Sermón de Bernat Metge

[Sermó feyt per En Bernat Metge]. Breve poema pa­ródico del humanista catalán Bernat Metge (hacia 1350-1412/1414). El poema, escrito en «codolades», es decir, en versos parea­dos, dos de ocho sílabas seguidos de un pie quebrado de cuatro, es una imitación bur­lesca de un sermón religioso. Consta de tres partes. En la primera, Bernat Metge expone el tema de su sermón con un refrán de tipo popular: «Seguesca el temps qui viure vol, / si no, poria’s trobar sol / e menys d’argent», que el Arcipreste de Talavera recordó en su Corbacho (v.): «Siga el tiempo quien vevir quisiere, si non, fallarse ha solo e sin argén», así como los predicadores iniciaban sus sermones con unos versículos de las Sagradas Escrituras.

La segunda parte es una glosa de ese refrán, de la misma manera que los sermo­nes religiosos son una glosa de los versícu­los que se han señalado al principio. En ella, Metge vuelca toda la acidez y escep­ticismo de su alma, su altivez cínica y ma­terialista. Aconseja la adulación, la hipo­cresía y la falta de conciencia si se quiere conseguir una posición en la vida. La amis­tad íntima con el joven esposo, en especial si la esposa es bonita; la separación de la propia mujer, si ésta no llega a satisfacer; etc. En una palabra: el pensamiento que da estructura y sentido a este poema puede reducirse a estos versos, en los que se pre­ludia toda una posición política vigente en el Renacimiento: «Siats de natura d’anguila / en quant farets». La tercera parte es una recapitulación de la doctrina expuesta a lo largo del sermón: «Del bé que en lo món fet haurets / vos penedits; / les malvolences retenits / mentre viscats; / sobre tota res comportáis / los hómens rics / e cells que es fan vostres amics / quan ops vos han». Aun cuando hay que conceder un margen a lo que pueda haber de simple «pose» o de motivo estricto de parodia, lo cierto es que el Sermó viene a ser un perfecto reflejo de una actitud ante la vida: artera y «oportunista, materialista y cínica.

J. Molas

El Señor Leónidas y la Reacción, Ion Lucas Caragiale

[Conu Leonida fatá cu reactiunea]. Farsa rumana en un acto de Ion Lucas Caragiale (1853-1912), representada el primero de fe­brero de 1880. En un modesto dormitorio del «mahalá» (suburbio) de Bucarest, a al­tas horas de la noche, Conu Leónidas, hote­lero sesentón, cuenta a su mujer Efimita, que de vez en cuando le interrumpe con exclamaciones maravilladas, los movimien­tos de febrero de 1866. Sólo por el hecho de haber vivido en aquel tiempo le parece haber tomado parte en los acontecimientos; habla de una carta de Garibaldi, al que considera como un republicano capaz de hacer triunfar toda clase de revoluciones, manifestando extrañas ideas sobre la re­pública, en la que ningún ciudadano tiene que pagar impuestos ni deudas, todo el mundo debe percibir un sueldo mensual igual y magnífico, y paga solamente el Es­tado.

Así conversando, los cónyuges sé acuestan, cuando en el silencio de la noche resuenan tres disparos de arma de fuego; la mujer se despierta asustada y el marido, que busca en el diario una explicación del hecho, al leer la palabra «reacción» es presa de un terror loco al pensar que puede ser asaltado por los reaccionarios; se hace fuerte dentro del cuarto y a duras penas la doméstica logra que le abra para darle la noticia de que los tiros fueron dispara­dos por un borracho. Es una caricatura de la burguesía mediocre, ignorante, pre­suntuosa, formada en Rumania en la se­gunda mitad del siglo pasado, después de la apresurada introducción de las ideas po­líticas y sociales de la Europa occidental, ideas mal comprendidas y peor aplicadas por la insuficiente preparación del país para asimilarlas.

G. Lupi

El Señor Dupont o La joven y su criada, Charles-Paul de Kock

[M. Dupont, ou la jeune filie et sa bonne]. Novela de Charles-Paul de Kock (1794-1871), publicada en 1824. Es la his­toria de un amor contrariado que termina del mejor modo, gracias a la abnegación de una camarera. La hermosa y gentil Eu­genia Mountonnet, hija de un rico nego­ciante parisiense, y el joven empleado Adol­fo Dalmont se declaran ingenuamente su amor recíproco, aprovechándose de la re­lativa libertad que les ofrece una jira cam­pestre; pero son separados inmediatamente por la enérgica madre de la jovencita. Eu­genia baja la cabeza y se casa con el señor Dupont, un rico y estúpido tendero que la adora.

Pero la confidente de su amor, la camarera Jeanneton, sigue a su dueña a la nueva casa y urde una serie de intrigas con las que la joven esposa consigue man­tener alejado a su marido, concediéndole solamente alguna conversación fugaz, has­ta el momento en que ha de marchar a su negocio. Mientras tanto, Adolfo ha tenido gran cantidad de aventuras, que han ter­minado con una herencia que lo ha hecho riquísimo. Eugenia lo ve mientras está cor­tejando sin convicción a otra mujer, con quien espera olvidar su amor insatisfecho. Impulsada por los celos, acude al marido. El desgraciado, impulsado por el deseo, vuela hacia ella y, para no perder tiempo, monta por primera vez en su vida en la grupa de un fogoso caballo; cae y muere, dejando libres a los enamorados para ce­lebrar justas nupcias. La novela está es­crita según la fórmula que valió a la obra del fecundo autor tanto éxito; temas ro­mánticos que alternan con descripciones realistas, a las que algunas veces no falta vivacidad y desenvoltura; cierto tono, en­tre humorista y caricaturesco; alguna esce­na escabrosa y, por fin, una conclusión feliz y moral.

E. C. Valla

El Señor de Pourceaugnac, Moliere

[Mon­sieur de Pourceaugnac]. Comedia en tres actos de Moliere (Jean-Baptiste Poquelin, 1622-1673), representada en Chambord, ante la corte, el 15 de noviembre de 1669. Oronte quiere casar a su hija Julia con el Señor de Pourceaugnac, ridículo abogado de pro­vincias. Ella ama a Erasto, que, ayudado por el fantástico napolitano Sbrigani, urde intrigas contra las proyectadas bodas. Se presenta como antiguo amigo del provin­ciano, lo quiere hospedar en su casa y lo conduce a un médico para que lo cure como si estuviese loco. El desgraciado huye del suplicio de las lavativas, va a ver a Oronte, pero éste ha sido avisado de que el futuro yerno, además de loco, está cargado de deudas. Dos mujeres ostentan derechos so­bre él, trayendo a sus hijos que le llaman «papá». Pourceaugnac está confuso, ensor­decido, desesperado. Para huir de la horca ya preparada (el proceso se hará más tar­de) se disfraza de mujer: reconocido, ha de pagar al oficial de justicia para que no lo arreste. Erasto entrega la hija a Oronte, pues la muchacha dice estar enamorada de Pourceaugnac y quiere huir con él; el pa­dre la da a Erasto, con dote aumentada. Es una de las farsas más gruesas del autor, animada por danzas bufas. Espectáculo rico en color, donde Moliére ríe copiosamente, entre rabelaisiano y aristofanesco, más di­vertido que rico en significado humano.

V. Lugli

Cuando leemos, cuando escuchamos a Mo­liére (y leer a Moliére es escucharlo), per­cibimos la voz de un pueblo que trabaja, sufre, ama, se entretiene y divierte, y per­cibimos dichas voces en las inflexiones pri­vadas, como dispuestas en mágicos archivos de palabras.  (Fernández)

*    La comedia fue puesta en escena con música original de Giambattista Lulli (1632- 1687). Más tarde, en 1793, se prefirió la compuesta por Mengozzi; en 1876 se volvió a la de Lulli, manipulada y libremente in­terpretada por Theodore Weckerlin (1821-1910).

*    Se sacaron de ella dos . óperas homóni­mas de Alberto Franchetti (1860-1942), Mi­lán, 1897, y de Paul Bastide, Estrasburgo, 1921.

El Señor De Pigmalión, Jacinto Grau

Comedia en tres actos y un prólogo del dramaturgo español Jacinto Grau (1877-1958), publica­da en 1921 y estrenada en París en 1923, admirable interpretación del mito de Galatea. Nos introduce el autor en el ambiente teatral de artistas y empresarios.

En el teatro de Aldurcara se espera la llegada de Pigmalión y sus prodigiosos muñecos, que él mismo ha construido y ha logrado darles vida tras grandes esfuerzos. Pigma­lión cuenta al propietario y a los empre­sarios las cualidades de los muñecos, espe­cialmente de Pomponina, de quien él está enamorado. Todos ellos forman una gale­ría de tipos populares españoles «equiva­lentes en todos los países». Con ellos su creador pretendía «crear artificialmente el actor ideal… sumiso al poeta creador», pero se le crecieron en las manos hasta llegar a ser auténticas criaturas «de un barro sen­sible y complicado como el humano». Ellos tienen su vida; no se trata por lo tanto de farsa, sino de una auténtica realidad; • pro­gresan en sus defectos o cualidades y han llegado a odiar a su creador (Prólogo). An­tes de la representación, Pigmalión los muestra a los empresarios y al Duque. De las cajas van saliendo Juan el Tonto (el más tosco y que sólo sabe decir «Cu, cu»), el Capitán Araña, Don Lindo, paje de Pom­ponina, Mingo Revulgo, Periquito Entre Ellas, El Enano de la Venta, Ambrosio el de la Carabina, Bernardo el de la Espada, Tío Paco, Lucas Gómez, Pero Grullo y Pedro de Urdemalas, con sus vestidos chillones y sim­bólicos.

Se establece un curioso diálogo entre personajes y muñecos. Pigmalión muestra después a Pomponina, coqueta y hermosísima, a Marilonda, Dondinela, Corina y Lucinda. El Duque, que se ha enamo­rado de Pomponina, concierta secretamente su rapto con el conserje del teatro (acto I). De noche, y en la escena desierta, van sa­liendo los muñecos de sus cajas. Ellos viven su vida a espaldas de Pigmalión, al margen de las farsas que éste les obliga a representar en los escenarios; Periquito Entre Ellas requiere sucesivamente de amo­res a Corina, Dondinela, Lucinda y Mari­londa; Mingo Revulgo seduce a Pomponina con brillantes y pedrería, mientras Don Lindo, ignorándolo, da una serenata ante su caja con un laúd; Lucas Gómez descubre el secreto de Don Lindo apoderándose de su peluca y quedando éste en evidencia con su cabeza lisa ante los otros muñecos que van saliendo. Se oye ruido en el salón y se esconden precipitadamente. Llegan el Conserje y el Duque, y éste se lleva con­sigo a Pomponina. Deciden entonces los muñecos escaparse. El Capitán Araña los enardece para la empresa y es el único que se queda cuando los demás escapan (acto II). El Duque y Pomponina han te­nido que refugiarse, por avería de coche, en una casa de peones camineros. Pomponina, cansada ya del Duque, consigue encerrarle en una habitación interior.

Llega entretanto Julia, que habiendo tenido noti­cia de la aventura del Duque, andaba persiguiéndole. Llegan también Lucas Gómez, El Enano, Bernardo, Ambrosio, Urdemalas, Don Lindo y Juan el Tonto, perseguidos por Pigmalión; los muñecos socorren a Pomponina y encierran a Julia con el Duque. Al llegar Pigmalión, Urdemalas le dispara con la escopeta y Juan el Tonto le golpea hasta dejarle muerto (acto III). Mezcla de farsa y de tragedia, en El Señor de Pigmalión una amplia concepción intelectual se une a unas dotes excepcionales y a un gran sentido del teatro. Si en algo falla es — como han notado los críticos — en el estilo, por lo cual sus obras ganan al ser traducidas. La que nos ocupa, apenas conocida en Es­paña, ha obtenido un éxito clamoroso en teatros extranjeros. La idea de Pirandello de la independencia del personaje aparece aquí claramente formulada. La doble acción por la que la obra discurre al principio llega a fundirse en el momento culminante de la tragedia. Los muñecos, con sus vir­tudes y defectos, con su manera de vivir y su carácter impuesto por el papel de las farsas, con su rebeldía, son símbolo de los hombres. La comedia cobra así un alto valor alegórico. Grau sabe interpretar ma­ravillosamente el mito y la leyenda, desde la concepción general hasta la incorpora­ción de los personajes tradicionales y lite­rarios como Mingo Revulgo y Pedro de Urdemalas, uniendo a la vez a la novedad un gran sentido de la tradición.

A. Comas

…Jacinto Grau posee el sentido inteligente de los grandes mitos dramáticos y poéticos y sabe reanimarlos con un soplo de vida actual. (A. Valbuena Prat)