Crónica del pájaro que da cuerda al mundo (Haruki Murakami). Realismo mágico japonés.
Me acerqué a este importante volumen después de leer Kafka en la Orilla, y me acerqué con un poco de miedo, pero anticipando el placer que me produciría zambullirme en la especialísima magia de este autor. En ambas cosas tuve razón. Fue un placer enorme recorrer las ideas y los mundos, unas veces descritos y otras solamente sugeridos, y el miedo estaba perfectamente justificado, porque al final la novela no fue a ninguna parte.
¿Que hablo desde mis prejuicios de europeo? Por supuesto. Lo contrario sería disfrazarme de lo que no soy.
Me gusta el tono, y ese ambiente en el que lo real y lo irreal son cotidianos por igual, pero espero que una novela cuente una historia que desemboque en algún tipo de conclusión, y eso es lo que no he hallado.
El realismo mágico de Murakami es un género en el que lo inesperado, a los que algunos llaman mágico, pertenece a la vida cotidiana de los personajes y se enmarca en los escenarios más comunes, normalmente urbanos, sin necesidad de un decorado que contenga elemento especiales.
Mientras que los autores suramericanos buscan los márgenes y los apartes del mundo, este autor japonés, y otros similares, son capaces de traer lo extraordinario a las aceras de nuestras ciudades, a los bloques de urbanizaciones y a las líneas del Metro. Y con éxito. Es en parte la misma idea de ciertas películas de animación que se han hecho inmensamente populares en Occidente y pro la misma razón: por su mezcla entre magia y modernidad, cuando habitualmente se solía llevar lo mágico a otros tiempos y otros ambientes.
En cuanto al libro, la idea de partida es un hombre en paro, que ha dejado su trabajo por miedo a tener que realizar la misma tarea para siempre. En sí misma, la idea tiene ya algo de reflexivo, pero a partir de ese momento, y mientras se busca a sí mismo van sucediendo una serie de cosas que le hacen replantearse su entorno, la realidad en la que vive y el sentido de una existencia que es incapaz de llenarle, o de orientarle siquiera sobre lo que realmente desea.
Mientras está solo en casa recibe un día la llamada de una mujer que le ofrece sexo por teléfono, y su orden estático se va al traste para convertirse en una especie de locura de la que tampoco sabe si quiere o no quiere salir. La relación con la familia de su mujer es mala, pero a través de ellos conocen a una especie de adivino, medio sordo y medio ciego, que les habla de su experiencia en la guerra mundial y les lanza vaticinios que se cumplirán indefectiblemente. De este modo, y siguiendo una de aquellos augurios, el protagonista va a una casa vecina abandonada y se encierra en un pozo, un pozo seco, para saber lo que se siente en la oscuridad y el bandono absolutos.
A partir de aquí, o antes de aquí incluso, todo se vuelve un tanto fantasmal, con la aparición de prostitutas psíquicas que se acuestan con él en sueño, y otras escenas más o menos sugerentes. La conclusión es un libro ameno, interesante, bellísimo y vacío. Con las premisas anteriores, lo de vacío también puede serlo de menos, no lo niego…
Aretino :: Dec.22.2011 :: Drama y elemento humano, Fantasía épica y en general :: 1 Comment »




Vacilé en la inclusión de este título, con la idea de que John Updike (nacido en 1932) no necesita mis elogios. Agudo delineante del carácter suburbano y maestro de un poético estilo en prosa, ha sido durante mucho tiempo el más elogiado de los escritores norteamericanos. Pero su primera aventura extensa en la literatura fantástica es un libro demasiado bueno para omitirlo; como El Hombre Verde de Amis [42], con el que tiene una pálida semejanza, es al mismo tiempo una hermosa novela y una excelente obra de género. Su realismo social minuciosamente observado sólo sirve para reforzar la fuerza de su contenido sobrenatural.
Esta memorable fantasía «que concierne a Gran Bretaña» es el mejor libro escrito hasta ahora por el escritor inglés Robert Holdstock (nacido en 1948), conocido antes por sus novelas de ciencia ficción, como Eye Among the Blind (1976) y Where Time Winds Blow (1982). El escenario es Ryhope Wood, en Herefordshire: «Unos ocho kilómetros cuadrados de tierras boscosas originales posteriores a la Edad de Hielo, no tocadas, no invadidas durante miles de años». El tiempo es a finales de los años cuarenta, y el narrador es un joven llamado Steven Huxley. Vuelve de la guerra en el exterior para buscar el hogar de su familia, Oak Lodge, que se halla en un estado ruinoso. Durante la ausencia de Steven su padre ha muerto, delirando con «remolinos de robles» y «zonas de mitago», y ahora su hermano mayor, Christian, parece haber adquirido las mismas obsesiones inexplicables. Éste desaparece en la tierra de bosques durante días o semanas, para volver «arañado y lleno de cicatrices desde el cuello hasta los tobillos, sucio y maloliente en sumo grado … como si se hubiese pasado días y días enterrado en el estiércol». Mientras tanto, Steven lee los diarios de su padre, y se entera de la verdadera naturaleza de la «investigación» que arruinó la vida del viejo y que ahora, al parecer, está arruinando la de su hijo mayor.
Este libro sobre viajes en el tiempo, la antigua magia egipcia y violentas bribonadas en el Londres de comienzos del siglo xIx es una farsa alegre, un mero entretenimiento. Según palabras de un crítico del Times Literary Supplement, es un «cuento, una novela de aventuras, convulsionada por persecuciones y explosiones … una obra de intriga sobrenatural… un misterio literario … una gran historia de horror … Tramada con maníaco fervor, ejecutada con estimulante destreza como alma que lleva el dia-blo, Las puertas de Anubis (The Anubis Gates) es la obra de un virtuoso, un despliegue de maravillosos fuegos artificiales …» Gran elogio, en verdad. Considerando esta efusiva respuesta y el hecho de que el libro ganó el primer premio Philip K. Dick a la mejor novela original en rústica de ese año, uno se siente tenta-do a buscar sus defectos. Tim Powers (nacido en 1952) es un autor norteamericano, y su intento de captar las voces británicas del siglo xIx a menudo fracasan; me cuesta creer que una joven inglesa de 1810 usase expresiones como «I guess» [conje-turo] y «goddamn» [maldito o maldición]. A veces esto es fan-tasía histórica desarrollada en un descuidado estilo de Holly-wood, y aunque Powers dedica algún esfuerzo a evocar el espí-ritu del período, su prosa tiene una lamentable tendencia a diluirse cuando la acción se hace cada vez más densa y más rápida. Pero uno está dispuesto a perdonar todo esto en pro de la narración. 




