Méraugis de Portlesguez, Raoul de Houdenc

Román artúrico de Raoul de Houdenc (principios del siglo XIII), poeta colocado por sus contemporáneos junto a Chrétien de Troyes. Por la mano de la hermosa y cortés Lidonia se produce entre Méraugis y Gervain una disputa, resuelta por una corte de amor compuesta por damas y presidida por la reina: la sentencia favorece a Mé­raugis. Pero habrá de merecer a la mu­chacha con sus proezas. De aventura en aventura vence a todos los caballeros del rey Artús (v.), incluso a Galván (v.), y al fin se casa con Lidonia. Obra poco ori­ginal, aunque no exenta de finura e inge­nio, ejemplo característico de las novelas episódicas artúricas, que se desarrollaron en gran número siguiendo el ejemplo de las antiguas, especialmente de las de Chré­tien de Troyes, y en la que ocupa un papel importante Galván, uno de los caballeros más famosos del rey Artús.

C. Cremonesi

La Máquina del Tiempo, Herbert George Wells

[The Time Machine]. Novela del autor inglés Herbert George Wells (1866-1947), publicada en 1895 y traducida a todas las lenguas.

El prota­gonista, el «Viajero en el tiempo» ha in­ventado una máquina que le permite tras­ladarse no en el espacio, sino en el tiem­po. Con ella se traslada en pocas horas al año 802.701. A través de los milenios, el clima de la región londinense se ha vuelto templado, casi meridional, la vegetación es bellísima y abundante, no hay ni rastro de animales, y los edificios, en lugar de estar todos reunidos en ciudades, surgen gran­diosos, pero esparcidos por todo el país. Los primeros habitantes que salen al encuentro del «Viajero» son graciosas criaturas hu­manas, bastante más pequeñas que la esta­tura media actual, pero muy bellas y cu­biertas de trajes de una única tela de va­rios colores. El «Viajero», curioso, deja su aparato y se va con sus nuevos amigos. Éstos, que se dan a sí mismos el nombre de «Eloes», viven en grupos de los que ha desaparecido el núcleo familiar: el ham­bre y el sueño los reúnen a centenares en los grandes palacios que, vistos de cer­ca, resultan estar medio derruidos; hom­bres, mujeres y niños pasan el día holga­zaneando puesto que no tienen ninguna aparente necesidad de trabajar, del mismo modo que parece que sus pequeñas menta­lidades no sean capaces de alimentar nin­gún sentimiento salvo el del terror a la obscuridad, que es vivísimo y común a todos ellos.

Muy pronto el «Viajero», a quien mientras tanto ha sido robada su máquina, descubre el motivo de este te­rror : en el subsuelo vive una población de diminutos monstruos, asquerosos a la vista por su extraordinaria semejanza con el hombre, incapaces de sostener la luz del día, pero activos y astutos : son los «Morlocos», los proletarios, que se han con­vertido en los verdaderos dueños de aquel mundo en ruinas. El progreso científico y técnico llegado al máximo ha efectivamen­te liberado a las clases dirigentes de la ne­cesidad de la lucha, de tal modo que, poco a poco, todas sus facultades se han ido atenuando : en compensación, los proleta­rios, mantenidos lejos del mundo de los ricos ociosos, se han adaptado incluso fí­sicamente a las nuevas condiciones de vida hasta que, a través de los milenios, han readquirido la conciencia de su efectiva su­perioridad, y, despertados los instintos carnívoros dormidos durante tanto tiempo, han aprendido a alimentarse de sus amos, ahora ya incapaces de defenderse. En com­pensación, por secular costumbre de es­clavitud, les facilitan todo cuanto necesi­tan. Después de una lucha desesperada contra los feroces y asquerosos «Morlocos», para defenderse de los cuales el «Viajero» incendia adrede un bosque, éste logra recuperar su máquina y huir.

La curiosidad lo empuja a avanzar algunos milenios más, hasta que se encuentra en una playa glacial donde toda apariencia de vida está des­truida. Vuelve a montar en su aparato y refiere a sus amigos su increíble aventura, llevando, en prueba de ella, dos extrañas flores, que le ha dado, según afirma, una diminuta mujer de los «Eloes» que le había cobrado afecto, cuando él le había salvado la vida. Estas flores, mudos testigos de que «incluso cuando la fuerza y la inteligencia llegan a faltar, la gratitud y el afecto re­cíproco siguen viviendo en el corazón del hombre», son lo único que queda del «Via­jero del tiempo» y de su máquina, pues, vuelto a salir de viaje, no reaparece jamás. En la Máquina del Tiempo (como en otras novelas suyas del mismo género, v. El hom­bre invisible),

Wells dio más de lo que semejante clase de relatos solía contener: una profética sátira de la sociedad capita­lista, una lección de vida (sólo la lucha y el peligro mantienen despiertas y fecun­das las mejores actividades del hombre) y finalmente una paradójica teoría científica que debía encontrar impensadas aplicacio­nes en el campo de la filosofía y de las le­tras. Después de las pruebas de Marcel Proust y de los numerosos escritores de la escuela del «fluir de la conciencia», des­pués de los experimentos de James Joyce, es interesante recordar la premisa de la novela juvenil de Wells: «¿Puede acaso existir un cubo instantáneo?… Es evidente que cualquier sólido debe extenderse en cuatro dimensiones : debe tener longitud, anchura, profundidad y duración… Hay, sin embargo, una tendencia a trazar una inexistente distinción entre las tres prime­ras dimensiones y la última, porque re­sulta que nuestra conciencia se mueve de un modo intermitente en una sola direc­ción a lo largo de esta última desde el principio hasta el fin de nuestra vida». La novela de Wells inspiró en 1896 al inglés Robert W. Paul un aparato llamado teatro- grafo, que proyectaba una película colo­reada a mano. [Trad. de E. G. S. con el título La máquina exploradora del tiempo (Barcelona, 1926) y de N. de M. de Zúñiga en Obras completas, t. I (Barcelona, 1953)].

L. Krasnik

Rebelión en el Desierto, Thomas Edward Lawrence

[Revolt in the Desert]. Obra de Thomas Edward Lawrence (1888-1935), publicada en 1927. Este libro no es sino una edición abreviada del relato más completo de las aventuras de Lawrence en Arabia, publicado en 1926 con el título Las siete columnas de la sa­biduría (v.).

Esta edición fue preparada por el propio autor mientras estaba alistado co­mo simple aviador en la R.A.F. en Cranwell; fue reimpresa inmediatamente por lo menos cinco veces, y tuvo tal éxito de pu­blicidad que obligó a su autor a dejar Inglaterra y a pensar, el año 1927, en retirarla del comercio. Todas las ganancias que esta obra le produjo las dedicó Lawrence a una obra de asistencia para los aviadores. [Trad. española de Elisabeth Mulder (Barcelona, 1940)].

M. L. Giartosio

Los dos tigres, Emilio Salgari

[Le due tigri]. No­vela de aventuras. El indio Suyodhana, jefe de los Thugs, feroces secuaces de la diosa Kali, rapta a la hija de Tremal-Naik, intrépido cazador de la jungla, para consagrar a la niña como sacerdotisa de la diosa, al igual que su ma­dre, a la que Tremal-Naik había a su vez raptado algunos años antes. La muchacha es encerrada primero en el templo de la isla de Raimangal, y luego llevada a Delhi.

Tremal-Naik, con sus amigos Sandokan, Yánez, la bayadera Sumara, el tigre Darma y el perro Punthy, después de atravesar el delta del Ganges, poblado de tigres y coco­drilos y haber hecho frente a espantosas aventuras, consiguen recuperar la niña y volver a su isla de Mompracem, dominio de Sandokan. Los acontecimientos coinciden con la insurrección india de 1857, y la caída de Delhi, donde muere Suyodhana a ma­nos de Sandokan, mientras se vienen abajo las fortificaciones de la ciudad, bajo el bombardeo inglés. Es una de las más fa­mosas novelas de Salgari. La figura de San­dokan, que reaparecerá en otras, representa con bastante vigor el tipo del héroe aven­turero, audaz, afortunado y generoso, que persistirá, con fácil estilización en casi todas las narraciones de aventuras escritas, en Italia, para los adolescentes.

Q. Veneri

Dos años de vacaciones, Jules Verne

[Deux ans de vacances]. Novela publicada en París en 1888. Cuenta las aventuras de catorce muchachos de ocho a trece años, alumnos de un colegio de Nueva Zelanda, que, embarcados en un bu­que para realizar un breve viaje de placer, por la imprudencia de uno de ellos, son arrastrados mar adentro mientras toda la tripulación se encuentra en tierra a excep­ción de un grumete negro,. El buque, arras­trado por la tempestad, acaba por emba­rrancar en una isla desierta, cerca de las costas de América del Sur.

Aquí durante dos años, los quince muchachos organizan su vida, superando todas las dificultades, incluso el antagonismo que surge entre ellos por las diferencias de caracteres y de na­cionalidad. En el segundo año llegan otros náufragos, unos peligrosos bandidos, contra los cuales los muchachos, que se han alia­do con dos de las víctimas que consi­guieron escapar de los bandidos, sostienen una dura lucha, coronada al fin por el éxito y la posibilidad de regresar a su patria. Con esta novela Verne quiso añadir un nuevo capítulo al rico ciclo de los Robinsones (v.). La obra une felizmente, al encanto particu­lar de tales aventuras, el atractivo que ejer­cen sobre los jóvenes las historias de esas sociedades en miniatura que son los co­legios. No falta el fin educativo que es, al igual que en el Capitán de quince años (v.), el de demostrar que un joven inteli­gente puede, cuando es necesario, cargar con responsabilidades superiores a sus años.

E. Ceva Valla