El Relicario, François Coppée

[Le Reliquaire]. Colección de versos de François Coppée (1842- 1908), publicada en 1866; es la primera obra poética del autor. El relicario pertenece a la poesía parnasiana, en la que Coppée hizo sus primeras armas, para separarse de ella más adelante con una manera más abiertamente «íntima», cuando su persona­lidad poética se desenvolvió fuera de toda influencia (v. Los humildes). El volumen está dedicado a Leconte de Lisie, cuya in­fluencia es evidente en la ambientación del libro. Éste revela, sin embargo, la particu­lar capacidad de Coppée para evocar con viva nitidez ambientes y climas.

Paseos pri­maverales en los bosques de l’Ile-de-France, suspiros de amantes en las sombras de un parque, visiones de enamorados que pasean enlazados por las calles solitarias, una mú­sica oída en la noche («Adagio»), una his­toria de pequeñas vidas humildemente he­roicas («Una Santa»), escenas sentimentales que dejan entrever al inminente tránsfuga del Parnaso, al cantor de la burguesía.

G. Alloisio

Miscelánea, Luis Zapata de Chaves

Silva de curiosos casos. Libro formado por breves relatos de suce­sos y anécdotas del caballero don Luis Zapata de Chaves, natural de Llerena (naci­do en el primer cuarto del siglo XVI y muerto hacia el año 1600). Los argumento de sus cortos capítulos están tomados unos de fuentes conocidas y otros son fruto de la experiencia personal del autor o de no­ticias de sus contemporáneos. A través de ellos acredita Zapata una buena formación humanística y sobre todo una inagotable curiosidad. Más interés que las alusiones a la Antigüedad tienen, naturalmente, los episodios atribuidos a personajes de su tiempo y las apreciaciones sobre la vida española de aquella época. No hay orden ni sistema en esta Miscelánea, por lo que no puede hacerse una clasificación de sus temas. Los relatos se refieren a hechos de armas y de caballería, caza con aves de altanería, fiestas de toros. No falta la re­seña de milagros y hechos portentosos junto a la anécdota menuda y de buen humor. Celebra frases ingeniosas y plantea cuestio­nes literarias. Hay un capítulo dedicado a enumerar todas las cosas excelentes de Es­paña. En otro se relacionan muchas joyas de gran valor y precio. Pondera en uno las invenciones de su siglo. Se ocupa con especial interés de la música y los músicos. Y, en fin, sirven a la curiosidad y al gusto todos sus párrafos, escritos en un lenguaje llano, conciso y pulcro. La Miscelánea fue publicada por Gayanços en 1859, precedida de una introducción.

L. Monreal

Miscelánea Póstuma, Jules Laforgue

[Mélanges posthumes]. Colección de pensamientos y es­critos críticos del poeta francés, urugua­yo de nacimiento, Jules Laforgue (1860- 1887), publicada en 1903. Es un vigoroso testimonio de la cultura del siglo XIX, fuera del cuadro de la literatura simbolis­ta del que el autor al principio había for­mado parte con sus Lamentaciones (v.) y con Las moralidades legendarias (v.). Ofre­cen por ello un documento fundamental para entender cómo, bajo un aspecto extra­vagante e irregular, el autor captó algunos motivos de la cultura de su época y los fijó con la superficialidad de expresión que le era característica. La posición paradó­jica de un artista que juega con todo, in­cluso con los afectos más íntimos, y conti­nuamente oculta bajo una mueca burlona el dolor de un alma ulcerada, se revela aquí con sencillez en cuestiones culturales, en impresiones de arte y en aforismos sobre la mujer y el amor.

En la naturaleza se capta la verdad y la vida que son certi­dumbre: un parque en noviembre, un paisaje parisiense, un acuario alemán ofre­cen al observador una gama de elementos que no pueden ser completamente engaña­dores («Paisajes e impresiones» [«Paysages et impressions»!). Viajando por Alemania, en contacto con costumbres y pensamientos nuevos, el autor expresa «Sobre la mujer» [«Sur la femme»] un desprecio apenas ate­nuado por el esplendor de las formas y el sentimiento del amor. Importantes son las notas de «Literatura» [«Littérature»] y «Crí­tica de arte» [«Critique d’art»], llenas de relieves agudos sobre la poesía de vanguar­dia, sobre, el impresionismo y sobre el arte moderno en Alemania. Una comedieta: Pie­rrot fumiste (que favoreció la acepción sentimental y refinada de la palabra «fu- misterie») y algunas cartas confirman un carácter versátil de conocedor, que capta en la cultura contemporánea algunas acti­tudes meditativas dignas de resistir al tiempo.

C. Cordié

Miscelanea, Richard Tottel

[Tottel’s Miscellany]. Es el nombre con que habitual­mente se designa una selección de poesías inglesas que el editor Richard Tottel publi­có en 1557 bajo el largo título de Songs and Sonettes, written by the right hono­rable Lord Henry Haward late Earle of Surrey and others. Pero, a pesar de que la colección lleve el nombre de Surrey, quizá en homenaje al título nobiliario de este poeta, está compuesta, sin embargo, en gran parte, noventa y seis de los trescientos poemas, por obras de sir Thomas Wiatt (1503-1542), que familiariza a los lectores ingleses con los sonetos al modo de Pe­trarca.

De treinta sonetos que aparecieron en la Miscelánea, diez son versiones adap­tadas de Petrarca, y los restantes inspira­dos directamente por el poeta italiano; tie­nen por tema común la indulgencia o crueldad de las «bellas». Más personales acentos se encuentran en los epigramas, compuestos sobre cualquier paradoja, con una gran vivacidad. En cuanto a las tres sátiras, reemprenden, a imitación de Ho­racio, la fábula debida a Esopo del ra­tón de aldea y el ratón de ciudad. El autor se esfuerza en señalar el mayor desprecio posible por la vida de la Corte. Los sone­tos de Surrey (aproximadamente entre 1518 y 1547) están igualmente compuestos si­guiendo el modelo de Petrarca. Algunos otros poemas se someten a las reglas de «poulter’s measure» (establecida de modo bastante curioso sobre el hecho de que la docena de huevos varía entre los doce y los catorce). Citemos particularmente entre estos últimos el célebre «Queja por la au­sencia de su bienamado que marchó a la mar» [«Complaint of the Absence of her Lover being upon the Sea»]. De los demás colaboradores de la Miscelánea, sólo cuatro han sido identificados: Nicholas Grimald, lord Thomas Vaux, el dramaturgo John Heywood y Edward Somerset. En cuanto a los restantes autores que no han podido ser identificados, su aportación no consti­tuye ningún éxito para el conjunto de la obra.

Importa ver sobre todo en la Misce­lánea de Tottel un esfuerzo para responder a las exigencias de la época, al deseo que existía entre el público de ver a la poesía traspasar las fronteras de un estrecho círcu­lo, verla evadirse de la atmósfera de la Corte. Además, es muy interesante seguir los esfuerzos de Wyatt y Surrey, cuya gran­de y única ambición era la de sustituir la confusión de formas y ritmos que reinaba en la época de Chaucer por un orden y una armonía inspirados en los modelos italianos, resultado de la disciplina impuesta por el soneto.

La Religión, Louis Racine

[La religión]. Poema de Louis Racine (1692-1763), hijo de Jean. Publicado en 1743, consta de seis cantos dedi­cados a demostrar la verdad y las bellezas del Cristianismo contra los incrédulos y los ateos de todos los tiempos.

La verdad fundamental es la existencia de Dios. La primera prueba nos la dan las maravillas de la Naturaleza y la armonía del Universo: del mismo modo la certidumbre de un Dios está dada por la búsqueda que del mismo hicieron los hombres de todos los tiempos y por la conciencia interior de su necesidad en el Cosmos (Canto I). En su corazón el hombre encuentra la voz del Creador: el mismo lenguaje es el motivo que guía a hallar el Verbo divino (II). Sólo el Cristia­nismo, sucediendo a la espera del Mesías depositada en el pueblo de Israel, puede dar la fe en la verdad divina (III). La lle­gada del Liberador y la divulgación de la buena nueva son el último y definitivo tes­timonio de la voluntad divina (IV). La re­ligión ilumina a los espíritus y da al cora­zón la verdadera paz: están en el error los filósofos, a menudo impíos, que niegan, di­cha verdad. También los deístas que pro­pugnan, con la tolerancia universal de toda religión, la idea abstracta de un Dios, son condenables en cuanto aumentan el orgullo pecaminoso del hombre (V).

Con mayor razón son de execrar los que niegan la re­ligión por su mala conducta y por el aban­dono del camino del bien. Él Juicio Final terminará la gran obra de la religión, ini­ciada por voluntad divina el mismo día de la Creación. La obra de Racine, prolija y carente de valor poético, fue dedicada al papa Benedicto XIV y logró un gran éxito entre la sociedad aristocrática.

C. Cordié