2008 March | Crítica de Libros - Part 3
Critica de libros, comentarios, personajes, escritores, estudios y resumenes de libros. Literatura actual y clasica. Literatura espanola, literatura hispanoamericana, literatura norteamericana, literatura europea. Libros recomendados, best-sellers y obras selectas

Archive for March, 2008

SOMBRAS CHINESCAS (Juan Carlos Garrido)

“Sombras chinescas” es la primera novela del abulense, afincado en Paracuellos de Jarama (Madrid), Juan Carlos Garrido, con la que resultó elegido finalista del premio Planeta 2005, y verá la luz en el mes de mayo de 2008 publicada por Maghenta Editorial.

El protagonista, un perdedor nato y hombre de múltiples ex-oficios, entre ellos el de detective privado, y que en la época de los hechos se gana la vida como negro literario, recibe la visita de la mujer más guapa que haya visto en la vida, que dice ser agente de prensa belga y pretende contratarle para que investigue la muerte de una compatriota, acaecida en obscuras circunstancias.
Basada para su arranque en una noticia de un diario que se cita textualmente –la muerte de la ciudadana belga– el resto del argumento corresponde por completo a la ficción. A pesar de que la trama está dominada netamente por la intriga, no está exenta de crítica costumbrista y de un marcado toque de humor ácido que impregna toda la novela, resultando en que su lectura sea fácil y eminentemente divertida; unos personajes pintorescos, y alguna situación francamente disparatada, contribuyen a que esto sea sí.
Un libro para pasar un buen rato, se lo recomiendo.

http://novelasombraschinescas.blogspot.com/ 

Juan Sin Letras. Una cruzada literaria.

Viaje a la historia de la publicidad gráfica. Arte y nostalgia

Museo de la soledad, de Carlos Castán

 

Tropo Editores, 2007

ISBN: 978-84-935344-9-3

 

De vez en cuando, a alguien se le ocurre anticipar desde ya mismo la futura tarea de bucear entre las miríadas de libros que se publican, y revivir una obra que a pesar de su calidad pasó fugazmente por las siempre atestadas librerías. Esa es la intención de Segundo Asalto, la colección con que Tropo editores, una editorial modesta, devuelve a la actualidad algunos libros demasiado fugaces.

El Museo de la soledad de Carlos Castán es una colección de relatos donde, como en un catálogo, se muestran y casi se ofrecen las distintas clases de abandono. Los relatos de Castán pueden parecer más o menos acertados, más o menos oportunos para el estado de ánimo del momento, pero es imposible que dejen indiferente. Por su lenguaje, por la elección de la palabra y la construcción que mejor colaboren a lograr su identidad, ese ritmo lírico y áspero a la voz, como de saxofón narrativo con sordina de lluvia.

Los personajes que se acomodan en los rincones de este libro son tan reales que a menudo desaparecen bajo el peso de esa realidad excesiva, casi siempre hiriente y sin concesiones, dando lugar a soledades encarnadas, transfiguradas en fatalidad. Porque la soledad de Castán siempre es soledad, pero nunca olvido.

Ni el autor ni la obra son nuevos, pero a muchos se lo parecerán. También la búsqueda de lo nuevo en lo que pasó arrastrando demasiado silencio es el tema de este libro.

No se lo pierdan.

 

Javier Pérez

Viaje a la historia de la publicidad gráfica. Arte y nostalgia

Libros de sangre 1 y 2 (Clive Barker)

 

Cójase un puñado de buenas ideas y añádase un estilo impecable, un ritmo narrativo bien mantenido, un punto de vista original, una generosa dosis de gore y una pizca de humor. El resultado de este cóctel son los históricos Libros de sangre, de Clive Barker, sin duda una de las mejores antologías de terror de todos los tiempos.

La Factoría de Ideas acaba de reunir en dos volúmenes los 16 cuentos que Barker publicó en 1984 en tres tomos (y que ya habían sido editados anteriormente en España, también en tres volúmenes, de la mano de Planeta y bajo el título de Libros sangrientos), aunque la antología completa está compuesta por otros tres libros más (que fueron recopilados por Martínez Roca bajo los títulos de Sangre y Sangre 2). A más de uno le rechinarán algunas diferencias entre las traducciones de ambas editoriales, especialmente en los títulos (por ejemplo, “El tren de la carne de la medianoche” se convierte en “El tren nocturno de carne”, y “Rex, el hombre lobo” en “Rex Cabezacruda”), pero esta última edición, la de La Factoría, es correcta y, afortunadamente mucho menos pródiga en erratas (y errores de traducción) que otros títulos publicados por el mismo sello.

Una de las claves que hacen de los Libros de sangre una antología redonda —y que la diferencian de tantos otros volúmenes de cuentos— es el elevado nivel de todos sus relatos: entre ellos no hay ni uno solo que sea de relleno y sí, en cambio, unos cuantos que se quedan clavados en la memoria y pueden calificarse de auténticas obras maestras. Es el caso, por ejemplo, del excelente “Terror”, que narra la fascinación de un individuo por el miedo y sus poco ortodoxos «experimentos» para investigar las reacciones de sus cobayas humanas cuando las obliga a enfrentarse con sus terrores más profundos. O el caso de “En las colinas, las ciudades”, en el que una única imagen (la de miles de personas engarzadas las unas con las otras para formar un enorme gigante) bastaría para justificar por sí sola todo el relato. O “Confesiones del sudario (de un pornógrafo)”, la historia de una venganza cuyo protagonista es un fantasma casi a la vieja usanza, ensabanado y todo. O (cambiando de registro, ya que este relato se inscribe más en el género del terror humorístico que en el de terror puro y duro) el divertidísimo “El Charlatán y Jack”, que narra las vicisitudes de un diablo a quien se le encomienda una ardua tarea: atormentar a un humano demasiado apático como para ser amedrentado por nadie.

Aunque la heterogeneidad es precisamente una de las virtudes de esta antología (pese a su preferencia por el terror más descarnado, Barker también echa mano frecuentemente de la ironía y es capaz de utilizar la sutileza y las insinuaciones como arma para inquietar al lector), sí hay una serie de pautas que subyacen bajo todos los relatos y que le dan unidad al volumen (sin contar, por supuesto, con el detalle de que todos ellos fueron escritos desde el mas allá arañando las palabras sobre la piel de un joven, pero ésa ya es otra cuestión). Por ejemplo, la absoluta falta de piedad que muestra hacia sus personajes (y, de rebote, hacia el lector) y la ausencia total de moralina y maniqueísmo: a menudo las víctimas se convierten en verdugos, o los buenos acaban abrazando la causa de los villanos, o el lector acaba comprendiendo el punto de vista del monstruo, y hasta simpatizando con él. Pero, sin lugar a dudas, la principal seña de identidad de Clive Barker, lo que hace de los Libros de sangre la monumental obra maestra que son, es la abundancia de regocijantes descripciones sangrientas, muy sangrientas. ¿Cómo olvidar frases tan brutales como «La criatura lo había agarrado del labio para arrancar el músculo del hueso como si estuviera quitándole un pasamontañas»? Y esto es sólo por poner un ejemplo…

Adolfina García

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La sabiduría de los muertos (Rodolfo Martínez )

A Rodolfo Martínez le gustan muchas cosas: los comics de Superman, Borges, Stephen King… y también Sherlock Holmes. De hecho, al terminar de leer este libro, el lector está autorizado a pensar que la figura del gran detective más bien le obsesiona. Convertir la obsesiones en literatura puede tener consecuencias terribles (véase por ejemplo, la torpe e infantil referencia a La Cosa del Pantano al final de una novela espléndida como Tierra de Nadie: Jormungand). Podría pensarse por tanto que estamos frente a un pastiche más bien tonto. Gran error, porque lo que en otras situaciones son defectos de Rodolfo Martínez se convierten aquí en grandes virtudes, dando lugar a una narración ágil, interesantes y precisa. El resultado es una de las mejores narraciones que ha producido su autor.

La novela comienza adecuadamente con un juego muy en plan El nombre de la rosa. En la primera introducción (en un libro que realmente parece titularse La sabiduría de los muertos. Una aventura de Sherlock Holmes. Narrada por el doctor Watson. Traducida por Rodolfo Martínez) Rodolfo Martínez, convertido en personaje de su propio libro, nos cuenta como un amigo le hace llegar unos manuscritos inéditos del doctor Watson, su fascinación al leerlos y sus esfuerzos en traducirlos (advirtiéndonos además de la existencia de otros manuscritos por traducir). En la segunda introducción es el propio doctor Watson el que nos informa de sus razones para escribir la narración, impulsado por la aparición de un escritor de relatos pulp (al leer el adjetivo «sobreadjetivado» el lector sospecha inmediatamente quién podría ser el escritor en cuestión). A partir de ese punto nos adentramos directamente en el misterio, en el que personajes reales (como Arthur Conan Doyle) interaccionan con personajes de ficción.

Todo eso podría haber acabado en una pastiche más o menos adecuado si no fuese por el rigor con que Rodolfo Martínez ha creado la narración. En primer lugar, rigor al recrear el universo de Conan Doyle y en particular las narraciones de Sherlock Holmes. Y rigor también al hacer uso de la referencias, que van desde Alicia a través del espejo hasta el Sandman de Neil Gaiman. Nada sobra y nada falta; todo está perfectamente medido y encajado en la narración para que se convierta en parte integrante de la misma y cada elemento se apoya en los otros para conseguir un resultado que es mayor que la suma de sus partes. El resultado final no es sino un espléndida narración, especialmente porque Rodolfo Martínez ha sabido escribir con Sherlock Holmes una historia de Rodolfo Martínez.

Por Pedro Jorge Romero

Pedro Jorge Romero (Arrecife, 1967) es licenciado en física, pero realmente se dedica a traducir, a la programación web y a escribir ocasionalmente. Ediciones B ha publicado recientemente su primera novela, El otoño de las estrellas, escrita en colaboración con Miquel Barceló.

Viaje a la historia de la publicidad gráfica. Arte y nostalgia

Haciendo historia (stephen Frey)

Espasa ha editado una novela bastante singular en su colección de narrativa.

Singular no tanto por su argumento, el qué, como por el quién y el cómo. El quién es Stephen Fry, posiblemente más conocido en España como actor (Los amigos de Peter, la serie de Blackadder) que como escritor. Pero leyendo la solapa del libro, uno queda informado de que esta no es una incursión de diletante, sino que para Fry escribir parece ser tan natural como actuar, a juzgar por las referencias y la opinión al respecto de la todopoderosa, en lo que se refiere a encontrar cosas que venderle a la gente, Amazon.com.

Haciendo historia es una novela construida sobre uno de los tópicos más manidos de la ciencia ficción: un hombre descubre la posibilidad de viajar en el tiempo y, movido por su sentido de culpa familiar y con la ayuda de un licenciado en historia, decide eliminar a Hitler del mapa (más concretamente: casi borrar, accidentalmente, Brunau-am-Inn, pequeña ciudad austríaca y cuna del futuro Führer) para lavar su infamia. El hombre en cuestión se hace llamar Leo Zuckerman y el licenciado en cuestión se llama Michael D. Young. Incidentalmente, Michael es nuestro protagonista, posiblemente escogido y conjurado para esta historia por esa capacidad suya tan sugestiva de crear el caos más absoluto y no entender muchas cosas que le convendría entender.

Aparte de ser posiblemente EL TÓPICO con mayúsculas, Haciendo historia es también una magnífica novela. Tal afirmación puede resultar extraña, pero así son las cosas.

Para empezar, Fry ataca directamente al lector presentándole una farsa narrada en primera persona por uno de los personajes más irresponsables y más divertidos de la novela contemporánea. Michael Young se revela rápidamente como un individuo inteligente a su manera, pero lastrado por una idiosincrasia casi existencialista, que le hace comportarse, actuar y ser percibido como un idiota. Lo único que rescata a este dechado de virtudes es su narración salpicada de humor y llena de eruditas referencias. Ése es precisamente el carácter de esta novela, esa tradición que llaman "wit", ingenio. Es una novela ingeniosa porque no le queda otra opción, teniendo como base una idea tan usada (especulativamente) como la comentada.

Y el ingenio se aprecia con toda claridad, aunque algunas veces fracase en el intento. Se nota el ingenio académico en las comparaciones relativas a Dickens, Pound, Orwell y unos cuantos literatos e historiadores más. Y se nota cuando Michael deja caer sus opiniones sobre la vida, el arte, la literatura y demás tonterías similares. Como lector, no puedo contener la risa con la mordacidad de alguna de las opiniones que vierte. Según Michael, todo el arte, y especialmente la literatura, está muerto. Y aún así reconoce que de vez en cuando va al teatro; pero es que le gusta ver como se descomponen los cadáveres.

Por otro lado, Jane, la compañera sentimental de Michael al iniciarse la narración, es un paradigma del científico de la posmodernidad, siempre a la defensiva (me temo que con razón) frente a los ataques idiotas provenientes de las descompuestas, según el humanista Michael, humanidades. Cuando a Jane se le plantea hipotéticamente la posibilidad de alterar el pasado, contesta rápida y eficientemente que su gran obra sería separar a los hermanos Gallagher al nacer, para evitar la formación del grupo musical Oasis. Mientras tanto nuestro protagonista y su aliado pretenden impedir la existencia del responsable de la muerte de millones de personas. El problema está en que el lector ya empieza a intuir que, dentro del universo narrativo del libro, la desaparición de la banda inglesa Oasis sería un acto de mucha más relevancia y caridad que la eliminación de un maníaco genocida.

Así que, como está marcado, y no reviento ninguna sorpresa al decirlo, el plan de Zuckermann y Michael tiene éxito. Aunque sí me callo el singular y divertido método empleado.

Una de las mejores bromas del libro, posteriormente transformada en herramienta dramática, son los capítulos sobre la gestación, infancia y juventud de Adolf Hitler. El lector supone que está asistiendo a una recreación histórica literaria. Y lo es. Pero no de la forma esperaba. Lo que estamos leyendo al principio del libro sobre el joven Adolf es un texto que está dentro del libro, un objeto en el mismo universo de ficción, rigurosamente documentado. Un texto cuya relevancia parece ser nula por dos razones: 1) no es lo que parece, como aclara bastante bruscamente en una divertida escena el director de tesis de Michael y 2) al desaparecer Hitler, la reconstrucción también desaparece. Pero la broma se torna drama cuando el texto empieza a rescribirse por sí mismo al cambiar la historia. Y el lector que ha participado hasta ahora de la farsa empieza a ser testigo de la construcción, la fabricación, la fabulación de una Historia; Historia que es eco de otra y precisamente por eso mucho más temible, pues parece que esta Historia suplantadora ha aprendido de los errores de la anterior para volverse mucho más eficiente.

Bueno, que no cunda el pánico, después de todo es sólo una ficción. Cómo la reconstrucción literaria del joven Hitler dentro de la novela. Pero se trata de una ficción que no puede dejar indiferente al lector, porque éste ha vivido en el mundo que describe. La ficción parahistórica toma prestada su fuerza de esa otra ficción más cercana a lo "real", lo que basta para dar en su momento al libro un ambiente bastante oscuro aunque siga siendo una farsa.

Después de crear su nuevo mundo, Michael D. Young debe asumir las consecuencias de sus actos y vivir en el universo que ha creado (ganando a cambio una novela de George Orwell que en el nuestro no tuvo necesidad de escribir y perdiendo para su desgracia un montón de películas de la posguerra). Michael deberá deshacer el terrible lío que ha creado, reescribiendo él mismo escenas de su pasado (el encuentro con Zuckermann, por ejemplo) para cambiar una vez más la narración. Y todo porque Michael ha descubierto, horrorizado, que el responsable último (aunque no directo) del mayor genocidio sobre la faz del planeta, histórica y "parahistóricamente", es un licenciado en historia llamado Michael D. Young, que se las ha arreglado para dotar a los malos de la Historia de un arma más efectiva y sutil que la bomba atómica…

Pero no todo va tan mal en ese brave new world.

Bill Gates, por ejemplo, tampoco ha existido nunca, así que la informática es mucho mejor. A los ordenadores se le puede dictar los textos, reconocen muy bien la voz humana, usan fibra óptica en vez de cableado de cobre y no hay fallos de conexión en las redes locales.

Y tampoco hay iconos. Hay glifos, gracias a Dios.

Pero, aún así, en ese mundo sí hubo una Segunda Guerra Mundial que se cobró millones de vidas y dos bombardeos con armas nucleares y aún hoy en día existen pequeños conflictos locales, por no hablar del crimen en las grandes ciudades y de los accidentes decoche y similares. ¿Qué es lo que tiene nuestra historia tal y como la conocemos para que Michael, con ayuda de nuevos/ asistencia,

Harry Potter y la Orden del Fénix (J. K. Rowling)

Harry Potter presiente que algo extraño está sucediendo en Hogwarts. Cuando comienza otro curso sus temores se vuelven realidad.
El Ministerio de Magia niega que Voldemort haya regresado y ha iniciado una campaña de desprestigio contra Harry y Dumbledore, para lo cual ha asignado a la profesora Dolores Umbridge la tarea de vigilar sus movimientos…

Después de tanto tiempo esperando la publicación de esta novela, emocionada por la idea de sus 892 páginas, me puse a leerla con la mejor de las disposiciones.

Bueno. Rowling comenzó con una historia para niñ@s que leyeron adultos y quizá por ese motivo sus tramas se fueron haciendo progresivamente más profundas y oscuras.

Hasta llegar a esta novela.

No voy a quejarme de que siga siempre el mismo esquema.
Harry con sus tíos siendo maltratado
el viaje en tren
Llegada al colegio y novedades
Misterio a resolver sin ayuda de adultos
partida de ese juego como se llame.
Un malo misterioso (aquí no lo hay, creo)
Resolución final venciendo a Voldemort con ayuda de sus amigos.
Regreso a la familia que no le quiere
Y algunas cosas que no recuerdo entre medias.

Pero esta vez el mismo esquema no me ha resultado satisfactorio, sino que ha servido para resaltar lo peor de las novelas de Rowling.
Que son repetitivas. Que siempre pasa lo mismo en un orden determinado y con pequeñas diferencias.

En esta novela ha fallado en el exceso de páginas para poco que contar.
Ha fallado en su incapacidad para hacer un malo de verdadera entidad, aunque algo hay.
Ha fallado en la "muerte" de uno de los personajes. ¿Ha muerto?
Ha fallado en que no crea tensión, no hay misterio y encima Harry Potter se está volviendo gruñón y desagradable sin un motivo justificado.
La mayor desilusión de una saga que estaba siguiendo con interés.

Aún así, tiene momentos, breves, de ingenio.
Pero es la más floja de las novelas; quizá por ser la más esperada y la más extensa me había hecho demasiadas ilusiones, pero a mi J. K. Rowling me ha fallado.

http://reginairae.blogcindario.com/2005/02/00072-harry-potter-y-la-orden-del-fenix-de-j-k-rowling.html

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