Sátira de Felice e Infelice Vida, Pedro de Portugal

«Extraño libro, mezcla de prosa y verso» — al decir de Menéndez Pelayo—, obra del condestable don Pedro de Portugal (1429- 1466), personaje directamente vinculado a la historia de los reinos de Aragón y de Castilla y a quien el marqués de Santillana dirigió su inestimable Prohemio (v.).

Fue entre 1449 y 1457, tras la derrota de Alfarrobeira, cuando el autor escribió este libro, que empezó primero en portugués y prosi­guió en castellano después de traducir la parte redactada en portugués. Ha sido pu­blicado por Paz y Meliá en Opúsculos lite­rarios de los siglos XIV a XVI (Madrid, 1892). El propio autor explica la intención de la obra: «Sátira, que quiere decir repre­hensión con ánimo amigable de corregir: e aun este nombre ‘sátira’ viene de ‘satura’, que es loor». La obra quiere ser una especie de narración alegórica en la que se mezclan reminiscencias de Dante, de Petrarca, de Boccaccio y de El siervo libre de amor (v.) de Juan Rodríguez del Padrón, cuyo argu­mento resume en una de las glosas margi­nales.

En realidad, la obra es una alabanza de las damas: a ellas corresponde la vida «felice», mientras que a los enamorados les corresponde la «infelice» (de ahí su título). El autor declara que éste es el primer fru­to de sus estudios y la historia de sus pri­meros amores, entre los catorce y los die­ciocho años. El estilo de la prosa de este libro es irregular y los fragmentos en ver­so son sumamente conceptuosos y alam­bicados.

Satanás y las Gracias, Giovanni Prati

[Satana e le Grazie]. Leyenda romántica en cuatro cantos, en endecasílabos libres, de Giovanni Prati (1814-1884), publicada en 1855.

Los protagonistas son tres hombres, represen­tantes de las clases más elevadas de la so­ciedad: don Mario, un sacerdote; Heráclito, magistrado, y Hermann, un guerrero, que se enamoran y son arrastrados al crimen por tres mujeres: Eva, Luz y Nella; las tres Gracias: Talía, Aglae y Eufrosine, a las cuales Satanás ha inducido a descen­der a la Tierra desde el Olimpo en ruinas, donde ellas son las únicas supervivientes de los antiguos dioses, símbolos de la belleza inmortal. Después de haber llevado a cabo su nefasta obra, las Gracias se dirigen a Satanás para recibir la recompensa prome­tida, pero Satanás las induce a un nuevo delito, a entregar los culpables a la justi­cia, después de lo cual las convierte en cenizas. Satanás se cree a punto de triun­far, pero el arrepentimiento redime ante Dios las almas de los tres culpables y por la posesión de éstos estalla una encarniza­da lucha entre Dios y Satanás, que termina con el triunfo de la fuerza del bien y la salvación de las tres almas.

La alegoría que guía al poema es relativamente sen­cilla: el hombre es un ser frágil que puede ser arrastrado al crimen por la belleza, pero puede salvarse siguiendo la aspiración al bien y al ideal. Mas la artificiosidad lírica con que Prati trató de realizar su alegoría resulta desproporcionada y heterogénea; los personajes carecen de íntima consistencia psicológica, los símbolos están elaborados de un modo vacilante y aproximado; y con efectos contradictorios actúan en el poema las influencias de los modelos que la ambi­ción artística de Prati se proponía refundir: desde el poema de Milton al Fausto (v.) de Goethe, Eloa de Alfred de Vigny, los Amores de los Ángeles (v.) de Moore y la Caída de un ángel (v. Jocelyn) de La­martine. En la crítica italiana disfruta de una notoriedad particularmente negativa, debido al agudo y despiadado análisis que hizo de ella Francesco de Sanctis en el ar­tículo «Satana e le Grazie», publicado en el «Cimento» de abril de 1855 y más tarde incluido en la recopilación de los Ensayos críticos (v.)

D. Mattalía

La concepción quedó en su ruda y pro­saica abstracción.(De Sanctis)

Sartor Resartus: Vida y opiniones de Herr Teufelsdrockh, Thomas Carlyle

[Sartor Resartus: The Life and Opinions of Herr Teufelsdróckh]. Obra del pensador inglés Thomas Carlyle (1795-1881), escrita en forma de novela y publicada en 1833-34 en el «Fraser’s Magazine». Junto con los Héroes, el culto de los héroes, etc. (v.), contiene la idea filosófica y moral de Carlyle.

En una primera parte se desarrolla, atribuyéndola a un imaginario profesor alemán, Diógenes Teufelsdrockh (v.), la que Carlyle llama «filosofía del vestido», fundada en la idea de que las instituciones, los prejuicios y las costumbres, en general, son simples ropajes del espíritu humano y tienen, por lo tan­to, un mero valor contingente. El título significa, exactamente, El sastre remendado, es decir, el sastre que vuelve sobre sí para vestirse o revestirse. En la segunda parte se cuenta la biografía del protagonista. Dió­genes Teufelsdrockh es un niño abandonado que pasa sus primeros años en un pequeño pueblo de Alemania, Entepfuhl, en la casa del jardinero Andreas Futteral, quien lo había recogido y educado con afectuoso cuidado. El muchacho, reflexivo y taciturno, oyendo hablar del mundo en donde millo­nes de seres viven y sufren, en países y ciudades, comprende que su existencia se desenvuelve en un ámbito excesivamente pequeño y siente la atormentadora ambi­ción de vivir intensamente, de conocer y comprender el origen y la primera causa de las cosas. Al morir su padre adoptivo, se encuentra falto de todo afecto y espera encontrar la felicidad en los largos viajes y en los estudios.

Parte entonces para lar­gas peregrinaciones, conoce hombres y paí­ses, admira las bellezas de la Naturaleza, visita lugares históricos, evoca el pasado, pero no es feliz. La lectura y el estudio de los grandes pensadores no consiguen sino suscitar la duda y el escepticismo en su es­píritu; el amor y la amistad le procuran numerosas desilusiones y, finalmente, su ánimo se debate entre la amarga sonrisa de un árido escepticismo y un doloroso senti­mentalismo. La verdadera felicidad consis­tía, tal vez, en la fe ingenua de la infan­cia, en la vida restringida y tranquila de su aldea, en la sumisión absoluta- a su pa­dre adoptivo. Con un esfuerzo de voluntad, vuelve a sumirse en la evocación de su in­fancia y así consigue salvar a su espíritu del naufragio que le amenaza. Los súbitos sufrimientos constituyen para él una rica experiencia; comprende que a través de las formas caducas de la vida y del mundo, el espíritu debe conseguir la idea de un principio absoluto divino, que está en to­dos los seres. Si la reflexión y la especula­ción pueden destruir la ingenua fe infantil, el espíritu debe saber volver a una fe más firme, porque está basada en la razón. Des­pués de tantas peregrinaciones, tanto pen­sar, después de haber sufrido las penas del amor, Teufelsdróckh vuelve a encontrar un equilibrio en el amor hacia todos los seres, en los que se reconoce a sí mismo, en una febril e incesante actividad a favor de sus semejantes, en una fe que consiste en obrar activamente y no es inerte contemplación. Sartor Resartus refleja toda la atormentada evolución espiritual de Carlyle: Diógenes Teufelsdróckh es él mismo; la aldea de Entepfuhl no es sino su infancia; el gran amor del protagonista hacia Blumina no es sino el amor de Carlyle por Margherita Gordon.

El extravío de Teufelsdróckh es la tragedia íntima del hombre moderno, en el que toda fe vacila, sediento de placeres, pronto a poetizar su dolor y a desatarse en un egoísmo hedonista, que se rinde culto a sí mismo («Self-Worship»). De esta «eter­na negación» («Everlasting no») encontró Carlyle el modo de salir y salvarse, gracias a los pensadores alemanes Goethe y Schil­ler. Wilhelm Meister (v.), el joven héroe goethiano, que tras largas peregrinaciones halla la íntima alegría en el trabajo humil­de y cotidiano que realizan los demás hom­bres sin buscar recompensas y honores, aplica un decisivo golpe al Manfredo (v.) de Byron, el héroe del pensamiento que solamente vive de su yo en la soledad de un Olimpo ficticio. Al «eterno no» se opo­ne el «eterno sí» que ve todo cuanto existe como obra de Dios. La parte filosófica del Sartor Resartus deriva de Ficht y de Goe­the; su forma exterior y la narración de­rivan de Jean Paul, por el que Carlyle sentía una viva admiración. Muchos mo­mentos de la obra recuerdan la Vida de Quintus Fixlein (v.) y Titán (v.). Sobre todo, place a Carlyle la firme filosofía de Jean Paul que, con su ruda y sencilla visión de la vida, fustiga al clasicismo filohelénico y estetizante que dominaba en Europa y especialmente en Francia. Sartor Resartus fue en Inglaterra una gran voz aislada en medio de una general desorientación de las conciencias, mientras, las diversas doctrinas filosóficas minaban las bases de la fe, des­truyendo sin intentar construir, y el ma­terialismo económico engendraba un in­dividualismo desenfrenado, frecuentemente envuelto por una morbosa disposición ar­tística y poética.

G. Fornelli

Loca paradoja; mezcla de barroco y de misticismo, de feroces ironías, de tiernas pastorales, de historias de amor, de explo­siones de ira, de cuadros carnavalescos. Crea una metafísica, una política y una psicología alrededor de un conjunto de cal­zoncillos y delantales. (Taine)

Carlyle, además de todas las dotes que poseía, era un artista; tenía, en realidad, un gusto sobresaliente por la palabra: un sentido del estilo que gradual y constante­mente fue desenvolviéndose en modos in­teresantes y originales. (Strachey)

Gran escritor se le llama precisamente a Carlyle, como se dice de Ruskin, de Browning, como se dice de Balzac y de Michelet; lo cual significa: acaloramiento, fusión de un gran contenido «en cierne», gestación de un caos, incendio. Un incendio, consuma un Palacio Pitti o consuma una humilde casa, es siempre hermoso. Las molduras más triviales se convierten en fantásticos soportes de arquitectura cósmica. La paja del asiento de las sillas reverbera como un rubí. La desgracia está en que todo ello dura relativamente poco. (E. Cecchi)

Sarashina Nikki

[El diario de Sarashina]. Obra de la literatura japonesa an­tigua, escrita por una hija de Sugawara-no-Takasue, sobrina de la autora del Kageró Nikki (v.), de la que nada se sabe, aparte el año de su nacimiento (1009) y de cuan­to ella dice de sí misma en su diario.

El Sarashina Nikki es una especie de autobio­grafía que comienza con la descripción del viaje que la autora hizo en 1023, a los trece años de edad, con su padre, el cual había sido gobernador de la provincia de Kazusa y se dirigía a Kyoto, la capital; sigue na­rrando sus experiencias personales aconte­cidas durante el largo período de 36 años que termina con la muerte de su marido Tachibana-no-Toshimichi, sucedida en la décima lunación de 1058. La autora nos da a conocer una serie de observaciones hechas en momentos diversos, recuerdos, sueños, presagios, soliloquios sobre la vida y la muerte, castillos en el aire construidos por su fantasía, descripciones de libros leídos (muestra su predilección por el Genji Monogatari, v.), descripciones de lugares visi­tados, de peregrinaciones hechas a tem­plos y mil otras, grandes y pequeñas a un tiempo, que encierran a veces valor para el estudio de la psicología de la autora. El Sarashina Nikki deriva su nombre de* la localidad de Sarashina, que muchos han creído poder situar en la provincia de Shi- nano, si bien no ha podido comprobarse de modo convincente, donde la autora residió largamente con su marido, gobernador de la susodicha provincia.

La prosa del diario es menos apreciada por muchos críticos in­dígenas que muchas de sus poesías en la antología oficial (v. Choku-sen-shu). Trad. inglesa de Annie Shepley O nori e Kóchi Dói, con el título Diaries of Court Ladies of Japan (Londres, 1936) y en italiano, con el título Diari di Dame di corte nell’antico Giappone (Turín, 1946).

M. Muccioli

Sardanápalo, una tragedia, George Gordon Byron

[Sardanapalus, A Tragedy]. Tragedia en cinco actos y en verso de George Gordon Byron (1788- 1824), publicada en 1821, dedicada a Goethe. Fue . escrita en Rávena, y el asunto adapta­do de la Biblioteca histórica (v.) de Diodoro Siculo. Sardanápalo es representado como un monarca entregado a los placeres, pero esforzado, cínico y amable como un caballero de la Ilustración (v.). Beleses, profeta caldeo, y Arbacio (Arbaces), go­bernador de la Media, evitan una revuelta contra el rey y éste, incitado por su es­clava griega favorita, Mirrah, abandona su molicie y combate a la cabeza de sus tro­pas. Derrotado, procura la salvación de su esposa Zarina y de sus secuaces, luego pre­para una pira alrededor de su trono y allí muere con Mirrah. El drama sugirió el cuadro de Eugéne Delacroix (1798-1863) donde se representa una carnicería de es­clavos sobre la pira del déspota. [Trad. es­pañola en verso por José Alcalá Galiano (Madrid, 1886)].

M. Praz

Todo lo que pudo producir lo consigue bien, y se puede decir efectivamente que en él la inspiración sustituye a la reflexión. Él tenía que poetizar siempre, ya que todo lo que brota del hombre, y especialmente de su corazón, era excelente. Produce sus obras del mismo modo que las madres dan a luz sus pequeñuelos: no piensan en ello ni saben cómo ocurre. (Goethe)

Toda la obra de Byron me parece un suicidio por «spleen» en toda la expresión de la frase. El noble lord se rasca conti­nuamente el gaznate; pero con el dorso del cuchillo en vez de hacerlo por el lado del filo. (Hebbel)

Si en el fondo de su alma no hubiera sido un «dandy», nada quedaría que nos lo re­cordase. (Beerbohm)

*    El teatro lírico ha tenido predilección por la figura de Sardanápalo. Entre las varias óperas compuestas sobre el tema de su vida y tituladas Sardanápalo, recorda­mos la de Gian Domenico Freschi (1640- 1690), Venecia, 1678; Christian Ludwig Boxberg (1670-1729), Onolzbach, 1696; Jules Alary (1815-1891), San Petersburgo, 1852; Félix Jonciéres (1839-1903), París, 1867: el libreto de esta ópera está sacado directa­mente de la tragedia byroniana. También Giulio Litta (1822-1891), Otto Bach (1833- 1893), Alexander Famintzin (1841-1896) y Alphonse Duvernoy (1842-1907) compusieron sendas óperas con igual título. Es notable la cantata Sardanápalo de Héctor Berlioz (1803-1869), y la obertura homónima de Wilhelm Mayer (1831-1898).