Fantasía épica y en general | Crítica de Libros - Part 4
Critica de libros, comentarios, personajes, escritores, estudios y resumenes de libros. Literatura actual y clasica. Literatura espanola, literatura hispanoamericana, literatura norteamericana, literatura europea. Libros recomendados, best-sellers y obras selectas

Archive for the 'Fantasía épica y en general' Category

Los pecadores (Fritz Leiber)

 

sinComo Esposa hechicera de Leiber, The Sinful Ones [Los peca-dores] apareció primero en forma abreviada para revista. En este caso, quizás algunos lectores estén más familiarizados con la narra­ción en su título original (y mucho más apropiado) de «You’re All Alone» (revista Fantastic Adventures, 1950). Des-pués de que Leiber ampliase la novela para su publicación en rústica en 1953, el editor le cambió el título por el de The Sinful Ones e insertó una serie de escenas sexuales de «porno suave»; sin embargo, en una edición posterior (1980) estas escenas fue-ron reescritas para adaptarlas al gusto más reciente de Leiber. Todo esto es desafortunado, pero no altera el hecho de que The Sinful Ones (o «You’re All Alone») es una de las más originales fantasías de horror.

El protagonista, Carr Mackay, tiene un ingrato trabajo en una agencia de colocaciones. También tiene una ambiciosa chica que lo exhorta continuamente a mejorar. Pese a los hala­gos de ella, Carr se resiste a incorporarse a algo que le parece una competición de ratones. Un día en que se sentía extraña­mente alienado de su entorno, entró en su oficina una mucha­cha asustada. Parecía estar huyendo de una mujer rubia, gran­de y amenazante a quien Carr observa en el fondo. La chica no logra explicar su conducta, pero mira a Carr con temor y des­concierto, diciéndole: «¿Realmente no sabe quién es usted? … Tal vez mi irrupción aquí fue la causa. Tal vez fui yo quien lo despertó». Cuando ella le garabatea una nota y se marcha, Carr empieza a aprender el significado de estar «despierto». Aún desconcertado por la repentina irrupción de la chica, descuida a su cliente siguiente, hasta que le oye decir: «Gracias, creo que lo haré», y ve cómo saca del aire un cigarrillo inexistente y hace los gestos aparentes de encenderlo y fumarlo. El cliente pasa luego a mantener una conversación unilateral, respondiendo a pre-guntas que Carr no ha formulado. Es como si el hombre formase parte de un enorme mecanismo de relojería, impulsa­do a hacer ciertas cosas previsibles.

 

Carr pronto descubre que casi todo el mundo a su alrede-dor se comporta de esta manera mecánica. Aparentemente, se olvi­dan de él, pasando por alto sus observaciones, dando vueltas a su alrededor, llevando una rutina normal de existencia que ahora parece risible en su previsibilidad y falta de vida. Es como si Carr de pronto hubiese caído del mecanismo de relojería de la vida urbana y consiguiese toda una nueva libertad existencial. Puede moverse por la bulliciosa ciudad sin ser visto en ab­soluto; para todos los fines y propósitos se ha convertido en un hombre invisible. Puede ir a cualquier parte que le plazca y ser­virse cualquier cosa que desee. Pero también padece una terri­ble soledad, a menos que pueda hacer contacto con otros espí­ritus libres que estén similarmente «despiertos». La chica atemori-zada es uno de ellos, y por fortuna ha garabateado de­talles de un lugar de encuentro en el trozo de papel que le ha dado apresuradamente. Pero, ¿por qué estaba tan aterrorizada? ¿Y quién era la amenazante mujer rubia? ¿Hay matones en la pequeña población de personas «invisibles» de Chicago, crimi­nales que conviertan en un infortunio la nueva vida de Carr (y Jane)?

The Sinful Ones es una agradable obra de intriga, cons-truida sobre una premisa simple pero ingeniosa. Escrita en la misma época aproximadamente que el popular libro de sociología de David Riesman, La muchedumbre solitaria, pero muchos años an­tes de que se acuñasen expresiones como «marginación social» y «contracultura», describe el sentido moderno de la alienación urbana de modo muy eficaz. Sin embargo son lamentables esas innecesarias escenas sexuales.

Sweet Dreams (MICHAEL FRAYN)

sweetAquí tenemos otra novela sobre la vida que sigue a la muerte
–¿será el tema favorito de la moderna literatura fantástica?–,
aunque el tono de ésta es muy diferente de todas las que se han escrito antes y desde entonces. El inglés de treinta y siete años Howard Baker, descrito exactamente por su amigo como «la imaginación colectiva de las clases medias condensada en un par de pantalones», muere en un accidente de coche y va direc­tamente al Cielo (naturalmente). Éste resulta ser un Cielo muy inglés y muy de clase media, una versión bastante beatífica del Londres de los años setenta, lleno de bellas calzadas, una arqui­tectura grandiosa y todas las comodidades modernas. Nuestro regocijado protagonista descubre que puede volar: «Howard está encantado de la lentitud con que puede moverse, y la pe­queñez de los gestos necesarios para cambiar la dirección y la altura. Llega a la corriente de aire cálido que se eleva por enci­ma de la araña de luces, y es llevado sin esfuerzo hacia arriba, y atraviesa los pisos donde la gente está sentada en pequeñas me­sas y toma helados en copas metálicas. Algunos de ellos le son­ríen y lo saludan con la mano. “¡Fantástico!”, exclama». Pero pronto ve todo esto como una travesura infantil, y se dedica a los asuntos serios de la clase media: hallar un trabajo, establecer un hogar, tener una familia y planificar su carrera en la vida futura.

Todo ocurre fácilmente, como debe suceder en el Cielo. Va a trabajar para una empresa de diseño a la que Dios ha encar­gado diseñar los Alpes. En un arranque de inspiración, Howard aparece con el Matterhorn, un logro que le hace ganar fama dentro de la profesión. («Es una verdadera montaña para un joven, por supuesto. Nunca volverá a hacer algo tan audaz ni tan rápidamente».) Pese a su éxito material, una familia dulce­mente sumisa y una interminable serie de amables fiestas (con pastel de manzana de postre), Howard empieza a sentir una sensación de descontento. ¿Por qué su destino en la vida pos­trera es tan feliz, sobre todo considerando que el mundo vivien-te aún está encenagado en la miseria? Descubre en sí mismo una fina conciencia social, y se pone a escribir un informe sobre la condición humana que equivale a una inexcusable acusación al injusto sistema de Dios. Desgraciadamente, al estar en el Cielo, todos los esfuerzos de Howard se empeñan en ter­minar con el mejor resultado posible: «Las primeras tiradas del informe se vendieron antes de su publicación, y hay una fuerte competencia para obtener los derechos de la edición en rústi­ca. Las recensiones son maravillosas, y Howard recibe una lla­mada de Bill Mishkin, de Bill Mishkin Productions». Disgustado por su propio éxito, Howard decide vivir con sencillez en el campo. Se convierte en un sabio rural, escribe cartas a la prensa sobre los grandes temas del día y aparece en la televisión. Pero demasiado pronto el torbellino social del Cielo lo alcanza otra vez. Por último tiene el privilegio de encontrarse con Dios (en una escena muy divertida) y resulta que Dios piensa en un nombramiento especial para él: «Lo que yo pensaba es que po­dríamos proporcionarle algún trabajo nominal en la organiza­ción». Los días de Howard como rebelde han terminado: final­mente ha llegado al pináculo de la beatitud celestial.

Michael Frayn (nacido en 1933) es un conocido novelista, autor teatral, humorista y locutor inglés. Sweet Dreams [Dulces sueños] es probablemente su mejor libro, una sátira bien soste­nida sobre los límites de las buenas intenciones, la razonabili–dad, el decoro, el desinterés, la moderación, la imparcialidad, el sano sentido común y la completa bonhomía de la clase media. Está impecablemente escrita, es profunda (y quizá de­primente) en sus implicaciones, y muy, muy divertida.

El doctor Hoffman y las infernales máquinas del deseo (ANGELA CARTER)

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Angela Carter (nacida en 1940) es la principal escritora de rela­tos «góticos» de Inglaterra, autora de un libro sobre el Marqués de Sade y de una serie de colecciones de cuentos: La juguetería mágica (1967), Love (1971), Fireworks (1974) y La cámara sangrienta (1979), entre otras. Su inconfundible estilo –cargado de adjeti­vos, lánguido y erótico, soñador pero curiosamente preciso– muestra la influencia de la literatura francesa del siglo xIx; no solamente Sade, sino también Baudelaire, Rimbaud, Huysmans, los simbolistas y los primeros adeptos del movi-miento surrealista. Ha sido influida también por el cine, desde el expre­sionismo alemán hasta el sentimentalismo de Holly-wood. No obstante, ella sigue siendo tenazmente británica e individua­lista, una metafísica pragmática con un malicioso sentido del humor. El doctor Hoffman y las infernales máquinas del deseo (The Infernal Desire Machines of Doctor Hoffman) es la mejor de las pri­meras novelas de Carter; en ella despliega plenamente su ex­cepcional mezcla de talentos.

Se trata del relato en primera persona de un joven lla-mado Desiderio, que trabaja como funcionario del gobierno en algu­na imaginaria república de América Latina. La ciudad en que vive padece de una plaga de ilusiones, desencadenadas por un misterioso científico renegado, el doctor Hoffman. Las páginas iniciales del relato de Desiderio recuerdan una pesadilla de William Burroughs sobre la burocracia que vuelve a un estado silvestre: «Yo era el secretario confidencial del ministro de De­terminación, que deseaba eliminar el espectáculo sumamente estrafalario en que se había convertido la ciudad y hacerla vol­ver a actitudes totalmente decorosas. El ministro envió la poli­cía de Determinación a romper todos los espejos a causa de las imágenes ilegales que difundían». Pero a pesar de la implacabilidad del ministro, las autoridades están perdiendo la guerra contra las emanaciones de «erotomanía» de que im-pregnan la atmósfera urbana las máquinas ocultas del doctor Hoffman. La situación se deteriora rápidamente, y el «embaja-dor» de Hoff­man (que es en realidad su bella hija, Albertina, disfrazada) ad­vierte al ministro: «Prepárese para un largo, inmenso y delibe­rado trastorno de los sentidos». Pero es Desiderio quien ha de soportar lo peor de ese trastorno, cuando parte en una misión exclusiva para localizar al científico loco y quizá matarlo.

La descripción del largo viaje de Desiderio es un tour de force de la imaginación; las distintas etapas están señaladas por los tí­tulos oníricos de los capítulos: «La mansión de mediano-che», «Los acróbatas del deseo», «El viajero erótico», «La costa de África» y «Perdido en el Tiempo Nebuloso». Durante toda esta búsqueda, el protagonista es acosado por visiones de Alber-tina, quien se le presenta con diversas apariencias, azotándolo en una fiebre de deseo sexual. En el camino, encuentra un espec­táculo alucinatorio, una compañía de circo sumamente libi­dinosa, una figura de conde Drácula que desafía al Universo con sus monstruosos e insaciables apetitos, una tribu de caníba­les africanos y una comunidad de centauros tatuados. Los deta­lles vívidos de la vida de los centauros están a la altura de la evo­cación que hace Swift de los Houyhnhnms en Gulliver: «Estos hipólatras creían que su dios se les revelaba en los excrementos depositados por la parte de ellos que era caballo, pues esto ma­nifestaba la esencia más pura de sus naturalezas equinas. El do­ble movimiento diario de sus intestinos era al mismo tiempo una forma de plegaria y una comunión divina». Luego la en­cantadora Albertina se revela a Desiderio y lo conduce al casti­llo de su padre, donde el doctor Hoffman ha estado estimulan­do la lujuria del joven, obteniendo así más combustible para las infernales máquinas del deseo. Todo esto puede recordarnos a Freud tal como lo entendían los estudios de la Universal, pero en realidad es una visión que no podía provenir de otra mente que no fuese la de Angela Carter.

Fata Morgana, de WILLIAM KOTZWINKLE

fata-morgana-_4En esta atractiva novela todo se hace mediante espejos. O más bien dicho, por el mesmerismo, las cartas de tarot, las bolas de cristal y los aparatos de relojería. Fata Morgana es un entrete­nimiento burlesco del siglo xIx, en parte un pastiche de las primeras historias de detectives francesas del tipo de Emile Gaboriau. Como el eminente monsieur Lecoq de Gaboriau, el rudo personaje de edad mediana de Kotzwinkle, el inspector Paul Picard, es un miembro de la Sûreté de París. El año es 1861, y Picard se halla tras la pista de un tal Ric Lazare, un mago que adivina el futuro y aparentemente vive de timar a los ricos y a gente de la alta sociedad. Haciéndose pasar por un comercian­te en perlas, Picard visita el salón de Lazare, donde le impre­siona la voluptuosa belleza de la misteriosa madame Renée Lazare: «Ella llevó la mano a la cadena de flores aterciope­ladas que tenía en el pelo y Picard sintió que los pétalos de ter­ciopelo se le abrían en el estómago cuando ella le echó una mi­rada. La sensación fue insoportablemente deliciosa». El mismo Lazare afirma tener más de cinco mil años y ser un maestro de antiguos misterios. Sea cual fuere la verdad, pone en ridículo al detective al ver rápidamente más allá del disfraz de Picard. Pre­sa de desesperación, el policía abandona París en busca de al­guna prueba que condene a Lazare.

Sigue una cacería extraña como un sueño, a través de Euro­pa central. Picard busca rastros de Ric y Renée Lazare en Viena y parece encontrar una clave en la exposición de juguetes de relojería de un parque de atracciones. Esto lo conduce a una pequeña ciudad alemana, donde busca al artesano que hizo esos ingeniosos autómatas y de quien Ric Lazare antaño fue apren-diz. De allí Picard viaja al bien llamado Valle de la Pena Profunda, en una remota parte de Hungría, y de allí a Tran–silvania, aún en busca de la verdad del elusivo Lazare y su bella e inalcanzable esposa. Uno de sus informantes lo previene: «Un espejismo, inspector. La fabulosa Fata Morgana. Sólo los cam­pesinos permiten que el espejismo los gobierne, y sueñan despiertos con él». Picard vuelve a París, y le ronda por la cabeza la idea de que Lazare, en verdad, es el conde Cagliostro de larga vida (un mago y aventurero real del siglo xvIII). Allí aborda a su tortuosa presa una vez más, y es casi seducido por la magnífica Renée.

Es una engañosa historia de ilusión y realidad, llena de de­talles de época, brillantemente escrita y sumamente erótica; un agradable ejercicio literario que quizá carezca de impor-tancia, pero que es ciertamente un tour de force. William Kotzwinkle (nacido en 1938) es el norteamericano autor de Swimmer in the Secret Sea (1975), Doctor Rat (1976; ganadora del Premio Mundial de Literatura Fantástica) y otras obras de ficción. También ha escrito numerosos libros para chicos, y hoy es conocido sobre todo por su novela basada en la película de Steven Spielberg ET, el extraterrestre (1982) y su continuación ET: The Book of the Green Planet (1985). Kotzwinkle es un escritor de muchas facetas.

LA FUENTE DEL UNICORNIO, DE FLETCHER PRATT

wellofunicornHay un libro del mismo tíyulo de Sturgeon, pero  no conviene confundirlo con este.

Dos de los primeros maestros del siglo xx de la literatura fantás­tica fueron el irlandés Lord Dunsany, autor de La hija del rey del país de los elfos (1924) y muchos otros cuentos, y el escritor de Yorkshire E. R. Eddison, más recordado por su novela épica The Worm Ouroboros (1922). Las obras de Dunsany y Eddison caen fuera del alcance de este libro, pero merece la pena señalar aquí que su influencia vive en mucha de la literatura fantástica posterior a la segunda guerra mundial, incluyendo esta sor­prendente novela del escritor norteamericano Fletcher Pratt (1897–1956). En verdad, The Well of the Unicorn [La fuente del uni­cornio] es en cierto modo una continuación de la obra de teatro en dos actos de Dunsany King Argimenes and the Un-known Warrior (escrita en 1910). Pratt rinde tributo a «cierto cronista irlandés», añadiendo que «los sucesos que él cita ocu-rrieron varias gene­raciones antes de todo lo que aquí se dice».

Este mundo común de Dunsany y Pratt es un ámbito seudo medieval imaginario poblado de nombres evocativos: Dalarna, Acquileme, Salmonessa, Carrhoene, Vastmanstad, Uravedu y las islas Spice. El joven héroe de Pratt se llama Airar Alvarson, y sus aventuras empiezan cuando los crueles señores de Vulking le roban su herencia. Expulsado de la casa de sus ante­pasados y obligado a sobrevivir de su ingenio, Airar pronto encuentra un hechicero llamado Meliboë, que le da un anillo mágico… Ésta es la esencia misma de los cuentos de hadas, aun­que relatado en una prosa secamente divertida y peculiarmente complicada, como en el pasaje en el que Airar, ya un hechice­ro novato, recibe el pedido de arrojar un hechizo protector so­bre un viejo barco que pertenece a sus aliados, los pescadores libres:

 

… Airar toma en el acto sus reglas y las lleva al acueducto para hacer lo que se pueda hacer. Los saca de apuros con alguna di­ficultad (pues eran curiosos y alegaron que el doctor Meliboë nunca las había usado así), y puso su pentáculo sobre la piedra redonda donde había estado el fuego la noche anterior. Tan pronto como fueron repetidas las primeras palabras podero­sas, Airar pudo sentir cómo todo el barco apestaba a vieja ma­gia, más intensamente y peor de lo que había conocido antes. Le laceró la garganta y las entrañas como si se hubiese tragado una cría de dragón recién nacida.

Entonces elevó el hechizo a la segunda etapa y ellos acu­dieron todos a su alrededor, gimiendo horriblemente justo detrás de la figura protectora, expresando en el rostro los ma­yores males, que despedían un aroma de cera blanda de una forma a otra y siempre algún rasgo desagradablemente desta­cado o mal colocado, prometedor o amenazante, para hacer que cesaran sus sortilegios. Cogió firmemente el pentáculo, pero le hizo volverse para que oyese aquellas voces con su nota aguda como un cuchillo sobre el mármol y que la mente ape­nas podía soportar, y cuando llegó al hechizo sobrathim casi no pudo evitar el grito de angustia que les daría a ellos el po­der y a él la muerte. De algún modo lo consiguió; pudo sentir la protección de una pesada cortina gris opaca, visible casi físi­camente, alrededor de él y del barco, mientras las fuerzas des­plazadas, vencidas, murmuraban coléricamente fuera, en la penumbra de más allá.

 

Airar es capturado en una rebelión contra los Vulkings; via­ja, combate, se enamora de la aparentemente inalcanzable princesa Argyra y aprende mucho sobre el mundo. Entremez­clado con todo esto hay relatos sobre la fabulosa fuente del unicornio, el eternamente fugaz espejismo de la paz. The Well of the Unicorn es una novela larga y compleja, de tono predomi­nantemente realista a pesar de su encuadre fantástico, pero (en las palabras del ex colaborador de Pratt, L. Sprague de Camp) es también «una encantadora historia de amor y un agudo y su­til comentario sobre problemas políticos, morales y filosóficos».

Nuestra Señora de las Tinieblas, de FRITZ LEIBER

nuestrasenoratinieblas_petertrSe han escrito innumerables cuentos sobre casas frecuentadas por fantasmas: viejos edificios que van desde castillos medieva­les hasta hoteles del siglo xx plagados de espectros, espíritus, poltergeists y un largo etcétera. En la ingeniosa variación de Leiber sobre el tema, los seres fantasmales son llamados «enti­dades paramentales», y no es sólo un edificio sino toda una ciu­dad (la actual San Francisco) la que está tomada por ellos. Ade­más, en un ingenioso y elegante cambio con respecto a nuestras expectativas, el protagonista del libro sólo puede saber que su casa está ocupada por fantasmas cuando la contempla a través de prismáticos desde una distancia de tres kilómetros.

Franz Westen es un escritor de edad mediana de obras de horror que vive rodeado de libros y revistas en un bloque de pi­sos de San Francisco. Se está recuperando de una prolongada adicción alcohólica que siguió a la prematura muerte de su es­posa, y ha disfrutado de una esporádica relación con una joven música que vive dos pisos más abajo. Franz está en el proceso de redescubrir la vida ordinaria, y encuentra un placer particu-lar en observar las estrellas y la ciudad a través de sus prismáti-cos. Una mañana examina Corona Heights, una empinada coli-na que nace en las calles a unos tres kilómetros de distancia, y ob­serva una pálida figura marrón que danza excéntricamente en la cúspide. Decide salir a caminar e investigar Corona Heights. Cuando llega allí, la misteriosa figura se ha marchado. Desde la cumbre de la colina, Franz busca la ventana de su propio piso, la divisa a través de las lentes y ve horrorizado una pálida figura marrón inclinándose desde la ventana y saludándolo con el brazo. Re­cordó una vieja canción popular: «Fui a casa de Taffy. Taffy no es­taba en su casa. Taffy vino a mi casa y robó un hue-so con tuétano».

Es un momento escalofriante, y las cosas suceden de mo-do misterioso a partir de entonces. Franz descubre que el edifi-cio donde vive fue antaño un hotel en el que se alojaba un ex-cén­trico estudioso de lo sobrenatural llamado Thibaut de Castries. Justamente, tiene un extraño libro cuyo autor es De Castries, titulado Megapolimancia: Una nueva ciencia de las ciudades. Ahora lee esta obra, aparentemente disparatada, de seudociencia, con renovado interés, y empieza a encontrarle un extraño sentido. De Castries creía que las ciudades modernas, con sus grandes cantidades de acero, hormigón, petróleo, papel y energía eléc­trica eran terrenos propicios para la formación de entidades paramentales, es decir, fantasmas apropiados a una era tec­nológica. Parecía que una línea sobrenatural de poder corría entre Corona Heights y el bloque de pisos (que fue antaño un hotel donde residía el mismo De Castries); Franz Westen es aco­sado por un ser paramental.

La novela contiene mucha conversación, pues la mayoría de la gente de Leiber es agradable de conocer. A pesar de la falta de acción en las partes medias del libro, la culminación de la historia es verdaderamente aterradora. El estudioso Franz des­cubre una espeluznante «Señora de las Tinieblas» que se sus­tenta de materias primas muy caras a su corazón. Al final, Franz llega al borde de la disolución, pero sobrevive. Nuestra Señora de las Tinieblas (Our Lady of Darkness) es un relato de horror sobre­natural de primera clase, escrito con toda la cómoda facili-dad de un viejo maestro. Es, evidentemente, una fantasía auto-bio­gráfica, que habla de sufrimiento real, pero también tiene una madura calidad.

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