El Admirable Crichton, James Matthew Barrie

[The admirable Crichton]. Comedia en cuatro ac­tos de James Matthew Barrie (1860-1937), novelista y dramaturgo escocés autor de Peter Pan (v.), que fue representada en 1903. El conde de Loam, rico y extrava­gante señor que en homenaje a ciertas va­gas ideas de igualdad se complace organi­zando recepciones en honor de sus criados y de las mujeres de la cocina, sale de viaje con sus tres hijas, dos nietos y el impeca­ble mayordomo Crichton; pero el buque naufraga y toda la comitiva es arrojada a una isla desierta. En la salvaje soledad no sólo se desvanecen forzosamente los privi­legios de casta que el conde pretendía re­solver con las recepciones, y tiene lugar un total cambio de los cuadros sociales. Cara a cara con las exigencias más elemen­tales, y con las más varias insidias de la naturaleza, el jefe y el dueño es el hom­bre que, por su valor, por su fuerza y por su habilidad consigue resolver de la mane­ra mejor los problemas de la vida. En el tercer acto, en efecto, vemos a Crichton transformado en jefe de la pequeña comu­nidad y soberano de la isla, mientras que sus antiguos dueños son ahora sus devo­tos servidores. Ha nacido una nueva so­ciedad, una nueva jerarquía sobre la base de los valores auténticos, no de los ficti­cios, impuestos por la tradición. Pero he aquí que un buque de la Armada llega a salvar a los náufragos. Aún antes de subir a bordo, ellos se reintegran apresurada­mente a sus respectivas posiciones sociales. Más tarde, en la rica casa de Londres, el conde de Loam vuelve a sus antiguas cos­tumbres civiles y mundanas y una de sus hijas, que en la isla había asumido la po­ición de esclava preferida del jefe, vuel­ve a los brazos de su antiguo novio. Agra­dable comedia con el indefectible propósi­to de caricatura más que de sátira social, que no falta casi nunca en el teatro inglés.

M. L. Astaldi

Admira, Giacinto Andrea Cicognini

Tragicomedia en cinco actos de Giacinto Andrea Cicognini (1606-1660). Entre las muchas obras con las cuales Cicognini se dedicó a introducir en Italia mo­dalidades y asuntos del teatro español, es una de las más importantes. Admira, hija del rey de Noruega, Indamoro, afligida por un insaciable y monstruoso amor a una es­tatua, desprecia el amor de Enrico, prín­cipe de Suecia, quien ha abandonado por ella a su mujer Dionisia. También un jar­dinero danés, Perideo, ama a la princesa y, al descubrir su secreto, piensa en usar de él: finge que la estatua se ha convertido mágicamente en carne y, en el lugar de aquélla, pasa él mismo la noche con la princesa. Entre tanto la mujer abandona­da, Dionisia. que ha llegado disfrazada de hombre en busca de su marido, ha sido tam­bién aceptada, con el nombre de Laureano, como jardinero. Perideo le ha confiado su amor y el engaño que iba a urdir y ella, a su vez, consigue recibir en su lecho a su marido Enrico, que cree ser recibido por Admira. Después de varios enredos, a con­secuencia de los cuales se acusa a Admira de haberse entregado al príncipe sueco y a los dos jardineros, todo se aclara: Perideo resulta ser, no un villano, sino el hijo del rey de Dinamarca, y así se casa con Admi­ra; Enrico y Dionisia hacen las paces. Mu­chas formas e intenciones, provenientes de experiencias diversas, desde la Comedia del Arte hasta el teatro español, se combinan en un juego de teatralidad ingeniosa tan afortunada como superficial.

U. Dettore

Los Adelfos, Terencio

[Adelphoe: Los dos her­manos]. última de las seis comedias de Terencio (1859-159 a. de C.), escrita y re­presentada en 160 a. de C. Dos parejas de hermanos, una de viejos, Mición y Demea, y una de jóvenes, Esquino y Ctesifón, ofre­cen ejemplos de lo que pueden influir en el ánimo del hombre el temperamento per­sonal y la educación social. De los dos hi­jos de Demea, Mición ha adoptado a su sobrino Esquino y le ha educado con la más generosa liberalidad, «a la moderna», mientras Ctesifón, que ha permanecido con su padre en el campo, ha sido educado «a la antigua». El contraste entre ambas for­mas de educación se produce desde el prin­cipio porque la comedia comienza con un escándalo promovido por Esquino, que ha entrado en casa del alcahuete Sanión, rap­tando a la bella Baquis. Este es, pues, el resultado de la educación «a la moderna» dada por Mición a su hijo adoptivo. Pero este rapto no es más que una muestra del amor fraternal de Esquino por Ctesifón.

Este es el enamorado de Baquis y no Esquino que, por el contrario, alimenta un amor sin­cero por una muchacha libre, con quien querría casarse aunque ella no tiene dote: Pánfila. Ésta, que está esperando ser madre y vive sólo por el amor de Esquino, recibe la noticia del rapto de Baquis con indecible dolor. Todos sus sueños de matrimonio, al que Mición no se opondría después del na­cimiento del niño, se desvanecen para la pobre Pánfila que no sabe de quién es amante Baquis. Un amigo de la familia, Egión, se interesa por la situación lastimo­sa de la joven, y está decidido a recurrir a la ley para hacer valer los derechos de la muchacha encinta. Egión es amigo de Demea, y éste, al saber la nueva bribonada de su hijo educado a la moderna, va en busca de Mición para decidir de común acuerdo lo que debe hacerse. Pero todo se aclara; Mición se ha enterado del verda­dero objeto del rapto y por ello da su con­sentimiento a que Esquino se case con Pán­fila. Mucho más difícil será aclarar a los ojos de Demea el escándalo de Ctesifón enamorado de Baquis. El anciano ha creído siempre que ese muchacho, crecido en el campo y ajeno a los halagos y corrupción de la ciudad, era un muchacho ejemplar; pero todo se revela cuando al entrar de pronto en su casa, encuentra a su hijo en dulce coloquio y magnífico banquete con su amante. Es el derrumbamiento de todo su sistema educativo, y la victoria del mé­todo liberal y moderno, que ha seguido su hermano.

Para no ser menos que él, en lu­gar de reprender y castigar a su hijos, se convence de repente de la bondad de las ideas educativas de su hermano: facilita el casamiento de Pánfila con Esquino, ob­tiene la libertad de los esclavos que han tomado parte en la intriga. Concede a Cte­sifón que compre a Baquis y se la lleve a casa como concubina. El modelo de esta obra es de Menandro, pero el arreglo de la obra original debe haber sido muy libre, hasta el punto de que se hallan incon­gruencias y discontinuidades que en el ori­ginal no debían de existir. Es significativo que, en esta su última comedia, Terencio haya llevado a su punto culminante lo que había sido siempre tema fundamental de su teatro; las relaciones entre los hijos y los padres, que se resuelve en el conflicto entre las exigencias de una generación nueva y la experiencia de la antigua. Aquí la tesis se hace a veces explícita y el diá­logo se aproxima entonces a la forma de conversación filosófica tan grata a la anti­güedad, desde Platón a Cicerón. Por esto la estructura de la comedia está realizada con particular cuidado del equilibrio entre los diversos elementos; y los motivos bufones­cos, más numerosos que en otras comedias de Terencio, parecen querer reanimar la lentitud de algunas escenas.

Pero aun pre­sentado en forma de tesis, el problema no interesa al autor tanto por sí mismo como por los aspectos dramáticos que derivan de él; a Terencio no le preocupa estable­cer cuál puede ser el mejor de los dos di­versos métodos de educación, ni si corres­ponden a la juventud o a la madurez los derechos de dirigir una vida. En la rápida conversión de Demea a los nuevos siste­mas, hay la misma ironía que sonríe ante la perplejidad de Mición cuando cree que su extremada liberalidad ha impulsado a su hijo a sus excesos: en realidad, entre jó­venes y viejos no hay comprensión posible; y los sistemas educativos cualesquiera que sean, no consiguen nunca tener sujeta la generación que crece a la que se extingue. El contraste entre la preocupación de De­mea y Mición con la instintiva independen­cia, de los dos jóvenes, es el verdadero motivo que anima la comedia. En fin de cuentas los dos viejos hermanos quedarán igualmente alejados y excluidos de la fe­licidad que han concedido y se sentirán igualmente solos. [Trad. española clásica de Pedro Simón Abril en Las seis comedias de Terencio (Zaragoza, 1577), con numero­sas reimpresiones. Refundición moderna del texto de Simón Abril, por D. V. Fernán­dez Llera (Madrid, 1890).]

F. Della Corte

También tú, Menandro a medias, te has colocado justamente entre los primeros por tu amor a la pureza del lenguaje. Ojalá que a la dulzura de los escritos uniérase la fuerza, para que tu talento cómico igualara al de los griegos, en vez de quedar sin glo­ria en este punto. Eso, Terencio, deploro y duélome que te falte. (Julio César)

Acidalia, Dario Niccodemi

Comedia en tres actos de Dario Niccodemi (1874-1934), estrenada el 14 de marzo de 1919. El nombre deriva de un calificativo que atribuye a Venus el pri­vilegio de «diosa de la inquietud»; según el protagonista, Filippo Carmi, dicho atribu­to conviene a todas las mujeres, por su co­mún infidelidad. Pero, como si lo hiciesen adrede, tanto su mujer como sus amantes le han sido siempre desesperadamente fie­les, y él, «coleccionista de vibraciones psí­quicas», está obligado a ignorar la que pro­viene de la infidelidad femenina. Un amigo suyo, Tito Rosso, harto de una amiga inconstante por demás, Bice, le propone que la tome para vivir así la experiencia de­seada; pero todo sale al revés: Bice se con­vierte de repente en una mujer de cos­tumbres severísimas, de una fidelidad inco­rruptible. Mas luego, debido a una serie de incidentes cómicos, el tercer acto coloca a Filippo ante las mujeres que le pertene­cieron; proporcionándole la alegría, exce­siva, de descubrir que todas le traiciona­ron habitual y abundantemente, empezando por su mujer, que lo hizo por timidez. La comedia, escrita para la comicidad dinámica de un actor — Gandusio —*, tuvo un éxito poco duradero debido a su carácter arti­ficioso, no suficientemente desarrollado en relación a la extravagancia de los supues­tos, de modo que el resultado, si bien có­mico, suena a superficial y frívolo, sin con­seguir el tono fuerte, premeditado, pero no alcanzado, de lo «grotesco».

M. Ferrigni

El Acero de Madrid, Lope Félix de Vega Carpió

Comedia de Lope Félix de Vega Carpió (1562-1635), es­crita en 1603. Tiene tres actos y es en ver­so, perteneciendo a la categoría de las «co­medias de enredo». Belisa está enamorada de Lisandro; pero no le bastan los encuen­tros fugaces en la calle y en la iglesia. Para evitar la vigilancia de la tía Teodora, una beata intransigente que la acompaña, Beli­sa pone en acción cierto proyecto, luego de haber advertido a Lisandro para que coopere. El astuto Beltrán, criado de Li­sandro, se finge médico y la visita, llevan­do consigo, como asistente, a su señor. Le receta que beba cada mañana «agua de acero» (el agua ferruginosa de una fuente madrileña), y que dé largos paseos. Mien­tras tanto Riselo, amigo de Lisandro, se encarga de distraer a Teodora con ardientes declaraciones de amor. Ella cede a las dul­ces lisonjas, olvida sus santos preceptos mo­rales y se hace cómplice de Belisa, aconsejándola hipócritamente cuando se entera de su caída fatal. La comedia no presenta ca­racteres. Se basa en una comicidad de si­tuación que se complica con los celos de Marcela, amante de Riselo, y con las pre­ocupaciones de Leonora enamorada de Bel­trán. Se inspiró en esta comedia, con ob­servación atenta del corazón humano, Mo­liere en el Médico a la fuerza (v.) y en la Escuela de las mujeres (v.).