2008 July | Crítica de Libros
Critica de libros, comentarios, personajes, escritores, estudios y resumenes de libros. Literatura actual y clasica. Literatura espanola, literatura hispanoamericana, literatura norteamericana, literatura europea. Libros recomendados, best-sellers y obras selectas

Archive for July, 2008

La inmortalidad (Milan Kundera)

Milan Kundera defiende la vitalidad del género novelesco por encima de las voces que claman por su inevitable extinción. Con una perspectiva historicista, el autor checo evita considerar la novela como expresión del ideal decimonónico en el que las páginas no eran sino el intento por reflejar una realidad de la manera más fidedigna posible. Los personajes venían definidos por sus peculiaridades psicológicas, actuaban en un marco espacial y temporal bien definido e identificable por el lector. El espacio para la fantasía o el libre discurrir de la ficción era muy limitado.

Este modelo agota sus fuerzas con el siglo veinte que ve una profunda renovación del género al superarse ese esquema y retomarse de algún de manera el espíritu que definió el nacimiento del género. Cervantes, Voltaire o Rabelais crean una nueva forma de expresión en la que el todo se resiste al esquema, los personajes entran y salen de las escenas sin justificación aparente, las historias se entremezclan de manera confusa aderezadas por un sentido del humor y una imaginación desbordante.

Y es en este rastro en el que Kundera encuadra su labor creativa tal y como ha tenido ocasión de manifestar repetidamente (Los testamentos traicionados, El arte de la novela). La novela se convierte en un “medio” de expresión, un vehículo en manos de su autor quien, con su omnisciencia, determina su curso mediante la acumulación de materiales diversos a los que dota de sentido precisamente por su puesta en relación.

La inmortalidad responde a estos criterios de manera ejemplar. Toda ella aspira a resultar natural, espontánea, aunque sospechemos desde sus primeras páginas un poso de reflexión que actúa como argamasa de todos los hilos argumentales. La novela se abre con el propio autor observando el curioso gesto de una mujer madura dirigido a su monitor de natación en el preciso instante en que sale de la piscina del gimnasio al que acude asiduamente Kundera.

Ese gesto atrae su atención por la disociación entre su desenfado y jovialidad y la edad avanzada de la mujer. De esta primera atracción surge la reflexión. Muchos son los gestos, pero por fuerza, su número es menor que el de los hombres que los realizan. De ahí que los humanos seamos sólo portadores de los gestos, estos no nos pertenecen, no son definitorios de nuestra personalidad.

Al igual que esa mujer repite un gesto empleado por otras mujeres, otros hombres, nuestras vidas caminan en círculos. El tiempo es visto en la juventud como un camino hacia adelante; sólo cuando alcanzamos el cenit de nuestra vida comprendemos que el tiempo nos atrapa como un círculo; cada vida se cimienta de unos materiales que apenas podemos alterar, de modo que giramos en torno a dicha materia, a dicho tema, del que no podemos huir; no es posible el comienzo de “una nueva vida” tan pregonado por la mercadotecnia de la Nueva Era.

En fin, no desvelaremos las escenas del libro, o la trama interna, o el final del mismo. Baste decir, como mérito indubitado, que son totalmente irrelevantes para el goce de la lectura. Que el verdadero placer se encuentra en el discurrir del propio Kundera, en sus reflexiones (explícitas o por boca de personajes) desperdigados generosamente por toda la novela. Que el inteligente juego entre ficción y realidad (tan querido por Cervantes) es una constante en sus páginas por las que Kundera se asoma para, seguidamente, ceder paso a otros personajes ficticios. Que la primera página del libro desvela el incidente que origina la obra, al tiempo que el último lance festeja el fin de la tarea de su escritura.

Y tampoco habrá que explicar la presencia de Goethe y su peor pesadilla, Bettina, quien amenazó de manera directa la más grande aspiración del genio alemán: su fama eterna. Esa inmortalidad a la que algunos aspiran por sus propios méritos y a la que otros llegan a despecho de sus intenciones y deseos, fotografiados en pose poco favorable para toda la Eternidad, inmortalidad fruto de la visión de otros, visión e imagen en la que vivimos y sobre la que tratamos de influir.

Tampoco hablaremos del triángulo amoroso que describe Kundera, o de las extrañas teorías impropias de su edad o época, del profesor Avenarius y su relación con Kundera y con las protagonistas de la novela.

Y no lo haremos porque el lenguaje claro y preciso, frío en apariencia, de esta novela lo explica mejor, lo encadena de manera precisa sin necesidad de más explicaciones. Y porque al igual que el gesto es la excusa de la novela, y el gesto se encarna en las personas, esas tramas argumentales no son sino la excusa por la que Kundera da rienda suelta a su increíble capacidad para la creación.

“Pienso, luego soy es la frase de uno intelectual que menospreciaba el dolor de muelas. Siento luego soy es una verdad de una validez mucho más general y se refiere a todo aquello que vive” es un ejemplo del tipo de reflexión que contiene La inmortalidad, en esta ocasión en referencia al nacimiento del Homo Sentimentalis; metaliteratura dentro de la Literatura.

Otra breve cita que espero sirva para resumir el espíritu de esta novela y de la obra de Kundera en general: “una novela no debe parecerse a una carrera de bicicletas, sino a un banquete con muchos platos distintos”. Kundera nos asegura un extraordinario menú degustación a bajo precio, que no se debe rechazar en tiempos en los que la comida basura dicta la norma e impone su precio.

Confieso que he leído

Firmin (Sam Savage)

La historia de Firmin es fácilmente resumible. Una rata se acoge en una librería para parir a su parentela. Entre su abundante prole pronto se destaca Firmin, el más pequeño y débil eslabón de toda la camada. A punto de morir de hambre al ser incapaz de luchar contra sus hermanos por la leche de su madre, acaba por sobrevivir alimentándose de la celulosa que extrae del papel de libros. Con el tiempo descubrirá que ha aprendido a leer por lo que los libros dejan de convertirse en alimento físico para pasar a ser su ventana al mundo y su referencia espiritual.

 

Cuando sus hermanos acaban por abandonar la librería para labrarse el futuro en los alrededores de la plaza Scollay de Boston, Firmin queda como rata soberana de la vieja tienda de libros del excéntrico Norman Shine. Tanto lee la pequeña rata que acaba por convertirse en un ser humano, con sus complejidades morales y psicológicas. Su cuerpo sigue, sin embargo, apresado en la fisonomía de una rata lo que le lleva a evitar con espanto los espejos y reflejos que le recuerdan su triste realidad, mientras sueña con hermosas mujeres desnudas -que conoce gracias a las sesiones nocturnas de un cine al que llaman la “casa de los picores”- y, fundamentalmente, con Ginger Rogers de quien se enamora perdidamente gracias a las proyecciones que contempla extasiado mientras rebusca comida en el suelo del patio de butacas.

 

Esta locura le lleva al convencimiento de que Norman, el librero, acabará por aceptar su presencia como la de un igual, un colega literario. La realidad se impone dramáticamente cuando el librero descubre a la rata y casi logra matarla con un veneno.

 

Pero no es éste el final de Firmin. Como un humano, logra rehacer su maltrecha estima y es “adoptada” por un escritor de poco éxito que malvive con la venta ambulante de sus obras y que reside en el mismo edificio donde se ubica la librería. Jerry acepta a la rata como tal, y apenas se sorprende de que lea. Ambos son parias de una sociedad que no les acepta y la victoria de Firmin es pírrica: finalmente no se sabe a ciencia cierta quién cuida de quién, ha entrado en el mundo de los humanos por la puerta falsa.

 

Entre tanto, la política urbanística de Boston lleva al saneamiento de la degradada plaza Scollay, paisaje vital de Firmin y de los personajes que le rodean. Su vida se precipita, como el final de un libro, inexorablemente. Ni siquiera el milagro de una rata lectora sirve para evitar la última hora; al contrario, a diferencia que el resto de ratas, Firmin sufre la conciencia de su propio fin, muere, por tanto, con sufrimiento exclusivamente humano.

 

El protagonismo de un animal nos lleva a una rica y larga tradición que se remonta a las fábulas de la Antigüedad. En la mayoría de los casos se sobreentiende que la referencia a un animal es el modo idóneo de aludir a la especie humana marcando una distancia que permita objetivizar hechos, opiniones o conductas que, de no mediar tal recurso, nos parecerían corrientes. La finalidad es, por tanto, la de poner de manifiesto las contradicciones del hombre, denunciar la hipocresía o extraer lecciones sobre el comportamiento humano.

 

Kafka tomó esta forma literaria y la reelaboró completamente. Frente a una fábula que persigue un mensaje general, Kafka adopta la fórmula animal con un fin más intimista, como una explicación de su visión particular y privativa del mundo. La fábula deja de ser vehículo de denuncia o instrumento moralizador para convertirse en un género exclusivamente literario.

 

Savage emplea a Firmin con muy diversos fines. De una parte, le permite comentar libros y autores (son curiosas las relaciones que establece entre algunos libros y el gusto que sus páginas dejan en Firmin) lo que hará las delicias de quienes disfrutan compartiendo opiniones sobre lecturas comunes o aprendiendo nuevos nombres. De otra parte, Firmin, esa rata que no pertenece al mundo de las ratas, pero tampoco al de los hombres, que vive, por tanto, en un terreno propio pero incierto, simboliza esa extrañeza que, en algún momento, todo buen lector ha sentido. Aferrado a un libro, en atenta lectura, esa actividad sedentaria e individual por excelencia que nos aleja de nuestros amigos y familiares (aunque, qué duda cabe, también nos acerca más a ellos).

 

Firmin se ha ganado un lugar en los puestos más altos de las listas de ventas a pesar de ser un libro con escaso apoyo publicitario en un primer momento. El boca a boca funcionó convirtiendo la novela en un superventas de Amazon y de ahí si salto a otras lenguas donde, ya con las técnicas de marketing correspondientes, ha reproducido el éxito.

 

Su autor, Sam Savage, se estrena a una edad ya madura, en el mundo editorial. Escrita sin pretensiones y con el fin de disfrutar durante el proceso, Firmin es el resultado del amor de su creador por la lectura, los libros y las librerías y su deseo de compartir ese acervo con sus lectores que, cual ratas lectoras, se identificarán con el idealismo de su protagonista y sus contradicciones, nuestras contradicciones.

Viaje a la historia de la publicidad gráfica. Arte y nostalgia

Las aventuras de Barbaverde (César Aira)

César Aira es un prolífico escritor argentino que trata de aportar aire fresco e innovador a las letras en castellano a pesar de su edad. Su prosa camina por diversos estilos que le sitúan al margen de las principales corrientes literarias y Las aventuras de Barbaverde son el perfecto ejemplo de los rasgos esenciales de este autor.

Cuatro historias independientes en las que un periodista de extraño nombre (Sabor) se ve envuelto en las aventuras de uno de los últimos superhéroes de nuestro tiempo, Barbaverde, de quien apenas se conoce otra cosa que su nombre y su eterna lucha contra las maquinaciones del profesor Frasca en su ánimo por dominar el Planeta.

La desbordante y barroca imaginación del autor se adapta perfectamente a este esquema propio del cómic. Las maquinaciones de Frasca (pirámides que avanzan contra una ciudad a modo de un videojuego, rayos que convierten juguetes en objetos reales, un enorme salmón que desde otra galaxia amenaza la vida en la Tierra, …) siempre resultan desbaratadas por Barbaverde quien, en ocasiones, emplea a Sabor como instrumento inconsciente en su lucha contra el Mal.

Sin embargo, el libro es algo más que un interesante esfuerzo por trasladar la imaginería del cómic adaptándola al género novelesco. Aira aporta numerosos elementos originales que enriquecen el texto.

Así, la figura del superhéroe es una referencia vaporosa que apenas se distingue por su presencia física, hasta el punto de parecer en ocasiones más el resultado de la imaginación enfermiza de Sabor. En su papel de periodista, trata de elaborar y dotar de coherencia los hechos asombrosos que sus sentidos perciben, para lo cuál precisa reinterpretar y avanzar teorías (que por sorprendentes que parezcan, terminan por confirmarse) hasta el punto de sospecharse si Barbaverde no es un producto de la mente de Sabor (o éste un mero instrumento de aquél).

La fantasía no es, por tanto, únicamente el elemento del que se sirve Aira para escribir esta especial novela, esa misma imaginación y su fuerza redentora es, al tiempo, uno de los principales temas de la obra. El apocado Sabor logra gracias a sus ensoñaciones adivinar y percibir una realidad que escapa al resto de humanos, a pesar del gran componente de manipulación que conlleva.

Cabe apreciar una irónica crítica al papel de los medios de comunicación que, no sólo informan y crean opinión, sino que la dirigen y propician. Sabor inventa los artículos que publica El Orden para tratar de reconstruir racionalmente un mundo que no comprende pero, a la vez, emplea los mismos como medio de enviar mensaje cifrados a su amada Karina, una artista de vanguardia de quien se enamora el primer día de su empleo como periodista y a quien conoce en la recepción de un hotel en el que se hospeda Barbaverde a quien ambos desean entrevistar por diferentes motivos. El tímido periodista queda enamorado de Karina quien apenas repara en el joven apocado más allá de como mero compañero de una aventura.

Las actividades profesionales de Karina también son descritas con ironía mordaz, de la que tampoco escapa el mundo de la Ciencia, la Moda, las Universidades, etc. Cualquier institución que aparezca por las páginas de esta novela pasa por el filtro de la ironía en un contexto totalmente natural favorecido por ese trasfondo de cómic que permite al autor desplegar su sentido del humor critico con las buenas costumbres o los convencionalismos provincianos.

Como ya se ha señalado, la dinámica del cómic adaptada a una novela permite la distorsión de la realidad, su simplificación. Los personajes, coherentemente, son planos y previsibles. El Bien y el Mal quedan claramente definidos y enfrentados. No hay escala de grises que permita el tránsito entre ambas realidades, un espacio para el acuerdo.

Las cuatro historias de que se compone el libro resultan desiguales en interés y, en ocasiones, se aprecian ciertas incoherencias entre ellas. Asimismo, su extensión hace que el punto intermedio de cada una de las cuatro aventuras parezca prolongarse excesivamente. Quizá un recorte habría hecho ganar en agilidad al relato, aunque ello habría supuesto una poda a las reflexiones del autor.

Al igual que en el estilo folletinesco del siglo XIX, cada historia “refresca” información referida a Frasca, Barbaverde, Sabor, Karina y algún otro personaje que aparece en varias historias, de manera que –quizá con la excepción de la primera aventura- pueden funcionar de manera independiente. El propio autor señala que su intención era escribir una serie infinita de novelas sobre este personaje, pero se cansó con la cuarta.

Sin embargo, el conjunto resulta muy apreciable por la interesante mezcla de estilos ya comentado, por la originalidad del tratamiento y por la prosa caudalosa y rica de César Aira quien ha encontrado en Barbaverde el perfecto vehículo para su capacidad literaria al que, casi con total seguridad, retornará en el futuro con nuevas aventuras.

Confieso que he leído

Viaje a la historia de la publicidad gráfica. Arte y nostalgia

Pólvora negra (Montero Glez)

Esta novela resultó ganadora del premio Azorín 2008, lo que confirma a este galardón, auspiciado pro la Diputación de Alicante, como uno de los que más apuesta por autores jóvenes y puntos de vista alejados de lo políticamente correcto.

Un anarquista, un complot para acabar con una monarquía, un plan hábilmente trazado y una mentira oficial. De tales premisas parte el escritor Montero Glez (Madrid, 1965) para llevar a cabo su novela Pólvora negra (Ed. Planeta, 2008), una excelente recreación del intento de regicidio llevado a cabo por Mateo Morral el día de la boda de Alfonso XIII, galardonada con el premio Azorín 2008.

En esta fascinante novela, Montero Glez nos relata las circunstancias que rodearon el incidente sumergiéndonos en el retrato veraz de un Madrid por el que el autor hace desfilar, a modo de personajes, a una serie de figuras que marcaron una época de la historia de España y que tuvieron una destacada implicación en los hechos. Desde la propia familia real al conde de Romanones pasando por Primo de Rivera, José Nakens o Alejandro Lerroux, todos ellos integran una sólida trama vestida de crónica novelada con la que el autor trata de recuperar la figura histórica de Mateo Morral, romper con la historia oficial que siempre lo presentó como «un loco enamorado que cometió tan execrable acto movido por el despecho» y mostrarlo como un hombre inteligente, ilustrado y plenamente concienciado al que fallaron los apoyos de un plan minuciosamente trazado. El hilo argumental orquestado por Montero Glez nos conduce, minuto a minuto, por un camino de luces y sombras que atraviesa los recovecos existentes en los momentos previos y posteriores al luctuoso suceso y lo hace principalmente a través de la mirada de tres de sus protagonistas: Mateo Morral, el anarquista autor del atentado; el teniente Beltrán, un policía encargado, primero, de la seguridad del evento y después, de la investigación posterior al atentado —el personaje revelación de la novela— y La Chelo, camarera de la Horchatería de Candela, lugar frecuentado por Mateo Morral durante su estancia en Madrid, y que, a la postre, tendrá un papel esencial en la resolución del entramado que Montero Glez nos desgrana y desvela con maestría a lo largo del relato. Al margen de la riqueza de sus personajes, la novela cuenta con otro punto fuerte: la certera y evocadora ambientación de un Madrid de principios de siglo pasado cuyo pulso vital el autor ha transmitido de forma exquisitamente metódica y con una cruda exactitud no exenta de singular belleza. Un Madrid que no se lee ni se ojea: se bebe, se recorre, se disfruta y se sufre hasta terminar por convertirse en algo tan cercano como podría serlo un personaje más de la historia. Un Madrid cuya atmósfera sirve de excelente sustrato para transmitir la asfixiante sensación con la que se nos narra, de forma minuciosa y precisa, los momentos del atentado.

Aunque es cierto que el registro de esta obra difiere y se aleja en cierta medida de los textos a los que Montero Glez nos tiene acostumbrados, no es menos cierto que, por fortuna, el texto se mantiene completamente fiel a ese estilo tan peculiar que domina con destreza. Escrita en clave de novela negra, continúa albergando ese poso oscuro, desgarrado y profundo que caracteriza sus textos, sin embargo, la obra denota una evidente madurez narrativa en el recorrido literario de su autor. La novela, que en un principio podría parecernos un artificio histórico tan en boga en los últimos tiempos, se transmuta en un arduo trabajo de documentación con el fin de mostrar, a través de una narración ágil y dinámica, los hechos puros y desnudos de lo sucedido durante esa fatídica jornada de mayo de 1906. Por ello, Pólvora negra termina siendo algo más que una novela histórica de matices policíacos. Pólvora negra es una autentica vuelta de tuerca. La ordenada y metódica presentación de una serie de hechos y conjeturas que, tras su reflexión y evaluación, nos conducen a concluir que la historia pudo no ser como nos la habían contado. Ni mucho menos.

LA OFENSA (Ricardo Menendez Salmón )

 

El argumento es bastante sencillo a primera vista. Kurt es un joven sastre que trabaja tranquilamente en una localidad alemana hasta que el ejército alemán lo llama a filas. Nuestro protagonista se ve obligado a dejar la sastrería para colocarse el traje de militar y lanzarse a la aventura bélica de la Segunda Guerra Mundial.

Las tropas de Hitler traman la entrada en Francia y Kurt se ha ganado muy rápidamente la confianza de sus superiores, hasta el punto de convertirse en cabo. Movido más por la inercia de la fuerza del ejército alemán que por ambición propia, solicita en todo momento estar en línea de combate y ayudar a su patria.

Pero de repente Kurt se choca con la más dura realidad, los brutales asesinatos de víctimas inocentes se cruzan ante  sus ojos. Va a ser un golpe tan duro para este humilde sastre, que el cuerpo le deja de responder. Kurt pierde la sensibilidad de su cuerpo.

A partir de este punto se ponen en marcha una serie de divagaciones existencialistas entorno al personaje que interaccionarán con el lector para que éste participe en las más profundas reflexiones sobre las guerras, el horror, el absurdo y la reacción de algo tan frágil, en el fondo, como es el cuerpo humano.

 

La ofensa” es una novela corta que se lee de un tirón. Hay una clara intención de huir de los abusos ornamentales de la narrativa e ir directo al grano, escribir únicamente lo que es pertinente para el relato y obviar información que el lector ya sepa o pueda imaginar.

Y lo cierto es que estamos ante una novela que en todo momento va a pedir una interacción con el lector en el plano interpretativo. Decía Hemingway en su teoría del iceberg que lo importante en un relato no es lo que se dice, sino lo que no se dice, lo que se intuye. Precisamente aquí se juega con esta técnica. Kurt abandona la sastrería y se va a luchar a la guerra, en un principio participa de forma vehemente, pero al encontrarse con la dura realidad de la sangre derramada en vano, de repente su cuerpo le deja de responder. Podríamos decir que esto es, muy básicamente, el argumento, lo importante es lo que exprimamos nosotros a partir de aquí. ¿Cómo reacciona el ser humano ante situaciones de terror? ¿Es el cuerpo capaz de desvincularse de su mente ante este panorama? ¿Puede uno reponerse después de experiencias tan amargas? ¿Son todas las guerras iguales? Hay un sinfín de preguntas que el propio autor va planteando en la narración, así como otras que el lector se formula.

No estamos ante una novela de guerra al uso, no es otra narración sobre el holocausto o sobre las atrocidades del régimen nazi. Es una novela que utiliza la excusa de la Segunda Guerra Mundial para marcar un antes y un después en un personaje, para que sirva como punto de inflexión y se haga una dramatización de la experiencia del ser humano ante el terror. Podría no ser la Segunda Guerra Mundial y la esencia sería la misma.

El ritmo de la novela está bien llevado y a medida que leemos, más crece el interés por Kurt, por entender qué le ocurre. La resolución de la novela es, diría yo, lo mejor de todo, con un juego de imágenes finales absolutamente desgarradoras. 

Por lo tanto tienen razón Vila-Matas y Rosa Montero cuando dicen que es una novela corta pero intensa, porque no podemos quedarnos con lo que nuestros ojos leen, sino que disfrutaremos también haciendo un ejercicio de reflexión a medida que avanzamos.

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Juan Sin Letras. Una cruzada literaria.

Juan Sin Letras. Una cruzada literaria.

PURA VIDA (Jose Maria Mendiluce )

Ariadna es una joven barcelonesa, funcionaria de la ONU, que trabaja en Nueva York. Lleva una vida rutinaria a lado de Tom. La pesadez de esa rutina le hace buscar un proyecto de la ONU en el extranjero para así cambiar de aires. Gracias a esto descubrirá Costa Rica y lo que es la verdadera Pura Vida. En una escapada de vacaciones a la costa atlántica, recala en Puerto Viejo. Allí conoce a Jonás con el que le unirá una pasión desbocada. Pero Jonás pertenece a la naturaleza libre y es un ser inocente y puro. La pasión hará que Ariadna lo saque de su pueblo para seguir la relación en San José pero fuera del paraíso es difícil mantenerse unidos. Esto llevará a Jonás al mundo del narcotráfico como medio de conseguir dinero fácil para seguir a Ariadna a Barcelona. Difícil mantenerse unidos.
 

 

Durante un tiempo trabajé en una librería. Estaba tan harta de oír cómo los clientes solicitaban “Pura Vida” y de tener que decir “está en reedición” que un día fuí a la biblioteca del barrio y lo pedí prestado. Por saber si era tan fascinante, si toda aquella expectación tenía algún justificante. Y, por desgracia, la conclusión es que… no, en absoluto. No digo que mi opinión sea la buena, respeto a todo aquel que haya leído el libro y le guste, pero la pregunta es ¿por qué les gusta? Si no está bien escrito, ni tiene ningún sentido, ni engancha, ni tiene gracia, ni tiene personajes consistentes… Ni siquiera pude acabármelo, y eso que por disciplina suelo acabar TODOS los libros. La protagonista es el típico personaje femenino plano creado por un hombre. Una idealización. Una fantasía. Un sueño erótico. No, perdón, el sueño erótico es el mulato inconcebiblemente guapo y demás que Mendiluce parece escoger para sublimar todas sus fantasías húmedas. En resumen, que me pareció que el libro tenía la categoría literaria de un fanfic.

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