Literatura erótica | Crítica de Libros - Part 3
Critica de libros, comentarios, personajes, escritores, estudios y resumenes de libros. Literatura actual y clasica. Literatura espanola, literatura hispanoamericana, literatura norteamericana, literatura europea. Libros recomendados, best-sellers y obras selectas

Archive for the 'Literatura erótica' Category

El clítoris de Camille (Diego Medrano)

Éramos una pareja de tres, ella, yo y la locura», dice Dante Cornellius, protagonista de esta turbulenta historia de un amor que, a la manera de Lolita, de Nabokov, o de El diablo en el cuerpo, de Radiguet, entra en la senda de la «necesidad mutua» desde la falta absoluta de convencionalismo de dos seres opuestos cuyo drama íntimo es el de la búsqueda de un refugio frente al desamparo, para seguir viviendo sus innumerables rarezas o sus cada vez más peligrosas patologías personales.

El clítoris de Camille es una búsqueda desesperada de la identidad a la vez que, sin perder un gramo de virulencia, una densa anatomía de delirio allá donde dos seres genuinamente delicados, especialmente atrofiados para la vida doméstica, confabulan una prodigiosa alianza in crescendo, sabiéndose fuertes al unirse y vulnerables al deshacer todos sus pactos.

Transgresión, erotismo, sensibilidad, locura y pasión perfilan esta novela, incapaz de dejar indiferente, por cuanto la crudeza y violencia de los innumerables giros y guiños que la componen provocan constantemente. Diego Medrano ha realizado un perfecto ejercicio de ilusionismo, tan lúdico como trágico, por medio del lenguaje, y ha logrado la admirable proeza de dar forma al diálogo pretendidamente racional de dos seres puramente irracionales.  

Memorias secretas de una cantante (Wihelmine Schraeder-Devrient)

Una secuencia de cartas de exquisito contenido erótico integran Memorias secretas de una cantante. Dueña de anécdotas extraordinarias, la célebre cantante de ópera del siglo XIX, Wilhelmine Schöder Devriet, da nacimiento a un prolijo epistolario que destina a un amigo suyo, que para nosotros permanece en el anonimato, y a quien, a modo de confesión, decide relatarle hasta el más íntimo detalle de sus experiencias sexuales con hombres y mujeres.
Esta curiosa observadora, tan inteligente como inquieta, hace mención al "deseo como motor de la vida". Más allá de la poesía que pudiera llegar a tener esta frase, indudablemente tiene también un contenido lógico por el cual si un hombre y una mujer no se desean, no hay fruto alguno del encuentro. Además, es el factor que impulsa, al menos a esta fresca seductora, a ir en una insaciable búsqueda de nuevas formas de placer. No me animaría a decir que como mujer estuvo por encima de las de su tiempo, o que, de pronto, encajaría perfectamente en este siglo un tanto libertino; sin embargo, vale pensar que fue una mujer más que extravagante, y que todo aquello que deseara con viva convicción, iba entonces a conseguirlo.
Atreviéndose a todo, fuera de todo prejuicio y pudor, la voyeur, hace de su relato una historia simple y entretenida por cuanto revela, en muchas oportunidades, algunos pensamientos y deseos propios del común de la gente con respecto al sexo.
Es así mismo interesante la exposición que Wilhelmine propone a su destinatario (personaje que, cierta vez, fue un imposible objeto de su deseo): "el carácter sexual y ético se forman según las particulares circunstancias en que el amor nos es revelado". Esta afirmación invita, tal vez, a prensar que está justificando sus preferencias sexuales y sus insistencias en todo aquello que no está permitido por la sociedad de su época. En todo caso ¿quién puede juzgar a una mujer como esta? Una María Magdalena que no se arrepiente ni se avergüenza de nada; una Venus expuesta al amor heterosexual, al amor homosexual, la amor sádico, a participar en orgías, flagelaciones…
El deseo tiene muchas formas. A la manera de Wilhelmine, o a la manera característica de cada uno, habrá que aprender a aprovecharlas todas.

Por Agustina Jojärt

www.lamaquinadeltiempo.com

Arte de Amar (Ovidio Nasón)

Arte de amar (Ars Amandi o Ars amatoria) es una obra de Ovidio publicada en el año 8 dC. Consta de tres libros o cantos en dísticos elegíacos en los que facilita una serie de consejos sobre cómo realizar conquistas amorosas. Y lo explica en casos prácticos, para distintos caracteres y con cuidadoso detalle.

Los dos primeros libros o cantos se dirigen a los hombres, para la conquista de las mujeres, y el último a las mujeres.

Está escrito en estilo poético, con frecuentes alusiones mitológicas, lo cual no embota en modo alguna ni su agudeza ni el erotismo de sus sugerencias.

El éxito de la obra fue inmenso. Sin embargo, levantó suspicacias entre el sector más conservador de la sociedad romana, entre ellos al emperador Augusto, protector de Ovidio. De ahí que, debido a las presiones, tuviera que escribir una especie de arreglo, el Remedia amoris (Remedios de amor), aunque el tono de este no fue tan bien acogido como el de su primera obra.

Se dice que su caída en desgracia ante su protector y con ella su destierro fue en gran parte debido a esta exitosa obra, y al empleo que de ella se dio en algunos c´írculos de los poderosos.

Sus consejos, por supuesto, siguen vigentes, y teniendo en cuenta la escasa pacatería delso autores romanos, puede creerse que vale la pena leer este libro en todo tiempo, toda épofa y toda ocasión.
Eso sí: quien algo aproveche de esus páginas, cumpla el compromiso que el autor exige en ppago de sus enseñanzas y, en el lecho, escriba sobre lapiel de su conquista: Nasón fue mi maestro.

Sólo eso pide el autor.

No nos privamos de ofrecer aquí mismo buena parte del libro, para quien le apetezca echarle un vistazo.

Recomendamos no obstante comprar una edición en papel y con notas explicativas, porque en caso contrario se perderán algunos de los mejores detalles, como aquel en que recomienda a las mujeres feas guerrear al modo de los persas.

Quien sepa, ría.

Quien no, aprenda.

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HISTORIA DE O (Pauline Réage / Dominique Aury)

 

Este artículo de LUCIA ETXEBARRIA, a la que considero muy amiga, me aclaró el mar de dudas que la lectura del libro me produjo, no hay que tomarlo como una interpretación definitiva e inapelable pero se agradece que intente explicar ese desasosiego que siente una mujer cuando leemos algo que aún en principio execrable nos hace gozar. Este grupo no sólo se hace preguntas sobre O
Los más modernos de entre los jovencitos adictos a los afterauers que el año pasado se anillaron hasta la exageración -cejas, labios, orejas, ombligos y genitales- han optado éste por dar un paso más allá y tatuarse a hierro candente unos motivos tribales de lo más in. ¡Qué gran disgusto se llevarían los pobres si se llegan a enterar de que, en 1954, una jovencita apodada O ya se había anillado la vulva y se había grabado a fuego en las nalgas la marca de su amante! La historia de esta señorita tan adelantada en lo que a moda se refiere se constituyó en uno de los más poderosos mitos eróticos de la segunda mitad de siglo, vendiendo millones de ejemplares.

En Historia de O se narra cómo O, raptada por su propio amante y conducida al tenebroso castillo de Roissy, es sometida a torturas, humillaciones y violaciones colectivas que ella acepta resignada, por amor a los dos hombres a los que sucesivamente considera su amo: Renée y Sir Stephen. Pero, a pesar de tanto azote y tanta cadena, la novela no espeluzna en ningún momento porque a medida que se avanza en su lectura advertimos que no pretende ser la narración de hechos verosímiles tanto como la de las fantasías de la autora: Roissy, una especie de recreación metaliteraria de los castillos de Sade, es un universo al margen de lo real, un extraordinario constructo fantasmagórico que permanece en un tiempo detenido, el ilusorio. Todo en Roissy responde a una estética del simulacro: desde los torturadores anónimos que, cual asistentes a un carnaval, mantienen el rostro perpetuamente enmascarado, hasta los trajes de opereta que llevan los habitantes del castillo. La novela es un cuento, un cuento moral en el que los progresos de O en el ejercicio de la sumisión no son sino el reverso de la dominación a la que se pliega, hasta que O consiga finalmente ejercer el mismo dominio sobre sí misma, al ejercitarse en la insensibilidad al dolor. Una lectura menos entusiasta de la novela advierte que el cuerpo de O, objeto de verdadero culto entre sus verdugos, sustituye progresivamente a la mujer que O era, por metonimia, hasta que en la escena final O ha dejado de ser una persona: «¿Era acaso de piedra o de cera, una criatura de otro mundo…?». Tras este cierre se nos advierte de que «en un último capítulo que fue suprimido, O volvía a Roissy, a donde Sir Stephen la abandonaba. Existe otro final para la historia de O y es que, al darse cuenta de que Sir Stephen va a abandonarla, ella prefiere la muerte. Y él accede».

En la secuela de la historia, la autora ha optado por el primero de los finales posibles. Así que O regresa a Roissy, decidida a someterse a Sir Stephen. Pero, para su sorpresa, su dueño ni siquiera se toma la molestia de aparecer por el castillo, sino que la cede como esclava para que otros hombres dispongan de ella previo pago. Lo más interesante de todo el libro me parece el prefacio de la autora, en el que Pauline Reage, seudónimo de Dominique Aury, explica cómo y por qué se le ocurrió escribir la historia de O, haciendo una interesantísima reflexión sobre el germen de los fantasmas eróticos.

El libro de la almohada (Sei Shonagon)

El libro de la almohada publicado por Alianza editorial (selección y traducción de J. L. Borges y María Kodama) en su colección de libros de bolsillo, es una de las joyas de la literatura japonesa. Escrito por Sei Shonagon, dama de la corte de la emperatriz Sadako en el siglo X, forma parte del florecimiento literario que se debió a las mujeres escritoras del periodo Heian, en una época en la que la escritura a base de ideogramas chinos era patrimonio de los varones.
Las mujeres eligieron expresarse a través de los silabarios hiragana y katana, conformando con sus obras un corpus literario en el que destaca la considerada primera novela psicológica japonesa (La historia de Genji de M. Shikibu) y el mencionado Libro de la almohada, objeto de estas líneas. Estas obras en particular, y , en general las obras de las mujeres escritas en este periodo, son consideradas obras fundacionales de la literatura de Japón , porque corresponden al momento en que la cultura nipona se desgaja de la influencia china, y como tales son estudiadas por los escolares japoneses. Además, por razones evidentes, son textos reivindicados por la critica literaria feminista, que subrayará su acierto al haberse sabido valer y hacerse poseedoras de una escritura ajena al poder. Entonces una imagen acude al pensamiento: garzas de nieve sobre la nieve disimuladas.

El título del libro se corresponde con un género propio un tiempo en el que los cortesanos recogían sus impresiones en una suerte de diarios que luego guardaban en el interior de las almohadas de madera. Y otra imagen acude: vemos a la escritora que reposa
-literalmente- sobre sus pensamientos. Sei Shonagon dormida, el suelo oscuro de madera, los biombos, las telas, una penumbra clara, puede incluso que escuchemos el roce de las telas, el aire meciendo el cerezo, ¿ o son aquellas garzas batiendo las alas?

Porque el texto de Sei Shonagon está repleto de pequeños detalles cristalizados en descripciones sobre las estancias, los jardines y las conversaciones que te permiten “ver” y “oír” la corte en la que vivía. Este libro sobre la vida cotidiana, que podría haberse subtitulado “ el libro de las charlas y las sensaciones”, destaca por la vivacidad, la frescura con que autora pergeña un texto en el que se suceden breves descripciones, listas, opiniones, sentires, anécdotas, historias, recomendaciones y pequeños poemas sin aparente orden alguno. La autora escucha, observa y al repasar los hechos re-escribe las horas de la vida de una cortesana en cercanía de la emperatriz. La descripción es minuciosa pero ligera, cortés siempre, presidida por la norma del agrado, educada y vivaz. Y otra imagen acude a la imaginación: un agua tan lisa como una seda tensa, un agua sin arrugas, un lago lacado, un brillo bellísimo pero negro.

Porque cabe preguntarse por aquello que no cuenta y por qué no lo cuenta. Y entonces acude otra imagen al cerebro: la visión de las aguas revueltas , el limo agitado , los coletazos de los barbos pardos. Y entonces ese empeño en entretenernos, esa amenidad presidida por el buen gusto, esa alegría, esa felicidad, esa deliciosa voz, se vuelven extrañas e inquietantes, como las garzas en danza nupcial sobre la nieve, un enigma.

Pero en la superficie del libro no se presagia ningún desasosiego, sólo muy de vez en cuando leemos acerca del disgusto que le provoca la zafiedad, listas de cosas que le desagradan, mohínes de desprecio por las clases “inferiores”. En esta vida presidida por lo estético, los pasajes se combinan ligeros y rápidos, trazos ágiles que hacen del lector alguien sumamente entretenido y asombrado , especialmente aquél que se interesa por la poesía. La autora es poeta, hija de poeta y educada en el aprendizaje de los versos y las caligrafías. Es admirada en la corte por las composiciones que conoce, el gusto y la destreza de las que hace gala; de igual manera que se la admira, desde el sentir contemporáneo, por esa reivindicación de lo bello para alcanzar la felicidad.

Vemos cómo San Shonagon duerme sobre su almohada de madera. Es esta una caja lacada. En ella una imagen que se agradece: la ligereza y el mimo con que la nieve cae, sobre las garzas, cerca del estanque, junto al cerezo:

Entonces mientras me guiaba a través de los corredores recitó el verso: “ El viajero camina a la pálida luz de la luna”. La cita me colmó de felicidad, tanta en verdad, que Korechika observó riendo:

-Usted se deja emocionar por estas cosa. ¿ No es así ?

-“Sí-pensé- pero cómo no emocionarse cuando alguien recita también”.

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El amante de Lady Chatterley (D. H. Lawrence)

Acercarse en nuestros días a esta novela es una gran decepción, peor no porque la obra sea mala, sino porque quizás su fama nos haga esperar un escándalo que no vamos a encontrar.
Pasan los años, cambian las cotumbres, y lo que fgue una novela absolutamente indecente en su momento hpy no nos parece casi ni atrevida.
No oistante, nos encontramos ante un gran clásico de la literatura erótica inglesa que duramnte muchos años no puudo ser publoicada libremente. 

La novela está ambientada en los primeros años del siglo XX. Lady Chatterley es una joven educada fuera de los tabúes y de la ocultación social de las relaciones imperante en la sociedad en la que vivía. En la universidad ella era libre y experimentaba, junto a su hermana, las infinitas sensaciones e impulsos sexuales.

Cuando su juventud pasa, la vida de Lady Chatterley da un giro y transcurre junto a su marido, paralítico tras la guerra, en un pueblo minero, entre conversaciones y días monótonos. El amor deja paso al respeto y la compresión y desaparece completamente la pasión… hasta que Connie (Lady Chatterley) decide tomar las riendas de su vida de nuevo y dejar de ser simplemente la compañera y enfermera de Sir Clifford.

Ésta novela perseguida por el puritanismo, acusada de escandalosa e inmoral, relata con extremada minuciosidad y rigor las relaciones libres entre hombres y mujeres, sin escatimar en detalles las sensaciones y emociones que van surgiendo entre los amantes.

Pero no fueron estas descripciones detalladas de los actos eróticos lo que revolucionó la crítica y la moral de la sociedad anglosajona del siglo XX sino la trasgresión social, puesto que el amante de Lady Chatterley no pertenece a su clase.

David Herbert aborda temas inusualmente tratados, el de la mezcla de clases y el de la liberación sexual femenina, no es que Lady Chatterley pudiese serle infiel a su marido en el bosque, es que lo hace con un obrero.

La historia nos ayuda a meternos de lleno en la conciencia de aquella sociedad marcada por los tabúes y la moral, sociedad burguesa que cerraba los ojos y se escandalizaba ante las relaciones sexuales y la pasión.

No es de extrañar que la primera semana en que se permitió su publicación la novela vendió más de un millón de ejemplares.

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