La Misa Nueva, Carlo Porta

[La messa noeuva]. Cuento en verso escrito en dialecto milanés por Carlo Porta (1776-1821), una de las más divertidas y francamente boccaccescas de sus Poesías.

Un beato falso y bribón, de profesión sepulturero de la catedral, se levanta una mañana muy temprano para ir a misa. Así lo dice a su mujer, la «sora Peppa», que, contenta de la pie­dad de él, vuelve a dormirse feliz. Pero el bribón ha sido acometido de una mala tentación y se dirige a un burdel. Al lle­gar aquí, después de una descripción, por decirlo así, técnica del ambiente, vemos a nuestro héroe atrapado en la misma juga­da que se había propuesto hacer a la ad­ministración de aquel sitio: porque una moneda falsa que ha entregado es llevada, mientras espera el cambio, a una taberna cercana, donde, examinada por dos gen­darmes, es causa de la detención del bri­bón, que sale muy mohíno entre los es­birros mientras los niños de la doctrina le ven conducir al puesto de policía de Santa Margherita. Pero, impertérrito, el sepultu­rero es dejado en libertad al cabo de dos horas, y la «sora Peppa» tiene el gran con­suelo de verle volver contento y tan cam­pante que «vuelve a misa mayor también con ella».

La sátira desbordada y compleja del beato hipócrita y sensual queda aquí atenuada en narración alegremente ridícula. El mismo metro, libre en sus movimien­tos y en sus estrofas, parece guiado por el deseo de presentar con procedimientos in­esperados un tema tan poco habitual para ser narrado en verso, con la penetración de la verdad psicológica y con la potencia de descripción, que hacen de Porta un gran representante del nuevo «realismo» del siglo XIX.

C. Cordié

Misantropía y Arrepentimiento, August von Kotzebue

 [Menschenhass und Reue]. Comedia en cuatro actos de August von Kotzebue (1761-1819), estrenada en Berlín en 1789. Aplaudida en París en plena Revolución en 1792, fue recogida por Gérard de Nerval, que la tradujo, modificándola, en 1855 y le abrió un nuevo camino hacia los escenarios europeos en 1862.

La baro­nesa Eulalia Meinau traicionó antaño a su marido con el preceptor de sus hijos; aquel único error, cometido en un momento de aberración, destrozó el alma de Eulalia que, sintiéndose indigna de su marido, aban­donó la casa y se fue como institutriz, bajo el nombre de señora Mueller, al cas­tillo del conde de Wintersee, donde lleva una vida ejemplar y caritativa. Su marido, el barón Meinau, después de la traición y desaparición de su mujer, se ha aislado de sus semejantes y vive cerca de la quinta del conde de Wintersee, sin sospechar la proximidad de Eulalia y buscando en obras de caridad el consuelo a sus penas. La. presencia del conde Walcker, hermano de la condesa de Wintersee, que reconoce al barón Meinau, después que éste le salvó la vida, provoca el encuentro de ambos cónyuges y lleva a una escena donde el perdón es generosamente concedido y hu­mildemente recibido, produciéndose la re­conciliación y la felicidad de todos. La comedia, pese a los muchos defectos del diálogo y de la construcción, tuvo un éxi­to inmenso. Kotzebue había sabido conmo­ver al público, que quedó satisfecho viendo por primera vez rehabilitada en escena a la mujer adúltera.

Kotzebue tiene el mé­rito de haberse enfrentado por primera vez, aunque con escaso sentido psicológico, a esta situación profundamente humana. La crítica condenó su simplicidad teatral: Goe­the y Schiller no le escatiman los sarcas­mos. Schlegel, en Athenaeum (v.), juzga despiadadamente: «La vulgaridad moral de Misantropía y arrepentimiento sólo puede conmover a las colegialas».

G. F. Ajroldi

Es un desgraciado producto a la manera lacrimosa de Iffland, pero sin una chispa del ingenio de Iffland. (Korner)

Los Milagros del Desprecio, Lope Félix de Vega Carpió

Co­media en tres actos y en verso, de Lope Félix de Vega Carpió (1562-1635), escrita entre 1618 y 1621, publicada en la par­te XXVII del teatro de Lope, en Barcelona, en 1633. Es una de las más briosas y mo­vidas comedias de carácter del gran poeta español.

Doña Juana de la Cerda, como la princesa Laura de la Vengadora de las mujeres (v.) del mismo Lope, es una en­carnizada enemiga teórica del sexo fuerte, y don Pedro Girón, que desde hace años está loco por ella, es su lastimosa víctima. Un antiguo mozo del infeliz enamorado, Hernán, regresa de Flandes, donde ha lu­chado durante muchos años, y, al encon­trar a su dueño todavía entregado a sus antiguos sufrimientos, con gran decisión se dispone a curarlo. El desdén sólo puede cu­rarse con el desdén, piensa el recién lle­gado, y con energía militar lleva a efecto una serie de contraofensivas que al final hacen humilde a la bella desdeñosa. Her­nán es el «gracioso» de la comedia, pero Lope le ha dado un papel tan importante que acaba por perder la grotesca convencionalidad del tipo y llega a convertirse en un verdadero personaje, una especie de Fígaro (v.) de las tres famosas comedias de Beaumarchais.

Del contraste entre la resolución y absoluta falta de escrúpulos de Hernán y las caballerescas vacilaciones de don Pedro, que se niega a representar el papel que su servidor le asigna, nace un juego psicológico que convierte en una pe­queña obra maestra lo que sería una farsa de intriga. Pasamos a través de constantes contrastes de tono y de sentimiento, pero todos difuminados y fugaces. En ellos des­cubrimos la sonrisa inteligente de un es­píritu superior hecho de benévola indul­gencia y emoción. Junto a la Vengadora de las mujeres, Los milagros del desprecio constituye la fuente específica de la afor­tunada comedia El desdén con el desdén y.) de Agustín Moreto.

A. R. Ferrarin

Mi Hijo en la Galera, Jacob Wallenberg

[Min son pa galejan]. Relato humorístico del sueco Jacob Wallenberg (1746-1778), compuesto durante su primer viaje a las Indias Orienta­les, en los años 1769-71 e impreso, póstumo, en 1781.

Narra las aventuras ocurridas al joven Jacob, embarcado en una galera, du­rante un viaje a China que duró ocho meses entre innumerables contrariedades y peli­gros. Los marineros, después de haber pa­sado los días anteriores a la partida en continuas francachelas ofrecidas por los amigos o lloriqueando junto a la novia, zar­pan por fin; pero muy pronto, cerca de las costas de Escocia, son azotados por una tor­menta espantosa. Salvados por milagro, pro­siguen el viaje y, en las costas de África, encuentran a los piratas. Las mentes de los jóvenes sueñan ya en empresas aventureras y princesas libertadas, pero la realidad se les presenta mucho menos romántica y se reduce a algunos disparos. La vida a bordo está descrita con todos sus detalles: la co­mida abundante y siempre bien recibida, la señal de la distribución del aguardiente, apreciado como lo mejor del mundo, la distribución del ponche. Después de haber des­embarcado en Java, armados y dispuestos a defenderse de tigres y serpientes, llegan finalmente a Cantón, pero aún no encuen­tran la tranquilidad, porque de los dieci­ocho navíos, anclados parte una serie de salvas de disparos que envuelven el puerto en negras nubes de humo.

El libro, entre­mezclado de pasajes y consideraciones pa­trióticos y moralizadores y adornado con reminiscencias clásicas, disfrutó durante largo tiempo, en Suecia, de cierta popula­ridad.

A. Ahnfelt

La Metromanía, Alexis Pirón

[La métromanie]. Comedia en cinco actos de Alexis Pirón (1689-1773), estrenada en 1738. Es un conjunto de episodios en torno a la manía de poetizar, cuya aventura principal es la broma de que es víctima el joven poeta Damis, llamado artísticamente «el señor de l’Empirée». Por medio del «Mercure de France» mantiene durante largo tiempo una activa correspondencia con una poetisa pro­vinciana, Mériadec de Kersic, a la que ha jurado fe eterna. Sólo al fin de la comedia se descubre que la supuesta musa bretona es nada menos que el cincuentón señor de Francoleu. Es notable una discusión entre Damis y su tío Baliveau, que representa el sentido común práctico y quiere persuadir al joven a que encuentre un oficio capaz de mantenerlo. Damis se rebela indignado llega incluso a rechazar a una rica novia que le ofrecen, por guardar su palabra a la lejana poetisa. Es la eterna lucha de la realidad contra el ideal, vista por su lado burlesco: de hecho, el autor tuvo que sos­tenerla con su padre.

La comedia fue durante mucho tiempo considerada como una de las obras maestras del teatro francés después de Molière; pero el desarrollo es lento y desordenado, y el estilo más bien pobre.

G. Alloisio