El Satiricón, Petronio

Encolpio, perseguido por el dios Priapo que le ha arrebatado la virilidad, anda con el efebo Gitón y su amigo Ascilto por las ciudades de la Italia meridional, mezclándose en diversas aventuras truhanescas y eróticas; en ellas desta­can, entre otras, las figuras de Cartila, Psique y Circe, de una insaciable sensualidad.

Al tercero se une Eumolpo, un viejo tunante, aunque poeta y fino crítico, que en un episodio canta La toma de Troya (65 senarios yámbi­cos) y La guerra civil (295 hexámetros), probables paro­dias de las obras de Nerón y de Lucano. Pasajes célebres de la novela son El Banquete de Trimalción, un festín ofrecido por un nuevo rico, y la narración sobre la ma­trona de Efeso, una mujer que se entrega a un soldado sobre la tumba misma de su marido.

Satán en Goray, I.B. Singer

Esta­mos en Polonia hacia mediados del siglo XVII. El aislado shtell de Goray, al igual que otros pueblos judíos de la región de Zamoác (provincia de Lublin), se halla todavía postrado por las masacres llevadas a cabo por el atamán ucraniano Bogdan Jmelnicki con sus tártaros y cosacos. La pequeña ciudad desierta se puebla poco a poco de los míseros supervivientes. Mientras tanto, se extiende la pre­dicación del falso Mesías Sabbatai Zevi.

El anuncio de la redención próxima y del milagroso retorno de los judíos a Jerusalén es traído primeramente por un vendedor am­bulante, Reb Itche Mates, y es acogido con fervor por los cabalistas de la ciudad, especialmente por el cojo Mordejai Joseph. El rabino, Rabbi Benish, no tiene du­das acerca del carácter maléfico de los acontecimientos que se aproximan, pero siente que nada puede hacer y busca refugio en Lublin. Reb Itche Mates se casa con Rechele, una joven de buena familia que, debido a los terro­res sufridos de niña en casa de su tío, un sacrificador ri­tual, se ve afectada por una parálisis nerviosa.

Víctima del ayuno y de la depresión melancólica de su misticis­mo, Reb Itche Mates se revela impotente, entre las bur­las de la población. Llega a Goray el sacrificador ritual de Zamoíc, Reb Gedaliya, un nuevo y más fascinante predicador de la herejía del sabbat. Reb Gedaliya provo­ca en la pequeña ciudad una gradual inversión de los va­lores, mediante la ayuda de sus conocimientos mágicos. Rechele, que se dirige a él creyendo que ha tenido una vi­sión, no sólo se convierte en su amante y seguidamente, con un total desprecio por la ley, en su mujer, sino que además adopta el papel de profetisa.

Goray se halla pre­sa en una red de prodigios, misticismo y lascivia. Pero mientras que el día profetizado no ocurre ningún mila­gro, las calamidades no cesan de abatirse sobre la región. Finalmente viene a saberse que Sabbatai Zevi se ha con­vertido al Islam. Rechele pierde la facultad de profetizar, es violada por Satanás y poseída por un dybbuk (el alma de un pecador difunto). Arrepentido, Mordechai Joseph acaudilla la rebelión contra Gedaliya y lleva a cabo el exorcismo que libera a Rechele. Pero la mujer muere al cabo de tres días, seguida a corta distancia por Reb Itche Mates.

Sakuntala, Kalidasa

El drama, cuyo tema está tomado de un cuento del Mahábharata se inicia con la llegada del rey Dusyanta a la ermita d. Kanva. Ausente el asceta, el soberano encuentra a su hija adoptiva, Sakuntala, y se enamora de ella. Habiéndose detenido en la ermita con el fin de defender a los ascetas de los demonios Raksasa, no tarda en verse correspon­dido por la muchacha, a la que se une mediante el sim­ple rito nupcial Gandharva.

Al partir, Dusyanta deja a Sakuntala un anillo y le promete que le hará conducir pronto al palacio real. Sin embargo, la joven, absorta en su amor, no repara en la llegada a la ermita del asceta Durvasas que, ofendido por la falta de la necesaria reve­rencia, la maldice: será olvidada por su amado hasta que una señal no haga despertar su memoria.

En espera aho­ra de un hijo aunque ignorante de ello, Sakuntala decide visitar a Dusyanta; desgraciadamente, al cruzar un río, pierde el anillo que le fuera regalado: al llegar a palacio es rechazada por el rey, indiferente y olvidado de todo. Tras ser llevada a los cielos por la madre, la ninfa Me- naka, Sakuntala da a luz un hijo.

Sin embargo, el pre­cioso anillo ha sido encontrado por azar en el interior de un pez: al verlo, el rey recuerda con gran dolor a su ama­da esposa. Después de haber socorrido a Indra en su lu­cha contra los demonios, en la celeste ermita de Prajapati Dusyunta descubre a un niño de rasgos reales, en quien no tarda en reconocer a su hijo; llega también Sa­kuntala, y los dos amantes, tras el conmovedor encuen­tro, pueden finalmente estar juntos.

La Reina de las hadas, E. Spenser

Poema épico

Poema alegórico en octavas con el añadido de una novena rima de doce sílabas. La reina de las ha­das es la Gloria, y al mismo tiempo, la reina Isabel, a la que el poema está dedicado. El plan de la obra preveía doce libros (o cantos) de los que Spenser sin embargo lle­vó a término sólo seis. Cada libro está dedicado a un ca­ballero de la corte de Isabel, y cada uno de ellos repre­senta una virtud.

El primero está dedicado a las aventu­ras del caballero de la, Cruz Roja (la iglesia anglicana), protector de la Virgen Única (la verdadera religión); el se­gundo describe la lucha de Sir Guyon, caballero de la Templanza, contra Acrasia (la Intemperancia); el tercero narra la leyenda de Britomart y Belphoebe, que ejempli­fican la Castidad; el cuarto trata de Triamond y Cambell, símbolos de la Amistad; el quinto habLa de Artegall, caballero de la Justicia y el sexto narra las aventuras de Sir Calidore, que ejemplifica la Cortesía.

Las Ranas, Aristófanes

Dio­nisios, dios del teatro, aquí representado como tímido y glotón, es un enamorado de Eurípides y quiere llevarlo de nuevo a la Tierra. Tras un coloquio con Heracles ya experto en el viaje al Hades, se apresta a llevar a cabo su propósito en compañía de su esclavo Jantias. Una vez cruzado el río del infierno en la barca de Caronte y con el ensordecedor acompañamiento de un coro de ranas (de aquí el título), llegan a los infiernos.

Allí Esquilo y Éurípides se disputan el trono de la tragedia, teniendo a Dionisos por juez. Por más que Eurípides le parezca un gran sabio, Dionisos encuentra a Esquilo más convincente: pe­sados luego los versos de ambos con una balanza adecua­da, el dios se decanta decisivamente por Esquilo. Las dos taberneras, el colérico portero de Plutón y el cordialísimo Plutón figuran entre los personajes que encuentran en el Hades.