Sátira de los Filósofos Paganos, Ermia

Bajo el nombre de un tal Ermia, que por lo de­más nos es desconocido, se transmitió a la tradición cristiana una burla de los filóso­fos paganos que es una violenta revisión de todos los grandes maestros de la Antigüe­dad precristiana. Siendo totalmente desco­nocido el autor, no ha sido posible esta­blecer con argumentos seguros la fecha de composición de este escrito, si bien puede asignarse indiferentemente a un período de tiempo comprendido entre los siglos II y el V.

Las analogías de esta obrita con las apologías del Cristianismo del siglo II, po­drían justificar la asignación más antigua. La argumentación del autor consiste en poner de relieve las contradicciones en que incurrieron evidentemente los principales maestros de la filosofía griega. Pero éste es un tema tan familiar a Taciano como a Teófilo Antíoco. La reseña, plena de mor­dacidad y sarcasmo, no está exenta de brío, si bien se complace en simplificacio­nes audaces y abunda en la caricatura. El estilo del escritor semeja el de Luciano, pero es burdamente chismoso y carente del menor aticismo. Lo que impresiona es la ausencia de toda alusión al neoplatonismo. Argumento de más para que se remonte el escrito a fines del siglo II o a los pri­meros años del III.

E. Buonaiuti

Sátira contra los Malos Escritores de este Siglo, Jorge Pitillas

De Jorge Pitillas (pseudónimo de José Gerardo de Hervás, m. en 1742), publicada en la 2.a ed. del to­mo VII del Diario de los literatos de Espa­ña (1742), fechada un año antes. El sentido crítico del siglo XVIII está representado en la poesía satírica de Jorge Pitillas. Consta esta sátira de cien tercetos, precedidos de un breve prólogo en el que el autor ponde­ra la magnitud de su intento: «Tengo muy creído que la calidad y aun la claridad de este escrito causará extrañeza a todos, es­cándalo a muchos y mortificación a al­gunos’…»

La obra comienza, a imitación de los satíricos latinos, mostrando la indigna­ción del escritor por el lamentable estado de la literatura patria y declarando su propósito: «Quiero yo ser satírico Quijo­te, / contra todo escritor follón y aleve». Luego, junto al repudio de los galicismos, censura la literatura postbarroca. Denuncia la existencia de un «literato afrancesado, antiaristotélico, filosofante, deslumbrado por lo nuevo, curioso de extrañas y lejanas noticias». Las alusiones contemporáneas dan vida a esta sátira. Su mayor interés es­triba en su valor documental. Se trata de una imitación directa del preceptista fran­cés Boileau. Pitillas no cita a Boileau, pero sí a los autores latinos citados por aquél: Horacio, Persio, Juvenal, Plauto, Marcial. Son también elementos de esta obra trozos del Viaje del Parnaso (v.) de Cervantes. Pitillas es un hábil y fiel traductor de Boi­leau. A pesar de ello, su estilo es personal y no exento de gracia.

Shih P’in, Chung Hung

[Clasificación de los poetas]. Obra crítica sobre la antigua poesía china, de Chung Hung (siglos V-VI d. de C.), la más importante por su carácter completo, tanto como fuente cuanto como juicio, que se conoce entre los escritos de dicho pe­ríodo. La literatura china, de fines de la dinastía Han (202 a. de C.-220 d. de C.) hasta principios de la dinastía T’ang (620- 906), a través de una lenta evolución, había sufrido una transformación profunda; de modo que el pensamiento dominante del período en el cual Chung Hung escribió su libro se separaba ya del realismo confuciano para dirigirse al naturalismo pasivo taoísta, con preponderante tendencia al pe­simismo; la forma literaria empezaba a abandonar la claridad y la sencillez, y se inclinaba a la retórica. El Shih P’in está dividido en tres volúmenes, que contienen la crítica sobre ciento tres poetas antiguos y contemporáneos.

Chung Hung distingue a dichos poetas en tres clases: superior, media e inferior. En la introducción de cada clase, el autor expone su opinión y da un breve juicio en torno a cada poeta. Aun­que el criterio de su clasificación no sea siempre claro, se puede sin embargo dedu­cir que Chung Hung establece su juicio de poeta superior, medio e inferior, según la fidelidad al sentimiento y a la expresión, que ha de ser llena y al mismo tiempo de­licada, y a la forma, que ha de resultar siempre elegante y armónica (tendencia tí­pica de la escuela retórica). A base de tal clasificación Chung Hung establece luego, a través de agudas observaciones, la depen­dencia y el influjo de un poeta sobre otro. El libro de Chung Hung, en el curso de los siglos, ha sido de texto en el mundo litera­rio chino, y todavía hoy, por el equilibrio y el interés de los juicios, es fuente de consultas y de estudio.

S. Lokwang

El Romanticismo en Italia, Alessandro Manzoni

[Il Romanticismo in Italia]. Carta crítica de Alessandro Manzoni (1785-1873), dirigida al marqués Cesare D’Azeglio, escrita en 1823 pero publicada, con adiciones y variacio­nes, en 1871.

En la primera redacción se encuentra la famosa fórmula que compendia el ideal literario de Manzoni: «La poesía y la literatura en general han de proponerse lo útil como finalidad, lo verdadero como asunto y lo interesante como medio». La carta constituye la exposición crítica más rigurosa de los caracteres e ideales del Ro­manticismo italiano en general y lombardo en particular, así como los caracteres e ideales distintivos de la escuela clásica y romántica. Con espíritu crítico, libre de las intemperancias polémicas de los románticos, Manzoni examina con sereno rigor los de­fectos de la escuela clásica y distingue en­tre el útil estudio de los clásicos y el aca­demicismo, retórico sueño de un mundo es­piritual que ya no está animado por pro­fundos sentimientos ni ideales y que hace legítima la polémica del Romanticismo.

A su vez, el autor distingue en éste la parte negativa de la positiva: más clara y pre­cisa la primera, en cuanto trataba de derro­car determinadas ideas y principios pro­pugnados por la escuela clasicista, como la imitación pedestre de los clásicos, el uso de la mitología y la servidumbre a las leyes retóricas. Menos precisa en la forma, no en la sustancia, aparece la parte posi­tiva del Romanticismo, cuyos ideales, en tono casi programático, en la primera re­dacción de la carta, compendia Manzoni en la conocida fórmula, y propugna el ideal de un arte animado por sentimientos pro­fundos y partícipes de la conciencia co­mún, que sea ilustración y enriquecimiento de nuestro mundo espiritual y esté sólida­mente basado en la realidad, que es el des­arrollo efectivo del gran drama de la hu­manidad. Identificando lo «verdadero» his­tórico con lo «verdadero» moral, Manzoni reproduce en nueva forma y más profun­damente el ideal de la antigua estética pe­dagógica, y confiere también un significado más sustancioso al concepto de «interesan­te»; finalmente, con la íntima correlación de los tres términos de su fórmula, trata de aislar los valores más orgánicos y vitales del movimiento romántico, por encima de sus contingentes afirmaciones polémicas.

Hoy, aunque la carta manzoniana no puede ser aceptada en su totalidad para una va­loración de todos los aspectos del Ro­manticismo, es generalmente considerada como la afirmación más alta y la exposición más lúcida y vehemente de la estética y la poesía manzonianas.

D. Mattalía

El Romanticismo en el Mundo Latino, Arturo Farinelli

[Il Romanticismo nel mondo lati­no]. Obra crítica de Arturo Farinelli (1867- 1948), publicada en 1927. Constituida por veinte discursos y amplias reseñas biblio­gráficas, comprende en síntesis la literatura romántica de Francia, Italia, España, Por­tugal e Hispanoamérica y, a través de la investigación de las actitudes poéticas y espirituales, presenta un mundo que, diversamente valorado por los críticos, fue uni­tario en sus manifestaciones literarias. El crítico, en lugar de basarse en problemas históricos o trazar figuras y movimientos literarios, se dispone con calor y alguna vez con énfasis a exponer la riqueza de los sentimientos y de las luchas espirituales del Romanticismo; y junto al sueño de los idealistas germánicos, que tan poderosa in­fluencia tuvo en la vida y la literatura de dicho país, evoca la pasión de los román­ticos latinos.

En los varios discursos se examinan todos los temas preferidos por los románticos: el subjetivismo, el gusto por la Edad Media, por la aventura, la iro­nía, el pesimismo, la aspiración a lo infi­nito y a lo eterno, el culto del individualis­mo, del amor, de la música, el sentimiento heroico del amor patrio. Y, a través de las pasiones y figuras que se suceden, revive el amplio movimiento romántico al que los pueblos latinos añadieron su depurada .exi­gencia de armonía y de lúcida construcción artística.

C. Cordié