Sir Galván y el Caballero Verde

[Sir Gawayne and the Grene Knight]. No­vela caballeresca en 2.500 versos, compuesta aproximadamente en 1374, de desconocido autor inglés — con toda probabilidad, el mismo que compuso los poemas Perla (v.), Pureza (v.) y Paciencia [Patience] —, en forma métrica mixta, en parte aliterativa y en parte rimada. Es una de las obras más notables del género. No se ha encontrado la fuente original propiamente dicha, pero los puntos esenciales de la trama aparecen en anteriores narraciones gaélicas y francesas. Mientras el rey Artús (v.) y sus caballeros celebran el fin de año, un caballero, el más alto que nunca se haya visto, vestido de verde y montado en un caballo también verde, irrumpe en la sala. Esgrime un ha­cha y desafía a uno de los caballeros del rey Artús a golpearle con ella; el caba­llero habrá de empeñarse luego, por ju­ramento, a encontrarse con él un año más tarde para recibir el golpe a su vez. Galván acepta el desafío y, tomando el hacha, corta la cabeza del retador; el tronco de­capitado recoge la cabeza del suelo y al alejarse recuerda a Galván su obligación de encontrarse con él, pasado un año, en la Capilla Verde. Cuando se acerca el día fijado, Galván se pone en camino, pero no consigue encontrar la capilla de dicho nom­bre. Finalmente, la víspera de Navidad, llega a un castillo y pide hospitalidad para pasar la noche.

El castellano lo recibe amis­tosamente, le dice que la Capilla Verde está próxima y lo invita a permanecer en el castillo hasta fin de año. Cada uno de los tres últimos días del año el castellano va de caza; Galván ha de permanecer con la señora del castillo, y cada noche él y el castellano habrán de intercambiar cuanto hayan conquistado durante el día. La mu­jer del castellano pone el honor de sir Gal­ván a dura prueba. El primer día recibe un beso y por la noche lo devuelve debida­mente al castellano; el segundo día recibe dos besos y del mismo modo guarda la pa­labra dada; el tercer día, a más de tres besos, la castellana le regala un cinturón verde que tiene el poder de hacer invulne­rable a quien lo lleva. Por la noche sir Galván da al castellano los tres besos, pero no habla del cinturón. A la mañana si­guiente se encamina hacia la Capilla Verde donde encuentra al caballero dispuesto a restituirle el golpe recibido el año anterior. Sir Galván se arrodilla. El caballero le­vanta el hacha, pero al ver que sir Galván se aparta, se abstiene de golpearlo y le acusa de cobardía. Vuelve a ser levantada el arma, pero el Caballero Verde duda. Por fin cae el golpe y sir Galván es herido en el cuello, pero sin gravedad. Éste es el castigo por haber ocultado al castellano, que no es otro que el Caballero Verde en persona, el don del cinturón prodigioso. Pero en todo lo demás sir Galván se com­portó con lealtad, y el caballero lo elogia. Sir Galván quisiera devolver ahora al ca­ballero el cinturón verde, pero éste le dice que la sangre derramada es su justo precio. Sir Galván acepta llevarlo como recuerdo perpetuo de su culpa.

Vuelve a la Corte del rey Artús y narra su aventura. Recibe consuelo de todos, y todos deciden llevar desde aquel día un cinturón verde en ho­nor suyo. Se ha querido enlazar esta leyen­da con el origen de la Orden de la Jarre­tera. Los paisajes invernales y las descrip­ciones de cacerías son las partes más atrac­tivas de la novela. El poeta demuestra un gran amor y sentido de la naturaleza, y una predilección por cuanto la caballería medieval tiene de noble y pintoresco. El paralelismo de los tres episodios está man­tenido sin dar lugar a la monotonía. El claro final didáctico hace de la aventura de sir Galván un antecedente no desdeña­ble de las empresas alegóricas narradas por Spenser en la Reina de las Hadas (v.).

C. Izzo

Sirat Antar

[La vida de cAntara], Novela caballeresca anónima árabe, en pro­sa rimada con versos intercalados, escrita hacia el siglo XII, recogiendo antiguas le­yendas que corrían sobre el poeta árabe prehistórico cAntara ibn saddád (siglo VI d. de C.). En esta extensa novela algunos elementos de la tradición histórica están muy ampliados y embellecidos por la fan­tasía: cAntara (v.) es hijo de un emir árabe y una prisionera abisinia, y como mestizo y bastardo se encuentra, en la so­ciedad árabe beduina, en una posición de inferioridad que sólo será superada con su indómito valor. Sus hazañas le dan gran consideración entre los jefes de su tribu, y consigue casarse con su prima Abla, a quien están consagrados sus cantos.

Des­pués de una serie de arriesgadas peripe­cias, con la ayuda de sus dos hijos y de un hermano, y venciendo la hostilidad de envidiosos enemigos, cAntara consigue pe­netrar en La Meca y suspender en la Ka- haba su «mucallaqa» (reflejo de la errónea interpretación que consideraba las Mucallaqat, v., «suspendidas» como exvotos en las paredes del santuario). A consecuencia de sus guerras victoriosas, cAntara invade Etiopía y allí descubre que su madre, lle­vada prisionera a Arabia, era de sangre real, quedando así plenamente ennoblecido su origen. El héroe, cargado de gloria, muere al fin a traición en manos de un enemigo. La obra fue durante largo tiem­po la preferida de los pueblos árabes, e hizo popular la romántica imagen de este gue­rrero poeta, en un escenario de vida be­duina sustancialmente auténtica. En el si­glo XIX la novela de cAntara fue dada a conocer a Europa en traducciones parciales (recordemos, entre otras, la de Lamartine, París, 1864) y fue muy apreciada.

G. Gabrieli

Por el Mar Jónico, George R. Gissing

[By the lonian Sea]. Impresiones del viaje de George R. Gissing (1857-1903), publicadas en Londres en 1901. Las antigüedades griegas y roma­nas suscitaron en Gissing un sincero interés cultural al que se añadió la tendencia romántica a la doble evasión en el pasado y en lo exótico.

Movido por dichos estímulos, visitó las costas del mar Jónico, buscando los vestigios de las antiguas civilizaciones. Partiendo de Nápoles, el escritor se dirige ante todo a Cosenza, atraído por el recuer­do de Alarico. Luego da la vuelta por Tarento, Metaponto y Cotrone, donde unas fuertes fiebres le obligan a guardar cama en un sórdido albergue. De allí se dirige a Catanzaro y, en homenaje a Casiodoro, también a Squilace, terminando su viaje en Reggio. Es el peregrinaje de un apa­sionado admirador del mundo clásico que sabe asociar a cada lugar reminiscencias históricas y literarias reavivadas por una cálida imaginación que se deleita evocando el pasado y recreando su atmósfera.

El inte­rés por la antigüedad clásica, que se había manifestado ya en las novelas de Gissing, llena de entusiasmo estas páginas. El es­critor se muestra también sensible a las bellezas del paisaje que le inspiran descrip­ciones luminosas y llenas de color.

R. Barocas

El Pirata, Walter Scott

[The Pírate]. Novela de Walter Scott (1771-1832), publicada en 1822. El argumento transcurre principalmente en Zetland (o Shetland), isla al norte de Esco­cia, y el novelista, que había hecho un viaje por aquellos mares hiperbóreos con el abue­lo de R. L. Stevenson, pinta los usos y cos­tumbres de aquellas remotas playas (cantos de bardos, danza de la espada, caza de la ballena, etc.), en agradables cuadritos que constituyen la parte mejor de la obra.

El argumento trata de la aparición en aquellas costas, después de un naufragio, del pirata Clemente (Clement) Cleveland, monstruo de valor y crueldad, de maneras elegantes y refinado en el vestir, descendiente del héroe fatal de Byron y antepasado de los corsarios rojos y negros de Salgari; de él se enamora Minna Troil, hija de Magno (Magnus) Troil, rico shetlandés de noble origen noruego; en tanto que la hermana de Minna, Brenda, se enamora de Mordaunt, simpático y valeroso joven, que después de haber salvado a Cleveland, termina siendo su enemigo. Al fin, los piratas, que habían capturado a Magno y a sus hijas, son de­rrotados y hechos prisioneros; Minna y Cleveland se separan para siempre, en tanto que Brenda se une a Mordaunt.

Es notable el personaje de Ulla Troil, conocida con el nombre de Norna, una medio loca dotada de poderes mágicos, que luego resulta ser la madre de Cleveland, fruto ¿Le su primer amor con Basilio (Basil) Mertoun, padre de Mordaunt; así es que los dos adversarios son casi hermanos; muy agradables figuras son las de Triptolemo (Triptolemus) Yelowley, agricultor del Yorkshire, y la de su caprichosa hermana Bárbara. La novela de Scott, que ha sido traducida a casi todos los idiomas cultos, inspiró también a varios compositores de ballets románticos; del éxi­to del argumento son buena prueba asimis­mo El Pirata, de Bellini, y una reducción, en versos sueltos, de un anónimo, Minna, cuento histórico tomado del Pirata, de W. Scott (1832).

M. Praz

Los Pioneros del Silverado, Robert Louis Stevenson

[The Silverado Squatters]. Libro de viajes de Robert Louis Stevenson (1850-1894), publi­cado en Londres en 1883. En ésta obra pa­rece descubrirse un nuevo Stevenson: el hombre que tanto amaba las aventuras, en su duro viaje a California se puso en con­tacto con una realidad que, de la aventura, no sólo tiene el recuerdo visible en todo el paisaje y en los restos de una ciudad de pioneros (junto a Calistoga), sino también la dureza y el sentido del esfuerzo.

El libro tiene el mérito de una simplicidad que tal vez lo hace parecer menos personal, pero que lo acerca a las realidades esenciales de la vida. El sentimiento de soledad de los antiguos pioneros, la comprensión de caracteres humanos que se ve obligado a inventar observando el paisaje, están logra­dos con una prosa más seca y menos vigo­rosa que la acostumbrada en Stevenson; menos matizada pero de más exacto sentido humano. Las imprevistas bellezas que des­cubre despiertan en él un sentido religioso de admiración y de simpatía por la fatiga humana que en aquel mismo escenario tuvo lugar no muchos años antes.

No es pura contemplación, sino participación fra­terna: participación que probablemente no fue muy característica de Stevenson, y que hace de él, escritor elegante, estilista y de coloridas aventuras, un hombre capaz de comprender a los hombres y vivir con ellos y, esta vez, capaz de revivir eficazmente la historia de los buscadores de oro llenos de vigor, de vida y del rudo poder de creación que los distingue.

A. Camerino