2011 November | Crítica de Libros
Critica de libros, comentarios, personajes, escritores, estudios y resumenes de libros. Literatura actual y clasica. Literatura espanola, literatura hispanoamericana, literatura norteamericana, literatura europea. Libros recomendados, best-sellers y obras selectas

Archive for November, 2011

Iquikanchu : Les Fleurs, Iquique y el Amor

Novela historica, escrita en primera persona, su personaje principal es Alejandro Portocarrero Lavasille, quien en un relato personal nos sumerge en la primera parte de la historia de su vida. Sus raíces, su amada familia, su infancia en la hacienda Les Fleurs, la vida estudiantil, los entrañables amigos, el primer amor, su lucha por hacerse de un nombre en el mundo de la tinta y la pluma con el objetivo de alcanzar la experiencia del amor. Un mundo que se atrevió a jugar creyéndose sabio conocedor de las inesperadas sorpresas que afronto y terminaron marcándolo por siempre.

Años mas tarde en 1879, convertido ya en un abogado, regresa al Perú para reencontrarse con sus seres queridos y continuar rehaciendo su nueva vida. Pero el destino aun le tenia deparado mas pruebas a su agotado espíritu. La guerra del pacifico estaba por estallar, justo cuando había enrumbado a trabajar a la ciudad de Iquique, al lado de su entrañable amigo, el rico empresario Don Alfonso Ugarte Vernal. Viéndose envuelto entonces en una serie de intrigas entre sociedades ocultas detrás de los gobiernos beligerantes.

Amante también de las historias de los antepasados que poblaron San Juan de Lurigancho,los rurikanchu. Nos transcribe el relato que escucho de su amigo, el viejo indio Amancio, acerca de la princesa Pisikta y su amado el quechua Quisu Yupanqui. Una historia situada en los tiempos sentenciados como el fin del gran imperio Inca. Manqumarka y el Cusco son las ciudades donde la Princesa Pisikta crece y se hace mujer. En medio del amor de su padre, las intrigas por su llegada al trono y la felicidad del amor al lado de un general Inca. Dos historias que guardan una relación entre si, y no solo por la ubicación geográfica en que se desarrollan ambas. Una recuerda a la otra, y esa otra es capaz de alimentarle en ideas y misterios que se develarán con el tiempo…

Autor : Michael Macavilca Mejia
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El tercer hombre (Graham Greene)

El tercer hombre

Tiene razón el prólogo del libro cuando afirma que esta novela fue escrita más para ser vista que para ser leída. La novela, con ser buena, no alcanza el nivel de la película que se realizó sobre ella, ni consigue su atmósfera.

De hecho, la novela es  un poco insulsa, porque no explota el potencial del escenario, ni de la terrible broma que hace que el protagonista, un autor de novelas del Oeste de ínfima categoría, haya sido invitado como conferenciante a un selecto círculo literario vienés.

Lo que sí se muestra a la perfección es el inicio de la guerra fría: las capitales divididas en zonas de administración aliadas y soviéticas, donde queda cada día más claro que la alianza que los unió fue contra natura y que la desconfianza gana terreno. Los rusos, por su lado, continúan la política represiva que ya han extendido pro Europa y los aliados se dedican al estraperlo, el mercado negro, y sacar lo que buenamente puedan antes de regresar a casa, porque ya está sobradamente claro que eso es lo único que pueden hacer en las naciones ocupadas.

En esta ambiente, nuestro protagonista es llamado  a Viena pro un amigo de la infancia, por una especie de mentor que le inició a muchas cosas de adultos en su etapa escolar. Para él, su amigo es una especie de héroe de otros tiempos, pero cuando llega a la ciudad se entera de que acaba de morir.

La policía británica es la que s eocupa del caso, con total indolencia, e informa al escritor de westerns de que su amigo estaba implicado en varias cosas sucias. El escritor se niega a creerlo, porque eso supondría renunciar al mito de su infancia, y decide investigar por su cuenta la muerte, supuestamente accidental.

Y a partir de aquí, con los tópicos del género y un estilo un tanto vacilante, avanzamos por una trama que tiene poco de particular, por unos hechos que nos interesan a medias y por una falta de emoción y de suspense que no está a la altura de la profundidad psicológica con que se aborda la construcción de los personajes.

Aún así, una buena novela.

Evtushenko, Yevgeni

Yevgeni Evtushenko

(Zima, actual Rusia, 1933) Poeta ruso. Se formó en el Instituto Literario de Moscú, y se ganó una pronta reputación con su poema narrativo Estación Zima (1956). Lideró las ansias de libertad poética y literaria de la generación posterior a Stalin, en defensa de un arte basado en inquietudes estéticas y no sometido a los dictados de la política. Ello le atrajo las críticas de algunos sectores oficiales, que aumentaron con su poema titulado Baby Yar (1961), en el que llora la masacre nazi de judíos ucranianos y ataca el antisemitismo aún presente en la Unión Soviética, y más tarde por Una autobiografía precoz (1963). Trató de dar una proyección internacional a su obra, y realizó múltiples lecturas en Europa y Estados Unidos. Su obra incluye también varias novelas (Siberia, tierra de bayas, 1982; No mueras antes de morir, 1997), en las que refleja las circunstancias de la historia de su país.

EL POZO DE TODAS LAS ALMAS

El pozo de todas las almas

    Una trama original de las pocas que hay. Si bien, la autora conoce perfectamente el género, su prosa, repleta de acción y justas descripciones, atrapa al lector desde el primer momento.
La estructura interna elegida distribuye bien las partes, que en muchas ocasiones se producen cambios de escena y, por tanto, de acción.
    Conforme avanzamos con la lectura, la autora nos deleita con trepidantes escenas de lucha muy bien descritas. Además, el lenguaje narrativo utilizado (en primera persona) proporciona más información cerca de los pensamientos de la protagonista (Violeta), lo que enriquece la trama que ella vive, sus relaciones con otros personajes y el realismo que se pretende transmitir.
Desde el primer capítulo, conoceremos cómo viven los súcubos (una raza de demonios del sexto plano) y más adelante, podremos disfrutar de la descripción del mundo demoníaco de la protagonista, así como las relaciones entre vampiros, brujas y demonios.
    Particularmente, el final es breve, teniendo en cuenta que la obra consta de 23 capítulos por lo que es una lástima que no continúe la historia en otro libro.
    En resumen, un libro de lectura fácil, rápida y con todos los ingredientes: acción, intriga, sexo y amor.

LA POESIA TAMBÉ POT SER NAIF

LA POESIA TAMBÉ POT SER NAIF

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“Vers un país de poesies”,
Maica Duaigües,
Parnass Ediciones, Barcelona, 2011
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per Anna Rossell

http://annarossell.blogspot.com

He conegut la Maica Duaigües fa tot just una setmana i l’he conegut a través d’aquest poemari que avui presentem, “Vers un país de poesies”. A ella mateixa la vaig veure divendres passat per primera vegada. Amb ella no m’uneix cap llaç d’amistat. De moment.

Dic això perquè no és una situació que es doni massa sovint, que faci la presentació d’un llibre algú que coneix tan poc la seva autora. Però això precisament pot resultar un avantatge a l’hora d’apropar-se objectivament a un llibre seu. Perquè la mirada del lector llavors no va carregada de prejudicis, no hi ha una expectativa concreta, no hi ha preconcepció, i l’objectivitat -en la mesura que l’objectivitat és possible- pot ajudar a valorar-ne el contingut. Però també és cert que conèixer la persona directament, i no només a través de la seva obra, pot il·luminar la interpretació dels seus textos, pot afegir-hi aquell què que amb la lectura sola se’ns esmuny. Però sigui com sigui, no hi ha dubte que cadascuna de les vies té els seus avantatges i els seus inconvenients. I he de dir que és amb la distància que dóna el desconeixement -amb aquesta mirada innocent- que m’he apropat als seus textos.

Com bé diu al pròleg en Josep Colet i Giralt, a qui la Maica reconeix com el seu mestre,  aquest poemari és una invitació al joc, a jugar amb les paraules. En Josep Colet, que coneix personalment la Maica, diu d’ella en aquest pròleg que “juga dins la seva vida –es posa reptes i dificultats a vèncer–, i escriu com viu, amb la fresca sinceritat de l’espontaneïtat, i sempre de viatge per un món de monotonies, que ella, però, sap fer singular, jugant amb les idees, amb la mirada i amb els mots. I, repeteixo: ‘jugant’, perquè em penso que aquesta és la clau del llibre.”

Certament, coincideixo plenament amb Josep Colet que la fresca sinceritat de l’espontaneïtat i el joc -el joc en general i amb les paraules- són la clau del poemari. Ella mateixa ho anuncia quan, per encapçalar alguns dels seus poemes, fa servir cites que evoquen el món fabulós amb què els infants s’apropen a la literatura, com ara “Alícia al País de les meravelles”, o algun conte dels germans Grimm.

A la Maica Duaigües no li agraden els poemes críptics, ella prefereix les paraules senzilles i planeres, les que es fan entenedores a la gent, a ella li agrada arribar sense complicacions al lector, defuig l’ambigüitat i s’oposa radicalment a aquella poesia que pretén fer de la pseudointel·lectualitat un sinònim de qualitat. Ella és directa i parla sense embuts, es presenta sense màscara de cap mena, tal qual és i pensa. Això que dic no només es desprèn de l’esperit general que traspua el poemari que presentem avui, sinó que, a més, ella dedica humorísticament un poema a aquesta qüestió, un poema que penso és tota una tarja de presentació de l’estil d’escriptura que la caracteritza, un estil fictíciament càndid i picardiós, que es serveix tot sovint del rodolí per afrontar la vida amb optimisme i compensar les dificultats que ens reporta.
El poema és la rèplica que la Maica li va escriure a un amic, també poeta, el qual li havia dedicat a ella una poesia, amb què es va haver de barallar, perquè no aconseguia entendre.

Al poema li precedeix el següent aclariment:

“(Estrany) poema dedicat a un amic
per respondre a un poema (ben estrany)
que em va dedicar.”

I el poema mateix diu així:

“Déu-n’hi-do, quin embolic més gros,
llegir-te un tros
i no saber el que em dius
i cercar més avall
per trobar algun detall
que em faci entenedor
el to
d’aquest poema que
m’has dedicat.
Ai, quin esglai, m’agafarà un desmai,

I miro de llegir-te de costat [vers escrit en diagonal al poemari]

per veure si li trobo l’entrellat,
Però, Rubén, per a mi ets massa modern,
i el teu profund missatge se m’esmuny,
per més que premo el vers dintre del puny

Un xic picada, també estic,
i això que et dic va de debò :
ja sé que sóc carrossa, però no tant,
perquè m’engeguis a Fontainebleau:

Brindem per l’Orson Wells, que és al cantó!”

(“Kin Kas”)

Crec que aquest poema es força representatiu de l’escriptura de la Maica: el tema que aborda és un estil d’escriptura poètica del qual ella es desmarca fent amb aquesta poesia la seva pròpia contraproposta, amb simpatia i amb gràcia. I ho fa buscant expressament la rima fàcil, que posa al servei de l’humor -tot el poema en va ple, d’humor-. També és representatiu d’ella dir les coses clares, sense replecs, com les pensa: “Un xic picada també estic, / i això que et dic va de debò: / ja sé que sóc carrossa, però no tant, / perquè m’engeguis a Fontainebleau [...]“. El joc és constant: juga amb la rima, amb la imatge (quan posa esbiaixat el vers “I miro de llegir-te de costat”), amb l’humor… . Tot plegat són trets estilístics que ella empra molt sovint en altres poemes del llibre. A la Maica li agrada trencar regles i equilibris; juga, a més, amb llengües estrangeres: tradueix un poema a diferents llengües o bé els composa directament en una altra llengua que no és la catalana i ens l’ofereix tal qual, sense traducció.

Tot fent un recorregut per aquest registre humorístic i enjogassat hi trobem, però, al seu torn, variacions d’estil que donen fe que la Maica el conrea amb subtilitat:

Per exemple, jugant amb la intertextualitat, fent servir de rerefons “Alicia al País de les Meravelles”, de Lewis Carroll, evoca el poder de la literatura per incitar la imaginació i suggerir-nos que la fantasia ens permet de viatjar allà on voldrem:

“Vaig arribar-hi per atzar;
era una tarda quan, llegint,
vaig veure córrer un vers molt blanc
i, curiosa, el vaig seguir.

En cada plana i cada mot
era, el poema, tan sentit,
que jo vaig caure al pou profund
on, rere d’un enreixat d’or
hi havia, clos, un bell jardí.

[…]

Hi havia allà mateix la clau.
Si fossis tu, la giraries?
Jo sí ho vaig fer: ja hi puc entrar…!
¿Vols venir amb mi
vers un país de poesies?”

(“Vers un país de poesies”)

O bé s’acosta al gènere de la cançó popular infantilitzant conscientment el text, com per exemple en el poema que dedica a una estada a Mallorca, que ella mateixa bateja amb el subtítol de “cançoneta“, on fa servir amb agilitat la rima de rodolí i la repetició, que la defineixen:

“A Mallorca tornaria
ni que fos per un sol dia
i si algun cop em perdés,
a Mallorca qui em cerqués
em trobaria.”

(“Tornaré a Mallorca, Cançoneta”)

O aquesta variant del proverbi popular:

“Ni home ni dona;
això ve després.
Primer, ser persona,
i no a l’inrevés.

[…]

Guanyar intel·ligència,
guaitar l’infinit,
lluitar amb paciència
per qui és oprimit.
Diferents, els sexes?
Això s’ha acabat.
Viure com persona,
aquesta és la fita
i la dignitat!”

(“Gènere”)

El joc entre paraula i imatge es manifesta també tot sovint, de vegades de manera discreta, com és el cas del primer poema que he llegit, “Kin Kas“, aquell on un vers esbiaixat ens suggeria una proposta de lectura per mirar d’entendre un text; d’altres vegades amb un protagonisme clar de la imatge, com en el poema que duu el títol de “Clau de sol, on el “sol” és un pentagrama amb la corresponent clau musical i on la imatge substitueix repetidament el text i juga amb la polisèmia de la paraula “sol” i fins i tot amb les síl·labes de paraules que, casualment, compten amb un “sol”, com ara “soliloqui”, “sòlid” o “solitària“.

O bé, en aquest altre, de títol “Queda… (repressió)”, on juga amb el disseny allargat d’un punt de llibre, trencant les paraules per les síl·labes escaients per aconseguir la musicalitat que li interessa i embotir-les en l’estretor del punt de llibre:

“I queda tot
en un impuls
que ràpid tor-
na al seu indret
i no s’allu-
nya del meu front;
és com un nú-
vol molt espès
que ningú mai
no pot desfer.

[...]”

(“Queda…
(repressió)”)

O se’n riu d’ella mateixa i de les batalles que lliura amb l’ordinador i els seus programes, que li declaren la guerra bel·licosament, com per exemple en el poema que titula amb punyent ironia “Cantata al WP 5.1.”:

“He decidit
de fer un escrit
seguint les normes del Wordperfect
perquè m’han dit
que és més polit
de fer-ho així
que a la Olivetti.

I m’he posat
a treballar
amb tarannà
de lluitador
sense parar:
ja premo ací…
reculo allà…
i ara, la coma… , se me’n và… ,

Em        quedo        sola
dins           l’espai     ,
ai!
Vull suprimir…
vull esborrar…
VULL ACABAR!

I l’F11 m’ha explicat
que tot això,
l’ordinador,
ja ho porta ben codificat,

Quina vergonya! M’ha enxampat!
Hauré d’anar
tecles enrere
i desfer tota la renglera.

Un tab amunt
un tab avall,
toc manual,
i blocs marcats
per tots costats…

Ara veurem
com quedarà:
shif, F7
desprès el sis…
Quin enrenou!
Això no és res
del que jo he escrit,
és un pastís
de Sant Mateu!

Jo plego. Adéu!,
Sabeu que us dic?,
que vull deixar
ben subratllat
que ja estic negra,
i no sé pas
si tornaré
a escriure res
tot aquest mes.
(o al menys avui)

Una postdata, si més no,
car ben mirat, ja és divertit
aquest bullit d’ordinador!”

(“Cantata al WP 5.1.”)

De la tònica iconoclasta de la Maica, de la seva voluntat de desmitificació i del seu esperit pragmàtic i planer en dóna testimoni, a més del que ja he anat enumerant, la manera com tracta l’haiku, aquesta forma poètica tradicional japonesa dedicada a la naturalesa, fruit de la meditació d’un esperit elevat, la qual la Maica fa baixar del núvol de la mística contemplativa per deixar-la allà on ella creu que ha d’estar, tocant de peus a terra. I sense pensar-s’ho dues vegades bateja els seus haikus amb el títol d’ “Haikus d’un dia feineri en fa tot un rosari descriptiu de les activitats quotidianes més prosaiques.

Per l’ample ventall de registres que aplega, el llibre sembla fet amb la voluntat conscient de reunir en un volum una mostra molt variada d’estils i de temàtiques poètics, a diferència de com és tradicional de presentar un poemari: que es fa en un registre estilístic uniforme i amb un fil temàtic que recorre tot el conjunt. Aquesta intenció de no actuar de la manera habitual ve subratllada pel fet que el criteri que segueix per presentar els poemes és –contràriament al costum- d’ordre alfabètic, segons la primera lletra del títol. Però l’originalitat i l’humor que caracteritzen l’autora la porten a ordenar-los del revés, és a dir, no de l’A a la Z, sinó de la Z a l’A. També aquest és un gest que la presenta a ella com a poeta, un gest amb què es desmarca conscientment de la tradició i que atorga a la Maica la seva original empremta personal; i és alhora una manera de dessacralitzar el gènere poètic, de desmitificar-lo i apropar-lo als lectors de tota edat, mena i condició. La poesia de la Maica és assequible i fresca, i gairebé sempre, divertida. La Maica seria una gran pedagoga de poesia a les escoles. Reuneix totes les condicions per ser-ho i crec que no m’equivoco si dic que sabria despertar en els més joves el gust per a la lectura i l’escriptura.

Però per bé que la tònica joguinosa i humorística hi predomini, la Maica no utilitza aquests trets com una màscara; quan cal -perquè la temàtica ho exigeix- deixa l’humor de banda com a eina principal, sap canviar el registre, i no defuig abordar temes com l’amor i la mort, per bé que mai no ho fa des del tremendisme i el postís dramatisme; ho fa amb naturalitat, tal com els seus poemes em permeten d’imaginar que ella afronta la vida: no s’esmuny de res que en formi part, però en defuig les complicacions innecessàries. I els poemes, de tons tan diferents –per bé que ara jo els tracti en dos blocs per separat per raons metodològiques-, en el seu poemari no ho estan de separats; s’alternen el divertiment enjogassat i la seriositat transcendental, per les mateixes raons atzaroses que aquests dos estats d’ànim es donen a la vida, també alternats. I així ens anem trobant els uns i els altres i anem passant del predomini del joc al predomini del profund sentiment. Encara que a voltes els dos, que de natura sembla que s’excloguin, saben conviure en un mateix text.

Perquè cal destacar la facilitat de la Maica per escriure poesia en registres tan diferents, i la facilitat que té de fer-ho de vegades coquetejant amb l’humor fins i tot quan escriu sobre temes transcendents, passant de l’humor a la seriositat en el mateix poema, gradualment, de la mateixa manera gradual com el camaleó canvia de color i s’adapta al medi per fer-se mimètic.

En una bona pila de poemes la Maica abandona completament la clau de l’humor:

“Última cita de la meva agenda:
Sra. Mort;
Data desconeguda.

Misteriós viatge sense postals ni lletres,
l’adéu en un sospir que no s’escoltarà,
en enfrontar-me, sola,
a tot l’ignot,

[…]

Sorprenentment, Amor i Mort s’assemblen
Tot parlant: Amor…mort….amor…mort….amor… mort…,
i estimant i morint acomplim
el cicle assenyalat.

Sento la consciència; equipatge invisible
que m’acompanyarà quan l’anima s’escapi
del meu cos rovellat.

La vida, aquesta vida;
aquesta banda del mirall que ens enlluerna.
Darrere del vitrall: un altre joc,
amb altres regles…,
potser.”

(“Última cita”)

O bé aquest:

“[…]

I un final de tenebra,
quan, decidida,
vindré a buscar-te,
amor, arran de mort,
com he vingut avui,
arran de vida.”

(“Primavera i tardor”)

O encara aquest, que ve precedit d’una cita del poema “El Somni, de Carles Duarte, a qui sembla anar dedicat el poema, poeta que és sovint punt de referència per a l’autora:

“Somnia, bon amic…,
que a l’Univers dels Somnis,
hi vius acompanyat
de tantes solituds
que avui escrius,
i que et descriuen
com un ésser ben tendre…

[…]”

(“Somnia, bon amic!”)

La Maica arriba molt endins quan conjuga el sentiment profund amb el seu credo de lírica senzillesa, igualment profunda:

“Estrenyo el teu record
amb els meus braços buits,
sens tenir-te la veu,
sens tenir-te ni l’ombra,

[…]

Estrenyo el teu record,
i, ja tranquil·la, dormo,
pensant que potser tu
m’abraces igualment,
més enllà de l’absència.”

(“Estrenyo el teu record”)

I aquest altre:

“Immortal, l’home;
és l’ésser, quan recorda,
i troba el mar,
la sal, el llibre de la vida.

La nit… és nit encara.

Recobra forces, tot llegint
les pedres enfosquides
de la història,
mentre el peu nu,
damunt el terra, cerca
nodrir-se de la seva
persistència.

La pedra… és pedra encara.

El cervell i la oïda
s’enlairen, i s’allarguen,
s’estiren com el coll
dúctil d’un cigne
volent captar el darrer vestigi
de la paraula sàvia.

La veu… és veu encara!”

(“Immortal, l’home”)

Tot i que, com he dit, els poemes no estan cohesionats per un leitmotiv, l’autora torna sovint sobre imatges que apareixen de manera recurrent i que ens donen pistes de les seves claus: el sol, la lluna (i el nas de la lluna), la mort, el silenci, el desig de viatge vers l’ignot…, el somni, els estels, el mar, el cel, allò sublim i intemporal, el color blau…, símbols i metàfores que defineixen la Maica com a una dona que enyora els paratges naturals, lluny del neguit de la gran ciutat, uns paisatges que la fan retornar amb fruïció al seu Calafell per trobar-hi la pau que la reconcilia amb el món, el lloc on, entre llibres, amics i silenci, es retroba amb ella mateixa i amb la poesia, el lloc on se sent créixer i enriquir-se, el lloc on tot l’espera per escriure:

“Me’n vaig: adéu sol,
hores de reflexió…
Deixaré els somnis,
la solitud i els llibres.

Em cal reaparèixer
al món d’ahir, de sempre,
i bescanviar paraules.

Jo he de tornar, però,
a l’íntim univers,
silenciós,
on sols hi ha:
el nas de la lluna,
el lladrar d’un gos,
i els estels, tots estesos…”

(“Retorn a ciutat”)

O bé aquest, on s’hi fa palès el desig d’endinsar-se en terrenys desconeguts:

“Com una barca sobre el blau,
desplego veles.

Que el vent em dugui mar enllà,
i que el timó sigui l’atzar;
no vull mes brúixola ni far
que el sol tancant-me les parpelles.

[…]”

(“Desplego veles”)

Vull destacar també el valor de les il·lustracions que acompanyen el poemari, en un intent reeixit de donar un toc de calidesa i qualitat afegida al llibre, pel fet que les seves autores – Rosa Galceran, Maria Ara, Gemma Sales i Rosa Maria Esteller- tenen una estreta relació amb l’autora. I també el regal que se’ns fa del CD amb els poemes recitats per la poeta mateixa, que ens podem baixar des de la seva pàgina web.

Només em resta desitjar-vos que gaudiu dels poemes de la Maica viatjant amb la fantasia amb què ella ens convida a fer-ho sobre la catifa encantada de les seves lletres.

© Anna Rossell

CINCELANDO LA PALABRA

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CINCELANDO LA PALABRA  

Mapa de costas

Marcelo Díaz García

Huerga & Fierro Editores, Madrid, 2011, 60 págs.

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por Anna Rossell

http://annarossell.blogspot.com/

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Nada que se diga sobre un texto literario sustituye el propio texto literario, nada de lo que se diga sobre un autor suple el conocimiento directo del autor. Si ésta es una afirmación válida en general, lo es mucho más en el caso de escritores cuya trayectoria se marca como objetivo depurar el lenguaje poético destilándolo gota a gota -poemario a poemario- hasta llegar al núcleo, a lo esencial del verbo, devenido entonces metáfora potente. El autor habrá tejido así un tupido entramado de símbolos que, despojados de la palabra y la sintaxis supérfluas, condensan lo significativo de forma centrípeta y conforman un mundo que, si bien se nutre de referentes universales, el poeta sabe moldear y hacer suyo para expresar su propio universo en la clave más íntima y personal. Corresponde entonces a cada lector adentrarse en la trama metafórica de esta poesía para establecer subjetivamente en cada momento el significado que corresponde a cada imagen, un significado que cambia, se renueva y hasta se transforma con cada nuevo contexto hasta llegar incluso a subvertirse.

Creo que el epíteto que mejor caracteriza el estilo poético de Marcelo Díaz es el de críptico, etimología que remite a lo oculto, a lo oscuro, a lo encubierto que habrá de descubrir el lector por sí mismo, estableciendo el sentido a partir de la observación de las recurrencias metafóricas, descifrándolo en sus distintos contextos y echando mano de su personal bagaje asociativo cultural y emocional. Porque el lenguaje poético que despliega Marcelo Díaz reclama el aprendizaje de su código. Marcelo Díaz no es un poeta al que podamos conocer leyendo de él unos poemas aislados; para conocerlo deberemos leer su poemario completo. Sus claves pueblan la obra entera con ademán absoluto, conforman un todo, un poemario suyo es el documento que encierra en sí mismo el código secreto para acceder a él. Como sucede con otros grandes poetas, ya consagrados, como Gottfried Benn o Paul Celan, el significado de su verbo no está fuera, se crea a partir de la inusitada circunstancia de la lengua del poemario, que se hace así de nuevo.

Definir la poesía de Marcelo Díaz y acercarla a los lectores con palabras cotidianas sólo puede quedar en un intento. Las palabras se transforman con su pluma en otra cosa, exigen al lector trabajo duro. Sin embargo el título de su último poemario, “Mapa de costas”, es diáfano y directo. “Mapa de costas” no lleva a equívoco, sugiere claramente la intención del autor -viajero navegante sin perder de vista tierra firme-, que en su periplo vital explora el litoral para diseñar el plano que sirva de orientación a sí mismo y a otros. Esta gran metáfora es la que subyace en todo el poemario. Así, cada poema es el dibujo de un accidente avistado en la distancia, la circunstancia que acompaña y condiciona al viajero, que anota en su bitácora las incidencias y vicisitudes del viaje, registradas con la exactitud y la profundidad del alma de un poeta explorador de la geografía de la vida y de la condición humana.

A partir de este supuesto, Marcelo Díaz crea un lenguaje poético-metafórico envolvente, que se mueve en este campo semántico de modo recurrente. Pero el poeta no nos lo pone fácil; la recurrencia y sus variaciones no equivalen a sinónimo; cada reiteración convoca en su contexto un significado nuevo o renovado, y al lector corresponde desentrañar su sentido en cada caso. Marcelo Díaz desarrolla un estilo léxicamente reduccionista que es inversamente proporcional a la riqueza metafórica que despliega por la fecundidad y frondosidad de su polisemia, aprovechando incluso la ambigüedad sintáctica.

Así sus claves simbólicas se mueven con insistencia por el campo semántico de la frontera y sus variaciones: ‘linde’, ‘orilla’, ‘costa’, ‘horizonte’, ‘la utopía’, ‘el beso’, ‘el dintel’, ‘vínculo’, ‘ahí’, ‘al otro lado’, ‘en aquel lado’…; o bien sugieren el contraste ‘claro-oscuro’: ‘noche’, ‘sombra’, ‘día’, ‘luz’ y otros campos semánticos asociativos colindantes: ‘miedo’, ‘misterio’, ‘secreto’, ‘niebla’, ‘bruma’, ‘lo encubierto’, ‘el deseo’, ‘la muerte’, ‘el viaje; o remiten al elemento que ya anuncia el título, al ‘agua’: ‘mar’, ‘río’, ‘manantial’, ‘lluvia’, ‘savia’, ‘vida’, tiempo o a los eternos acompañantes del viajero en el mar, eterno Ulises: ‘cielo’, ‘estrellas’, ‘nubes’, ‘aire’, ‘viento’, ‘el Sol’, ‘la Luna’, ‘los dioses’. Y aun otras más difícilmente agrupables en un conjunto: ‘la videncia’, ‘el dolor’, ‘andamio’,
‘ángulo’, ‘vértice’, ‘arruga’, ‘manos’, ‘pozo’, ‘palabra’, ‘alfabeto’, ‘deseo’,’ labio’, ‘flor’, ‘adelfa’,  o colores (‘magenta’, ‘cobalto’, ‘añil’…), ‘espejo’, ‘sueño’, ‘el Hombre’…  .

Y es el Hombre, con inicial mayúscula, el terreno que explora el poeta -el Hombre y su circunstancia-. El poeta indaga cuál es su naturaleza y cómo se percibe a si mismo: una vida más que transcurre y pasa, que cumple el ciclo vital imparable de la creación: “Este líquido rumor indetenible / es el censo de los ojos que lo miran y lo vieron. / Ni presagia el mar. / Es agua este río / que llama a la vida alzando las casas y los árboles, / [...]. / Boga en ruta irregresable su
cuerpo, / sin pétalo barca que lo vuelva la chorro de su fuente. / Pero el ciclo de la nube, / [...], / aguarda el peso para volverse lluvia. / [...]. // [...]. / Pero habito el agua y la bebo y soy agua. // Quizás siempre es así en los ovillos de los ciclos”. (poema 23).

Una idea de cumplimiento de la historia que remite al destino inexorable, ajeno a
la voluntad del ser humano: “No sé la hora de las cosas que se cumplen. / [...] // En la flor de la duda, / de los gestos curtidos sen los días de la luz y la derrota, / leo episodios del hombre vivo y
navegante, / respeto su huella, si tiene la voz cegada, / y retengo mi puño, / abro firme el hueco de caricias / sin atreverme a más. // No sé más de las horas que se cumplen”. (45).

En esta misma línea del ciclo que se cumple, la voz poética se pregunta por la huella
que deja el ser humano a su paso: “Es estéril tu semen sobre la tierra ovario. / Ciclos trazados en laberinto irretornable / la previenen de tu mano / y los suicidios que acaecen en tus
ojos, / o en ese vientre que alimenta a destajo la sangre. (44)

O se pregunta por el sentido de la vida humana: “[...] / ¡Para qué el horizonte! / Ayer, el día no llegado, / quitarán su dibujo / porque otras caderas nebulosas / han desarraigado la distancia de la higuera hasta las nubes. / Entonces… / ¿qué hago, incluso al caminar a la utopía? // Y no quiero evocar porque estaría muerto. / Y la muerte, al fin, / ¿qué tendrá de estrella comida por las algas? / o / ¿qué tendré yo de la luz que escapó de ese banquete?” (21).

El gesto filosófico de la poesía de Marcelo Díaz deviene teológico cuando el poeta se erige en cronista de la creación invirtiendo el discurso tradicional al uso: el Hombre aparece como demiurgo que crea a sus dioses, y aflora la dimensión psicológica, la necesidad humana de la existencia divina: “En el principio de los días, / el hombre creó a los dioses plurales, / los nombró con sus miedos, / y sublimó sus oscas [sic] cobardías. / Precoces y ávidos guisanderos freudianos / cocinaban una mitología asequible / hasta que a dios lo hicieron uno, / [...]“. (39)  Y sigue en el mismo poema denunciando a quienes, en nombre de Dios y de la religión, traicionan la sagrada y necesaria religiosidad que habita como semilla en el ser humano: “El polvo alumbró una teología enferma / [...]. / Ceremonia y oro conduciendo a la miseria / para ese pastoreo a los sumisos. / Una secta de célibes pronuncia La Escritura / con el dedo alzado de infundir miedo, / vaciando el hueco religioso sin respeto. // [...](39). Y acaba por poner la bondad humana en su lugar, más allá de ritos eclesiales ortodoxos: “Fuera del círculo del báculo y la tiara / los buenos brillan en sus ojos, / sus manos dan pan sin comprar el cielo, / sienten en su pecho aquel libro guardado / y en silencio pronuncian con su mano lo escrito. (39).

 

Pero Díaz no renuncia a la utopía, si la criatura humana adolece de trascendencia, si el ser humano ha creado a sus dioses, si su destino está trazado de algún modo, en su poesía laten valores que se contraponen, que redimen al humano y lo subliman. Así a la voz poética se opone a menudo un malhechor “ellos”, destructor y agresivo, claramente diferenciado del “yo” hablante, un “ellos” de
los que la voz poética se distancia por rechazo: “Ellos querían obligar a una estrella / y decorar con brillo su café humeante. / A este techo corto que pueden rozar los ojos / llegaban sus manos
doradas y altivas. / Sin remedio de dioses ni de cielos, / trazaron la escala hasta una punta / y la poblaron de cuerpos, / cuerpos con hambre. / […] / Y la poblaron de vidas, / vidas mutiladas. / […]. / Y la estrella se diluyó en el agua / sin sabor a nada, inútil millonésima. / Sólo el brillo irritado y sanguíneo de los ojos / seguía matando los pétalos lucientes / que guardaban
los gérmenes del beso. / […]. // Otra punta sin brillo atravesó sus manos / y no encontró ni el alma. […]“. (38).

O en este otro, donde el “ellos acecha de nuevo y amenaza: “Cruzaban el campo atrochando por donde había color. / El vicio cobarde de la muerte indebida / afilaba las sicas [sic] de sus ojos / y ya parecían guadañas, / la sombra avanzando su vértigo, avaricia, / traición a la recta ortodoxa de la caña. // ¿Dónde habitan sus gérmenes de cieno y noche? // ¡Pero qué herida a todas horas / ese paseo que se calza el crimen / en el nombre de dios, / y del oro, / y del espíritu mentira!” (40).

Sin embargo la voz poética no se rinde, no sucumbe a las fuerzas del maligno; el crimen se “comete en el nombre de dios y del oro, y del espíritu de la mentira”, pero el color se opone al “vicio cobarde, a la muerte indebida, a la sombra avanzando su vértigo”, laavariciaes “traición a la recta ortodoxia; “la luz” se contrapone a “la sombra”, a los “gérmenes”, al “cieno” y a la “noche”, pero late en el ser humano, también, el germen constructivo y vence, pues a continuación exhorta: “Pero ved, hagamos. / No se derrumba el mar, / no desflorece la tierra acampada y fértil, / no se tuerce la mirada creciente en la luz, / ni el brazo sosteniendo el sistema de los versos. (40).

El yo poético alerta sobre la amenaza que se cierne sobre los hombres buenos por las maquinaciones de los que astutamente urden con nocturnidad el mal, que lleva el signo de la ambición y del dinero: “Mi corazón de hierba tiene siempre un rocío de albor. […]. // Pero la astucia es noctámbula / y siempre abre una lámpara para robar la noche. / El viaje de los justos lleva a una paz. / En el descanso de esos buenos, / astutos con ojos de moneda, / secta de posesos de certeza única, / crimen permanente, / […], / con la palabra perversa, / bajo tulipas de dioses que inventaron, / urden el robo de las vidas, / vida pan, / vida agua, / vida voz, / vida entera. // Mi corazón de hierba se escarcha al vislumbrar la noche“. (37).

Marcelo Díaz reivindica la poesía y la palabra como herramienta vital, existencial: “Tengo la palabra para medir mis ojos, / [...], / luz, cauce, herramienta, cavidad de mares, [sic la coma] / pequeños para poner el infinito adentro [...]. / Palabra para anunciar dolor del que ve mi tacto oscuro, / palabra para anunciar la luz de la que ve mi tacto abierto. // Mientras ande y esté viva mi sangre, / la palabra es un síntoma veraz entre existencias”. (23)

Marcelo Díaz no es un poeta fácil. Acercarse a su poesía es un reto, un desafío del que se regresa agotado, como agota la vida cuando gesta y germina, cuando crea lo verdaderamente nuevo; su estilo rezuma innovación léxica, sintáctica, morfológica y semántica, gusta de la paradoja y de la combinación inusitada de palabras. Así “Ayer” es “el día no llegado”, “las algas comieron una vez estrellas” (21); o cuando al describir “un plano de curvo itinerario” se refiere a “Las avenidas rectilíneas” (8); al contrario de lo que es habitual, el poeta habla de “vencer el sueño o de una “Cuneta que engulló el camino, (22), y no al revés; habla de un “ejército pequeño que esconde las flores” (20), de “vena sin sangre”, de “caras expectantes [...] callando su palabra” (15), de “lindes que deslimitan (16), de “flores incorruptas, solamente efímeras” (2), de “poetas videntes, vestidos sin ropa”; de “ángulos [...] pequeños para poner el infinito dentro” (12); o nos sorprende con la paradójica magnífica sentencia: “La mentira es una verdad terrible”(30). Al poeta le gusta deconstruir para crear de nuevo, como gusta del uso del prefijo ‘des-’: cuando habla de “desacertar la luz (26) o dice “Desvísteme de algo de lo que tiene la muerte [... ], despojado hasta un débil deseo (30), “cartera para un desarchivo de proyectos (15), “lindes que deslimitan mi anchura” (16), “Qué deshabita el trecho ante tus ojos(11), “porque otras caderas nebulosas / han desarraigado la distancia de la higuera hasta las nubes (21), “desacertar la luz (26), y gusta de la composición léxica de cuño propio, como cuando habla del “xilófago vivo (10), del “pétalo barca (23), de la “ventana cobijo (41), escritas aún por separado, para dar un paso más en el proceso creativo de la palabra y hacer de dos palabras una, al referirse al “gesto sedazúcar (8), alcuerpo [...] que ha de vivir su trozotierra(16), o cuando echa mano de la transferencia sensorial: “[...] Las albas sucesivas calibran el ángulo del verso / para acertar los ojos que lo escuchen, [...]” (25), “Este líquido rumor [...] / es el censo de los ojos que lo miran y lo vieron [...]” (23).

“Mapa de costas”, es el último y reciente poemario de un poeta cuya andadura empezó allá en los años ochenta con Forja de mar -”Poemas de la posesión terrena”- (1982), “Gozne devenido” -”Poemas de la posesión debida”- (1988) y “Ágora” (1992), ha seguido con “Continente de auroras”
(1996), “Amarinte” –narrativa- (1997), “Lindario” (1999), “A tiempo” (2005) –libro conjunto de poesía y escultura- y “Viaje sin memoria” (2008) –por el que obtuvo el Premio Ciudad de Alcalá-.

Marcelo Díaz es escultor, además de gran creador con la palabra.

© Anna Rossell

http://annarossell.blogspot.com/

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