La Ceituníada, Mcrtich Bescigdaschlian

[Zeytunzi Aghcik]. Poema épico armenio de Mcrtich Bescigdaschlian (1829-1866). Con este canto guerrero claramente inspirado en los motivos de la poesía del Resurgimiento italiano, Bescig­daschlian ha querido lograr dos fines: in­yectar en la nueva literatura armenia un género épico libre de clasicismo redundan­te, del que el típico ejemplo es Hayk el héroe (v.) de Bagratuni, y despertar la con­ciencia nacional de sus compatriotas, tratan­do de sacudir con elementos sentimentales la sensibilidad que debía responder a la lla­mada. En la Ceituníada, Bescigdaschlian canta la sublevación de un pequeño núcleo de montañeses armenios de Ceytun, un po­blado arracimado junto a las rocas, que des­de milenios ha regado con su sangre el te­rritorio nacional contra la opresión turca. La principal figura es una muchacha, sím­bolo de la conciencia renaciente de la na­ción, que, en un momento crucial de la vida de los que ama, agarra el fusil y com­bate junto a ellos para darles ejemplo y alentarles. Hay en este poema tal claridad y tan íntimo candor que superan al Roman­ticismo del que, sin embargo, toma los mo­tivos: el sentimiento no se trastorna por el completo desorden, todo impulso y rápidas decaídas, propio de la espiritualidad ro­mántica, sino que corre en cristalina vena en lo íntimo de la naturaleza con simplicísima sencillez. Ágilmente Bescigdaschlian pasa de las actitudes elegiacas a las épico- simbólicas y a las contemplativas; cuando a veces aflora el sentimiento irredentista, lleva una nota de amargura, pero nunca esta nota se convierte en pesimismo, pues está supe­rada por una concepción heroica y guerrera de la vida, derivada del carácter popular de la nación.

A. Piloian

La Burla de Büccari, Gabriele d’Annunzio

[La beffa di Büccari], Publicada en 1918 en forma de libro de apuntes, es el relato que hace Gabriele d’Annunzio (1863-1938) de la le­gendaria empresa, en la que él participó como voluntario, de tres torpederos ita­lianos que penetraron para llevar la ofen­siva al puerto austríaco de Büccari, la noche del 10 al 11 de febrero de 1918. Mejor que en los contemporáneos discursos guerreros Por la Italia más grande (v.) y El Desquite (v.) la ficción del diario permite que el estilo se conserve claro y sencillo como en las Chisvas del mallo (v.) resolviendo en mera anotación de los hechos la embriaguez del riesgo, que vuelve a ser inspiradora de las breves páginas. Explíci­tamente se habla aquí, en efecto, del «en­canto» del riesgo; algo que, luego, deja el alma triste «como después de la volup­tuosidad»; un rapto indecible «como la tre­gua de la poesía». Así pues, una vez más, como en los discursos, el tema guerrero se adapta al estremecimiento de las Chis­pas; con similar y aún mayor felicidad de paisajes, relámpagos que aparecen y des­aparecen de los semblantes humanos, le­ves imágenes (como cuando las botellas con el cartel de desafío son lanzadas al mar) donde la burla no supera a la inventiva.

Hay que excusarle por lo tanto, si incluso la seca absorción de la retórica es retórica también: la de la complaciente contempla­ción de sí mismo en la ruda conducta; hay que excusar la repetida exaltación de ir realizando figuras de su propia poesía, la enumeración metódicamente lisonjera de los compañeros de aventura, los marginales contagios de sentimiento guerrero y de lenguaje místico. Continúa el diario (ade­más de citar algunos documentos referen­tes a la empresa) con «La canción del Quarnaro» [«La canzone del Quarnaro»], en la que reaparecen, con ficticia popularidad de lenguaje y de ritmo, la misma embria­guez absorbente, el mismo amor del pai­saje, la misma oratoria y retórica. Sin em­bargo dentro de dichos límites no le falta segura eficacia. Más tarde será recopilada en los Cantos de la guerra latina (v.); ade­más, junto con el diario de Búccari, en la edición de 1932 de Por la Italia más grande.

E. De Michelis

Batalla Allende El Don

[Zadonséina]. Poema épico ruso anónimo, del que se conservan una primera versión de fines del siglo XV y otras de los siglos XVI y XVII. Se refiere a la famosa batalla entre los ru­sos y los tártaros en el campo de Kulikovo en 1380, ganada por el príncipe moscovita Dimitrij Ivanovic contra el Khan Mamaj. La Zadonscina ofrece en el contenido y en la forma tan numerosas y evidentes analo­gías con el antiguo Canto de Igor (v.) que ha sido considerada siempre como un pla­gio desde el punto de vista artístico. El poe­ma empieza con una invocación introducto­ra. El autor quiere «alegrar a la tierra rusa» rendir loor y gloria al príncipe Di­mitrij Ivanovic. Sigue la descripción de la campaña. El momento inicial no es favora­ble a los rusos y la naturaleza profetiza desgracia. Pero después de una lucha terri­ble en la que muchos caen «por la tierra rusa», gracias a la intervención de las tro­pas de reserva, la batalla es ganada por los rusos. Los tártaros espantados huyen por todas partes mientras toda Rusia exulta de alegría por la victoria. Él momento más conseguido de la composición es la escena en la cual, acabada la batalla, el príncipe, en mitad del campo sembrado de cadáveres de cristianos, junto al río Don, cuyas aguas están rojas de sangre, llama a los muertos por sus nombres y, al fin de la larga enu­meración, dirige a los compañeros pala­bras de saludo y glorifica a Dios. Reciente­mente un eslavista francés, Mazon, vol­viendo a examinar los dos poemas, El can­to de Igor y la Zadonscina, ha llegado a la conclusión que el Canto de Igor es verda­deramente una composición de fines del siglo XVIII, elaborado sobre versiones más recientes de la Zadonscina; pero su opi­nión es combatida por la crítica rusa.

E. Lo Gatto

La Austríada, Jerónimo Corte-Real

Poema épico en quin­ce cantos endecasílabos, compuesto por el portugués Jerónimo Corte-Real (hacia 1533- 1588), publicado en Lisboa en 1578, bajo el pomposo título de Felicísima victoria con­cedida del cielo al señor Don Juan de Aus­tria en el golfo de Lepanto, de la poderosa armada otomana. Escrito en castellano y dedicado a Felipe II, tiene por tema la ba­talla de Lepanto y canta la celebración del valor cristiano e ibérico contra el turco infiel El héroe es Don Juan de Austria, hermano del rey, quien nombrado Jefe de la Liga Cristiana, llevó la armada a la vic­toria. Con una intención notoriamente corte­sana, el poema es fiel a la realidad histó­rica y, a pesar de su diestra retórica, que sigue el ejemplo insigne de los Lusíadas (v.) de Camóes, y de la variedad de los episodios, enriquecidos con el usual reper­torio épico mitológico, la obra tiene tal tono de crónica, que sólo episódicamente recuerda la fuerza descriptiva e imaginati­va de su gran modelo, del que inmerecida­mente, para los contemporáneos, Corte-Real estaba llamado a ser el continuador.

*    El gran acontecimiento histórico inspiró también el poema homónimo, La Austríada, en veinticuatro cantos, al español Juan Rufo Gutiérrez Jurado de Córdoba (1547?- después del 1620), publicado en Madrid, en 1584. Los cinco primeros cantos recuer­dan la rebelión de los moriscos granadinos en el tiempo que va desde la conjuración del Albaicín hasta la muerte de Abenabó, el sucesor de Aben-Humeya. La revuelta estalló la noche de Pascua (1530), y mu­chos cristianos fueron torturados. En auxi­lio de los capitanes españoles, marqués de Mondéjar y marqués de los Vélez, Feli­pe II mandó a sofocarla a don Juan de Aus­tria, cuyo nacimiento se narra, así como los años juveniles. Don Juan corrió desde Nápoles con su ejército y derrotó a Aben Humeya, que fue asesinado por los moris­cos, proclamando en su lugar a Abenabó. Pero don Juan avanzó sobre Baza y aunque hasta los montañeses de Ronda se sumaron a la revuelta, los moriscos mataron también a Abenabó y se rindieron. Don Juan, tornó a Nápoles, donde fue investido del mando supremo de la Liga formada por Pío V contra los turcos. La armada cristiana de Mesina se hizo a la vela para Corfú.

El demonio sembró la discordia en la tropa, pero don Juan restableció el orden dirigiéndose al encuentro de la flota de Alí Bajá: cuando las armadas se avistaron, el viento, que era favorable a los infieles, cambió mi­lagrosamente y la batalla fue un triunfo para los cristianos, quienes, aunque perdie­ron muchos buenos capitanes, hicieron pri­sionero al propio Alí Bajá con sus hijos y destruyeron la potencia turca. La Austriada obtuvo un gran éxito, testimoniado por las dos ediciones sucesivas (Toledo, 1585; Alca­lá, 1586) y los sonetos laudatorios de Lupercio Leonardo de Argensola, de Cervan­tes e incluso de Góngora. Pero más que por los méritos poéticos de la obra, el in­terés de los contemporáneos fue suscitado por el gran acontecimiento histórico. A pesar de la fluidez y la facilidad de la ver­sificación, .. sigue la obra un orden cronoló­gico que dispone la materia más en el pla­no histórico que en el poético. De este modo, la unidad externa histórica sustituye a la unidad poética y la fantasía y la in­vención quedan reducidas a meros acciden­tes. Sus muchos puntos de contacto con la Historia de la Guerra de Granada (v.) de Hurtado de Mendoza, han demostrado que la primera parte del poema es una traduc­ción en verso de la crónica histórica.

C. Capasso

Aspromonte

[Aspremont]. Cantar de gesta del siglo XIII en series monorrimas de versos decasílabos. Agolante, rey de África, impone a Carlomagno (v.) que se convierta a la fe pagana y se le someta. Ante la negativa del emperador, el hijo de Agolante, Almonte, invade Italia, Carlo­magno desciende con su ejército hasta Ca­labria y ambos se enfrentan al pie de las montañas de Aspromonte. Tras largas bata­llas, Almonte es vencido y obligado a huir. Perseguido por Carlomagno en un esfuerzo desesperado, está a punto de escapar del perseguidor, pero le llega al emperador la ayuda de su sobrino Roldán (v.) que había dejado en Francia por ser demasiado joven y no estar aún armado caballero. Armado sólo con un palo, mata primero a Almonte y luego a Agolante, que, desconociendo la suerte de su hijo, había ido en su ayuda. Así, vencidos los paganos, y muertos sus jefes, la viuda de Agolante se convierte en esposa de Florent, hijo del rey de Hungría. El cantar se basa en ciertos recuerdos de las invasiones sarracenas que asolaron la Ita­lia meridional en aquella época. Hay un cierto cuidado de lo pintoresco y del color local que aparece, por ejemplo, en la des­cripción de los mensajeros sarracenos con anillos en las orejas y los cabellos unidos en largas trenzas; no falta en ciertas es­cenas el sentido cómico y algunos caracte­res están trazados con vigor. Alguna escena grandiosa se pierde por exceso en un fá­rrago de repeticiones y digresiones prolijas. El poema francés está insertado en la Karlamagnússaga y existe una redacción ita­liana en prosa de Andrea da Berberino: Aspramonte.

C. Cremonesi