El libro de Ptah (Alfred Elton Van Vogt)
De lo sublime a lo ridículo. A diferencia de Mervyn Peake, Alfred Elton van Vogt (nacido en 1912) es el típico escritor de obras de ficción para revistas de poca calidad. Sus historias absurdamente extravagantes atraían en el tiempo de la guerra a los lectores de las influyentes revistas de John W. Campbell Astounding Science Fiction y Unknown Worlds, en las que durante unos años fue su principal colaborador. Los «casi invencibles animales extraños [de Van Vogt], los largos períodos de sus relatos, las paradojas temporales de las que está lleno, los superhombres casi mesiánicos que lograban sus metas a medida que avanzaban las narraciones y los imperios que dominaban, todo ello presentado en una prosa que utilizaba colores obscuros y toscos pero cuyo sorprendente sentido de lo maravilloso era transmitido con una onírica convicción. Las complicaciones de la trama por las que era bien conocido, y que han provocado mordaces burlas por su carácter ilógico y ridículo … son analizados más a fondo y sus efectos son mejor comprendidos cuando se consideran los repentinos cambios de perspectiva, de justificación y de escala como análogos a los movimientos de un sueño», según el admirable crítico John Clute, en The Encyclopedia of Science Fiction.
The Book of Ptath [El libro de Ptath] fue publicado por vez primera en una forma abreviada en 1943, en el último número de Unknown Worlds. (Se supone que la revista dejó de aparecer a causa de la escasez de papel, pero su gemela siguió saliendo, y una explicación más probable de la interrupción de Unknown Worlds después de sólo cuatro años de publicación es que la literatura fantástica de baja calidad sencillamente no tenía la masiva popularidad de la ciencia ficción en aquellos días.) La historia, que concierne en su mayor parte a un super-man «casi mesiánico» que obtiene el éxito merecido, es situada a doscientos millones de años en el futuro, en una tierra llama-da Gonwonlane (el antiguo supercontinente de Gondwanaland, ahora reformado). El protagonista, Ptath, sólo puede recordar su nombre. Tiene una fuerza enorme y grandes poderes de recuperación, y siente la compulsión de viajar a una ciudad distante, también llamada Ptath. Empieza a hacerlo, aplastando a patrullas de soldados y a todo el que trata de impedírselo. En la ciudad lo espera una mujer bella pero malvada llamada Ineznia. Es una diosa, y Ptath es un dios reencarnado (nada menos): ella le infunde nueva vida para hacerlo pasar por una serie de pruebas que acabarán con su destrucción definitiva…
En el camino, Ptath recuerda una de sus anteriores identidades: él es Peter Holroyd, un capitán norteamericano de una compañía de tanques en la segunda guerra mundial. Ha sido arrancado de un remoto pasado inimaginable para que tome parte en esta batalla de gigantes en un futuro igualmente impensable. No es sorprendente que permanezca en un estado de confusión mental por el resto de la novela, lo mismo que el lector, pues la trama transcurre velozmente y es compleja, con revelaciones e inversiones esparcidas, personajes que habitan los cuerpos de otros, hazañas mágicas aparentemente arbitra-rias y espantosos secretos revelados casi en cada capítulo. Más tarde Ptath se reúne con su amada L’onee (mantenida en cautiverio por la malvada diosa), descubre su destino y destruye el poder de Ineznia. Para un lector que esté dispuesto a adoptar el estado de ánimo apropiado, es todo muy divertido. A. E. Van Vogt es un escritor sin elegancia pero enérgico, y su relato tiene su propio y alocado sentido de la convicción.
Aretino :: Sep.30.2010 :: Fantasía épica y en general, Libros que recomendamos, Obras de Ciencia ficción :: No Comments »


«Se regocijaba con el aroma de los hierbajos húmedos y la fragancia de las hojas caídas. Hasta le agradaba el rocío gélido que le salpicaba la velluda piel gris. Lejos del ruidoso sonido metálico y sibilante de la locomotora, se detuvo para escuchar los tenues crujidos de los ratones del campo y atrapó un grillo con un zarpazo de su delgada garra delantera … El júbilo le hizo levantarse, con una alegría transparente y vibrante que nunca había sentido. Elevó su hocico hacia la media luna que estaba ocultándose y lanzó un aullido trémulo y prolongado de puro deleite …» ¿El periodista Will Barbee está experimentando un sueño extraño pero estimulante, o es una realidad? Corre en libertad como un lobo en la noche, con todos sus sentidos despiertos como nunca lo habían estado antes. Una loba blanca lo llama, y parece hablarle con la voz telepática de una bella joven (y colega periodista) que se llama April Bell. Will Barbee ha conocido a April hace menos de veinticuatro horas, pero ya está chiflado por ella. Se encuentran en un
Jack Vance (nacido en 1920) era un escritor desconocido cuando se publicó obscuramente en 1950 este primer libro suyo. Está compuesto por seis historias relacionadas entre sí, ninguna de las cuales había aparecido en revistas. Desde entonces Vance ha publicado docenas de novelas a la moda, de ciencia ficción y literatura fantástica, así como varias obras de intriga muy elogiadas (la última con su nombre completo: John Holbrook Vance). La Tierra moribunda (The Dying Earth) es una obra notable para ser un primer libro, un clásico en su tipo, y pese a sus éxitos posteriores Vance nunca lo superó. Los relatos están situados en un horrible y decadente, pero muy colorido, mundo de un lejano futuro. Estamos en el crepúsculo del planeta, y la ciencia hace tiempo que ha cedido la primacía a la magia. Hay monstruos en las sombras, híbridos de plantas y animales, seres grotescos del tamaño de tinajas y espectros de milenios pasados. Contra este fondo poblado de fantasmas, seguimos las bufonadas de personajes como el aspirante a hechicero Turjan de Miir y su enemigo Mazirian el Mago. Aunque las tramas de estos cuentos son ingeniosas y divertidas, mucho de su éxito se debe a la evocación de una atmósfera. La prosa de Vance es lírica, y tiene olfato para lo colorido, como en su descripción del jardín de Mazirian y sus alrededores:
La emboscadura es un himno a la libertad del hombre contra la coacción de las sociedades, de la tecnología y de la avalancha de informacíón, que aparece ayudar al ser humano a conocer su entorno cuando en realidad lo desdibuja, privando al individuo de experiencias propias.
Este fascinante libro de un importante poeta y autor inglés de novelas históricas también es conocido por su título americano Watch the North Wind Rise. En el momento de su aparición Graves acababa de publicar su controvertido libro, no de ficción, La diosa blanca: una gramática histórica del mito poético (1948), donde sostiene que toda gran poesía se inspira en lo eterno femenino, la antigua Diosa trina que ha sido desplazada en tiempos modernos por la «razón» científica masculina. Siete días en Nueva Creta (Seven Days in New Crete) aborda el mismo tema, en la forma de una fantasía de viaje en el tiempo. El narrador, un poeta del siglo xx llamado Edward Venn–Thomas, despierta en un lejano futuro para encontrarse en un lugar utópico pero armonioso llamado Nueva Creta. Es una sociedad de hornillos de madera y luz de velas, gobernada por poetas y brujas de magia blanca, donde todo el mundo expresa su creencia en la única verdadera diosa. No hay violencia alguna –las guerras se han convertido en torneos amistosos librados en los pastos de la aldea– y hay una sorprendentemente escasa actividad sexual («en casos de total simpatía, nos echamos uno junto a otro, o pie con pie, sin contacto corporal, y nuestros espíritus flotan hacia arriba y vagan en un movimiento a través de la habitación»).
Titus tiene siete años. Su ámbito es Gormenghast. Criado en las sombras; y destetado, por decirlo así, en telarañas de rituales: para sus oídos, ecos, y para sus ojos, un laberinto de piedra… Ha aprendido un alfabeto de arcos y pasillos, el lenguaje de las escaleras obscuras y los techos de los que cuelgan mariposas nocturnas. Las grandes salas son obscuros lugares de juego, los campos son cuadriláteros, los árboles son pilares.» Pese a este ominoso comienzo, la segunda de las grandes novelas de Peake sobre Titus Groan y su entorno tiene una atmósfera un poco diferente de la primera. El mismo Titus está más en primer plano, como niño y joven vigoroso y activo, aunque ya lleva el aplastante peso del septuagésimo séptimo condado. En este libro, el Castillo de Gormenghast parece más vital y más populoso, y el mundo externo, el mundo de la naturaleza, incide mucho más sobre él.




