Retazo, Dario Niccodemi

[Scampolo], Comedia en tres actos de Darío Niccodemi (1874-1934), es­trenada en 1916 y publicada el mismo año en Milán. El autor tuvo presente el Pigmalión (v.) de Shaw; pero lejos de querer des­concertar al público, se complace, con su acostumbrada pericia, en dosificarle aquel punto de picante que pueda divertirlo sin turbarlo demasiado.

Y la sutil comedia tuvo tanto éxito que después fue musicada por Camussi y refundida en forma de novela por el propio Niccodemi: Il romanzo di Scampolo. La protagonista es una extraña muchacha, lirio salvaje, pero cándido, cre­cido entre el fango, que aúna la más in­tempestiva y desconcertante sinceridad de lenguaje con la honestidad y la bondad más conmovedoras. Ni mujer ni muchacha, la llaman Retazo, como el último trozo de una pieza de tela «que no basta para hacerse un vestido, pero que es demasiado para una blusa». Acogida en una casa de «personas civilizadas» que tratan de educarla, después de haberla fastidiado todas ellas y escandalizado más o menos, llega a la conclusión de que todo el mal del mundo se concentra en la casa, en esta institución que ella había ignorado hasta entonces. «Por la calle las personas no son malas por­que todo el mundo las vería».

Es preciso añadir, en disculpa de Retazo, que en la casa donde ha venido a caer, el dueño, Tito, convive con una amante vulgar y ca­prichosa de la que no sabe liberarse, y se deja, al mismo tiempo, seducir por la mu­jer de su amigo más querido, en tanto que este querido amigo trata de adueñarse de las gracias de Retazo. Pero, por fin, la bondad que Tito ha tenido siempre por la pequeña salvaje vence todas las aspere­zas, reconciliándola incluso con el abece­dario. Y Tito, partiendo para Libia, adonde le llama su trabajo, despide, con ternura que no es sólo paterna, a una nueva cria­tura que lo esperará fielmente en su casa.

E. C. Valla

Mudarse Por Mejorarse, Juan Ruiz de Alarcón

Comedia de carácter y de enredo de Juan Ruiz de Alarcón (15819-1639), publicada en la Par­te primera de sus comedias (1628), aunque ya había sido representada antes de enero de 1621. Sin contarse entre las mejores de este autor, es con todo una obra de feliz ejecución y estilo en la que Ruiz de Alar­cón sabe trazar magistralmente el ambiente urbano y mover en él sus personajes con desenvoltura. Se trata en esta comedia de los enredos amorosos de un caballero que pretende casarse con una viuda y que lue­go cambia de parecer ante las gracias de una sobrina de aquélla; ésta deja plantado al caballero por un marqués, nuevo preten­diente que le ofrece un partido más ven­tajoso, y aquél vuelve a su antigua dama, que no enterada de sus veleidades amorosas le acoge favorablemente. La obra ofrece un fondo moral e indudables valores ar­tísticos; pero su interés radica sobre todo en su poderosa fibra dramática; una vez más, Alarcón demuestra ser un artista de lo cómico y un hábil pintor de caracteres; véase a título de ejemplo la siguiente com­paración que le permite retratar a la mu­jer hermosa, pero necia: «Una bien formada flor / que de lejos vista agrada / y cerca no vale nada / porque le falta el olor».

El Muchacho, Ludovico Dolce

[Il ragazzo]. Comedia en cinco actos de Ludovico Dolce (1508- 1568), publicada en 1541. Es la primera co­media del escritor veneciano, y si por un lado se resiente de la influencia del Aretino, especialmente por la manera de tra­tar a los personajes, por otro deriva de la Casina (v.) y de los Meneemos (v.), de Plauto.

El viejo señor César se enamora de la joven Livia, en competencia con su hijo Flavinio; pero cuando cree estar a punto de realizar sus deseos, se encuentra con un muchacho, Joaquín, que ha susti­tuido a la joven. Por el contrario, Flaminio consigue su intento, mientras Camila, hija de César, se fuga con su amante, el espa­ñol Carlos, y la criada Catalina escapa a su vez con todos los objetos de plata. Cé­sar se halla al borde de la desesperación, pero en definitiva todo se arregla: el mu­chacho resulta ser el hermano de Livia; Catalina vuelve con lo sustraído y el pícaro Ciacco, que ha urdido todo este em­brollo, recogerá las sobras en el festín de la doble boda. Al recoger antiguos motivos, ya utilizados, por otra parte, en el teatro del Renacimiento (v. la Clicia, de Maquia- velo), consigue, sin embargo, Dolce montar una obra nueva construyendo una comedia de ingeniosos amores, al estilo del Aretino. Asimismo son evitados los lugares comu­nes: el español no es el mero charlatán, sino un enamorado ardiente e impulsivo, y el Pedante (v.), que igualmente aparece, tiene una originalidad bufonesca. No carece de cierto interés el tipo del criado Valerio, que en vez de estafar al dueño, según cos­tumbre, se preocupa de atender a su moral.

U. Déttore

La Moza del Cántaro, Félix Lope de Vega Carpió

Comedia en tres jornadas del gran autor español Félix Lope de Vega Carpió (1562-1635). Pertenece al grupo de comedias de enredo, y apa­reció en dos impresiones coetáneas en 1646 en Madrid y Valencia. Entre los dos textos existen grandes diferencias, lo que hace suponer que se trata de dos -refundiciones y que ninguna de las dos es fiel al ori­ginal. En 1803 fue también impresa coetá­neamente en Madrid y Valencia una refun­dición en cinco actos acomodada al gusto neoclásico que alcanzó gran éxito. La in­clusión de un soneto que no se justifica de­masiado en el plan de la obra, alusivo al desembarco de una escuadra inglesa en Cá­diz en 1625, ha hecho suponer que fue es­crito en este mismo año. Además el núme­ro de comedias escritas que menciona al final de la obra coincide, según se ha calculado, con el que tenía escritas en este año. Una noble dama que ha ma­tado al ofensor de su padre, para evitar el castigo de la justicia huye a Madrid y se transforma en «moza de cántaro». Al de­clarar su condición, un noble caballero, ya enamorado de ella cuando era «moza de cántaro», casa con ella. Esta situación sen­timental recuerda La ilustre fregona (v.) de Cervantes. La edición que siguiendo el texto de Hartzenbusch ha hecho M. Stathers, no merece ninguna confianza.

Remedios de Amor, Publio Ovidio Nasón

[Remedia amoris]. Palinodia, resuelta con fina ironía, de lo que Publio Ovidio Nasón (43 a. de C.-18 d. de C.) había expuesto en el Arte amatoria (v.).

Junto a buenos y sabios consejos abundan otros maliciosos, libertinos y burlescos; en verdad, el lenguaje erótico no se muestra pulido. Son frecuentes los ejemplos míticos y las alusiones a personajes de las Heroidas (v.); aletea en el poema una ironía tenue y graciosa sobre estos semidivinos amores que Ovidio ridiculiza, cuando se refiere a la ceguera de todos los enamorados que a fuerza de fantasía embellecen incluso los defectos de sus amantes, y llaman Juno a la mujer obesa, o miniatura a la enana. Una buena medicina para los enamorados consiste en pensar en ciertas realidades na­turales de las cuales no se hallan exentas ni las más bellas mujeres, o de exagerar en sus propios pensamientos ciertos defec­tos y aun representarse en un desagradable aspecto aquellos caracteres que no consti­tuyen verdaderamente defectos.

Tan sólo un hombre de buena sociedad que había convertido en juego el amor y la poesía, podía escribir con tanta indiferencia sobre un tema tan dramáticamente humano.

F. Della Corta