2007 August | Crítica de Libros
Critica de libros, comentarios, personajes, escritores, estudios y resumenes de libros. Literatura actual y clasica. Literatura espanola, literatura hispanoamericana, literatura norteamericana, literatura europea. Libros recomendados, best-sellers y obras selectas

Archive for August, 2007

Médula (Robert Reed)

Médula es otro de esos libros terriblemente aburridos con los que la ciencia-ficción contemporánea nos castiga una y otra vez a quienes nos empeñamos en amar a este género, casi siempre a causa de las satisfacciones que nos dio en las décadas pasadas. Cómo este tipo de larguísimas y soporíferas naderías consiguen prosperar entre el mismo público que defiende el valor como escapismo de este tipo de literatura es una incongruencia verdaderamente misteriosa para mí.

La verdad es que casi todo alrededor de Médula tenía mala pinta. Es de un autor que es publicado por primera vez en castellano por La Factoría, lo que si nos atenemos meramente a precedentes estadísticos, ofrecía más o menos un ochenta por ciento de posibilidades de que el libro resultara ser un rollo. Va de objetos grandes, de ésos que van por el espacio y ocasionalmente chocan, y hace que la cf de objetos grandes que chocan no me da ninguna alegría desde la última novela de la Cultura de Iain Banks, sin que exista otro referente de interés en este muy especializado subgénero precisamente desde la anterior novela de la Cultura de Iain Banks. Sin embargo, había dos razones que me impulsaron a la lectura: una, que los relatos de Robert Reed a los que he tenido acceso están claramente por encima de la media, con una atractiva combinación entre temáticas de cf estrictas y un manejo correcto de los recursos literarios. Otra, que el libro había resultado finalista en el Hugo, lo que no es mucho decir, pero suele ser un dato de interés en ciertas circunstancias. Por ejemplo, cuando la obra finalista corresponde a un autor que no forma parte de la lista de los obvios, y que por tanto sólo puede haber llamado la atención de los votantes por su calidad.

Pero Médula realmente destroza las expectativas a una velocidad superior a la de la luz. En el prólogo -¿qué sería de una novela actual de cf sin un prólogo misterioso, preferiblemente impreso todo él en una cursiva que nos haga sentir incómodos en la lectura?- se nos informa de que la acción se va a desarrollar en el interior de una gigantesca nave espacial, de origen desconocido, de cinco mil millones de años de antigüedad y grande realmente más allá de la imaginación. Los terrestres la encuentran, la conquistan, y la dan exactamente el tipo de uso que cualquiera podría haber imaginado (o no): la convierten en lugar para hacer cruceros interestelares, a las órdenes de una jerarquía de inmortales que, realmente, no aprenden nada sobre la vida a lo largo de su prolongada existencia.

Así que la novela se plantea como una especie de Cita con Rama a lo bestia, aunque lo malo es que su desenlace también recuerda al de otra obra de Arthur C. Clarke -que no revelaré, por si acaso alguien se siente motivado a leer el libo después de todo, aunque sí avanzo que es un final bastante más idiota que la propia novela en general, que simplemente es poca cosa-. Eso sí, un Cita con Rama actualizada para los tiempos que corren, con personajes femeninos dominantes y liberados que se cepillan a extraterrestres pajarunos y ese tipo de cosas.

En su discurrir hacia desvelarnos los secretos que se esconden en el interior de la supernave, así como los conflictos que se establecen entre los diferentes extraterrestres -conseguidamente raros, en algunos casos-, lo que me resulta más molesto como lector es el ocasional tono pseudo poético que alguien ha intentado introducir en la historia, no sé si el autor o la traductora con su extraña afición a la construcción de las frases en órdenes no convencionales sintácticamente. Una elección de registro verdaderamente extraña, y que desde luego no ha conseguido resultado alguno. Comparar los momentos en los que Reed se pone importante con relatos de Bradbury, o con los cuentos en los que Heinlein estaba inspirado por esa vía, produciría auténtico sonrojo.

En fin, nada de nada, una vez más. Sólo espero que entre todos se consiga hacer una criba de las decenas de novelas de autores poco conocidos publicadas por La Factoría en los últimos años, y que parecen no haber tenido impacto alguno en la crítica. Me gustaría saber cuáles de ellas realmente merecen el dinero que cuestan. Seguro que debe haber algunas, pero personalmente me siento abrumado por su número -y precio-, además de que parece que he tenido la mala suerte de topar siempre con algunas de las que no valen la pena.

Julián Díez

www.biblipolis.org

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Mareas de luz (Gregory Benford)

A la hora de abordar una continuación o alguna de las partes siguientes de una serie de ciencia-ficción, siempre se corre el peligro, normalmente confirmado, de encontrarse con un considerable descenso de calidad con respecto a lo anteriormente leído de la misma. Seguramente el ejemplo más popular sea Dune, de Frank Herbert, y toda la saga posterior, aunque cualquier lector habitual del género podría, seguramente, dar otros títulos en el mismo orden de cosas. Para ser justos, hay que decir que esto no es un defecto exclusivo de la ciencia-ficción (me vienen a la memoria, por ejemplo, las continuaciones de El médico de Noah Gordon), pero es quizá en este género y en el de fantasía donde más se da el vicio de alargar el éxito logrado con una novela, convirtiéndola en una trilogía, pentalogía o vaya usted a saber. Afortunadamente, no todas las macroseries tienen su origen en la búsqueda del vil metal y en alargar lo inalargable. Hay algunos autores que, arrebatados por una idea gigantesca, imposible de expresar en una sola novela, deciden crear la serie como un todo, no como una retahíla de continuaciones sin sentido, sino como algo global, una gran novela en realidad, dividida en varias partes. Sólo en esos casos se puede dar el milagro de que uno de los capítulos posteriores sean superiores a lo anteriormente leído. El libro que nos ocupa es un ejemplo de ello.

Mareas de luz ocupa el cuarto lugar en la hexalogía imaginada por Gregory Benford, y sin embargo es mejor novela que las tres anteriores. En realidad, cada una de ellas es diferente de las demás, pero significativamente complementaria, hasta tal punto que quien cierre finalmente esta cuarta novela tendrá la sensación de que algo grande, un collage enorme, comienza a tomar forma y sentido en su cabeza.

ocupa el cuarto lugar en la hexalogía imaginada por Gregory Benford, y sin embargo es mejor novela que las tres anteriores. En realidad, cada una de ellas es diferente de las demás, pero significativamente complementaria, hasta tal punto que quien cierre finalmente esta cuarta novela tendrá la sensación de que algo grande, un enorme, comienza a tomar forma y sentido en su cabeza.

Dentro de la rama que explora la gran aventura de la Familia Bishop, la novela narra las vicisitudes sin fin de Killeen y la Familia en un nuevo planeta en el que habrán de luchar al lado de otros humanos, gobernados por un megalómano -que finalmente resultará ser otra cosa-, contra una nueva especie más poderosa incluso que los mecs, y a los que los humanos dan el nombre de cíbers, Para éstos, los componentes de la Familia no son más que una molestia insignificante a la que exterminar. Poseedores de una increíble tecnología capaz de "domar" cuerdas cósmicas con las que sangrar los distintos planetas por donde pasan, los cíbers pretenden desvelar el misterio que ata a los mecs con los múltiples cuasares de la galaxia, totalmente ajenos, por otra parte, a la importancia que los humanos tienen en su propia herencia genética.

Con esta nueva aventura, la epopeya de los Bishop adquiere tintes majestuosos en su constante lucha contra la plétora de seres superiores que se les van poniendo por delante, y a los que uno por uno van superando. La acción no decae en casi ningún momento, y los asistencia, Abismo frenético.
Santiago L. Moreno

www.bibliopolis.org

Literatura, imagen e imaginación

LA NUEVA ESPAÑA, 21 de marzo de 2007

Literatura, imagen e imaginación

fernando alonso vega

Si tenemos en cuenta las diferentes acepciones acerca de los términos, según el tiempo histórico y los enfoques de las diferentes escuelas, conviene acordar un concepto básico y general para la «Literatura». Acaso podría ser ésta: arte que emplea la palabra como instrumento. El lenguaje literario es estilizado y trascendente, y su destino, la perduración. La literatura es creación. Es la expresión por parte del autor de un mundo que él ha creado, real o imaginario, y que comparte con los demás.

Podríamos acordar igualmente la definición de «imaginación» como \’facultad de la mente para representar las imágenes reales o ideales». El pensamiento siempre va acompañado de imágenes , que constituyen siempre un mecanismo inductivo para captar nuestra atención.

La imaginación es un elemento mágico entre el pensamiento y el ser, se nutre de imágenes y constituye, por tanto, una relación de la imagen con la realidad. La imaginación supone dar a las ideas forma, claridad y adaptabilidad al mundo real. Por el juego de la imaginación, parece que podemos librarnos de las presiones físicas y sociales. Se dan en ella una intencionalidad y la existencia de un sentido simbólico latente en las imágenes. La ciencia de las imágenes analiza los fenómenos visuales, sus contextos y sus funciones. El ensueño, esa forma liberada de la imaginación, genera una soledad que no deja de ser una soledad poblada, pues todo ensueño permanece ligado a lo real y a lo social.

Asistimos en la actualidad a la omnipresencia de la imagen, al tiempo que la manida frase de « una imagen vale más que mil palabras» casi es innecesaria por su amplia aceptación. Del mismo modo, también ha venido siendo reiterada la idea de que «la imagen mata la imaginación». Seguramente, sin confrontarlas, nos hallamos en un tiempo que favorece la imagen, debido a la forma cotidiana de vivir. Las imágenes, representación de una cosa, constituyen un residuo de la percepción cuando la realidad estimulante desaparece del entorno

Comentemos algunos de los motivos para que esto se dé así. O se procure, que también podría ser: 1.-Se suele asociar la literatura a la lentitud, y la imagen a la velocidad. 2.-La literatura, a la soledad; la imagen también es percibida por el grupo. 3.-La imagen, a las ciencias; la imaginación, a las letras. 4.-La imagen, al instante; la literatura, a la perduración.

Literatura e imagen son, en el fondo, la misma cosa: de la lectura se va a la imagen, y de la imagen a la palabra: ambas sugieren, insinúan, pervierten, provocan y su procura no es otra que despertar sensaciones y sentimientos que hagan del mundo de los otros el nuestro propio y muchos más posibles.

PARA QUIÉN ESCRIBO

 

SIGLO XXI, 15 de octubre de 2006 

Para quién escribo, la duda de siempre

El ganador del premio Nobel reflexionó recientemente en The New York Times

  Orhan Pamuk, Tomado de GDA, La Nación

Nueva York. Durante los últimos 30 años –desde que me convertí en escritor–, la pregunta que me han planteado con mayor frecuencia, tanto lectores como periodistas, es ésta: "¿Para quién escribe usted?" Sus motivos dependen de la época y el lugar, pero todos emplean el mismo tono de voz, suspicaz y desdeñoso.

A mediados de la década de 1970, cuando decidí convertirme en novelista, la pregunta reflejaba la difundida idea filistea de que el arte y la literatura eran lujos en un país no occidental pobre, aquejado por problemas premodernos. También incluía la insinuación de que alguien "tan educado y cultivado como usted" podría ser más útil a la nación como médico dedicado a combatir las epidemias o como ingeniero abocado a la construcción de puentes.

En años posteriores, los que me preguntaban: "¿Para quién escribe usted?" estaban más interesados por descubrir qué parte de la sociedad era la que yo esperaba que leyera y disfrutara de mi trabajo. Sabía que esa pregunta era una trampa, porque si no contestaba: "Escribo para los miembros más pobres y oprimidos de la sociedad", me acusarían de proteger los intereses de los terratenientes turcos y de la burguesía. Y esto, a pesar del hecho de que cualquier escritor de buen corazón que fuera tan ingenuo como para afirmar que escribía para los obreros y los campesinos recibía rápidamente la respuesta de que era muy poco probable que sus libros fueran leídos por personas apenas alfabetizadas.

Treinta años más tarde, escucho más que nunca esa misma pregunta. Pero ahora tiene más que ver con el hecho de que mis novelas se traducen a más de 40 idiomas.
Durante los últimos 10 años, mis cada vez más numerosos interrogadores parecen preocupados de que yo pueda malentender la pregunta, de manera que suelen agregar: "Usted escribe en turco. Entonces, ¿escribe para los turcos, o ahora también piensa en el público más amplio al que llega gracias a las traducciones?" Y la pregunta siempre está acompañada por la misma sonrisa suspicaz y desdeñosa, que me lleva a la conclusión de que, si quiero garantizar la autenticidad de mi obra, debo contestar: "Sólo escribo para los turcos".

Antes de ocuparnos de la pregunta en sí misma, debemos recordar que la aparición de la novela como forma de arte coincidió con la emergencia del Estado-nación. Cuando se escribían las grandes novelas del siglo XIX, el arte de la novela era en todos los sentidos un arte nacional. Balzac, Dickens, Dostoievski y Tolstoi escribían para las clases medias emergentes de sus naciones, que podían abrir los libros y reconocer cada ciudad, cada calle, cada casa, cada habitación y cada silla; podían compartir los mismos gustos y discutir las mismas ideas.

En el siglo XIX, las novelas de esos grandes autores aparecían primero en los suplementos culturales de los periódicos nacionales, pues los autores le estaban hablando a la nación. Para fines del siglo XIX, leer y escribir novelas era participar en una discusión nacional cerrada al exterior.

Pero hoy la escritura de novelas conlleva un significado diferente, al igual que la lectura de novelas literarias. Hoy, los lectores esperan un nuevo libro de García Márquez, Coetzee o Paul Auster, de la misma manera que sus predecesores esperaban la nueva novela de Dickens… como si fueran las últimas noticias. El público lector de novelistas como éstos, a nivel mundial es mucho más grande que el público al que llegan sus libros en sus países de origen.

Los escritores escriben para su lector ideal, para sus seres queridos, para ellos mismos o para nadie. Todo eso es cierto. Pero también es cierto que los escritores literarios de hoy también escriben para los que los leen. De modo que las preguntas incisivas y las sospechas sobre las verdaderas intenciones de estos escritores reflejan cierta inquietud sobre este nuevo orden cultural que ha logrado existencia durante los pasados 30 años.

La gente a la que este orden le resulta más perturbador son los representantes de las naciones no occidentales y de sus instituciones culturales. Los Estados no occidentales atormentados por las crisis, angustiados por su identidad nacional -y reticentes a enfrentar las zonas negras de su historia- se muestran suspicaces con los novelistas creativos que enfocan la historia y el nacionalismo desde una perspectiva no nacional. Según estos críticos, los novelistas que no escriben para su público nacional están exotizando su país para "consumo externo" e inventando problemas que no tienen una base en la realidad.

Existe una sospecha paralela en Occidente, donde muchos lectores creen que las literaturas locales deben seguir siendo locales, puras y fieles a sus raíces nacionales. Su secreto temor es que un escritor que se dirige a un público internacional y que hace uso de tradiciones externas a su propia cultura, termine por perder su autenticidad.

Y porque todos los escritores sienten un profundo deseo de ser auténticos es que todavía me gusta que me pregunten para quién escribo. Pero aunque la autenticidad de un escritor depende de su capacidad de abrir su corazón al mundo en el que vive, también depende de su capacidad de entender su propia posición cambiante dentro de ese mundo.

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SIGNUM (José Guadalajara)

 Es una novela histórica ambientada en la época del rey Juan II de Castilla (siglo XV), con una intriga de tipo detectivesco centrada en el desciframiento de un rara y curiosa esfera llena de signos que aparece en el testamento del rey Enrique III.
El protagonista de la novela se ve envuelto en una aventura misteriosa, en una época en que la gente se siente obsesionada por la llegada del Anticristo y el fin del mundo. Me sorprende su estilo, su ambientación, los diálogos, la evolución del personaje. Una buena novela para los amantes de las intrigas históricas. 

Juan Sin Letras. Una cruzada literaria.

LUCRECIA SE OSCURECE (Javier Vivancos)

"¿Sabes?, eran cuatro… los delcoche… Todavía hay trabajo que hacer". Con esas palabras, Lucrecia heló la sangre de sus dos únicos amigos. Aquello suponía el regreso del dolor y de la venganza.

http://lucreciaseoscurece.blackswan-designs.com/

Se trata de una novela ambientada en la época actual en ciudades y pueblos de la Región de Murcia, si bien los sitios y elementos son en su mayor parte ficticios. Está narrada en tercera persona, con un estilo bastante directo, y a un ritmo contenido gozando en su estructura de las peculiaridades del thriller.

            La historia que cuenta es la de la soledad, la de los problemas de la infancia y la adolescencia, y su influencia posterior, la de las malas compañías, la del simbolismo que subyace en todo lo esotérico. Es una novela destinada al lector medio de literatura de suspense (con elementos de novela negra) o incluso de terror psicológico. Pese a contar algo más de lo que en el texto aparece, no exige de grandes elucubraciones mentales, y se puede leer de una sentada pese a su extensión. El núcleo básico de la historia puede resumirse en: chica solitaria acosada por otros jóvenes decide jugar con magia para acabar con sus problemas, alcanza la tranquilidad, incluso la felicidad, pero luego todo se tuerce, renacen las ansias de venganza y se acaban perdiendo los puntos de referencia.
            Como características destacables, como ya he mencionado, el ritmo; también escenas repetidas narradas desde diferentes perspectivas, enlazadas unas con otras de forma complementaria, escenas de verdadero caos psicológico con pensamientos múltiples y diálogos entremezclados…, y aúna las explicaciones racionales con las paranormales sin decantarse por ningún extremo, de hecho, podría haberse contado esta misma historia desde dos explicaciones opuestas, y el desenlace sería el mismo. Ésta es una novela que hace numerosos símiles con los que el lector puede sentirse identificado. Es entretenida, dura, sentimental, con los giros suficientes (no excesivos) para un argumento que parece no acabarse y que no concluye con el final más predecible. Incluso el epílogo es bastante macabro, nos transmite un mensaje positivo, pero nos deja un sabor agridulce.

            En resumen, se trata de una novela entretenida y emocionante hasta el final, con escenas muy impactantes, personajes bien definidos (no clichés al estilo Dan Brown), y plena de elementos de actualidad: el bullying, las drogas, la venganza, la magia negra…, pero entremezclados y conjugados en una historia coherente y con buen ritmo, que logra capturar la atención desde el principio y mantenerla, dado que nunca está claro el desenlace; probable, sí, pero evidente no. Ha sido definida en numerosas ocasiones como “cautivadora”.

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