El perro de la guerra y el dolor del mundo, de MICHAEL MOORCOCK
Con más de setenta libros, algunos de los primeros escritos aparentemente en no más de tres días, Michael Moorcock es ahora un consumado profesional del entretenimiento. En estos últimos años ha publicado grandes novelas ambiciosas como Byzantium Endures (1981), The Laughter of Carthage (1984) y Mother London (1988). Pero de tanto en tanto escribe rapidísi-mamente, en apariencia sin esfuerzo, una pequeña obra fantás-tica que le ayuda a pagar algunas cuentas (The Steel Tsar, de 1981, está dedicado: «A mis acreedores, que siguen siendo una fuente permanente de inspiración»). Sospecho que El perro de la guerra y el dolor del mundo (The War Hound and the World’s Pain) fue otra obra de esa clase, pero no obstante es un deleite leerla. Es muy superior a las anteriores obras «rápidas», por ejemplo, la serie de «Dorian Hawkmoon». Moorcock ha aguzado sus habilidades con los años y muestra ahora un atrac-tivo sesgo reluciente.
Ésta es la historia de Graf Ulrich von Bek, un mercenario alemán del siglo xvII que se enamora de doña Sabrina y descubre que ella y él están entre los condenados. Es encerrado en un castillo encantado por Lucifer, se le permite tener una visión del Infierno y es enviado en busca del Santo Grial. Es la época de la guerra de los Treinta Años, ese terrible conflicto en el que no había justicia en ninguno de los bandos, y en que los hombres, las mujeres y los niños morían por cientos de miles. Von Bek, aunque es un soldado endurecido, ha empezado a conocer la desesperación: «Se me ocurrió entonces que quizá Dios se había vuelto senil, que había perdido la memoria y ya no recordaba la finalidad de poner al hombre sobre la Tierra. Se había vuelto petulante. Se había hecho caprichoso. Conservaba su poder so-bre nosotros, pero ya no se podía apelar a Él». En estas circuns-tancias, Lucifer parecía mejor amo, especialmente cuando ofrece devolver el alma de Bek a cambio del legendario Santo Grial, ese recipiente perdido hacía mucho tiempo, también llamado la «Cura del dolor del mundo».
El protagonista parte en su búsqueda aparentemente sin esperanza, provisto de mapas que muestran los ámbitos sobre-naturales tanto como las tierras que ya conoce. Adquiere como compañero de viaje a un esforzado joven, Cossack. Con ayuda de los fantasmales jinetes de una cacería salvaje, cruzan el «Mittelmarch», un país que está entre los límites de la Tierra y el Infierno, o quizá de la Esperanza y la Desolación. Allí encuentran a un sabio excéntrico que vive en un remoto valle feliz, y les da claves sobre el paradero del Grial. Mientras tanto, se desarrolla una guerra en el Infierno, cuando varios de los favoritos de Lucifer se rebelan contra el «plan de paz» del Príncipe de la Obscuridad. Von Bek y su amigo son acosados por terroríficos enemigos mágicos, pero logran abrirse camino hasta el bosque del Borde del Cielo, donde está el Santo Grial. El carácter de la fabulosa copa resulta ser engañosamente simple, y la historia termina con una afirmación de los valores humanos.
El perro de la guerra y el dolor del mundo es un relato muy movido y con mucho clima, escrito en el mejor áspero esti-lo romántico del autor. El narrador es característicamente in-trospectivo, y se muestra capaz de captar la complejidad y la crueldad del mundo real. Aunque hecho con materia de sueños, no es un libro reconfortable y tranquilizador. The Brothel in Rosenstrasse (1982) y The City in the Autumn Stars (1986) son casi continuaciones que presentan a miembros posteriores de la familia Von Bek en diferentes períodos de la historia europea.
Aretino :: Dec.20.2010 :: Fantasía épica y en general :: No Comments »


«El unicornio vivía en un bosque lila, y ella vivía totalmente sola. Era muy vieja, aunque ella no lo sabía, y ya no tenía el color despreocupado de la espuma del mar, sino más bien el color de la nieve que cae en una noche iluminada por la luna. Pero sus ojos aún eran tranquilos e incansables, y aún se movía como una sombra en el mar.» Así empieza esta novela de cuento de hadas que ha encantado a muchos lectores y ha llegado a ser objeto de culto. Aparentemente simple y casi infantil en su línea narrativa, está escrita en una prosa límpida que consigue expresar complejidades de adultos. Y como Un lugar agradable y tranquilo [24] de Beagle, contiene una buena dosis de amable humor. Cuenta cómo el último unicornio salió de su bosque en busca de otros de su especie, una búsqueda aparentemente sin esperanza, pues se encuentra con un mundo tristemente caído cuyos habitantes ya no tienen ojos para lo maravilloso. La mayoría de la gente lo «ve» como un tipo peculiar de caballo.
Este título puede ser interpretado de muchos modos: lo «pequeño» y lo «grande» son el campo y la ciudad, lo interno y lo externo, lo privado y lo público, lo mágico y lo humano. Y mucho más. El subtítulo fue puesto por el editor en la página del índice: allí nos enteramos de que la obra realmente se llama Pequeño, grande o El parlamento de las hadas (Little, Big; or, The Fairies’ Parliament). En verdad, trata de las hadas y del país de las hadas, la saga de una familia y una historia de amor múltiple. Quizás es también «la mejor novela fantástica de todos los tiempos» (en palabras de Thomas M. Disch) y «un libro que requiere por sí solo una redefinición de lo fantástico» (según Ursula Le Guin). Novela de arquitectónica sublimidad, Pequeño, grande supera las palabras de la crítica.
Esta novela fue recibida como el libro más importante de Burroughs desde El almuerzo desnudo (1959). Fue descrita como una suerte de obra maestra por críticos tan diversos como Peter Ackroyd, Christopher Isherwood y Ken Kesey. Esto quizá se debió a que la narración era más directa y «lineal», menos fragmentaria que en obras anteriores como Expreso Nova (1964) y The Wild Boys (1971). Sin embargo, es con todo una novela de partes dispares: hilos narrativos entrelazados, cada uno de los cuales adquiere primacía y luego desaparece, sin un comienzo, una parte media y un final claros. Pero uno no espera lo convencional de Burroughs (nacido en 1914): es uno de esos que «transmiten sus informes a medianoche desde las obscuras carreteras de nuestras espinas dorsales» (en memorables palabras de J. G. Ballard). En algunos aspectos es el mejor escri-tor de literatura fantástica de la segunda mitad del siglo xx, el cartógrafo de nuestras más horribles pesadillas.
Esta intensa fantasía sobre las posibilidades de la liberación de las mujeres es una novela malvada, «malvada» en su honestidad sobre los impulsos eróticos y sádicos, y los modos en que esos impulsos subvierten todos nuestros sueños utópicos. Puesta contra el marco de fondo de unos Estados Unidos de América en derrumbe, es una obra de puro terrorismo horripilante. Su tema tiene una ligera semejanza con Myra Breckinridge (1968) de Gore Vidal: el personaje principal, Evelyn, empieza siendo un hombre pero lo convierte en una mujer (y una mujer bella, además) una mujer cirujana que está loca, pero en mi opinión ésta es una novela mucho más impresionante.
«Podemos disfrutar del presente al mismo tiempo que somos insensibles a los achaques y la decadencia; pero el presente, como una nota musical, no es nada sino parte de lo que ha pasado y de lo que está por venir.» Esto escribía Walter Savage Landor en el siglo xIx. Brian Aldiss, prosista y poeta de fecundidad amenazada por la entropía, ha dicho que esta cita le parece resonante, y en verdad el sombrío sentimiento de Landor parece estar subyacente en mucho del juego sexual superficial de la a veces desesperada joie de vivre de la ficción de Aldiss. Esto nunca fue más evidente que en su principal novela de literatura fantástica El tapiz de Malacia (The Malacia Tapestry).




