Saqi Name, Sams al-Din Muhammad

[El libro del copero]. Com­posición poética de 138 dísticos, en metro épico, de Sams al-Din Muhammad, que literariamente recibió el sobrenombre de Hafiz (m. en 1389).

El poeta invita al joven copero a escanciarle un vaso de vino fuerte, para poder descubrir en él todos los secre­tos del mundo, como en la copa de Gemshld. Esta cita le lleva a meditar sobre la fugacidad de la vida humana, por lo que es insensato aferrarse a las cosas del mun­do. El destino tiene a los hombres a su merced, abatiendo de súbito a los más po­derosos soberanos y elevando a los humildes a los más altos pináculos de la gloria. Sólo la copa de vino, símbolo de la vida eterna, puede dar la verdadera alegría y si el mundo es fuente de descontento y dolor, se debe mantener la fe en Dios, fuera de la cual nada existe en realidad. El poeta termina loando al príncipe Mansür-Shah, afirmando que Nizami es el más grande de los poetas y dedicándole tres dísticos. El poemita, por muchos detalles, es una obra juvenil de Hafiz.

El empleo del metro épico de Nizami y de Firdusi, la imitación evi­dente de apelativos, atributivos y frases del Libro de los Reyes (v.) llevan a pen­sar que el autor se hallaba todavía en su período de formación cuando compuso esta obra. En esta composición son frecuen­tes *los recuerdos de la épica mitológica persa, a la que hace referencia también, a veces, en el Diwán (v.): el rey Gemshld, Zerdusht (Zaratustra, v.), el rey Kavüs, etcétera. A pesar de sus defectos, el poema es sin duda alguna interesante como ex­presión artística y Filosófica De La Persia De Aquel Tiempo.

G. Lupi

El Saporeto, Simone Prodenzani

[Il Saporetto]. Poema en sonetos de Simone Prodenzani, de Orvieto (m. en 1440). Describe una alegre estancia de dos semanas en la fantástica tierra de Buengobierno y constituye un fiel documento de las costumbres de fines del siglo XIV. Bailes y músicas, canciones italianas y francesas, juegos y cacerías son los temas de que se ocupa, a través de los cuales el autor muestra una atenta y cu­riosa capacidad de observación, y la sabi­duría de la vida que más tarde la sociedad italiana del siglo XV, en su máximo flore­cimiento, vio idealizada en el Cortesano (v.) de Baldassarre Castiglione. En el curso del poema se incluyen algunas novelas que forman otra composición en metro de ba­lada, en octavas: El Solaz (v.).

C. Cordié

La Saga de Teodorico

[Thidhrekssaga]. Relato compuesto en Noruega hacia mediados del siglo XIII. Narra las leyendas que habían florecido en torno a Teodorico, de tal manera que entreteje una vida suya completa.

Comienza con la descendencia, la infancia y las empresas juveniles, y pasa sucesivamente a describir la subida al tro­no del famoso rey ostrogodo, sus relaciones con Atila y con el rey Ermanarico, su vic­torioso combate con el célebre Sigurd de la leyenda nibelúngica, su fuga ante Er­manarico, incitado por un mal consejero, Sifka; su refugio junto a Atila y, final­mente, su infeliz expedición contra su tío Ermanarico; la reconquista, después de un largo destierro, de su reino legítimo contra el usurpador Sifka, sus bodas con la bella Isolda y, finalmente, su desaparición mon­tado en el diabólico caballo negro. Como se ve, está ligada estrechamente al ciclo de Teodorico la leyenda de Ermanarico. Pero otras leyendas heroicas germánicas se insertan, para hacerla más variada, en la narración; las nibelúngicas en primer lu­gar, y después las de Guaterio e Ildegunda, de Velent (Wieland) y de su hijo Vidga, así como otros relatos de aventuras y ca­ballerías. El autor de la novela se propuso manifiestamente escribir una obra de en­tretenimiento, como declara explícitamen­te él mismo en el «Prefacio».

Las admira­bles empresas narradas en esta obra, de Teodorico y de sus compañeros, de Sigurd, matador de Fafnir y de los nibelungos, de Unni y de Russi, y el escenario, que ora está en Italia, ora en Hungría o en Rusia, ora en otros países del septentrión y de Oriente, no podrían dejar de causar vivo deleite en el lector. Para entender el clima histórico en que se produjo esta obra, con­vendrá recordar que por aquellos años, bajo el rey Hákon Hákonarson, Noruega acogía de buen grado los elementos de la cultura europea que estaba en disposición de asi­milar. Las fuentes de esta novela, com­puesta en su mayor parte de leyendas ger­mánicas continentales, fueron, en efecto, canciones y relatos alemanes. Y como esos textos se perdieron después, La saga de Teodorico conserva gran valor para la tra­dición legendaria. En la historia literaria se la sitúa junto a la obra posterior Saga de los volsungos (v.), muy próxima también a ella por su materia y la técnica de compo­sición. De este modo surgió en Noruega en el siglo XIII, sobre la antigua tradición in­dígena de la Saga (v.), la novela heroica, mientras que en Alemania había nacido poco antes con el poema de los Nibelungos (v.) y la Gudrún (v.) el poema heroico.

Obsérvese, además, que aproximadamente por la misma época en que se publicó esta novela se componía la colección de los cantos de los Edda (v.). Las diversas partes de la Saga tienen un valor muy desigual, lo que no sorprende en una obra de compila­ción. Añádase que abunda en ella lo mara­villoso y exótico de fácil efecto (luchas con dragones alados, elefantes, etc.), mientras le falta el esfuerzo constructivo y la profun­dizaron de situaciones psicológicas que se notan, por ejemplo, en el poema de los Nibelungos, que nuestro espíritu recuerda espontáneamente por la parcial identidad de materia, y por lo que tienen de común aquellos espíritus caballerescos y corteses.

V. Santoli

El Sacrificio, Agostino Beccari

[Il sacrificio]. Fábula pastoril en tres actos de Agostino Beccari (1510?-1590); inició la fortuna de aquel gé­nero de drama que se afirmó con el Pastor fido (v.) y el Aminta (v.).

Fue estrenada el 11 de febrero de 1554, con música de Alfonso dalla Viuola, en el palacio de Fran­cesco d’Este, en Ferrara, y después edita­da el año siguiente, con estructura diversa, y dedicada a Eleonora d’Este, presente en la segunda representación. «Argumento: Erasto ama a Callinome, ninfa, pero se ve despreciado por ella. Y Tarico continúa en el ya conquistado amor de Stellinia, la cual lo deja y se da a seguir a Erasto, nuevo amante. Todos estos diversos amores últimamente alcanzan el deseado fin, con intromisión de un sátiro, que con placen­teros engaños intenta gozar de aquellas nin­fas : y con engaños también es por ellas burlado. La escena es en Arcadia». Ya en la Egle de Giraldi se puede reconocer un primer paso hacia un drama de carácter pastoril y el propio autor dejó un fragmento que lleva la indicación de «fábula pastoril»; El sacrificio tiene pastores por personajes y no se apoya en la mitología; pero su ma­teria no es nada nueva.

Bajo el ropaje teatral atento a las reglas esperonianas (v. Canacea) continúa el hilo ininterrumpido de la tradición bucólica en sus variadas for­mas. Tiene resabios de muchas influencias, entre ellas naturalmente la de Petrarca. En cuanto al Sátiro, se notan semejanzas con el de Egle y con el tipo de Ruzzante. La novedad del endecasílabo suelto, respecto a la antigua octava del género dramático, la comparte con Giraldi. Carducci encuentra en esta obra un «diálogo, por fin, regular en versos sueltos, mediocres pero cultos». Fuera del diálogo, los cantos son estrofas rimadas. El espíritu pastoril se mezcla, ade­más, con las falsas galas literarias propias del género, en la intriga cómica, a la que ayudan oportunos efectos de magia. Bien dice Carrara que ahora se comprende que es ya imposible el retorno a la sencillez bucólica antigua.

M. T. Dazzi

Ruslan y Ludmila, Alejandro Pushkin

[Ruslan i Ljudmila]. Poema épico de Alejandro Pushkin (Aleksandr Sergeevic Puskin, 1799-1837), escrito entre 1817 y 1820, que no llegó a publicarse hasta 1822 a causa de sobrevenir el destierro del autor, acusado de ideas de­masiado liberales. Constituye el primer tra­bajo serio de este poeta, pero en él se nota todavía la influencia de sus lecturas juve­niles. En muchos aspectos, Ruslan y Ludmila guarda relación con la «bylina», la antigua canción épica rusa, pero la materia del poema está tomada de la epopeya hu­morística de Ariosto. Al valeroso príncipe Ruslan le raptan, la misma noche de su boda, a su esposa Ludmila.

El raptor es un mago, un horrible jorobado, el cual en vano trata de conquistar el favor de su prisionera. Ruslan, con la ayuda de otro mago, tras muchas y diversas peripecias que recuerdan las del esforzado Roldán (v.), llega al gélido reino del raptor, situado más allá de las montañas del Norte; des­pués de una violenta batalla que dura tres días, ata al mago y encuentra, en un jardín encantado, a Ludmila y con ella su feli­cidad. Las aventuras de Ruslan aparecen continuamente complicadas con luchas tra­gicómicas, sostenidas con espíritus y con caballeros: unas veces combate el príncipe con una enorme cabeza sin tronco, la cual pretende matarlo con la potencia de su so­plo; otras veces contra un rival en amor y finalmente con el mago jorobado, quien, en el furor de la batalla, obliga a que Rus­lan haga un largo viaje por los aires, llevándole prendido de sus larguísimas barbas. El poema es, realmente, la obra de un prin­cipiante, un mosaico de influencias extra­ñas a la inspiración espontánea del poeta; no obstante, ya se percibe en él la maestría de lenguaje y aquella facilidad poética que hicieron de Pushkin el más grande de los poetas rusos.

M. Kraisky

* Del poema del Pushkin se extrajo el libreto para el melodrama fantástico en cinco actos Ruslan y Ludmjila, de Michail Glinka (180-1857). Esta ópera, la segunda del compositor, fue estrenada en San Petersburgo en el año 1842. La música, aparte de algunas páginas de gusto  italiano, sigue estrechamente el programa «nacionalista» de los «Cinco». Es muy refinada y fantástica, favorecida en este aspecto por el asunto, que participa de la fábula, del ambiente y de la época en que se desarrolla. Como las demás óperas de los componentes del grupo de los «Cinco», sin exceptuar a Mussorgsky, tam­bién ésta se complace en un orientalismo que no debía hallar el favor del público y de la crítica, y por ello el éxito de la pri­mera representación fue muy inferior al obtenido por la primera ópera de Glinka, La vida por el zar (v.). No obstante, la obertura, el prólogo del bardo Bayan (que es presentado como si la acción que va a desarrollarse fuese narrada y evocada por él), los coros nupciales, los cantos del ma­go Finn y de la maga Naina, el coro persa, el nocturno de Ratmir, las danzas en el jardín encantado del mago y el final son páginas dignas de mención.

E. M. Duffolcq

Producto de un ingenio maduro que al­canzó el último estadio de su evolución… Es una ópera de primer orden y puede parangonarse con las grandes obras maestras de su género. En ella, Glinka señala nuevos horizontes y abre nuevos caminos que antes de él eran insospechados. (Cui)

El ingenio de Glinka es esencialmente dúctil y vario. Su estilo tiene la rara con­dición de saberse adaptar, según el deseo del compositor, a las exigencias y al ca­rácter del tema tratado. Glinka puede ser sencillo e incluso ingenuo sin verse obli­gado a transigir con una frase vulgar. Sus melodías presentan desarrollos insos­pechados y están construidas sobre temas que desconciertan por su singularidad y rareza. Es un gran orquestador, y el cui­dado con que emplea los instrumentos y el perfecto conocimiento de sus más íntimos recursos, convierten su orquesta en una de las más nuevas, brillantes y modernas que sea posible oír. (Berlioz)