2011 September | Crítica de Libros
Critica de libros, comentarios, personajes, escritores, estudios y resumenes de libros. Literatura actual y clasica. Literatura espanola, literatura hispanoamericana, literatura norteamericana, literatura europea. Libros recomendados, best-sellers y obras selectas

Archive for September, 2011

Café Bramante

Portada "Café Bramante" Título de la última obra del escritor Carlos de Tomás. Una novela de corte negro no policiaco. “Café Bramante” se publica inicialmente como libro electrónico, e-book, para todo tipo de formatos de lectura digital, y con posterioridad, cuando el libro esté suficientemente promocionado, salir en papel mediante la fórmula de impresión bajo demanda. Así nos lo refiere la editorial, e imaginamos que esta manera de promocionar y publicar libros será la tónica general en un futuro cercano. Se trata de un Thriller que aunque nos pueda parecer lento en su primer capítulo, pues es ahí donde el autor prepara el terreno para la que se nos avecina, sin embargo, a continuación explota y adquiere una endiablada velocidad de narración que me ha obligado a leer el libro de dos trancos. La historia se desarrolla en Madrid, en la actualidad, y nos transporta a un ambiente entre el lujo, la crisis y la sordidez de un protagonista oscuro, dedicado a solucionar determinados asuntos turbios. Es un solitario cuarentón, atrevido y seductor que tuvo un maestro en la sombra y un compañero del que descubre, con el tiempo, que no fue sincero. A Maldonado Vuján le encargan un nuevo asunto. Le asaltan dudas al aceptar el trabajo, aunque se decide debido a su precaria situación económica, está pasando por una mala racha. En un ambiente a veces gris, la acción se desarrolla entre las calles de un Madrid postmoderno y otoñal. Pero los acontecimientos que se suceden tienen otra verdad, una verdad oculta que demuestra que nada es lo que aparenta. Entre toda esta atmósfera tendrá una relación especial con Marta, el eje sobre el que gira la historia. Además, se incorporan en la novela las notas del narrador, un escritor obsesionado con los anagramas y prácticamente en dique seco, un “negro” al cual Maldonado Vuján encarga escribir lo ocurrido no se sabe con qué aviesa intención. Sin embargo, el “negro” irá tomando cada vez más protagonismo, se irá apoderando de los personajes como si fueran suyos, forjando un final insólito. Un libro que no deja a nadie indiferente; envuelto en crímenes, ambiciones y traición. Pero también es una novela que relata las cicatrices de la mutación social que estamos viviendo, amplio desarrollo tecnológico y precariedad y más miseria moral en las personas. El autor de “El cuaderno veintiuno” continúa en la línea de entretenernos y hacernos reflexionar. En resumen, estamos ante una muy buena novela en su genero. Eladio Martín.

El cine español está prostituido

Hoy, como excepción, hablaremos de cine, o hablará Tinieblas González, el director más emblemático del cine gótico español. Colocamos aquí esta entrevista por su especial interés parea el mundo de la cultura, y proque lo que cuenta sobre el cine es muy aplicable a otros campos, como los libros.
No apta para ingenuos.

 


 

El fin de semana (Bernhard Schlink). El terrorismo y la derrota

Ya lo sabéis: en esta web tenemos verdadera debilidad por Bernhard Schlink, un autor que se permite decir consas que nadie dice, de un modo absolutamente sutil, y con una fuerza narrativa difícil de de superar. Nos gustó en El Lector, nos gustó en la saga de Selb, y nos gustó aún más en El Regreso, una de las novelas más críticas con lo que realmente es la sociedad actual de las que hemos leído en los últimos años.

El fin de semana nos ha gustado también, aunque el tema nos resulte ya menos interesante, por razones de todo tipo.

La trama, siempre inquietante, aborda en esta ocasión el fin de semana que pasa un grupo de amigos para celebrar que después de veinte años uno de ellos ha salido de la cárcel, condenado por terrorismo. Se trata de aquellas bandas terroristas alemanas de extrema izquierda que operaron en lo años ochenta: la Fracción del Ejército Rojo, o Baader Meinhoff.

En otros tiempos, todos los que se reúnen este fin de semana participaron en el ideal de lucha revolucionaria, pero sólo uno de ellos acabó integrándose en el grupo terrorista y ahora se ve en la disyuntiva de reafirmarse en lo que hizo, aunque el fracaso haya sido absoluto y en todos los frentes, o renunciar a sus ideas de entonces, lo que equivale a reconocer que ha desperdiciado su vida entera, la de los demás, y todas sus oportunidades.

Hay que tener en cuenta para entender este libro que el fracaso de la extrema izquierda alemana bate absolutamente todos los records, porque no sólo no consiguieron nada con sus atentados terroristas, sino que además vieron como la Alemania socialista, la RDA, se desmoronaba pro completo y se integraba en la República Federal. No sólo no pudieron hacer la revolución en la Alemania Occidental, sino que vieron como la otra se pasaba al capitalismo.

Y esa es parte de la sutileza de esta novela, de esa sutileza venenosa a la que nos ha acostumbrado Schlink, porque los amigos se reúnen en una antigua casa solariega en Brandeburgo, en lo que fue  la RDA, y se reúnen para discutir si valió la pena su lucha revolucionaria cuando todo a su alrededor, desde la propia casa, a los caminos, a los tendidos de la lucha les dicen que el fracaso de su ideal no conoció límite alguno. En un momento dado alguien sugiere que bien podría reunirse con un grupo de ancianos nazis, porque sólo ellos entenderán su intento de justificarse en lo que fue una derrota sin paliativos.

Tratando de buscar una cara amable a la reunión, el grupo habla de lo que fueron aquellos tiempos, pero eso también les avergüenza, porque al fin y al cabo todos los integrantes de la célula revolucionaria eran hijos de buenas familias, salvo una de las chicas, que era hija de un humilde lechero y que, al tener que ganarse la vida y no disponer de tanto tiempo libre como el resto para dedicar a la revolución, se vio apartada del grupo. El apelativo de “la lecherita”, con el que todos la conocían, pesa ahora sobre ellos como una losa.

Pero aunque es una novela de gran trasfondo político, no se trata de una novela política. El gran problema es el elemento humano. La vida perdida del terrorista, las vidas perdidas de sus víctimas, los intentos desesperados de algunos por seguir utilizando su imagen para continuar una lucha ya perdida, el rencor del hijo al que casi no conoció, y sobre todo, ante todo, el terror al tiempo perdido y la sinrazón de lo que no sirvió de nada.

 

Una gran novela.

LA CIUDAD GRIS, Carlos de Tomás

 

Carlos de Tomás (1960) es uno de esos maestros de la palabra que ha explorado todos los géneros y veredas literarias. Desde la poesía, la crónica periodística, hasta la prosa poética; y, por supuesto, la narrativa. Y es en este último género por el que nos interesamos. Su último libro de cuentos La ciudad gris y otros relatos reúne ocho piezas breves que  transitan entre la novela negra y lo oculto. Entre el misterio y la  fantasía. Entre la velada realidad de un presente enfermizo y desordenado, y tramas asfixiantes y misteriosas que desvelan un torrente de posibilidades.

No es necesario hacer una radiografía de cada uno de los relatos que componen el libro. Cada historia nos sumerge en un mundo distinto. Son piezas aisladas. Pero al leer el libro se tiene la sensación de haber vagado por un  homogéneo mundo oscuro de sombras intrigantes. Y un desasosiego, una sensación de que algo está ocurriendo nos invade. No en vano, el autor se confiesa atraído por el cyberpunk, corriente en la que mundos tecnológicamente sofisticados conviven con la precariedad humana. El reflejo de una sociedad decadente y deshumanizada que no es ajena a nuestros días. Pero en este libro, esta visión deshumanizada y descarnada de la sociedad, es aumentada hasta límites insospechados.

El lenguaje juega un papel primordial en el discurso narrativo del autor. Se muestra hábil desbrozando fórmulas descarnadas y vívidas, desprovistas de ornamentos, muy acordes con las voces de sus estrafalarios personajes errabundos y desorientados. Un  estilo directo, a veces coloquial, y afilado que nos apela de una forma  cercana. Pero a la vez, es capaz de insuflar un aliento poético a sus textos. Y parece, este sentir lírico apuntar en dos direcciones. Una, inundar de belleza el relato. La otra, crear una atmósfera, a veces onírica, otras ilusoria, en la que se mueven los hilos argumentales de estas grises narraciones.

En relatos como El bicho nos encontramos ante una narración que abre con una kafkiana situación de metamorfosis imposible. Sin embargo… habrá que leer la historia para comprender como De Tomás nos quiere hacer conscientes del poder manipulativo de la literatura. El juego de posibilidades narrativas se despliega y sorprende al lector.

Desde el otro lado es un relato que hibrida entre la historia policial y la fantasía. Una pieza onírica que desde el principio nos descoloca. Una metáfora de la dualidad realidad/fantasía que, otra vez, nos demuestra la capacidad sugestiva del lenguaje. ‘Desde este lado soy eternamente sordo, aunque como ventaja compensatoria puedo volar’ nos revela el narrador-protagonista al comienzo de la trama. Y otra vez, como en muchas de las piezas que componen La ciudad gris… habrá que esperar al final para captar el sentido último de la narración. Porque siempre, tras la lectura inquieta de estos textos, encontramos un final inesperado. Un giro que nos desconcierta y encaja las pistas que el autor ha ido mostrando hábilmente a lo largo de la historia.

En otro relato, La misión, nos adentramos en los recovecos de la mente humana.  El autor nos propone otro inteligente juego de espejos, un sutil engaño. Nos introduce en la visión sesgada y  desconcertante del insólito protagonista. Y en esa ambigüedad que caracteriza la obra de Carlos de Tomás nos veremos inmersos en las cavilaciones de un ¿detective, policía, vagabundo, loco? que hace que se tambaleen nuestras suposiciones y nuestros prejuicios. Todo está en el aire. Y ese es el gran señalador de la literatura de calidad: el encontrar múltiples significados y posibilidades. El detectar  una realidad distinta o múltiple que el escritor es capaz de atisbar. Y es capaz de trasmitirla al lector.

‘Que dejan atisbar la realidad de la noche que aún no ha ocurrido’ nos dice el narrador en el primer párrafo de Paisajes de Ceniza. Y bien podría esta frase sintetizar, (si es que  posible sintetizar una obra literaria en una oración), la intención del autor en este libro. Porque todo está por ocurrir, todo es ajeno e insólito en estos parajes urbanos y oscuros que nos sugiere un diestro contador de historias.

Finalmente sólo queda acercarse a este insólito ejercicio literario que el veterano autor de El cuaderno veintiuno nos propone.

 

PEDRO PUJANTE

http://pedropujante.blogspot.com/

 

 

 

 

Criminología y mafias internacionales.

El crimen organizado transnacional, de Ricardo Magaz

El crimen organizado transnacional, de Ricardo Magaz.

El criminalista y escritor Ricardo Magaz acaba de firmar “Crimen Organizado Transnacional y Seguridad”, un volumen coral editado por el Instituto Universitario General Gutiérrez Mellado de la UNED, con la participación de la Sociedad Científica Española de Criminología.

La obra, coordinada y escrita por Magaz, junto a los también profesores y tratadistas María Teresa Cuesta, José Luis González, Lucio Toval, José Luis Morán y Jerónimo Martínez, se adentra en el fenómeno de la criminalidad organizada como hecho contemporáneo que trasciende fronteras mediante las tecnologías emergentes y la globalización, y donde los modus operandi se propagan interconectados con dinamismo por todo el planeta, incidiendo directamente en el concepto de seguridad, en sentido genérico del término, y acarreando serios peligros para la paz de las naciones.

Además del terrorismo y el narcotráfico, acaso las manifestaciones más severas del crimen organizado transnacional, los secuestros, la corrupción, la delincuencia de guante blanco, el ciberdelito, el crimen contra el medio ambiente, la piratería en los “ángulos ciegos de seguridad internacional y zonas al margen de la ley”, el lavado de dinero y legitimación de capitales, la extorsión o los tráficos ilícitos de material nuclear y biológico, armas, explosivos, seres humanos, drogas, vehículos, trata de blancas y materiales de doble uso son, entre otros elementos y tipologías, algunas formas de criminalidad globalizadas que por su virulencia constituyen una amenaza tangible para los Estados, y que en las páginas de “Crimen Organizado Transnacional y Seguridad”, Magaz se ha encargado, como profesor de fenomenología criminal de la UNED y varios de sus institutos de investigación, que sean analizadas con esmero multidisciplinar.

Este volumen viene a sumarse a la treintena de títulos de autoría propia y colectiva que Ricardo Magaz tiene en las librerías españolas, como los galardonados “El esclavo mundo de las drogas”, premio de ensayo 1998 o “La embajada”, novela negra que resultó finalista del Premio Nacional de la Crítica. Magaz preside actualmente la Sociedad Científica Española de Criminología.

Ficha técnica de la obra: “Crimen organizado transnacional y seguridad”. Ricardo Magaz (Ed.). Autores: María Teresa Cuesta, José Luis González, José Luis Morán, Jerónimo Martínez, Lucio Toval y Ricardo Magaz. Prólogo de Alicia Gil Gil. Materia: ensayo. D.L.: M-23282-2011. ISBN: 978-84-608-1221-0. Páginas: 300. Dimensiones: 18 x 25. Encuadernación: Rústica. Edita: Instituto Universitario “General Gutiérrez Mellado” de la UNED-Ministerio de Defensa www.iugm.es. Participa: Sociedad Científica Española de Criminología www.scec.es  Distribuye: Marcial Pons, S. A.

Frankenstein y la literatura especulativa

Frankenstein como inicio de una nueva era

Antes de la aparición de Frankenstein  en 1818, la literatura especulativa (representada casi exclusivamente por la fantasía) adoptaba una forma alegórica o monitoria. Es decir, trataba de reinos imaginarios donde el orden social era distinto (y por deducción, más deseable) o moralizaba de acuerdo con las fábulas de Esopo o el teatro religioso medieval. Podía tener un filo violento, como la sátira social posee a veces y como ciertamente tiene la tragedia clásica griega. Pero en Frankenstein vemos algo más bien nuevo; vemos la simbología del horror gótico. Los componentes de Frankenstein que han pasado al folklore popular a través de las películas son los relacionados con el desentierro de los muertos, el acecho a medianoche, las injustas catástrofes que afectan a inocentes y la manipulación de fuerzas contrarias a la intercesión del hombre mortal. Es decir, lo que el pensamiento popular ha hecho con la supuesta ciencia ficción de la creación de Wollstonecraft es ocultar los elementos racionales técnicos y preservar los irracionales y terribles que luego reaparecerían en las obras de Poe y Hawthorne, M. R. James y Henry James en años posteriores del siglo diecinueve. Dichos elementos emergen de nuevo en la obra de H. P. Lovecraft (principalmente en sus relatos para Weird Tales, pero también para Astounding Stories) y en los escritos de sus numerosos protegidos jóvenes, entre ellos Henry Kuttner (que trabajó ampliamente para el efímero mercado de la revista de horror), Robert Bloch (autor de incontables fantasías góticas y suaves, y además de Psicosis) y otros escritores como el joven Theodore Sturgeon y el muy joven Ray Bradbury. Así pues, al mismo tiempo que toda la atención se centraba nominalmente en los elementos científicos y tecnológicos de la ficción especulativa, una tendencia muy fuerte continuaba volviéndose hacia el componente gótico de Frankenstein. Atrapados en el optimismo tecnológico de la ciencia ficción de mediados de siglo, los escritores del género de aquella época sólo escribían fantasía por gusto y muy de vez en cuando, y aceptaban con pesar que «la fantasía no se vende» y sospechaban que era un estilo muerto. Por fortuna, la fantasía se vende, actualmente, y en un análisis retrospectivo aquellos temores eran infundados. Si bien los relatos de Sturgeon, Bradbury y Bloch publicados por Weird Tales se consideraron entonces como inconsecuentes aberraciones de sus «verdaderas» carreras, siempre representaron en realidad raíces que se nutrían bajo tierra de una rica tradición. Cuando se describía a Lovecraft como un personaje secundario aunque idiosincrásicamente potente de la CF del siglo veinte, ese poder estaba obrando; la verdadera «idiosincrasia» estaba en el punto de vista sobre Lovecraft de mediados de siglo. Dicho punto de vista, tan firmemente establecido por Gernsback (que rechazaba cualquier relación entre su ciencificción y la «simple fantasía»), por Campbell (que no quería ninguno de aquellos visos místicos en su fantasía) y por los autores que ambos reclutaron y popularizaron, conservó su fuerza mucho tiempo después que su utilidad menguara. George R. R. Martin les dirá, por ejemplo, que la inspiración temática de En la Casa del Gusano procede de un cultivador del romance científico, H. G. Wells, y que comparte la imagen del sol agónico y rojizo de La Máquina del Tiempo. O eso, al menos, es lo que dijo Martin a muchos de sus colegas cuando escribió el relato, a finales de la década de 1970. Y es cierto, comparte esa imagen. Pero nadie que haya leído el relato y alguna obra de Lovecraft dudará del hecho que hay muchas más similitudes de disposición y de tono entre el relato de Martin y la penetrante visión que HPL extrajo de su amenazador universo repleto de muerte. Que Martin haya sido o no admirador de Lovecraft importa menos que el hecho que él es un artista y que en los años ochenta no hay duda del hecho que un punto de vista oscuro, acechante y mucho menos racional sobre el universo ha recobrado enorme popularidad entre los lectores de ficción especulativa. No es importante que Martin haya estudiado asiduamente a algún autor de fantasía. Lo único importante para él es que ha llegado a ser un autor de anormal sensibilidad y talento. La ficción especulativa contiene en sí misma la conexión horror-fantasía, enraizada en muchas cosas más aparte de la tecnología, dotada de manantiales que nutren no sólo el mito

científico de Frankenstein, sino también el mensaje del miedo (quizá bastante justificado) a la eterna fragilidad del hombre apresado por fuerzas que ningún ser humano puede llegar a comprender o superar. Una y otra vez, la literatura especulativa ha producido nuevos talentos que trastornan previas ideas respecto a qué es la mejor literatura especulativa. De pronto, con la aparición de algunos relatos muy bien acogidos, obra de una mano hasta entonces desconocida, se hace patente que la literatura especulativa ha descubierto nuevas series de posibilidades. O que es el momento de volver a explorar, con un nuevo método, lo que se intentó hace tiempo. De pronto, es como si todo el mundo tuviera de repente la misma idea nueva. Al examinar el campo, los críticos más modernos describen lo que ven, y explican que era inevitable y que se trata de la forma más «correcta», más «pura». Pero no existen formas puras, y si las hay, jamás sabemos cuáles son, porque no aparecen en las partes racionales, mensurables del mundo. Surgen en lugares sombríos, y crecen en el cerebro de los artistas; dan forma al artista tanto como éste a ellas. Esto es tanto más cierto cuanto mejor y más armonizado esté dicho artista con los elementos esenciales. George R. R. Martin, nacido en 1948, publicó su primer relato de ficción especulativa en 1971. En la época de A Song for Lya (Canción para Lya), que obtuvo el premio Hugo en 1974, no había duda alguna del hecho que Martin era un talento de primera categoría, como también era indudable que se había salido de los caminos trillados, teniendo en cuenta cuál era la mejor literatura especulativa según los criterios de 1974. Este detalle no turbó a nadie, ni al autor ni a sus numerosos lectores entusiastas. Y a su debido tiempo, la definición de literatura especulativa cambió para adaptarse a Martin. Autor de novelas de fantasía tan recientes como Fevre Dream, Martin ha demostrado hacia dónde le había estado conduciendo su talento. A Song for Lya es un relato de ciencia ficción, publicado por la sucesora de Astounding, Analog Science Fiction, con algunos penetrantes visos del estilo fantástico de Weird Tales. Fevre Dream es una despiadadamente detallada novela de vampirismo, con algunos toques de tecnología. En menos de una década, Martin ha redefinido su idea particular sobre en qué hace hincapié un escritor de literatura especulativa. O, tal vez más exactamente, se ha aclarado más cuál había sido su idea desde el principio. Cronológicamente, Martin pertenece a la generación que precedió a la aparición de Stephen King y Peter Straub. En realidad, son contemporáneos temáticos, aunque Martin estuvo allí primero y hay que reconocer su cualidad de pionero tanto como su arte. Mediante cierto sutil proceso, la naturaleza de la ficción especulativa parece trastornarse a intervalos. Algo se agita en el nebuloso continuo del que proceden estilos narrativos y talentos para expresarlos. Al principio sólo aquí y allí, pero de pronto en todas partes, la literatura de especulación cobra un nuevo matiz. El libro que están a punto de leer contiene amplias pruebas de dicha transición, obra del primer autor importante de ese estilo que apareció en la literatura especulativa de los setenta y que ha florecido en los ochenta. Este libro representa un hito importante en la carrera del autor, y la mayor parte de los relatos que contiene no sólo son excelente ficción especulativa sino además faros del futuro.

Antes de su aparición en 1818, la literatura especulativa (representada casi exclusivamente por la fantasía) adoptaba una forma alegórica o monitoria. Es decir, trataba de reinos imaginarios donde el orden social era distinto (y por deducción, más deseable) o moralizaba de acuerdo con las fábulas de Esopo o el teatro religioso medieval. Podía tener un filo violento, como la sátira social posee a veces y como ciertamente tiene la tragedia clásica griega. Pero en Frankenstein vemos algo más bien nuevo; vemos la simbología del horror gótico. Los componentes de Frankenstein que han pasado al folklore popular a través de las películas son los relacionados con el desentierro de los muertos, el acecho a medianoche, las injustas catástrofes que afectan a inocentes y la manipulación de fuerzas contrarias a la intercesión del hombre mortal. Es decir, lo que el pensamiento popular ha hecho con la supuesta ciencia ficción de la creación de Wollstonecraft es ocultar los elementos racionales técnicos y preservar los irracionales y terribles que luego reaparecerían en las obras de Poe y Hawthorne, M. R. James y Henry James en años posteriores del siglo diecinueve. Dichos elementos emergen de nuevo en la obra de H. P. Lovecraft (principalmente en sus relatos para Weird Tales, pero también para Astounding Stories) y en los escritos de sus numerosos protegidos jóvenes, entre ellos Henry Kuttner (que trabajó ampliamente para el efímero mercado de la revista de horror), Robert Bloch (autor de incontables fantasías góticas y suaves, y además de Psicosis) y otros escritores como el joven Theodore Sturgeon y el muy joven Ray Bradbury. Así pues, al mismo tiempo que toda la atención se centraba nominalmente en los elementos científicos y tecnológicos de la ficción especulativa, una tendencia muy fuerte continuaba volviéndose hacia el componente gótico de Frankenstein. Atrapados en el optimismo tecnológico de la ciencia ficción de mediados de siglo, los escritores del género de aquella época sólo escribían fantasía por gusto y muy de vez en cuando, y aceptaban con pesar que «la fantasía no se vende» y sospechaban que era un estilo muerto. Por fortuna, la fantasía se vende, actualmente, y en un análisis retrospectivo aquellos temores eran infundados. Si bien los relatos de Sturgeon, Bradbury y Bloch publicados por Weird Tales se consideraron entonces como inconsecuentes aberraciones de sus «verdaderas» carreras, siempre representaron en realidad raíces que se nutrían bajo tierra de una rica tradición. Cuando se describía a Lovecraft como un personaje secundario aunque idiosincrásicamente potente de la CF del siglo veinte, ese poder estaba obrando; la verdadera «idiosincrasia» estaba en el punto de vista sobre Lovecraft de mediados de siglo. Dicho punto de vista, tan firmemente establecido por Gernsback (que rechazaba cualquier relación entre su ciencificción y la «simple fantasía»), por Campbell (que no quería ninguno de aquellos visos místicos en su fantasía) y por los autores que ambos reclutaron y popularizaron, conservó su fuerza mucho tiempo después que su utilidad menguara. George R. R. Martin les dirá, por ejemplo, que la inspiración temática de En la Casa del Gusano procede de un cultivador del romance científico, H. G. Wells, y que comparte la imagen del sol agónico y rojizo de La Máquina del Tiempo. O eso, al menos, es lo que dijo Martin a muchos de sus colegas cuando escribió el relato, a finales de la década de 1970. Y es cierto, comparte esa imagen. Pero nadie que haya leído el relato y alguna obra de Lovecraft dudará del hecho que hay muchas más similitudes de disposición y de tono entre el relato de Martin y la penetrante visión que HPL extrajo de su amenazador universo repleto de muerte. Que Martin haya sido o no admirador de Lovecraft importa menos que el hecho que él es un artista y que en los años ochenta no hay duda del hecho que un punto de vista oscuro, acechante y mucho menos racional sobre el universo ha recobrado enorme popularidad entre los lectores de ficción especulativa. No es importante que Martin haya estudiado asiduamente a algún autor de fantasía. Lo único importante para él es que ha llegado a ser un autor de anormal sensibilidad y talento. La ficción especulativa contiene en sí misma la conexión horror-fantasía, enraizada en muchas cosas más aparte de la tecnología, dotada de manantiales que nutren no sólo el mito
científico de Frankenstein, sino también el mensaje del miedo (quizá bastante justificado) a la eterna fragilidad del hombre apresado por fuerzas que ningún ser humano puede llegar a comprender o superar. Una y otra vez, la literatura especulativa ha producido nuevos talentos que trastornan previas ideas respecto a qué es la mejor literatura especulativa. De pronto, con la aparición de algunos relatos muy bien acogidos, obra de una mano hasta entonces desconocida, se hace patente que la literatura especulativa ha descubierto nuevas series de posibilidades. O que es el momento de volver a explorar, con un nuevo método, lo que se intentó hace tiempo. De pronto, es como si todo el mundo tuviera de repente la misma idea nueva. Al examinar el campo, los críticos más modernos describen lo que ven, y explican que era inevitable y que se trata de la forma más «correcta», más «pura». Pero no existen formas puras, y si las hay, jamás sabemos cuáles son, porque no aparecen en las partes racionales, mensurables del mundo. Surgen en lugares sombríos, y crecen en el cerebro de los artistas; dan forma al artista tanto como éste a ellas. Esto es tanto más cierto cuanto mejor y más armonizado esté dicho artista con los elementos esenciales. George R. R. Martin, nacido en 1948, publicó su primer relato de ficción especulativa en 1971. En la época de A Song for Lya (Canción para Lya), que obtuvo el premio Hugo en 1974, no había duda alguna del hecho que Martin era un talento de primera categoría, como también era indudable que se había salido de los caminos trillados, teniendo en cuenta cuál era la mejor literatura especulativa según los criterios de 1974. Este detalle no turbó a nadie, ni al autor ni a sus numerosos lectores entusiastas. Y a su debido tiempo, la definición de literatura especulativa cambió para adaptarse a Martin. Autor de novelas de fantasía tan recientes como Fevre Dream, Martin ha demostrado hacia dónde le había estado conduciendo su talento. A Song for Lya es un relato de ciencia ficción, publicado por la sucesora de Astounding, Analog Science Fiction, con algunos penetrantes visos del estilo fantástico de Weird Tales. Fevre Dream es una despiadadamente detallada novela de vampirismo, con algunos toques de tecnología. En menos de una década, Martin ha redefinido su idea particular sobre en qué hace hincapié un escritor de literatura especulativa. O, tal vez más exactamente, se ha aclarado más cuál había sido su idea desde el principio. Cronológicamente, Martin pertenece a la generación que precedió a la aparición de Stephen King y Peter Straub. En realidad, son contemporáneos temáticos, aunque Martin estuvo allí primero y hay que reconocer su cualidad de pionero tanto como su arte. Mediante cierto sutil proceso, la naturaleza de la ficción especulativa parece trastornarse a intervalos. Algo se agita en el nebuloso continuo del que proceden estilos narrativos y talentos para expresarlos. Al principio sólo aquí y allí, pero de pronto en todas partes, la literatura de especulación cobra un nuevo matiz.

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