2010 December | Crítica de Libros
Critica de libros, comentarios, personajes, escritores, estudios y resumenes de libros. Literatura actual y clasica. Literatura espanola, literatura hispanoamericana, literatura norteamericana, literatura europea. Libros recomendados, best-sellers y obras selectas

Archive for December, 2010

El fin de la infancia, de ARTHUR C. CLARKE

findelaNovela sobre la trascendencia, con un título muy apropiado, este libro fue otro de mis preferidos en mi adolescencia temprana. En general se reconoce a El fin de la infancia (Childhood’s End) como la primera obra importante de Clarke (en 1951 había publicado Las arenas de Marte, que era una aburrida novela sobre la colonización espacial), y obtuvo el elogio de C. S. Lewis, entre otros, por su hábil mezcla de ciencia «dura» y misticismo religioso. Ambientada en un futuro inmediato, en una época en que están a punto de lanzarse los primeros cohetes espaciales tripulados, describe la llegada a la Tie­rra de seres extraños enormemente poderosos, conocidos como los «Superseñores». No obstante ese nombre temible, no se trata de un relato terrorífico de invasión y conquista violenta: los Superseñores de Clarke han venido para hacer el bien a pesar de nosotros mis­mos, y la novela demuestra de un modo convincente cómo benévo­los gobernantes extraños podrían instaurar la armonía en un pla­neta en guerra. Como joven lector, yo compartía esa ilusión, aunque hoy sus implicaciones me intranquilizan. Arthur Charles Clarke (nacido en 1917) es un escritor inglés que desde hace unas décadas decidió vivir en la ex colonia británica de Sri Lanka. En mis momentos de mayor incertidumbre no puedo evitar la sensación de que los Superseñores son una proyección idealizada de los burócratas del Foreign Office que otrora rigieran el Imperio Británico.

Pero hay una diferencia: estos «Superseñores» no son blancos. Durante cincuenta años se esconden de la humanidad y cuando por fin se dan a conocer, se produce una conmoción. «No había error posible. Las alas correosas, los cuernos, la cola peluda: todo estaba allí. La más terrible de las leyendas había vuelto a la vida desde un desconocido pasado. Sin embargo, allí estaba, sonriendo, con todo su enorme cuerpo bañado por la luz del sol, y con un niño que descansaba confiadamente en cada uno de sus brazos.» Esa historia me dejó atónito cuando leí la novela por primera vez. Ocupa la tercera parte del libro, y le sigue una larga descripción de la utopía científica según la cual los «Superseñores» han forjado un mundo sin problemas, unido y feliz bajo un único gobierno; el crimen prácticamente ha desaparecido, todos viven en ciudades ajar­dinadas, con todo el tiempo libre para dedicarse a las artes y a la ciencia. Me hizo suspirar de deseo, ¡qué racional, qué maravilloso!

Todavía ocurre algo más. Los hijos de esta utopía comienzan a tener sueños extraños, visiones nocturnas de soles lejanos, de plane­tas desconocidos. Bajo la tutela de los Superseñores empiezan a convertirse en algo que resultará incomprensible para sus padres. Están a punto de unirse a la «Supermente». En un gran clima metafísico, conmovedoramente descripto, toda la raza humana sufre una «metamorfosis inconcebible», se desprende de la carne para convertirse en un ideal platónico de la mente, que deambula libre­mente entre las estrellas. Los Superseñores observan esta metamor­fosis con cierta tristeza, ya que sólo cumplen el papel de parteros de esta reencarnación cósmica pero no pueden integrarse a la Super­mente. Pobres demonios.

Hoy la prosa parece ligeramente inmadura y los personajes poco convincentes, pero la historia todavía me emociona. Es un «mito» religioso universal para una época científica, el relato de un benigno Juicio Final en el cual las puertas de la Ciudad de Dios están abiertas a todos.

El hombre demolido (ALFRED BESTER)

el-hombre-demolido-portadaEsta novela incluye hechos de ESP –percepción extrasensorial–, término científicamente aceptado para designar la telepatía y las fa­cultades mentales afines. A pesar de los experimentos del doctor J. B. Rhine y sus sucesores en Estados Unidos, el carácter científico de la ESP sigue estando en duda: la mayor parte de los científicos negaría que la lectura de la mente, la precognición y este tipo de ex­periencias sean posibles. Pero esto no ha disuadido a los autores de ciencia ficción de utilizar la ESP como tema recurrente. Al igual que el viaje a través del tiempo y los vuelos espaciales a velocidad su­perior a la de la luz, es una de esas «imposibilidades» que la cf hace suyas sin la menor vacilación. La ESP da material para buenas his­torias, como Alfred Bester lo demuestra en este chispeante thriller.

El libro está ambientado en el mundo del siglo XXIV. Los viajes espaciales se han convertido en algo habitual y hay colonias huma­nas en Marte, Venus y los satélites principales de los planetas exte­riores. Una de las novedades de la ágil narración de Bester es que salta de una escena a otra, a veces de un planeta a otro, en el mismo párrafo; así consigue que todo el sistema solar se parezca a los su­burbios de Nueva York. Una minoría de la población tiene poderes extrasensoriales. Esta gente está organizada en la «Corporación Esper», uno de cuyos objetivos es entrenar a los hombres comunes en el arte de la telepatía. El protagonista, Ben Reich, no es telépata. Acaudalado jefe de un gigantesco imperio comercial, es un hombre obsesivo e impulsivo, y desconfía de todos los que están dotados de ESP. Intenta cometer un asesinato, y consigue la colaboración de un miembro corrupto de la Corporación Esper. Esa colabora­ción es fundamental, ya que en la sociedad los asesinos pueden de­tectarse telepáticamente antes de que lleven a cabo sus crímenes. Reich quiere matar a un rival comercial mediante un arma anti­gua conocida como revólver…

El asesinato se comete tal como estaba previsto y la mayor parte de la historia consiste en un prolongado duelo de habilidades entre Reich y su vengador, un encantador jefe de policía telépata llamado Lincoln Powell. El castigo por el crimen de Reich es su demolición –la destrucción total de su personalidad–, y él y Powell se mueven en una espiral cada vez más estrecha hasta llegar al momento de la aniquilación final. Una historia muy ingeniosa, con cambios que se suceden con rapidez como telón de fondo, y escenarios literalmente cargados de color. Véase, por ejemplo, el Bastión de West Side n.° 99, la Casa del Arco Iris de Chooka Frood, regenta de un prostí­bulo y vidente: «El número 99 era una fábrica de cerámicas destri­pada. Durante la guerra una sucesión de llameantes explosiones había estallado en un depósito de miles de barnices químicos, fun­diéndolos y desparramándolos en una irisada y alocada reproduc­ción de un cráter lunar. Grandes salpicaduras de magenta, violeta, verde esmeralda, tierra de siena, y amarillo de cromo habían sido grabadas a fuego en las paredes de piedra. Ríos de anaranjados, carmesíes y púrpura imperial habían surgido de los cráteres de ven­tanas y puertas y habían golpeado como con un cepillo las calles y ruinas vacías». Esto recuerda uno de los viajes psicodélicos de los hippies, descrito con una anticipación de quince años.

Alfred Bester (nacido en 1913) escribió relativamente pocos li­bros de ciencia ficción, a pesar de lo cual puede ser considerado el autor más influyente de la cf norteamericana después de Robert Heinlein. Escritores posteriores como Philip K. Dick, Samuel R. Delany y William Gibson dan distintas pruebas de esta influen­cia. Además, a diferencia de Heinlein, ha ejercido un fuerte im­pacto en algunos autores británicos más jóvenes, sobre todo en Mi­chael Moorcock y M. John Harrison. Lo que impresionó a todos ellos fue el estilo de Bester, su vitalidad, su «cultura callejera», aprendida en Nueva York. Introdujo en la cf cierta irreverencia, una gran cuota de idealismo (generalmente expresada como «sim­patía por el hombre común») y una firme voluntad de experimenta­ción, aunque sin desviarse jamás de una vigorosa línea narrativa. El hombre demolido (The Demolished Man), su primera novela, sigue vi­gente aún hoy, después de más de tres décadas.

El día de los trífidos (JOHN WYNDHAM)

trifiRecuerdo muy bien la impresión que me causó este libro de Wyndham cuando lo leí a los trece años. El héroe se despierta en un hospital, con los ojos vendados, después de una pequeña opera­ción. Sabe que es miércoles, pero, extrañamente, faltan los ruidos propios de un día laborable; no oye el tránsito habitual, sino sólo un extraño arrastrar de pies y un ocasional grito humano. Finalmente, se arranca el vendaje para descubrir que casi todo el mundo, ex­cepto él, se ha vuelto ciego. Es un comienzo brillante, uno de los mejores ganchos de la ficción popular. El estilo carece de pretensio­nes, es muy inglés, muy de clase media, algo frívolo, un poco indife­rente. Pero la historia es tremendamente cautivante. Bill se pasea por las calles de Londres, evitando a la gente, presa de pánico. Pronto se encuentra con una atractiva joven que también conserva la vista. Son los elegidos, realmente. Entonces llegan los trífidos, grandes plantas ambulatorias, posiblemente de origen extraterres­tre, que han sido cultivadas por su valioso aceite. En un mundo re­pentinamente ciego, las plantas se han hecho dueñas de la situa­ción, deambulando por las calles de la ciudad y atacando con sus picaduras fatales. Así, resumido, parece absurdo, pero Wyndham consigue transmitir una sorprendente verosimilitud. Juega con los temores colectivos de posguerra sugiriendo que la ceguera univer­sal ha sido provocada por la puesta en marcha prematura de un dis­positivo militar secreto en la órbita de la Tierra. Da a entender que los trífidos son la venganza de la naturaleza sobre una raza humana arrogante. Pero sería un error insistir en el aspecto «moral» de lo que es ante todo un excitante juego de evasión.

El autor, cuyo nombre completo es John Wyndham Parkes Lu­cas Beynon Harris (1903–1969), hizo un largo aprendizaje en revis­tas populares británicas y norteamericanas, aunque no permitió que ese dato se conociera. Para la mayoría de los lectores, «John Wyndham» era en 1951 un escritor novel (gran parte de su obra previa había aparecido firmada por «John Beynon Harris» o «John Beynon»). Se convirtió en un bestseller en Gran Bretaña, y los críticos suelen compararlo con H. G. Wells. En realidad, su agudeza y su originalidad eran mucho menores que las de Wells. Sus novelas posteriores, Kraken acecha (1953) y Las crisálidas (1955), tuvieron también mucho éxito y muchos inspirados imitadores. Son la quin­taesencia de las «novelas de desastre» británicas, consideradas hoy una subcategoría de la moderna ciencia ficción. En cada una de ellas, algún cataclismo domina la Tierra, y unos pocos y valientes individuos luchan por sobrevivir, normalmente sin demasiada difi­cultad. En realidad, se trata de libros bastante afables, relatos de ca­taclismos domesticados.

El día de los trífidos (The Day of the Triffids) describe una catás­trofe muy amena. Mueren millones de personas, pero el lector no se en­tristece. Bill y su puñado de bien disciplinados amigos tienen mu­chas oportunidades para probar su humanidad. Hay también muchas oportunidades sexuales. En determinado momento, se exhorta al héroe a que tome varias «esposas», pues no hay suficiente cantidad de hombres. Él permanece fiel a la monogamia, pero, ¡vaya situa­ción difícil! No hay en el libro sexualidad manifiesta, aunque el lec­tor es dueño de dejar volar su imaginación…

El relato termina con el héroe y la heroína viviendo una vida fe­liz en la isla de Wight, y no hay duda de que sus hijos se convertirán en robustos modelos ingleses. Este final contrasta con la dolorosa sensación de pérdida que se experimenta en los últimos capítulos de La Tierra permanece, de George Stewart. La novela de Wyndham carece de la profundidad del libro de Stewart, pero, de todos mo­dos, es una pieza efectiva de la moderna fabricación de mitos. En cierto sentido, está cargada de nostalgia por el Frente Interno de la segunda guerra mundial, al proyectar, como lo hace, un espíritu de Dunquerque más bien alegre, una visión disciplinada de las cosas.

Limbo (BERNARD WOLFE)

bernard_wolfe_-_limboSi Un mundo feliz y 1984 son las dos grandes visiones «distópicas» de la ficción británica moderna, Limbo, de Bernard Wolfe, tiene dere­cho a considerarse su más próximo equivalente norte-americano. Sin embargo, es curioso que no haya ejercido ese derecho, ni en la opinión pública ni en la crítica literaria. Creo que es una obra maes­tra, aunque debo admitir que es una obra maestra lamentable­mente olvidada. Tal vez su tema central –una sociedad en la que los hombres se amputan las extremidades para no ir a la guerra– sea demasiado perturbador, demasiado extravagante para que se lo acepte sin resistencias. Es más fácil imaginarnos sucumbiendo a la pasión y a las enfermedades, o a la esclavitud, que proyectarnos en el mundo sin extremidades y lobotomizado de 1990 que nos pre­senta Wolfe.

Pero ¡qué maravilloso libro es Limbo! Es extenso (413 pá-ginas en la edición de bolsillo, de Ace), de humor negro, lleno de apasio­nado interés por los problemas contemporáneos, y en particular por la guerra, la violencia institucionalizada y la capacidad de auto–destrucción de la humanidad. Es una novela que progresa magnífi­camente hasta su punto culminante, repleta de juegos de palabras, digresiones filosóficas, bromas sobre el estilo de vida norteame­ricano, comentarios sobre las drogas, el sexo y la guerra nuclear, distraídos garabatos y chistes tipográficos, sofisticada en términos médicos y psicoanalíticos, un verdadero Tristram Shandy de la era atómica. En un apéndice, el autor rinde tributo a Norbert Wiener, Max Weber, Dostoievsky, Freud y, asombrosamente, al autor de cf A. E. van Vogt. «Escribo –afirma– sobre los matices y las corrien­tes de fondo del ahora como si se tratara de 1990, porque extraer to­das las implicaciones de un año como 1950 llevaría décadas.»

Bernard Wolfe (nacido en 1915) obtuvo la licenciatura en psico­logía en la Universidad de Yale, y durante un breve período traba­jó como guardaespaldas de León Trotsky en México, aunque no estuvo presente cuando lo asesinaron. Su primer libro, Really the Blues, versaba sobre la música de jazz, y luego escribió algunos en­sayos y novelas, pero no de ficción. Evidentemente, un hombre especial. Salvo unos pocos cuentos breves, Limbo es su única in-cur­sión en el campo de la ciencia ficción, aunque dio amplias muestras de una comprensión del género muy superior a la de la mayoría. «Los matices y las corrientes de fondo del ahora» es pre-cisamente el tema de la mayor parte de las obras más serias de cf.

El argumento se refiere a los viajes y las peripecias del doctor Martine, un neurocirujano que en 1972 huyó de una guerra nu­clear limitada al refugio de una isla olvidada del océano índico. Allí se pasó dieciocho años practicando lobotomías a los ingenuos nativos antisociales (compasiva reproducción de la antigua mandunga de los aborígenes, rudimentaria cirugía del cerebro). En 1990, Martine decide partir a redescubrir el mundo. Se encuentra con unos Estados Unidos parcialmente destruidos, en donde rige la ideología de los «Inmóviles». En esa grotesca sociedad posterior a la bomba, en lugar de brazos y piernas, los hombres tienen próte­sis informatizadas, convencidos de que la automutilación evitará la repetición de la guerra mundial. Es un equivalente grosero de la mandunga de los isleños, la lobotomía con la cual se eliminaban los impulsos agresivos. Martine se horroriza al descubrir que gran parte de la inspiración de los «Inmóviles» proviene de un diario que él mismo había escrito y perdido en aquel fatídico 1972. Es el pro­feta involuntario de esta pesadilla; sus chistes de dieciocho años an­tes han sido tomados en serio. De todos modos, todo ha sido en vano, pues el mundo se derrumba y una nueva guerra está a punto de comenzar. La historia termina con la fuga de Martine a su pací­fica isla mientras las bombas vuelven a caer sobre las ciudades nor­teamericanas. Parece amarga y fatalista pero, en realidad, la novela es divertida y estimulante, y al final ofrece una cierta esperanza. Rica en ideas, cargada de significados, utiliza la ciencia y la psicolo­gía de 1950 para abordar los mayores problemas de nuestro siglo. Y es hora de que se reconozca a Limbo como lo que es: la obra más ambiciosa de ciencia ficción, y una de las más logradas, que se haya escrito alguna vez en los Estados Unidos.

Amos de títeres, de ROBERT A. HEINLEIN

amosLa revista de ciencia ficción más influyente durante la década del cuarenta fue Astounding S–F, de John W. Campbell, cuyo principal colaborador e inspirador fue Robert Anson Heinlein (nacido en 1907). Era un hombre de carácter severo, ex miembro de la Ar­mada y con formación de ingeniero, a quien le gustaba compararse con Stevenson, Kipling y Wells en tanto hombre «realmente» de ac­ción y de negocios, forzado a abrazar la decadente profesión de es­critor debido a problemas de salud. Empezó a escribir a los treinta y dos años, cuando contaba ya con una variada experiencia en los ne­gocios, la política y también en el campo militar. Experiencia que le fue muy útil a la hora de escribir relatos rigurosos e incisivos sobre el futuro próximo para revistas de cf. Muchos de esos relatos versaban sobre política, derecho y relaciones industriales de la futura era es­pacial y pertenecían a un grupo llamado «Historia futura». Las obras de los años cuarenta han sido recogidas en El hombre que ven­dió la luna (1950), Los negros fosos de la luna (The Green Hills of Earth) (1951) y Revuelta en el2100 (1953). Al mismo tiempo, Heinlein escri­bió varios relatos fantásticos, que incluían la excelente narración sobre viajes a través del tiempo «By His Bootstraps», pero fueron publicados bajo seudónimos. Después de la segunda guerra mun­dial comenzó una larga serie de novelas de cf para adolescentes, notables por su inspiración, convicción y precisión técnica. Su primera novela de posguerra para adultos fue Amos de títeres (The Puppet Masters).

Pero no fue publicada por capítulos en Astounding. En 1950 apa­reció una nueva revista mensual llamada Galaxy Science Fiction, que muy pronto se convirtió en la más importante del género, y una de las primeras series que dio a conocer fue precisamente Amos de títe­res, de Heinlein. Una asombrosa cantidad de novelas de los años cincuenta que he elegido para este volumen aparecieron por vez primera en Galaxy, cuyo estímulo para la cf norteamericana fue im­portantísimo. La narración en primera persona de Amos de títeres se inicia en el año 2007. El héroe es un agente secreto que trabaja para una organización semejante a la CÍA. Junto con su jefe, conocido como «el Viejo», y una hermosa colega a quien llama «Hermanita», investiga el supuesto aterrizaje de un platillo volador en Iowa. Al principio supone que es una broma, pero resulta ser terrorífica­mente real, y el primero de una larga serie. La nave extraterrestre lleva a bordo organismos inteligentes con aspecto de babosas, que se agarran a las espaldas de los seres humanos, atacan el sistema nervioso y se apoderan del control de sus mentes y sus acciones. Los títeres humanos y sus repugnantes amos tratan de adueñarse del mundo entero. Hay que combatirlos sin piedad.

La historia se desarrolla enérgicamente, con mucha violencia, paranoia y agresividad inconsciente. Cuando se tiene en cuenta que ha sido escrita en los Estados Unidos de los años cincuenta, es fácil advertir que esos amos representan la Amenaza Comunista. Se esté o no de acuerdo con el punto de vista político implícito de Heinlein, hay que admitir que la novela dibuja con gran habilidad una atmósfera anímica particular. Gran parte del «encanto» del li­bro descansa en el método narrativo, una mezcla de observaciones burlonas y lacónico sentimentalismo que no deja dudas de que Heinlein ha aprendido un par de cosas de Hammett, Chandler y la dura escuela de los autores de literatura negra. Hay también una curiosa intriga secundaria que se desarrolla alrededor de una no­vela familiar (utilizo la expresión pensando en Freud). Resulta que «el Viejo» es el padre del héroe, y hay indicios de que la heroína puede ser, en realidad, su hermana. En un par de pasajes culmi­nantes de la historia, el héroe se echa a llorar. Es un nombre fuerte, a quien únicamente puede hacer llorar su «Hermanita», la única además que puede consolarlo. Todo es bastante extraño. Tal vez sea mejor describir a Heinlein como un artista inconsciente que, sin darse cuenta de lo que hace, revela, con gran honestidad, que todas nuestras agresiones humanas tienen su origen en un terreno afec­tivo inestable, regado por las lágrimas del deseo y la frustración.

Luna sangrienta, de RAMSEY CAMPBELL

lunasan«La locura, la licantropía y los monstruos, seres no humanos que nacían en el útero, eran todos atribuidos a la luna. Hécate, diosa de las brujas, había sido originalmente una diosa de la luna con tres cabezas, y era acompañada por una jauría de pe­rros infernales …» Y aún hoy la luna puede engendrar mons­truos blancos, como babosas, capaces de hacer cundir el pánico en una comunidad entera. Luna sangrienta (The Hungry Moon), una historia lunar de terror si las ha habido, es una novela reciente del «equivalente británico de Stephen King», John Ramsey Campbell (nacido en 1946). La primera novela del au­tor, La muñeca que se comió a su madre (1976), era un espe-luznan­te relato de horror psicológico, y desde entonces Camp-bell ha publicado una serie de excelentes novelas de terror. En verdad, estaba lejos de ser un escritor novel a mediados de los años se­tenta, pues publicó su primer libro (una colección de cuentos al estilo de Lovecraft) en 1964, a la edad asombrosa-mente tem­prana de dieciocho años. H. P. Lovecraft fue el primer amor de Campbell, y la influencia del escritor norte-americano aún es remotamente discernible en su grotesca historia de una deidad antigua y malevolente que retorna para acosar a un pueblo ac­tual de Derbyshire.

Es una novela extensa, con un vasto (y a veces confuso) re­parto de personajes. El principal de ellos es Diana Kramer, una joven maestra norteamericana que va a trabajar a la peque-ña ciudad de Moonwell. El lugar deriva su nombre de una mis-te­riosa marmita gigante en un estadio de piedra en los brezales que hay justo encima del pueblo: «Presumiblemente alguien pensó antaño que parecía bastante grande o profunda para que cupiese allí la luna … ni siquiera a mediodía en el verano es po­sible ver el fondo; muros que parecían suaves y resbaladizos como sebo se sumergían directamente en la obscuridad …». Los niños del lugar van allí una vez al año para adornar la entrada de la caverna con flores, una costumbre aparentemente inocua que se remonta a tiempos paganos. Sin embargo, otro visitante norteamericano, un fanático religioso llamado Godwin Mann, denuncia «esos ritos druidas» furiosamente, y levanta un cam­pamento en el brezal con el intento de suspender la antigua ce­remonia. Pronto logra convertir a la mayoría de los poblados a este implacable tipo de cristianismo fundamentalista (Ramsey Campbell pinta muy bien la tiranía de la gente de mente estre­cha y a los obsesivos). Unas pocas buenas personas, entre ellas Diana Kramer y su nuevo novio, un periodista de Manchester, son escépticos. Y luego el loco predicador decide demostrar el poder de la protección de Dios, descendiendo a la marmita gi­gante…

El horror sobrenatural que empieza a desplegarse des-pués de la emergencia de Godwin Mann de la negra caverna es des­crito meticulosamente en una larga, lenta y horripilante ela-bo­ración que llena las últimas dos terceras partes de la novela. Al­gunos de los horribles sucesos podrían parecer absurdos si se los describe fuera de contexto, pero pueden espantar al lector que se somete voluntariamente a la lógica de pesadilla y al afila­do estilo de prosa de Campbell. Nunca he leído un relato en el que la simple obscuridad, ese antiguo espantajo, tenga un papel tan importante y eficaz. La entidad lunar que surge del pozo de los brezales quita a Moonwell su luz solar y su energía eléctrica, impide que escape nadie de los alrededores de la ciudad, y es una amenaza para una base cercana de misiles nucleares. Mu­cho después de haber olvidado los personajes y los detalles de la trama de la novela, recordaré las escenas en que gente aterrori­zada anda dando traspiés por un mundo casi totalmente priva­do de luz. El libro bien podría haberse titulado «Obscuridad a mediodía».

Next »

Flag of Andalucía.svg Hoteles baratos en Andalucía

Flag of Catalonia.svg Hoteles baratos en Cataluña

Flag of the Community of Madrid.svg Hoteles baratos en Madrid

Bandera de la Comunidad Valenciana (2x3).svg Hoteles baratos en Comunidad Valenciana

Flag of Galicia.svg Hoteles baratos en Galicia

Bandera de Castilla y León.svg Hoteles baratos en Castilla y León

Flag of the Basque Country.svg Hoteles baratos en País Vasco

Flag of the Canary Islands.svg Hoteles baratos en Canarias

Bandera usual de Castilla-La Mancha.svg Hoteles baratos en Castilla-La Mancha

Flag of the Region of Murcia.svg Hoteles baratos en Murcia

Flag of Aragon.svg Hoteles baratos en Aragón

Flag of Extremadura with COA.svg Hoteles baratos en Extremadura

Flag of the Balearic Islands.svg Hoteles baratos en Islas Baleares

Flag of Asturias.svg Hoteles baratos en Asturias

Bandera de Navarra.svg Hoteles baratos en Navarra

Flag of Cantabria.svg Hoteles baratos en Cantabria

Flag of La Rioja (with coat of arms).svgHoteles baratos en La Rioja