2007 September | Crítica de Libros - Part 2
Critica de libros, comentarios, personajes, escritores, estudios y resumenes de libros. Literatura actual y clasica. Literatura espanola, literatura hispanoamericana, literatura norteamericana, literatura europea. Libros recomendados, best-sellers y obras selectas

Archive for September, 2007

Walden Dos (Burribus Francis Skinner)

"Walden Dos" es una obra creada por Burrhus Frederic Skinner en 1948. En ella Skinner continúa con ideas acerca del conductismo y su ingeniería de la conducta. El autor imagina una utopía tomando como referencia el "Walden" de Thoreau.

Esta sociedad ficticia se caracteriza por su fuerte reiteración en el aspecto más social del ser humano, el papel de los instintos así como todo aquello que a priori se ha "heredado" de la naturaleza, intenta ser reducido al mínimo, se intenta mejorar la capacidad de convivencia del ser humano mediante la reducción del papel predominante de los instintos. Sus detractores (una gran mayoría) le critican de ningunear la libertad y capacidad de elección del hombre. Skinner no intenta acabar con la diferencia sino con la desigualdad.

"Walden Dos" es comúnmente acusada de ser una obra fascista y polémica; de hecho, la vida de autor se ha considerado polémica debido, entre otras cosas, a su afán de experimentación con niños y animales.

Su lectura, en cambio, me ha parecido más que fascista, un libro absolutamente comunista, en el que la sociedad esla propietaria dr todos los medios y tiene toda la autoridad sobre las personas.

La sombra del ciprés es alargada (Miguel Delibes)

Publicada por la editorial Destino en 1948, esta novela mereció el premio Nadal correspondiente al año anterior. Dos ediciones sucesivas confirmaron la cálida acogida de dicha obra. Sin duda, es sobre todo en estas páginas, hilvanadas por un escritor debutante, donde pueden recogerse las piezas más evidentes del museo personal de Miguel Delibes. Proyectada contra el fondo filosófico, la trama de La sombra del ciprés es alargada tiene un claro ideario, el cual, de otro lado, revela algunas de las claves del mundo tal y como su autor lo entiende. El protagonista es Pedro, ese huérfano que utiliza todos los argumentos a su alcance para extraer sentido de la existencia. Téngase en cuenta que dicho personaje crece bajo el sólido pero inquietante amparo de su maestro. Acerca de la sensación de pérdida, cabe señalar que la comparte con su amigo Alfredo, quien también queda pronto sin cobijo familiar  y parece asimismo cumplir un sino fatal, que en su caso lo llevará a la muerte. El voluntario exilio se convierte en un modo de escapar de toda esa zozobra: Pedro viaja como marino y conoce el amor junto a Jane, muy lejos de su tierra natal. Como quien persevera en la búsqueda de lo inmarcesible, el joven parece, al menos en un principio, preferir la energía de la naturaleza a la que le brinda el afecto humano, más intensamente coloreado por la fantasía cuanto más esencial es su impresión. Y no obstante, cede por fin a dicho sentimiento, aunque tampoco éste sea un estado de ánimo duradero, pues Pedro ha de perder a Jane en muy trágicas circunstancias. Al final, el retorno a Ávila y el efecto calmante que le ofrece el diálogo con los más queridos fantasmas —toda novela es una cabalgata de espíritus— traza una interesante deriva en el protagonista, quien parece dejar aparte sus iniciales turbaciones.

Leyendo cómo sondea el narrador este proceso, queda claro que el pesimismo viene a ser la reacción del raciocinio ante las marcas que dejan en el carácter cada golpe y cada convulsión, cada espasmo y cada arrebato. Ahora bien, aun dentro de ese margen psicológicamente defensivo, ¿quién podría eliminar toda esperanza en la tenuidad del subconsciente? No nuestro autor, desde luego.

Según la reconfortante concepción de Delibes, la maldad es, del comienzo al fin, una substancia evanescente, difícilmente definible por medio de argumentos. Como escribe Edgar Pauk, lo que nos sugiere el escritor es que no hay seres malos. En todo caso, el hombre es una víctima de su circunstancia (Miguel Delibes. Desarrollo de un escritor. Madrid, Editorial Gredos, 1975, p. 32). Con todo, este aserto orteguiano no es un canto a la gradual desesperación, sino algo muy contrario y bastante más complejo. Por esta senda, coincidimos con Luis López Martínez cuando comprueba que la novela, un tanto sobrecargada de ideología, se empapa de la tristeza que motivó en su autor la guerra civil. Cual si tratara de un inventario simbólico, el mismo título resume la categoría de los elementos reunidos: «la sombra del ciprés, afilada y cortante como un cuchillo, representa lo efímero y lo caduco: la muerte; en contraposición al pino que ofrece una sombra redonda, amparadora, símbolo de todo lo que respira confianza» (La novelística de Miguel Delibes, Murcia, Publicaciones del Departamento de Literatura Española, Universidad de Murcia, 1973, p. 17).

Y aquí caemos en medio de un principio moral, ante el que es inútil seguir citando el consolador remate de tantos y tantos melodramas y novelas de ocasión. El tejido narrativo de La sombra del ciprés es alargada intenta, en este caso, atrapar el fondo del hombre y no su estereotipo. Así lo describe Manuel Alvar cuando resume dicha maniobra: «[Delibes] Ha sido fiel al principio agustiniano de que en el interior de cada uno de nosotros hay una verdad, buena o mala, pero verdad. Sin embargo, trasplantado a un plano de universalidad. Sólo el desencanto le sirve para formular su intento de teoría general. Pensemos en tantos casos de su obra: fe en los hombres y desconfianza en el Hombre» («Castilla habla», en Miguel Delibes. Premio Letras Españolas 1991, Madrid, Ministerio de Cultura, Dirección General del Libro y Bibliotecas, Centro de las Letras Españolas, 1993, p. 187).

Por alejarnos al final de las honduras metafísicas de esta entrega, citaremos un fragmento que, aun estando relacionado con ella, propicia una lectura más risueña y acaso feminista. Poco más o menos la anécdota viene a ser así: dice el autor que, cuando ganó el Nadal, Pío Baroja elogió esta novela en una entrevista que le hizo Antonio Covaleda para el diario Pueblo. Posteriormente, Vergés y Delibes fueron a visitar al anciano escritor. «Entonces le dije que se habían vendido 5 000 ejemplares en tres meses. Se echó a reír. “Joven, yo sé lo que puede vender la primera edición de un libro”, dijo. Entonces, José Vergés, mi editor, que me acompañaba, le dijo el viejo maestro: “Don Pío, es que en España han comenzado a leer las mujeres”. “Ah —Baroja cambió de tono—, si han empezado a leer ésas no digo nada.” No dijo mujeres sino ésas, pero entre Vergés y él acababan de poner el dedo en la llaga. La mujer empezaba a incorporarse a la cultura en España, a sentir una inquietud espiritual, y esa actitud no ha cesado de crecer desde entonces. Hoy podemos asegurar que las mujeres leen más que los hombres» (Entrevistado por César Alonso de los Ríos, El Semanal, 2 de abril de 2000, s.p.

Instituto Cervantes

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Camino de servidumbre (Friedrich Hayek)

La tesis central de Hayek es que todas las sociedades colectivistas, desde el Nacional Socialismo de Hitler al Comunismo de Stalin, conducen lógica e inevitablemente a la tiranía. Hayek argumenta que dentro de cada sistema de economía planificada y centralizada la distribución y asignación de todos los recursos recaen sobre un pequeño grupo que es incapaz de procesar toda la información requerida para una apropiada distribución de los recursos y bienes a disposición del planificación central. El desacuerdo respecto a la implementación de cualquier plan económico combinado con la inadecuación de la gestión de recursos del planificador centralizado llevaría inevitablemente a la necesidad de la coacción para conseguir cualquier resultado. Hayek continúa argumentando que el fallo de la planificación centralizada sería percibido por el público como una ausencia de suficiente poder por parte del estado para implementar una idea por otro lado buena. Dicha percepción llevaría al pueblo a votar a favor del otorgamiento de más poder para el estado, y asistiría al surgimiento del poder del "hombre fuerte", percibido como el hombre capaz de "hacer el trabajo". Después de estos desarrollos, Hayek afirma que un país sería invariablemente conducido a un completo totalitarismo. Para Hayek, el "camino de servidumbre" marcado inadvertidamente por la planificación centralizada, con su desmantelamiento del sistema de libre mercado, termina en la destrucción de toda libertad individual, tanto económica como personal.

Hayek afirma que países tales como la Unión Soviética y la Alemania Nazi habían ya tomado el camino de servidumbre, y que varias naciones democráticas estaban siendo conducidas en la misma dirección. En "Camino de servidumbre" escribió: "El principio de que el fin justifica los medios es, en la ética individualista, contemplado como la negación de toda moral. En la ética colectivista, se convierte necesariamente en regla suprema."

Sin embargo, como el propio Hayek afirma "es importante no confundir la oposición contra este tipo de planificación con una actitud dogmática a favor del laissez-faire". Camino de servidumbre menciona la provisión o regulación de postes de señales, carreteras, emisiones de contaminación o ruidos por las fábricas, los dañinos efectos colaterales de la deforestación, por ejemplo, como asuntos que no pueden ser dejados puramente al mecanismo de precios de un mercado desregulado.

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¿Por qué Inglaterra durmió? (John Fitzgerald Kennedy)

es un libro publicado en 1940 por John F. Kennedy. El libro fue escrito por Kennedy para su Tésis en el Harvard Collage.[1] El libro analiza las problemas que el gobierno británico tuvo en orden a prevenir la Segunda Guerra Mundial y destaca por su posición poco ortodoxa sobre la política de apaciguamiento del gobierno británico en la época, señalando que una temprana confrontación entre el Reino Unido y la Alemania nazi a la larga hubiera sido más desastroza. One could consider these to be bold words given that at the time of writing the German army was sweeping across Europe and appeared nearly invincible.

Joseph P. Kennedy, padre de John fue embajador en el Reino Unido y apoyó la política de apaciguamiento del Primer Ministro Neville Chamberlain durante la década de 1930.

El título del libro hace referencia al libro escrito por Winston Churchill en 1938 titulado While England Slept (Mientras Inglaterra Dormía), el cual analizaba el crecimiento del poder alemán.

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La muerte vista al dentista (Agatha Christie)

Poco después de la visita de Hercules Poirot al dentista, el profesional es encontrado muerto. Todo indica que se trata de un suicidio.

El investigador jefe de Scotland Yard Japp, procura a su amigo Poirot que participe en esta investigación, que es concluida rápidamente, con la muerte de otro paciente que estuvo en el consultorio el mismo día. La conclusión del tribunal es que el dentista se suicidó después de haber matado al paciente, inyectando, por equivocación, una dosis excesiva de anestésico.

Sin embargo, Poirot no queda satisfecho. Hay otros hechos inexplicables mezclados en esta historia que él necesita entender. Otros pacientes del doctor que estuvieron en el consultorio ese mismo día, podrían estar envueltos: el gran financiero, la señora que usaba un extraño par de zapatos y que más tarde desapareció, el joven revolucionario con cara de asesino (enamorado de la sobrina del financiero), el novio de la secretaria del dentista…

Poirot coloca sus células grises a funcionar y termina desentrañando la trama. El lector, al contrario, puede tener dificultades en descubrir al asesino, pues la Reina del Crimen esta vez, no brinda todas las informaciones necesarias hasta que Poirot no comienza a revelar los hechos.

Rehenes (Stefan Heym)

La historia comienza en Praga, más precisamente en el Café de Manes, ubicado cerca del río Moldau, durante la ocupación nazi de Checoslovaquia. En el mencionado Café, según narra el autor, se encontraban “los caballeros de la mejor sociedad de Praga” además de tres oficiales nazis. De uno de ellos se ignora su nombre, mientras que los otros dos son el capitán Patzer, y el teniente Glasenapp.

Dicho teniente, que se encontraba ebrio, bajó estrepitosamente a los baños ubicados en el sótano, mientras que el conserje, Janoshik, fue llamado para que limpiara el vómito que dejó Glasenapp. Cabe destacar que Janoshik, aunque a primera vista parezca un conserje cualquiera, no lo es, sino que es miembro de la resistencia contra la ocupación nazi, y eligió ese trabajo para transmitir y recibir direcciones secretas y elaborados planes a sus cómplices, con el menor riesgo.

De hecho, cuando termina de limpiar, llama imperceptiblemente a su cómplice, Breda, para que baje junto a él a los baños. De repente Janoshik recuerda la presencia del teniente en los baños, y eso haría imposible la tarea encubierta. Sin embargo, el teniente no se encuentra allí, repentinamente desapareció.

Cuando Breda llega, Janoshik le advierte que huya disimuladamente del Café, pues el ambiente se estaba caldeando, y no convenía que los alemanes arrestaran a un miembro de la resistencia. Breda le hace caso, y en ese preciso momento, el cantinero le pregunta por el teniente, dado que los oficiales desean retirarse. Tras hacer tiempo, Janoshik le dice al cantinero que desconoce el paradero del teniente, lo que provoca la irritación de Patzer, y ordena a todos los parroquianos que permanezcan en el Café hasta que llegue la policía, que termina arrestando a todos, incluyendo a Janoshik.

A partir de allí, el autor traslada al lector al despacho del comisario Reinhardt, el responsable de develar el caso de la desaparición de Glasenapp. Reinhardt sabe que sus hombres encontraron el cadáver de Glasenapp en el río Moldau, y que, por una carta encontrada en su uniforme, todo hacía pensar que, ebrio como estaba, se suicidó arrojándose por una puertita lateral que comunicaba al Café con el rompeolas en el río.

Sin embargo, Reinhardt sabe que no le conviene comunicarle a los nazis que un teniente murió de esa manera, ya que los mismos debían morir heroicamente, siempre. Además, no podía liberar a los rehenes que capturó en el Café de Manes para que regaran la historia por Praga. Entonces maquinó el siguiente plan: Colocaría carteles que ofrecerían 50.000 coronas de recompensa al que facilite la captura del “asesino” de Glasenapp, y si al correr la semana no daba con nadie que tuviera información, fusilaba a los rehenes por presuntos sospechosos, los nazis no sabrían la verdad sobre Glasenapp, sino que lo considerarían un héroe, y a Reinhardt quizás hasta lo ascenderían de puesto.

Pero Reinhardt no contaba con que Breda, el único que sabía la verdad y que logró escapar, al mirar los carteles, comprenda el plan de los nazis y haga hasta lo imposible por liberar a Janoshik y a los demás parroquianos, sometiéndose a peligros inimaginables. A su vez, el autor nos presenta, a medida que transcurre la novela, aspectos de la vida de los personajes, pero sobre todo de Glasenapp, que nunca el lector se hubiera imaginado; mientras que hace una gran descripción de la Checoslovaquia ocupada.

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