Mi Pequeño Trott, André Lichtenberger

[Mon petit Trott]. Novela para niños del escritor francés André Lichtenberger (1870-1939), publicada en 1898.

El protagonista de la obra es un «niño terrible» que, con su bondad impe­tuosa, su caprichosa cabeza y su impecable lógica infantil, pone a veces a los adultos en graves aprietos. Su infancia se resiente de un drama familiar. El padre, oficial de marina, que partió para un largo viaje, vuelve de improviso; tal vez alguna ad­vertencia misteriosa apresuró su retorno. Trott es feliz de volverlo a ver, pero su presencia en la casa no es un motivo de felicidad. Los amigos se alejan, el ritmo de la vida alegre y agradable queda inte­rrumpido: papá está enfadadísimo con ma­má. Y en su conciencia de hombrecito, Trott se da cuenta de que el padre tiene razón. Esta parte dramática de la obra está tratada por Lichtenberger con admirable delicadeza. Trott no juzga mal nunca; sien­te e intuye, como una criatura simple y primitiva. Y al fin es él quien reconcilia los padres, aunque sin penetrar nunca en su drama, que queda mudo. La afor­tunada novela tuvo su continuación en La hermanita de Trott [La petite sœur de Trott] (1898). Esta segunda parte, aunque inferior a la primera, no carece, sin em­bargo, de una gracia particular.

En reali­dad, más que una novela es una serie de cuadritos inspirados en la vida infantil. En ella se narra el desenvolvimiento de Lucita en su primer año de edad, sus progresos sorprendentes tal como los ven los adultos, tal como los ve Trott y tal como son en realidad. El libro acaba, con la despedida de la madre de Trott y de Lucita al barco del padre, que zarpa y desaparece lenta­mente en el horizonte. Mi pequeño Trott es más adecuado para ser gustado por los adultos que por los niños, dada la ducti­lidad y equilibrio del estilo, que funde en sí y armoniza la comicidad más ingenua con la emoción dramática.

M. T. Chiesa

Rapunzel, Hermanos Grimm

Cuento de Jacob (1785-1863) y Wilhelm (1786-1859) Grimm, incluido en la colección de Cuentos infantiles y del hogar (v.), publicada entre 1812 y 1822.

Una mujer que espera un hijo ve a tra­vés de la ventana, en el huerto de su vecina, un plantel de nabos, y tanto desea probarlos que piensa morir si no los co­me. Pero la vecina es una bruja y, por las buenas, no cabe esperar que se logre algo de ella; habrá que arriesgarlo todo. El marido escala la tapia y se apresta a robar para que su mujer calme su deseo. Así lo hace, pero la vieja lo sorprende y a cambio de su vida le obliga a prometer la entrega del esperado hijo, que será una niña y se llamará Rapunzel.

La vieja la educa y como es harto celosa, cuando Ra­punzel se ha hecho una joven de sorpren­dente belleza, la encierra en una torre sin puerta, para entrar en la cual ha de trepar hasta lo alto, sirviéndose de las trenzas do­radas de Rapunzel, asomada al balcón. Pero el hijo del rey, que caza por aquellos lu­gares, descubre a la doncella, así como la maniobra de la vieja y, enamorado, piensa seguir el mismo camino. La estratagema le resulta tan bien que de su amor nace un niño, con el que Rapunzel ha de vivir en el desierto en que la confina la bruja, hasta que el príncipe la encuentra y la convierte en su esposa.

En su origen, los cuentos de los hermanos Grimm no fueron recogidos con la intención de formar un libro para niños, sino para impedir el olvido de estos vestigios de la poesía popular, en los que los Grimm veían una expresión de la eter­na poesía humana. No debe sorprender que, esporádicamente, surjan rasgos que chocan un poco con la moral corriente o de una crudeza muy especial, muchos de los cuales fueron eliminados por los autores en la se­gunda edición, al apreciar la difusión que el libro alcanzaba, sobre todo en el mundo de los niños.

F. Federici

La Leyenda de los Duendecillos, Jacob y Wilhelm Grimm

[Die Wichtelmdnner]. Narración de Jacob (1785-1863) y Wilhelm (1786-1859) Grimm (v. Cuentos infantiles y del hogar).

A un zapatero, que sin culpa por su parte ha llegado a la más extrema pobreza, le queda solamente como único tesoro, un pedazo de cuero suficiente para un par de zapatos. Muy triste, coloca por la noche en el banco el trabajo para el día siguiente; pero al levantarse por la mañana, encuentra que el cuero se ha convertido en el más hermoso par de zapatos confeccionados se­gún todos las reglas del arte. Preséntase en seguida un comprador, y entonces, con la ganancia, compra cuero suficiente para un par de pares y a la mañana siguiente, aparecen éstos confeccionados y se pre­sentan en seguida compradores. Continúa prosperando su comercio en progresión geo­métrica y se hace pronto rico. Pero le atormenta la curiosidad de saber cómo se realiza el misterioso trabajo. Se pone en guardia con su mujer y, a media noche ven penetrar a dos hombrecillos que diligentes comienzan el trabajo, alineando zapatos y zapatitos. Van tan mal vestidos estos miste­riosos bienechores, que el zapatero y su mujer les preparan para Navidad un buen aguinaldo de vestidos nuevos. Pero cuando ven los vestidos y se los ponen, ambos co­mienzan a pavonearse, llenándose mutua­mente de cumplidos, sin acordarse de su trabajo. Y puesto que no siempre es cierto que el hábito no hace al monje, se sienten, así engalanados, jóvenes de mundo, toman la puerta y ya no vuelven más.

F. Federici

Días de escuela de Tom Brown, Thomas Hughes

[Tom Brown’s Schooldays]. Obra, parcial­mente autobiográfica, que tiene por ambiente el co­legio de Rugby, donde se educó el autor, una de las más famosas instituciones ingle­sas del género. La obra apareció anónima, y el autor se designó genéricamente como «un antiguo alumno» («An oíd Boy»).

La acción tiene lugar en la época en que el pensionado estaba dirigido por Thomas Arnold, el gran reformador de la escuela británica (1795-1842). Tom Brown, uno de los pensionistas, es un muchacho bas­tante picaro, pero franco, leal y alegre, pro­fundamente religioso y entusiasta admirador de toda grandeza heroica. Exuberante de salud y de fuerza, y lleno de ánimo, de­muestra su valentía al tomar la defensa de un condiscípulo, un jovencito tímido y delicado que se conmueve hasta las lágrimas leyendo en Homero la lamentación de Ele­na sobre el cuerpo de Héctor.

Ama poco el estudio y mucho la vida al aire libre, las aventuras, el «sport». Tom, en quien el autor ha querido representar el tipo medio de estudiante inglés, resume de este modo sus propósitos: «Quiero convertirme en un magnífico jugador de cricket, de fútbol y de todos los demás juegos: quiero igualarme con cualquier muchacho de condición baja o civil. «Quiero contentar al director, quiero estudiar el griego y latín necesarios para entrar en la Universidad de Oxford. Quiero dejar en la escuela la fama de un muchacho que nunca ha abusado de uno más pequeño que él y nunca ha echado a correr ante uno más fuerte».

El autor se dirige a los muchachos, especialmente a sus compatriotas; pero la obra, además del sig­nificado moral y pedagógico, tiene también valor histórico, en cuanto nos muestra en sus inicios la reforma educadora que, pro­movida por Arnold, tuvo tanta influencia en las costumbres inglesas.

E. di Carlo Seregni

Los Ríos profundos, José María Arguedas

Desarrolla el conflicto entre la cultura autóc­tona india y la hispano-cristiana en el Perú, expuesto a través del mundo interno de un muchacho, Ernesto, cre­cido entre familias quechuas e hijo de un abogado erran­te, defensor de comunidades indígenas.

El núcleo de la acción se centra en las experiencias del protagonista como interno en un colegio religioso de Abancay, compartidas con un heterogéneo grupo de escolares. Las andanzas de Ernesto nos enfrentan también a la ciudad de Abancay, sus alrededores y sus gentes, especialmente las de origen indio.

Dentro del relato adquieren una especial impor­tancia un personaje, el padre Linares, director del cole­gio, un objeto, el «zumbayllu», una peonza india, y dos acontecimientos: la rebelión de las vendedoras de chicha y la epidemia de tifus, la cual obliga a Ernesto a aban­donar el colegio.