2010 September | Crítica de Libros
Critica de libros, comentarios, personajes, escritores, estudios y resumenes de libros. Literatura actual y clasica. Literatura espanola, literatura hispanoamericana, literatura norteamericana, literatura europea. Libros recomendados, best-sellers y obras selectas

Archive for September, 2010

El libro de Ptah (Alfred Elton Van Vogt)

Ptah-Van-VogtDe lo sublime a lo ridículo. A diferencia de Mervyn Peake, Alfred Elton van Vogt (nacido en 1912) es el típico escritor de obras de ficción para revistas de poca calidad. Sus historias ab­surdamente extravagantes atraían en el tiempo de la guerra a los lectores de las influyentes revistas de John W. Campbell Astounding Science Fiction y Unknown Worlds, en las que durante unos años fue su principal colaborador. Los «casi invencibles animales extraños [de Van Vogt], los largos períodos de sus re­latos, las paradojas temporales de las que está lleno, los super­hombres casi mesiánicos que lograban sus metas a medida que avanzaban las narraciones y los imperios que dominaban, todo ello presentado en una prosa que utilizaba colores obscuros y toscos pero cuyo sorprendente sentido de lo maravilloso era transmitido con una onírica convicción. Las complicaciones de la trama por las que era bien conocido, y que han provocado mordaces burlas por su carácter ilógico y ridículo … son anali­zados más a fondo y sus efectos son mejor comprendidos cuan­do se consideran los repentinos cambios de perspectiva, de jus­tificación y de escala como análogos a los movimientos de un sueño», según el admirable crítico John Clute, en The Encyclo­pedia of Science Fiction.

The Book of Ptath [El libro de Ptath] fue publicado por vez pri­mera en una forma abreviada en 1943, en el último número de Unknown Worlds. (Se supone que la revista dejó de aparecer a causa de la escasez de papel, pero su gemela siguió saliendo, y una explicación más probable de la interrupción de Unknown Worlds después de sólo cuatro años de publicación es que la literatura fantástica de baja calidad sencillamente no tenía la masiva popularidad de la ciencia ficción en aquellos días.) La historia, que concierne en su mayor parte a un super-man «casi mesiánico» que obtiene el éxito merecido, es situada a doscien­tos millones de años en el futuro, en una tierra llama-da Gonwonlane (el antiguo supercontinente de Gondwanaland, ahora reformado). El protagonista, Ptath, sólo puede recordar su nombre. Tiene una fuerza enorme y grandes poderes de recu­peración, y siente la compulsión de viajar a una ciudad distante, también llamada Ptath. Empieza a hacerlo, aplastando a patru­llas de soldados y a todo el que trata de impedírselo. En la ciu­dad lo espera una mujer bella pero malvada llamada Ineznia. Es una diosa, y Ptath es un dios reencarnado (nada menos): ella le infunde nueva vida para hacerlo pasar por una serie de pruebas que acabarán con su destrucción definitiva…

En el camino, Ptath recuerda una de sus anteriores identi­dades: él es Peter Holroyd, un capitán norteamericano de una compañía de tanques en la segunda guerra mundial. Ha sido arrancado de un remoto pasado inimaginable para que tome parte en esta batalla de gigantes en un futuro igualmente im­pensable. No es sorprendente que permanezca en un estado de confusión mental por el resto de la novela, lo mismo que el lec­tor, pues la trama transcurre velozmente y es compleja, con re­velaciones e inversiones esparcidas, personajes que habitan los cuerpos de otros, hazañas mágicas aparentemente arbitra-rias y espantosos secretos revelados casi en cada capítulo. Más tarde Ptath se reúne con su amada L’onee (mantenida en cautiverio por la malvada diosa), descubre su destino y destruye el poder de Ineznia. Para un lector que esté dispuesto a adoptar el esta­do de ánimo apropiado, es todo muy divertido. A. E. Van Vogt es un escritor sin elegancia pero enérgico, y su relato tiene su propio y alocado sentido de la convicción.

Más tenebroso de lo que piensas, (JACK WILLIAMSON)

lib2320«Se regocijaba con el aroma de los hierbajos húmedos y la fra­gancia de las hojas caídas. Hasta le agradaba el rocío gélido que le salpicaba la velluda piel gris. Lejos del ruidoso sonido metáli­co y sibilante de la locomotora, se detuvo para escuchar los te­nues crujidos de los ratones del campo y atrapó un grillo con un zarpazo de su delgada garra delantera … El júbilo le hizo le­vantarse, con una alegría transparente y vibrante que nunca ha­bía sentido. Elevó su hocico hacia la media luna que estaba ocultándose y lanzó un aullido trémulo y prolongado de puro deleite …» ¿El periodista Will Barbee está experimentando un sueño extraño pero estimulante, o es una realidad? Corre en libertad como un lobo en la noche, con todos sus sentidos despiertos como nunca lo habían estado antes. Una loba blanca lo llama, y parece hablarle con la voz telepática de una bella jo­ven (y colega periodista) que se llama April Bell. Will Barbee ha conocido a April hace menos de veinticuatro horas, pero ya está chiflado por ella. Se encuentran en un alquilerdealquilerdecoches.com/”>coches.com/”>aeropuerto local, al que ambos habían acudido para informar sobre la llegada de un fa­moso antropólogo que vuelve del desierto de Gobi con noticias de un descubrimiento de gran importancia. Pero fue una mi­sión frustrada, pues el científico cae muerto justamente en el momento en que está por hacer su trascendental anuncio…

Ésta es una de esas novelas que están en la zona incierta en­tre la ciencia ficción y el relato de horror sobrenatural. Se trata de una raza oculta de seres semihumanos dotados de poderes mágicos que les permiten cambiar de forma durante la noche y convertirse en lobos, tigres, serpientes o lo que ellos deseen. Estos hechiceros han vivido junto a la humanidad nor-mal du­rante muchos miles de años, pero ahora existe el peligro real de que su secreto sea revelado al mundo y ellos, persegui-dos hasta la muerte. La seductora April Bell recluta a Barbee para su cau­sa –pues ella resulta ser un miembro latente de la raza de bru­jos, el Homo lycanthropus–. El distinguido antropó-logo y sus co­laboradores deben morir antes de que puedan hacer público su hallazgo de «los montículos de enterramiento prehumanos de Alashan». Desafortunadamente, varias de esas personas son buenos amigos de Barbee, y éste se halla desgarra-do entre sus lealtades humanas normales y sus instintos biológicos reciente­mente hallados. Las resonancias sexuales de la historia son fuertes, lo cual hace más convincente la lucha interna del protagonista.

Jack Williamson (nacido en 1908) usa abundantemente una jerga seudo científica, de modo que es posible que el lector acepte su tratamiento moderno del viejo tema del hombre–lobo como ciencia ficción (Richard Matheson haría algo similar con el tema del vampiro en su novela Soy leyenda, 1954). William-son es más conocido por sus obras de ciencia ficción, entre las que se cuentan sus obras de los años treinta como The Legion of Space y The Legion of Time. En contraste con esos coloridos relatos miniépicos, Más tenebroso de lo que piensas (Darker Than You Think), pese a toda su emoción, es una obra relativamente disciplinada y reflexiva. Una versión más breve apareció en la revista Unknown de John W. Campbell en 1940. Ampliada hasta las dimensiones de un libro en 1948, ahora parece un poco anticuada, pero aún si­gue siendo la mejor novela de Williamson. Las escenas de trans­formación son tratadas de manera vívida, y la exposición de la extraña situación de Barbee absorbe la atención hasta el inespe­rado (y bastante horroroso) desenlace.

La Tierra moribunda, de Jack Vance

LTM01Jack Vance (nacido en 1920) era un escritor desconocido cuan­do se publicó obscuramente en 1950 este primer libro suyo. Está compuesto por seis historias relacionadas entre sí, ninguna de las cuales había aparecido en revistas. Desde entonces Vance ha publicado docenas de novelas a la moda, de ciencia ficción y li­teratura fantástica, así como varias obras de intriga muy elogia­das (la última con su nombre completo: John Holbrook Vance). La Tierra moribunda (The Dying Earth) es una obra nota­ble para ser un primer libro, un clásico en su tipo, y pese a sus éxitos posteriores Vance nunca lo superó. Los relatos están si­tuados en un horrible y decadente, pero muy colorido, mundo de un lejano futuro. Estamos en el crepúsculo del planeta, y la ciencia hace tiempo que ha cedido la primacía a la magia. Hay monstruos en las sombras, híbridos de plantas y animales, seres grotescos del tamaño de tinajas y espectros de milenios pasa­dos. Contra este fondo poblado de fantasmas, seguimos las bu­fonadas de personajes como el aspirante a hechicero Turjan de Miir y su enemigo Mazirian el Mago. Aunque las tramas de estos cuentos son ingeniosas y divertidas, mucho de su éxito se debe a la evocación de una atmósfera. La prosa de Vance es lírica, y tiene olfato para lo colorido, como en su descripción del jardín de Mazirian y sus alrededores:

 

Ciertas plantas nadaban con cambiantes iridiscencias; otras te­nían floraciones pulsantes como anémonas de mar, púrpuras, verdes, lilas, rosadas y amarillas. Allí crecían árboles como sombrillas con plumas, árboles con troncos transparentes atra­vesados por nervaduras rojas y amarillas, árboles con hojas como láminas metálicas, cada hoja de un metal diferente: co­bre, plata, tántalo azul, bronce, iridio verde, etc. En un lado, flores como burbujas crecían apaciblemente de vítreas hojas verdes, en otro lado un arbusto tenía flores en forma de tubo, y cada uno de ellos emitía un silbido suave para hacer música con la vieja Tierra, con la luz del sol de color rubí, con el agua que se escurría por el suelo negro, los vientos lánguidos. Y más allá de la valla rocosa, los árboles del bosque formaban un ele­vado muro de misterio. En esta hora declinante de la vida en la Tierra, ningún hombre podía considerarse familiarizado con los estrechos valles, los claros, las hondonadas boscosas y las profundidades, los claros apartados, los pabellones en ruinas, el deleite de los baños de sol, los barrancos y las alturas, los di­versos arroyos, las riadas, los pantanos, las praderas, las espesu­ras, los sotos y los afloramientos rocosos.

 

El más largo y el último de los seis cuentos es el de Guyal de Sfere, un joven que no puede dejar de hacer preguntas. Se lanza a la búsqueda del fabuloso Museo del Hombre, cuyo director puede ser capaz de responder a todas sus preguntas. En el cami­no recoge a una bella muchacha, y con mucha agitación, ambos logran llegar al Museo en ruinas. Como puede esperarse, en­cuentran un almacén de cosas tradicionales y muchos bellos ob­jetos de tiempos pasados. «¡Qué grandes espíritus yacen en el polvo!», murmura Guyal. «¡Qué almas estupendas han desapa­recido en las edades enterradas! … Nunca volverá a haber nada semejante; ahora, en los últimos momentos fugaces, la humani­dad se descompone como una fruta podrida.» Encuentran al anciano director, a punto de morir, y le ayudan a derrotar a Blikdak, un vil demonio que ha surgido de la mente del hombre. Como explica el director: «La sudorosa condensación, el hedor y la vileza, los humores de las cloacas, los deleites brutales, las violaciones y la sodomía, los caprichos escatológicos, las múlti­ples lubricidades disimuladas que se han escurrido de la huma­nidad han formado un vasto tumor; así adquirió vida Blikdak». Destruyen al demonio con medios ingeniosos; el director muere y Guyal ocupa su lugar como custodio de todo el conocimiento. En la escena final del libro los dos jóvenes contemplan las blan­cas estrellas y se preguntan: «¿Qué haremos …?».

La emboscadura, de Ernst Jünger

emboscadLa emboscadura es un himno a la libertad del hombre contra la coacción de las sociedades, de la tecnología y de la avalancha de informacíón, que aparece ayudar al ser humano a conocer su entorno cuando en realidad lo desdibuja, privando al individuo de experiencias propias.

Publicado a principios de la década de 1950 tras la segunda guerra mundial, como una profecía para un pasado y un futuro intemporales, en los que las tiranías amenazan al individuo singular por todos los costados, y entroncando con la concepción de Hölderlin del eterno retorno de los titanes, este ensayo plantea la coacción de la técnica y la productividad en la era de las democracias participativas.

    En una tiranía -más que numerosas durante el siglo XX, y potencialmente advenedizas en cualquier instante-, o en una democracia tecnócrata, en las que el individuo se ve sometido a fuerzas destructoras de la individualidad, o a la coacción mecánica de un mundo sin alma, el emboscado es la persona que opone resistencia a este ‘movimiento’ desde el sigilo, con la no-participación y la oposición invisible. En un momento en el que la humanidad vive en un mundo feliz mientras que la otra mitad habita en 1984, el bosque, como símbolo, es la patria de la persona libre, que decide vivir por sus propios medios; es el refugio de la persona de acción que opera sin ser apercibida, del que tiene una estrategia, del que sabe cuando actuar, de la que comprende el proceso, del que sabe esperar, del que sabe qué esperar.

Para Jünger, el derecho a la intimidad no nace de una ley, sino del padre de familia, flanqueado pro sus hijos, y con un hacha en la mano defendiendo la puerta de su casa. Hombre es el que como tal se resiste, piensa, actúa, se asocia con quien quiere y rechaza a quien no le interesa.

El acto de unirse o asociarse a otros debe ser voluntario y no puede venir impuesto desde fuera.

Este es el inicio del libro, que quizás explique mejor que nadie su idea:

Las preguntas que se nos hacen van simplificándose y exacerbándose. Llevan a disyuntivas, como lo muestran las elecciones. La libertad de «decir no» es restringida sistemáticamente. Está destinada a dejar patente la superioridad de quien hace las preguntas. Y se ha convertido en un riesgo que se asume en un sitio tácticamente equivocado. Lo dicho no pretende ser una objeción contra su significado moral. La emboscadura representa una nueva respuesta de la libertad. Los hombres libres son poderosos, aunque constituyen únicamente una minoría pequeñísima. Nuestro tiempo es pobre en grandes hombres, pero produce figuras. La amenaza configura pequeñas minorías selectas. Junto a las figuras del Trabajador y del Soldado Desconocido aparece una tercera figura, el Emboscado. El miedo puede ser vencido por la persona singular si ésta adquiere conocimiento de su poder. La emboscadura, en cuanto conducta libre en la catástrofe, es independiente de las fachadas político–técnicas y de sus agrupaciones. La emboscadura no contradice a la evolución, sino que introduce libertad en ella mediante la decisión de la persona singular. En la emboscadura la persona singular se confronta consigo misma en su sustancia individual e indestructible. Esa confrontación expulsa el miedo a la muerte. Aquí las Iglesias no pueden dar más que asistencia, pues, en su decisión, la persona singular está solitaria, y el teólogo puede, ciertamente, hacerla cobrar consciencia de su situación, mas no sacarla de ella. El emboscado atraviesa por su propia fuerza el meridiano cero. En las esferas de la medicina, del derecho y del empleo de las armas la decisión soberana corresponde al emboscado, quien tampoco en la moral actúa de acuerdo con doctrinas y se reserva la aceptación de las leyes. El emboscado no participa en el culto del crimen. El decide la naturaleza de su propiedad y el modo de afirmarla. Es consciente de la inatacable profundidad desde la que también la Palabra otorga una y otra vez plenitud al mundo. En eso está el cometido del «Aquí y ahora». 

Siete días en Nueva Creta (Robert Graves)

nuevaEste fascinante libro de un importante poeta y autor inglés de novelas históricas también es conocido por su título americano Watch the North Wind Rise. En el momento de su aparición Graves acababa de publicar su controvertido libro, no de ficción, La diosa blanca: una gramática histórica del mito poético (1948), donde sostiene que toda gran poesía se inspira en lo eterno femenino, la antigua Diosa trina que ha sido desplazada en tiempos moder­nos por la «razón» científica masculina. Siete días en Nueva Creta (Seven Days in New Crete) aborda el mismo tema, en la forma de una fantasía de viaje en el tiempo. El narrador, un poeta del si­glo xx llamado Edward Venn–Thomas, despierta en un lejano futuro para encontrarse en un lugar utópico pero armonioso llamado Nueva Creta. Es una sociedad de hornillos de madera y luz de velas, gobernada por poetas y brujas de magia blanca, donde todo el mundo expresa su creencia en la única verdade­ra diosa. No hay violencia alguna –las guerras se han convertido en torneos amistosos librados en los pastos de la aldea– y hay una sorprendentemente escasa actividad sexual («en casos de total simpatía, nos echamos uno junto a otro, o pie con pie, sin contacto corporal, y nuestros espíritus flotan hacia arriba y vagan en un movimiento a través de la habitación»).

Aparentemente, Edward Venn–Thomas ha sido invocado por las brujas para que responda a sus preguntas acerca de su propio período, la Época Cristiana Tardía. (El conocimiento que tienen sus anfitriones del pasado es brumoso: en un mo­mento se siente mortificado al descubrir uno de sus poemas en un libro titulado El canon poético inglés, que ha sido «torpemen­te reescrito y atribuido al “poeta Tseliot”».) Pero en realidad, como llega a comprender gradualmente, él está allí para reali­zar los designios profundos de la Gran Diosa. Nueva Creta pue­de ser un paraíso no violento, pero es también aburrida y sin vida, y la tarea de Edward es inyectar un poco de maldad y locu­ra en las vidas excesivamente virtuosas de sus ciudadanos. Lo hace, sin ser consciente al principio de lo que está ocurriendo: se ve enredado en amores con dos jóvenes mujeres, despertan­do así sentimientos de celos que luego conducen a actos de ase­sinato y suicidio. Edward dice, en su principal discurso, al final de la novela:

 

–Yo soy un bárbaro, un poeta del pasado … tengo un mensaje que transmitiros; ¡escuchadme bien! La Diosa es omnipotente, la Diosa es de una suprema sabiduría, la Diosa es totalmente buena; pero hay veces en que se pone la máscara del mal y del engaño. Durante demasiado tiempo, nuevos cretenses, ella os ha mostrado su rostro clemente y natural; la costumbre y la prosperidad os han cegado para su belleza. En mi época bár­bara, un tiempo de gran obscuridad, ella llevaba una máscara perpetua de crueldad hacia los incontables renegados de su servicio, y se la quitaba, raramente y en secreto, sólo para los locos, los poetas y los amantes.

»… Ella me ha llamado del pasado, como simiente de des­venturas, para proveeros de una cosecha de aflicciones, pues el verdadero amor y la verdadera sabiduría sólo surgen de la ca­lamidad … ¡Sopla, viento del Norte, sopla! Aleja la seguridad, levanta los antiguos techos arrancándolos de sus vigas, destru­ye las ramas podridas de los alisos, las encinas y los membrillos; rompe las puertas … y pon en libertad a los locos …

 

En esta interesante (y a menudo divertida) fantasía de im­pulsos en conflicto, Robert Graves (1895–1985) no nos pide que nos unamos a su culto de la Diosa, sino que más bien explora todos sus propios sentimientos ambiguos en relación con la poesía, las mujeres, el progreso técnico, la guerra y la civili­zación.

Gormenghast, de MERVYN PEAKE

gormenghastTitus tiene siete años. Su ámbito es Gormenghast. Criado en las sombras; y destetado, por decirlo así, en telarañas de ri­tuales: para sus oídos, ecos, y para sus ojos, un laberinto de pie­dra… Ha aprendido un alfabeto de arcos y pasillos, el lenguaje de las escaleras obscuras y los techos de los que cuelgan maripo­sas nocturnas. Las grandes salas son obscuros lugares de juego, los campos son cuadriláteros, los árboles son pilares.» Pese a este ominoso comienzo, la segunda de las grandes novelas de Peake sobre Titus Groan y su entorno tiene una atmósfera un poco diferente de la primera. El mismo Titus está más en pri­mer plano, como niño y joven vigoroso y activo, aunque ya lleva el aplastante peso del septuagésimo séptimo condado. En este libro, el Castillo de Gormenghast parece más vital y más po­puloso, y el mundo externo, el mundo de la naturaleza, incide mucho más sobre él.

Se nos presenta a los «Profesores» en su horrible sala común («el humo del tabaco había convertido el lugar en una especie de tumba de color ocre obscuro»). Estas caricaturas de los maes­tros ingleses tienen nombres como Fluke [Chiripa], Perch–Prism, Deadyawn [Bostezo de Muerto], Cutflower [Flor corta­da] y Bellgrove [Bosquecillo de Campanas]. El último de los nombrados es el retratado con mayor simpatía, y las escenas en las que corteja a la poco agraciada señorita Irma Prunescualo son muy divertidas. El deber de los Profesores es enseñar al jo­ven Lord de Gormenghast, tratándolo como hubiesen tratado a cualquier otro menor del castillo. Mientras soporta esta anti­cuada pedagogía, Titus sueña con los lugares al aire libre y con el tiempo se escapa para jugar, haciendo novillos, en las colinas y los bosques circundantes (donde recibe la amistad del temi­ble pero leal señor Excorio, quien camina tambaleándose como el monstruo de Frankenstein a través de los árboles, la­mentando su largo exilio del castillo). Entre tanto, el villano ayudante de cocina Pirañavelo se ha filtrado en el servicio de Bergantín, el anciano Maestro de Ritual, Custodio de Observaciones, de quien hace de amanuensis. Pirañavelo planea asesi­nar a Bergantín y ocupar su cargo, después de lo cual cortejará a Fucsia, la melan-cólica hermana de Titus, y entonces quizá matará al joven conde, convirtiéndose así en amo de todos los que vigila.

El poder de Pirañavelo crece, y Titus lo odia cada día más. La narración llega a un clímax fascinante después de un gran diluvio que anega el castillo, y Titus persigue a Pirañavelo a tra­vés de los kilómetros de patios y corredores inundados. Como en Titus Groan de Peake, hay muchas descripciones «plástica­mente» maravillosas en el camino, tanto del castillo como del campo circundante:

 

… pudo quitarse del rostro las hojas, y cuando se detuvo ja­deante para recuperar el aliento, vio delante de él, extendién­dose a la distancia de los claros, el suelo del bosque cubierto por un mar de musgo dorado. En esas pesadas extensiones se levantaban, como desde la ilusión de un ensueño, un grupo fantasmal de antiguos robles. Allí estaban, como dioses salpi­cados de manchas, cada uno en su propio coto, los amplios claros de musgo fluyendo entre ellos en rengleras de color do­rado y verde, y perdiéndose a lo lejos en los claros.

Cuando pudo respirar con más soltura, Titus se dio cuenta del silencio del cuadro que estaba delante de él. Como una tela de oro con sus cientos de robles majestuosos, las sinuosas ramas se dividían y subdividían en doradas yemas de dedos, con sólidas bellotas y profundos cúmulos de hojas legendarias.

El corazón le latía ruidosamente cuando la cálida respi-ra­ción del silencio lo envolvió y lo arrastró.

 

Quizá Gormenghast tiene menos unidad que la novela ante­rior, pero sus momentos más bellos, sus revelaciones de carác­ter y de paisaje, están a la par de los del primer volumen. Ambos libros son obras maestras de la moderna literatura fantástica.

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