour, en el año 1751; cómo fue raptado y retenido; sus sufri­mientos en una isla desierta; su travesía de la Escocia salvaje; su encuentro con Alan Breck Stewart y con otros famosos jacobitas escoceses; y todo cuanto hubo de soportar de su tío Ebenezer Balfour de Shaws, así llamado falsamente; escrito por él mismo». El meollo de la novela fue pro­porcionado a Stevenson por la historia del proceso de un tal James Stewart (Alian Breck), aventurero jacobita que asesinó a Colin Campbell, agente del rey legítimo contra los rebeldes escoceses. La época es la de las guerras civiles entre los jacobitas, partidarios de los Stuart, y los lealistas, propugnadores de Jorge II. David Balfour cuenta cómo, habiendo quedado huérfano, abandona su hogar para trasladarse, con el testamento paterno, a casa de su tío. Ha­bita éste una vieja casa de campo, medio derruida; es un viejo extravagante y ava­ro, que acoge con recelo al sobrino. Una noche lo envía a lo alto de una torre, sin luz; el muchacho, al resplandor de los re­lámpagos de una tempestad, descubre que los escalones terminan y piensa que el tío ha intentado desembarazarse de él.

En efecto, éste lo lleva por asunto de nego­cios a la ciudad vecina de Queensferry, donde el .muchacho sube a bordo de una embarcación que inmediatamente zarpa. El capitán ha recibido la orden de venderlo como esclavo una vez llegue a América. Una noche la nave choca con otra em­barcación y del naufragio de ésta sólo se salva un audaz aventurero jacobita: Alan Breck. Éste y el muchacho se ponen de acuerdo y sostienen una sangrienta lucha con la tripulación. Sigue una tregua, du­rante la cual naufraga la nave; el mucha­cho se encuentra solo con Alan Breck y con él inicia la travesía de los bosques selváticos de Escocia. Habiendo sido ase­sinado un agente del rey, llamado Colin Campbell, los dos aventureros son buscados como presuntos autores del crimen y, du­rante varias semanas, vagan por la espe­sura, cruzando las ensenadas y montes y tratando de regresar a Queensferry. Final­mente, David consigue hacerse reconocer; se descubre que su padre, habiendo sido rival en amor de su hermano, por un ori­ginal pacto había cedido a éste todos sus bienes familiares con el fin de poder casarse con la mujer amada. Pero ahora todo debe volver a manos del muchacho, que es el heredero legítimo.

Las desventuras de David Balfour han terminado. Los protago­nistas del libro de Stevenson generalmente son muchachos: y este David (cuyas aven­turas continúan en Catriona, v. más ade­lante) es un gemelo novelesco del Jim (v.) de La isla del tesoro (v.) y del Dick de La flecha negra (v.). Como éstos, es un mu­chacho atrevido y airoso, orgulloso de poder intervenir en las luchas en que se mez­clan hombres hechos a los peligros y de salir triunfante luchando de igual a igual con ellos. Históricamente interesante es la evocación de la vida de los clanes esco­ceses: motivo favorito también de algunas novelas de Walter Scott. Mas, para Ste­venson, los tiempos transcurridos son como regiones lejanas a las que llega un hombre moderno, sediento de aventuras, pero vivo por su actualidad: así, el correr del tiempo no hace sino ensanchar los confines de los muchos viajes en el espacio por él conta­dos, sin cambiar su naturaleza. En cambio, Walter Scott siente, a veces, la necesidad de apoyar el presente en el pasado y de reanimarlo en aquel clima lejano. Por tal motivo, posiblemente, la prosa de Steven­son, con su pureza musical y su alado rea­lismo, no envejece y ofrece fermentos lite­rarios que todavía hoy actúan sobre nuestro gusto.

P.G. Conti

*    Stevenson escribió una continuación de la novela con el título de Catriona, publicada en Londres en el año 1893. Catriona recoge las memorias posteriores de David Balfour, en su patria y fuera de ella. La p0arte más importante de la novela es aquella en que David intenta obtener, con riesgo de su libertad y su vida, la absolución de James Stewart of the Glens, injustamente acusado por el asesinato de Colin Campbell. Alan Breck huye al continente, y Catriona, hija del renegado James More, es la prometida y luego esposa de David Balfour. También esta segunda novela tiene bellas escenas de ambiente y descriptivas de la campiña escocesa; e incluso hace pensar en las obras de Scott, si bien su fragancia es más li­gera; y aun cuando Stevenson parece hallarse en su medio mejor cuando el am­biente de sus narraciones es la misma Es­cocia natal, aquí nos parece un poco can­sado; y su historia no está desprovista de monotonía. [Trad. española de Kidnapped y Catriona por José Farrán y Mayoral bajo el título Las aventuras de David Balfour (Barcelona, 1944)].

A. Camerino

Fue un hombre verdaderamente univer­sal: y dijo cosas sensatas no sólo sobre todos los asuntos, sino, en lo que es ló­gicamente posible, en todos los sentidos. (Chesterton)

A fuerza de un trabajo desmedido, que no consigue nunca transformar la imitación en instinto, logra pulsar aquella nota que él halló siempre difícil sostener, aunque los amigos no cesaron de asegurarle que era la más armoniosa de la lira contem­poránea inglesa. El estilo de Stevenson fue un estilo adquirido, no natural, que había sido forjado como una cadena más que como un instrumento. (E. F. Benson)

Stevenson sabe bien, demasiado bien, dónde debe detenerse. Se da por satisfecho sacrificando cualquier invención a la ca­dencia de una frase. Rechaza cuanto no fluye sin estorbo en el esquema plástico y musical. No causa asombro que un escritor tan completo y sereno sea considerado, y precisamente por personas que parecen en­tendidas, como una de las mayores desilu­siones de la literatura inglesa por lo que no se atrevió a hacer. (E. Cecchi)

Schelmuffsky. Descripción de sus viajes verdaderamente curiosos y muy peligrosos por tierra y por mar, Christian Reuter

[Schelmuffskys Wahrhaftige curióse und sehr gefahrliche Reisebeschreibung zu Wasser und Lande]. Novela de viajes imaginarios, aparecida en el año 1696, de Christian Reuter (1665- 1712). Es una de las más extraordinarias urdimbres de patrañas e invenciones que se han escrito, y, por una parte, hay que considerarla entre las obras fantásticas del tipo del Finkenritter [El caballero de los pinzones, 1560] y del Münchhausen (v. Aventuras del barón de Münchhausen) y, por otra, al lado de las célebres sátiras del Humanismo.

El autor, estudiante de Teolo­gía en Leipzig, cuenta desde su mesa gran­des viajes- en carruaje de Hamburgo a Lon­dres, excursiones de dos semanas a la In­dia, donde debía residir el Gran Mogol, al que va dedicado el libro; a Venecia, que según él se halla en una altura; a Roma, donde se pescan los arenques, y así por el estilo. Que Schelmuffsky es un hombre sin duda prodigioso se sabe apenas se abre el libro, cuando narra su extraordinario na­cimiento ocurrido antes de tiempo, a con­secuencia del sobresalto de su madre al ver. un ratón, y cómo, apenas venido al mundo, comenzó, como Gargantúa (v.) de Rabelais, a discurrir más o menos juiciosa­mente. No faltan los piratas, las mujeres que se desmayan en sus brazos y las blas­femias características de la época, que con­tribuyen a dar color a la narración y a sorprender al lector cuando Schelmuffsky traspasa a treinta adversarios con su espa­da.

Como feliz hallazgo introduce el autor en la novela a otro personaje, un primo del héroe, un filibustero de menores proporcio­nes, que imita a su pariente mayor, cree cuanto éste le dice y cuenta también aven­turas de menos importancia. Gracias a este parangón, aumenta la atmósfera grotesca en torno al héroe de la novela. Con estos elementos, el jocoso libro no trata de ser una sátira de la novela, sino más bien una sátira de la sociedad de su tiempo, a la que Reuter, campesino de Leipzig conver­tido en estudiante, conoció en la fonda del «León Rojo», de donde fue arrojado. La aventura galante, por ejemplo, con la dama de la alta nobleza a la que Schelmuffsky seduce, la historia de su nacimiento y del ratón, tratan de mostrar la ordinaria estu­pidez del ambiente, que por ignorancia cree todas las infinitas fantasías contadas por él. El estilo, absolutamente barroco, en su mezcla caricatural de tonos liricoenfáticos y realistas, se presta muy bien al gé­nero de la novela que, en la época román­tica, fue exhumado y valorizado por Ludwig Achim von Arnim y por Brentano.

G. F. Ajroldi

Roman de la Violeta, Gerbert dé Montreuil

[Román de la Violette]. Narración de aventuras, en verso, del francés Gerbert dé Montreuil (n. hacia 1225). Se trata de las hazañas de un caballero, el conde Lisiart de Forez, para seducir a la amiga del conde Gerardo de Nevers, cuya belleza y fidelidad éste alaba.

Valiéndose de un subterfugio, descubre Li­siart en el pecho de la dama, Euriaut, una violeta, señal que lleva desde su nacimien­to y que sólo Gerardo conocía, por lo que Lisiart se vanagloria de haber vencido en su empresa. También el rey Luis, en cuya corte se hallan los caballeros, como simpatiza con Gerardo, queda impresionado por la narración de Lisiart. Luego, Gerardo, el héroe de la novela, lleva a su dama a un bosque y allá la abandona. Aquí co­mienzan y se desarrollan numerosos episo­dios y aventuras. Aunque separados, los dos amantes no pueden dejar de amarse. En vano nobles caballeros ofrecen su corazón a Euriaut, y Gerardo, aunque a veces pa­rezca olvidarla, sigue ligado a ella; por fin llega a tiempo para salvarla de la horca a que está condenada por una falsa acu­sación; la defiende, sostiene un duelo por ella, seguro de su inocencia, vence y la libera.

Entonces puede acusar también a Lisiart, primera causa de sus desventuras y de sus aventuras, lo vence en duelo y, por fin, se celebran las bodas de Gerardo y de Euriaut. El Román de la Violeta trata de motivos comunes a muchas otras nove­las francesas, como el Román de Guillaume de Dole (v.). Lleno de espíritu aristocrático, representa, al menos en parte, la literatu­ra de la sociedad elevada francesa en la época en que la civilización medieval se hallaba en su apogeo. Acusa también el influjo de las novelas de Chrétien de Troyes, especialmente del Ivain (v.), y en algunos rasgos, también de algunos can­tares de gesta. Gerbert de Montreuil, con­tinuando el uso introducido por Jean Renart en el Guillaume de Dole, inserta en su poema muchas canciones que, conocidas por el público, debían servir para hacer más agradable la novela. Muchos de sus personajes son históricos, aunque los nom­bres/estén a menudo alterados: nobles ca­balleros y damas famosas, contemporáneos e íntimos de Luis VIII, el rey alrededor del cual viven, y que sirve como de trabazón a la novela. Es una de las más caracterís­ticas historias de aventuras, notable tam­bién por ofrecer una viva pintura de las costumbres aristocráticas de la época.

C. Cremosi