2007 May | Crítica de Libros - Part 2
Critica de libros, comentarios, personajes, escritores, estudios y resumenes de libros. Literatura actual y clasica. Literatura espanola, literatura hispanoamericana, literatura norteamericana, literatura europea. Libros recomendados, best-sellers y obras selectas

Archive for May, 2007

Cryptonomicon (Neal Stephenson )

Criptonomicon

Monumental y divertidísimo paseo por los orígenes de los ordenadores durante la Segunda Guerra Mundial y la preocupación moderna por la criptografía. Un certero y ajustado retrato de matemáticos, informáticos, militares y empresarios de alta tecnología. El autor de In the beginning… was the command line convierte la ética Hacker en novela.

Muy comentado en los corrillos de la Ciencia Ficción, Cryptonomicon es como dijo John Updike de la novela Todo un hombre de Tom Wolfe, “un libro que desafía a no leerlo”. No pierdo el tiempo en decir que al respecto recomiendo el enfoque de Oscar Wilde según el cual, la mejor forma de combatir una tentación es sucumbir ante ella. Llegados a este punto este servidor lamenta haber sido generoso con los adjetivos a lo largo de su ‘carrera’ como reseñador. Aunque tampoco hay que rasgarse las vestiduras. Por un lado, cuando uno reseñaba en el pasado no podía imaginarse que Stephenson llegara a escribir algo como esto, y por otro lado, Cryptonomicon escapa a la adjetivación más común. Así pues, agotados o inadecuados los adjetivos, me limitaré a endosarle sólo uno: este libro es sencillamente inconmensurable, y no lo digo sólo por su dilatadísima extensión. Desde luego, entre los diferentes aspectos que cabe mencionar de este libro se encuentra el de su extensión: no puede acusarse a su autor de ir al grano. Más de novecientas páginas en versión original (un buen pellizco más en castellano de forma que se ha publicado por entregas) hacen de cualquier libro un libro objetivamente largo, aunque en descargo del presente éste rara vez lo parece. Volviendo a la ciencia ficción difícilmente podríamos encuadrar Cryptonomicon en este género. Arriesgando un segundo calificativo lo describiría como ‘mainstream asimilado’. Asimilado con gusto por la comunidad de la ciencia ficción, sin duda, en recompensa por los servicios prestados por la corta pero intensa obra de Stephenson (Zodiac, La era del diamante y, especialmente, Snow Crash). El apelativo de ‘mainstream’, sin embargo, quizá no haga justicia a esta novela, ya que su autor, en evidente estado de gracia, lejos de participar de ninguna corriente va camino de constituir una especie aparte con un único ejemplar. No en vano, su forma de novelar deja a los escritores habituales de best-sellers a la altura de esforzados escribanos, y tras leer este libro la posibilidad de que uno se eche a la cara una trama más rica y más compleja es menor que la de encontrar agua en el desierto con la ayuda de dos palitos.

Por supuesto, huelga decir que es difícil hacer un resumen completo de esa trama sin recurrir a la escritura de un libro mediano, así que simplemente diré que en esta novela se reúnen (como poco) dos libros en uno, la trama de uno ellos anterior a la del otro, aunque relacionados por el parentesco de determinados personajes. Las dos historias se van a desarrollar bastante independientemente, salvo por pequeños puntos de encuentro dosificados como las pistas de un crimen. En la primera asistimos a los esfuerzos de personajes reales e imaginarios del bando aliado para romper los códigos secretos del Eje durante la Segunda Guerra Mundial, lo que trae como consecuencia el levantar la liebre de un suculento e inusitado botín en las Filipinas. Caza del tesoro que va a ser la finalidad última, aunque no la primera, de una segunda trama más actual, plagada de unos personajes con los que hoy en día nos toparíamos más frecuentemente si no se hubiera desinflado la burbuja.com. Auténtica Nueva Economía. El libro es tan largo y su autor tan bueno que hay espacio suficiente para que Stephenson salpique la novela con abundantes digresiones de la trama. Algunas de ellas dan lugar a escenas antológicas como el ataque de Pearl Harbor, o el reparto de la herencia familiar. Otras, a auténticas travesuras literarias, como los párrafos dedicados a describir como deben comerse los cereales con leche, o la escenificación científica de la relación entre lo salido que se encuentra un personaje dado y su rendimiento intelectual rompiendo códigos. Hay, por último, un tercer tipo de digresiones que en este libro alcanza la categoría de obra maestra, y que configuran la aviesa o traviesa, pero muy eficaz, forma de hacer divulgación científica de Stephenson, con un sabroso uso del lenguaje y los conocimientos de este amplio campo. De este tipo de digresiones también pueden extraerse innumerables ejemplos, como el uso de la cadena y de los piñones de la bicicleta de… Alan Turing (pionero de las ‘matemáticas’ de los ordenadores) para ejemplificar un determinado tipo de código secreto, o la bienhallada y tácita equiparación del funcionamiento de un órgano y el de una memoria electrónica. Pero lo mejor de todo es que ese espíritu impregna buena parte del libro, y así miga a miga, Stephenson va repartiendo por su trama esos lugares comunes del saber científico y tecnológico, y a la vez marcando el camino que va de la inteligencia del autor a la del lector informado. Definitivamente, si uno está en este tipo de onda, le va a parecer que este libro está escrito para él y le hará alcanzar el nirvana (o ‘nerdvana’ en el original). Ese inusitado sustento neuronal no es lo único de lo que uno disfruta a lo largo de la lectura de este libro. El sentido del humor, en su variante inteligente y hasta mordaz, es otro aspecto del que está generosamente dotado. Esta forma de humor emparenta directamente con su último libro publicado entre nosotros, Snow Crash. Menos pirotécnico, pero igual de vívido y adrenalítico, Cryptonomicon también tiene otras cosas en común con la anterior obra. Por ejemplo, en ambos libros Stephenson reflexiona sobre determinados mitos antiguos y los pone en relación con determinados aspectos de la sociedad moderna, lo que a este hábil autor le confiere además la categoría de ente pensante. En Snow Crash los mitos eran sumerios y se les sacaba punta desde el punto de vista de nuestra sociedad de la información y comunicación. En Cryptonomicon los mitos son griegos, en concreto la dualidad/rivalidad entre Ares y Atenea (particular diosa pro-tecnológica en la interpretación de Stephenson), y se ve traducida en nuestros días como las particulares tareas que determinada gente ha de hacer para que las guerras las ganen los ‘buenos’, santa y tecnológicamente hablando. En definitiva, si es que puede ponerse punto y final en la descripción de un libro de esta naturaleza, Cryptonomicon de Stephenson es como una de esas grandes y raras gotas de ámbar con infinidad de bichos dentro: diferentes historias vitales puestas en relación por un envoltorio mágico, brillante, pegajoso y atenazador. Naturaleza, en aquel caso, o narrativa, en éste, hecha piedra preciosa. (Reseña aparecida en: http://www.archivodenessus.com)

Darwinia (Robert Charles Wilson)

1912. STOP. Europa ha desaparecido. STOP. Reemplazada por jungla alienígena. STOP. Causa desconocida. STOP.

Eso es lo que pasa en Darwinia. Europa desaparece y casi todo el mundo cree que es un castigo de Dios por las teorías de Darwin, puesto que la desaparición de Europa esta acompañada de un milagro creacionista en forma de una indescriptible jungla que ocupa el lugar de la cuna de Occidente. El mundo, por supuesto, se tambalea. Los americanos se convierten en una teocracia, los restos coloniales aislados de los países europeos aspiran a reconstruir sus sedes originarias, como en el caso de los ingleses y su Nuevo Londres, reconstruido gracias a todos los ingleses que servían en las colonias del imperio. El conflicto es inminente entre el poder americano y los neo-colonizadores del continente perdido. Entre el único gobierno organizado de la civilización occidental y los desorganizados sucesores de Europa, poco más que bandidos que en muchas ocasiones infestan, como fantasmas recalcitrantes, los territorios a los que pertenecían sus "unidades geopolíticas". (Eso sí, cuando leí este libro y me pregunté ¿por qué Europa?, alguien contestó "porque con América ya se había hecho". Cierto. La Historia del Descubrimiento de América, claro).

Y, por si fuera poco, otro conflicto, mucho más brutal y siniestro está a punto de comenzar. La desaparición de Europa es sólo el primer paso en lo que es una guerra declarada a la especie humana. Una guerra en la que intervendrá una expedición americana al corazón de Darwinia, fantasmas de una Primera Guerra Mundial que nunca ocurrió y, a falta de mejores palabras para describirlos, posesiones diabólicas y posesos.

Poco se puede contar de este libro, ya que todo lo que se comente al respecto podría servir para destrozar la aventura, el misterio y la intriga de la que está lleno. La formula empleada es magnífica: comienza con un milagro de proporciones gigantescas, crea el ambiente, mete a los personajes, describe una invasión alienígena… y luego vete subiendo. Si creen que la desaparición de Europa es el eje central de toda la historia, están ustedes equivocados. Hay más mucho más en este libro, finalista al premio Hugo, una historia de sorpresas, combates a muerte y aventuras clásicas reminiscentes de A. C. Doyle. Las revelaciones no se ponen en marcha hasta la mitad del libro, cuando éste ha alcanzado su mayor impulso y es entonces cuando la cosmología megalomaniaca desplaza repentinamente el interés del lector desde un ambiente que hasta ahora parecía que iba a caer en el steampunk hacia un campo de batalla mucho más amplio. Quizás éste es el único problema del libro: que se trata de dos ambiciosas historias diferentes enlazadas por un único nexo de causalidad y que el choque entre ambas pretensiones fracasa un poco comparado con la enormidad de las ideas empleadas.

Me refiero a la historia principal en la que el protagonista, Guilford Law, se enfrenta a un viaje de exploración armado de su raciocinio y del de sus académicos compañeros -aunque sean científicos "creacionistas"- pero la narrativa fracasa en dotar a esta historia de coherencia propia porque, al revés de lo que insinúa, no es un viaje de descubrimiento, sino de revelación: los personajes hacen poca cosa para ganar el conocimiento, sino que este es revelado por potencias superiores, dando al traste con la primera parte del libro en ese sentido: la novela de investigación. La segunda parte de la novela adolece de un cierto "provincianismo" una vez revelados los grandes términos cósmicos en los que se mueve la narración, lo que hace un poco extraño la continuidad de la obra -pero sólo un poco. No demasiado. De todos modos tampoco importa tanto. Ni siquiera estoy seguro de que sea un fallo. Sólo, quizás, un exceso de ambición en un libro espectacularmente ambicioso.

Pero ojalá todos escritores fracasaran de esta manera, por exceso de ambición antes que por mesura en sus propuestas.

Muy recomendable.

© Xavier Riesco Riquelme 2000

Mister X (Peter Straub)

Peter Straub regresa al terreno de la narración de terror sobrenatural. Estas palabras no son exactamente mías, sino de un párrafo laudatorio por Stephen King en la cubierta de la novela. Viniendo de alguien como King, que consigue hacer de precisamente eso una forma de ganarse la vida, es todo un elogio, además de tener en cuanta las colaboraciones pasadas entre ambos autores como El talismán o la reciente Casa Negra.

Sin embargo, como lector de Straub, tengo una seria objeción que hacerle a este triunfal retorno y es ¿dónde está Peter Straub en este libro?

Lo que quiero decir, ¿donde está el narrador efectivo, pero que llegaba a ser elegante y denso, de obras como Fantasmas, La tierra de las sombras, La garganta, Koko o Misterio?

Mister X comienza, al contrario que muchas de las obras antes citadas, sin ninguna sutileza; con un vistazo directo dentro de la cabeza de un villano sobrenatural que se toma muy en serio su trabajo de malo. Y luego pasamos a la cabeza del protagonista, que sufre de pesadillas recurrentes desde la más tierna infancia y tiene sobradas razones para temer cada día de su cumpleaños porque tiene entonces una confrontación mental con el susodicho villano. Mmm. Un poco decepcionante para ser el autor de un libro como La tierra de las sombras donde la realidad comienza a ser ligeramente alterada paso a paso mediante un complicado ritual, o el narrador de Fantasmas, una historia autoconsciente de terror que es de lo mejor que ha salido de su pluma (o teclado).

Sin embargo, una vez adentrados en el libro, parece que Straub sabe lo que hace, porque empieza uno a descubrir que pese a toda la parafernalia de terror al uso que alimenta la novela (muertes varias, misterios sobrenaturales, familias malditas y demás) estaba equivocado en cuanto a la capacidad de Straub, porque uno descubre que, muy sutilmente, Straub está escribiendo algo que se asemeja más a una comedia con elementos de terror que a la inversa: el villano –el Mister X del título- convencidísimo de ser un enviado de los Antiguos dioses lovecraftianos para preparar el Apocalipsis, gracias al descubrimiento temprano de un ejemplar de El Horror de Dunwich, hasta tal punto influido por la prosa del excéntrico de Providence que intentará seguir sus pasos escribiendo infumables pastiches lovecraftianos (amén de fastidiar al lector a propósito con sus propios capítulos autobiográficos megalomaníacos).

La Familia de Oscuro Pasado Venida a Menos (de la cual viene nuestro otro narrador/protagonista) es una panda de crápulas de mucho cuidado que recuerdan a un proverbial campamento gitano: la cleptomanía compulsiva como legado hereditario junto con unos cuantos dones mucho menos mundanos (como hacer levitar sillas de ruedas). El misterio sobrenatural es misterio sobrenatural, pero en sucesivas vueltas de tuercas –más de acorde con el Straub que recuerdo- resulta que es OTRA CLASE de misterio sobrenatural, relacionado con problemas de identidad tanto por el bando de unos como de otros.

Y además, con bastante gracia, Straub convierte lo que parece un duelo definitivo entre entidades paranormales en una de sus historias de detectives en busca identidades contada con sentido del humor (o al menos esa es mi impresión). La verdad es que Straub abarca muchas cosas en esta novela, desde el tema del Otro hasta los viajes temporales a base de mamporros, e incluso hay un truco final narrativo –volviendo al tema de la identidad de los narradores- que apunta al supuesto dominio de Straub de la narración.

Una vez contado todo esto, Mister X es una obra entretenida, la verdad sea dicha, con sentido del humor y unas trucos efectivos. Pero sigo echando de menos al Straub anterior, el de los libros mencionados al principio de esta reseña. Straub usa en mayor o menor medida todos los trucos que conoce, y el libro funciona hasta cierto punto bastante bien, teniendo en cuanta el talante de la historia que está contando, más socarrona que aterradora, pero le falta la verdadera chispa que otras narraciones de él –aun con peores finales, todo sea dicho- consiguen.

BOXEO SOBRE HIELO (Mario Cuenca Sandoval)

Boxeo sobre hielo
Un libro con pegada
 • Chandler había escrito en Playback: “Si no fuera duro, no podría estar vivo. Si no fuera tierno, no merecería estarlo”. El Loco Larretxi comparte esa lucha consigo mismo, metaforizada en la fragilidad del hielo y la violencia del boxeo, el boxeo “como antinomia del modo anárquico en que todos nos agredimos, voluntariamente o no, en la exterioridad del cuadrilátero”.

Boxeo sobre hielo
I.S.B.N: 978-84-96756-18-2
264 páginas
Rústica • 12,3 x 20 cm
PVP: 18 €
Editorial Berenice

• Sinopsis
A finales de los 60 el Loco Larretxi está a las puertas del campeonato mundial de boxeo y vive con Margot Gris una historia de amor violenta y misteriosa; junto a ella, Larretxi asistirá al nacimiento del Manifiesto Psiconauta, probará la absenta, derrotará a medio mundo, viajará por él, luchará contra sus propios miedos… Su relación tiene lugar en los años de la psicodelia, la enfermedad mental, las drogas, el silencio… El relato de sus vidas se entrelaza con el de Thor Heyerdahl, que recorre el pacífico en una balsa precolombina; el de Milmam Parry, que busca en Yugoslavia a un Homero de nuestro tiempo; el de Harold H. Gardiner, el escalador de rascacielos conocido en Norteamérica como la Mosca humana; el de Roald Amundsen, a la conquista del Polo Sur… Y todos estos relatos desembocarán en una persecución por Europa del rastro de la pareja, en un recorrido fantasmal por algunas ciudades que hacen del libro una “anti-guía” de viajes contada desde el punto de vista de uno de los personajes. Escrita con un estilo rabiosamente actual.

Mario Cuenca Sandoval
• Datos relevantes del autor
(Sabadell, Barcelona, 1975) es Licenciado en Filosofía. Reside en Córdoba, y ejerce como profesor
de secundaria. Ha publicado los poemarios Todos los miedos (Renacimiento, Sevilla, 2005, IX Premio Internacional Surcos de Poesía) y El libro de los hundidos (Visor, Madrid, 2006, V Premio Vicente Núñez de Poesía). Con Boxeo sobre hielo, su primera novela, obtuvo el Premio Andalucía Joven de Narrativa 2006.

blog del autor

 

Viaje a la historia de la publicidad gráfica. Arte y nostalgia

LAS LEYES FUNDAMENTALES DE LA ESTUPIDEZ HUMANA (Carlo M. Cipolla)

Introducción

La humanidad se encuentra -y sobre esto el acuerdo es unánime- en un estado lamentable.  Ahora bien, no se trata de ninguna novedad.  Si uno se atreve a mirar hacia atrás, se da cuenta de que siempre ha estado en una situación lamentable.  El pesado fardo de desdichas y miserias que los seres humanos deben soportar, ya sea como individuos o como miembros de la sociedad organizada, es básicamente el resultado del modo extremadamente inviable – y me atrevería a decir estúpido- en que fue organizada la vida desde sus comienzos.  Desde Darwin sabemos que compartimos nuestro origen con las otras especies del reino animal, y todas las especies desde el gusano al elefante tienen que soportar sus dosis cotidianas de tribulaciones, temores, frustraciones, penas y adversidades.  Los seres humanos, sin embargo, poseen el privilegio de tener que cargar con un peso añadido, una dosis extra de tribulaciones cotididanas, provocadas por un grupo de personas que pertenecen al propio género humano.  Este grupo es mucho más poderoso que la Mafia o que el complejo industrial-militar.  Se trata de un grupo no organizado, que no se rige por ninguna ley, que no tiene jefe, ni presidente, ni estatutos, pero que consigue, no obstante, actuar en perfecta sintonía, como si estuviese guiado por una mano invisible, de tal modo que las actividades de cada uno de sus miembros contribuyen poderosamente a reforzar y ampliar la eficacia de la actividad de todos los demás miembros.  Es preciso subrayar a este respecto que este ensayo no es ni producto del cinismo ni un ejercicio de derrotismo social.  Las páginas que siguen son, de hecho, el resultado de un esfuerzo constructivo por investigar, conocer y, por lo tanto, posiblemente neutralizar, una de las más poderosas y oscuras fuerzas que impiden el crecimiento del bienestar y de la felicidad humana.

- 1 – La Primera Ley Fundamental Esta Ley afirma sin ambigüedad que: SIEMPRE E INEVITABLEMENTE CADA UNO DE NOSOTROS SUBESTIMA EL NÚMERO DE INDIVIDUOS ESTÚPIDOS QUE CIRCULAN POR EL MUNDO.  A primera vista la afirmación puede parecer trivial, o más bien obvia, o poco generosa, o quizá las tres cosas a la vez.  Sin embargo, un examen más atento revela de lleno la auténtica veracidad de esta afirmación.  Considérese lo que sigue.  Por muy alta que sea la estimación cuantitativa que uno haga de la estupidez humana, siempre quedan estúpidos, de un modo repetido y recurrente, debido a que:

a) personas que uno ha considerado racionales e inteligentes en el pasado se revelan después, de repente, inequívoca e irremediablemente estúpidas;

b) día tras día, con una monotonía incesante, vemos cómo entorpecen y obstaculizan nuestra actividad individuos obstinadamente estúpidos, que aparecen de improviso e inesperadamente en los lugares y en los momentos menos oportunos.  La Primera Ley Fundamental impide la atribución de un valor numérico a la fracción de personas estúpidas respecto del total de la población: cualquier estimación numérica resultaría ser una subestimación.  Por ello en las páginas que siguen se designará la cuota de personas estúpidas en el seno de una población con el símbolo Þ.

- 2 – La Segunda Ley Fundamental Las tendencias culturales que prevalecen hoy en día en los países occidentales favorecen una visión igualitaria de la humanidad.  Se prefiere pensar en el hombre como el producto en masa de una cadena de montaje perfectamente organizada.  La genética y la sociología, sobre todo, se esfuerzan por probar, con una cantidad impresionante de datos científicos y formulaciones, que todos los hombres son iguales por naturaleza, y que si algunos son más iguales que otros, esto ha de ser atribuido a la educación y al ambiente social, y no a la Madre Naturaleza.  Se trata de una opinión extendida que personalmente no comparto.  Tengo la firme convicción, avalada por años de observación y experimentación, de que los hombres no son iguales, de que algunos son estúpidos y otros no lo son, y de que la diferencia no la determinan fuerzas o factores culturales sino los manejos biogenéticos de una inescrutable Madre Naturaleza.  Uno es estúpido del mismo modo que otro tiene el cabello rubio; uno pertenece al grupo de los estúpidos como otro pertenece a un grupo sanguíneo.  En definitiva, uno nace estúpido por designio inescrutable de la Divina Providencia.  Aunque estoy convencido de que una fracción Þ de seres humanos es estúpida, y de que lo es por designio de la Providencia, no soy un reaccionario que pretende introducir de nuevo furtivamente discriminaciones de clase o de raza.  Creo firmemente que la estupidez es una prerrogativa indiscriminada de todos y cualquier grupo humano, y que tal prerrogativa está uniformemente distribuida según una proporción constante.  Este hecho está expresado científicamente en la Segunda Ley Fundamental: LA PROBABILIDAD DE QUE UNA PERSONA DETERMINADA SEA ESTÚPIDA ES INDEPENDIENTE DE CUALQUIER OTRA CARACTERÍSTICA DE LA MISMA PERSONA.  A este propósito, la Naturaleza parece realmente haberse superado a sí misma.  Es sabido que la Naturaleza, de un modo más bien misterioso, actúa de tal manera que mantiene constante la frecuencia relativa de ciertos fenómenos naturales.  Por ejemplo, tanto si los hombres se reproducen en el polo norte como en el ecuador, si las parejas que se unen son desarrolladas o subdesarrolladas, si son negras, blancas o amarillas, la proporción varón-mujer entre los recién nacidos es constante, con un ligero predominio de los varones.  No sabemos de qué manera la Naturaleza obtiene este extraordinario resultado, pero sabemos que para obtenerlo debe operar con grandes números.  El hecho extraordinario acerca de la frecuencia de la estupidez es que la Naturaleza consigue actuar de tal modo que esta frecuencia sea siempre y dondequiera igual a la probabilidad Þ, independientemente de la dimensión del grupo, y que se dé el mismo porcentaje de personas estúpidas, tanto si se someten a examen grupos muy amplios como grupos reducidos.  Ningún otro tipo de fenómenos objeto de observación ofrece una prueba tan singular del poder de la Naturaleza.  La prueba de que la educación y el ambiente social no tienen nada que ver con la probabilidad Þ nos la han proporcionado una serie de experimentos llevados a cabo en muchas universidades del mundo.  Podemos clasificar la población de una universidad en cuatro grandes grupos: ordenanzas, empleados, estudiantes y cuerpo docente.  Cada vez que se analizó el grupo de ordenanzas se halló que una fracción Þ eran estúpidos.  Teniendo en cuenta que el valor de Þ era más elevado de lo que se esperaba (Primera Ley), se juzgó, de entrada, pagando el tributo a las modas en vigor, que era debido a la pobreza de las familias de las que generalmente proceden los ordenanzas, y también a su escasa instrucción.  Pero al analizar los grupos más elevados se encontró que el mismo porcentaje dominaba también entre los empleados y los estudiantes.  Más impresionantes todavía fueron los resultados obtenidos entre el cuerpo docente.  Tanto si se analizaba una universidad grande como una pequeña, un instituto famoso o uno desconocido, se encontró que la misma fracción Þ de profesores estaba formada por estúpidos.  Fue tal la sorpresa ante los resultados obtenidos que se resolvió extender las investigaciones a un grupo especialmente seleccionado, a una auténtica "elite", a los galardonados con el premio Nobel.  El resultado confirmó los poderes supremos de la Naturaleza: una fracción Þ de los premios Nobel estaba constituida por estúpidos.  Este resultado es difícil de aceptar y de digerir, pero existen demasiadas pruebas experimentales que confirman básicamente su validez.  La Segunda Ley Fundamental es una ley de hierro, y no admite excepciones.  El Movimiento para la Liberación de la Mujer apreciará en todo su valor la Segunda Ley, por cuanto esta ley demuestra que los individuos estúpidos son proporcionalente tan numerosos entre los hombres como entre las mujeres.  La población de los países del Tercer Mundo hallará consuelo en esta Segunda Ley, en la medida en que demuestra que los pueblos llamados "desarrollados" no son al fin y al cabo tan desarrollados.  Guste o no guste esta Segunda Ley Fundamental, en cualquier caso sus implicaciones son diabólicamente inevitables.  Tanto si uno se dedica a frecuentar los círculos elegantes como si se refugia entre los cortadores de cabezas de la Polinesia, si se encierra en un monasterio o decide pasar el resto de su vida en compañía de mujeres hermosas y lujuriosas, persiste el hecho de que deberá siempre enfrentarse al mismo porcentaje de gente estúpida, porcentaje que (de acuerdo con la Primera Ley) superará siempre las previsiones más pesimistas.

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Un intervalo técnico Los individuos se caracterizan por diferentes grados de propensión a la socialización.  Existen individuos para quienes cualquier contacto con otros individuos es una dolorosa necesidad.  Éstos se ven obligados, literalmente, a soportar a las personas.  En el otro extremo del espectro, se hallan los individuos que no pueden soportar de ningún modo vivir solos, y están dispuestos a pasar el tiempo incluso en compañía de personas que desprecian antes que estar solos.  Entre estos dos extremos, existe una gran variedad de situaciones, si bien la gran mayoría de personas se halla más próxima al tipo que no puede soportar la soledad que al tipo que no es propenso a las relaciones humanas.  Aristóteles reconoció este hecho cuando escribió que "el hombre es una animal social", y la validez de su afirmación está demostrada por el hecho de que nos movemos en grupos sociales, que existen más personas casadas que solteras, que se malgasta mucho dinero y tiempo en exasperantes y aburridas fiestas, y que la palabra soledad generalmente tiene connotaciones negativas.  Tanto si uno pertenece al tipo solitario como si pertenece al tipo mundano, en cualquier caso tiene que tratar con la gente, si bien con intensidad diferente.  De vez en cuando también los solitarios se encuentran con personas.  Además, uno se pone en relación con los seres humanos incluso evitándolos.  Lo que podría haber hecho por un individuo o por un grupo, y no lo he hecho, representa un "coste-oportunidad" (es decir, una ganancia frustrada o pérdida) para aquella persona concreta o grupo concreto.  La moraleja es que cada uno de nosotros tiene una especie de cuenta corriente con cada uno de los demás.  De cualquier acción, u omisión, cada uno de nosotros obtiene una ganancia o una pérdida, y al mismo tiempo proporciona un ganancia o una pérdida a algún otro.  La ganancia puede ser positiva, nula o negativa; una ganancia negativa equivale a una pérdida.  En las ganancias y las pérdidas deben incluirse también las recompensas y las satisfaccines psicológicas y emotivas, y los estrés psicológicos y emotivos.  Estos son bienes (o males) inmateriales y, por lo tanto, difíciles de medir con parámetros objetivos.  El análisis del tipo costes-beneficios puede ayudar a resolver el problema, aunque no completamente; pero no quiero aburrir al lector con detalles técnicos: un margen de imprecisión puede afectar a la medición, pero no afecta a la esencia del argumento.  En todo caso, un punto debe quedar claro.  Al considerar las acciones de una persona, y al valorar los beneficios o las pérdidas que esa persona obtiene, se debe tener en cuenta su sistema de valores; pero para determinar la ganancia o la pérdida de la persona o grupo de personas con quienes se relaciona es absolutamente indispensable tomar como referencia el sistema de valores de éstas últimas.  Con demasiada frecuencia se olvida esta norma de juego limpio, y muchos problemas surgen precisamente del hecho de que no se respeta este principio de conducta cívica.  Recurramos a un ejemplo trivial, protagonizado por dos individuos, a los que llamaremos Ticio y Cayo.  Ticio da un golpe a Cayo y obtiene por ello una satisfacción.  Tal vez Ticio sostenga que Cayo es feliz por haber recibido un golpe.  Pero es muy probable que Cayo no sea de la misma opinión.  Es más, puede que Cayo considere que el golpe ha sido un desagradabilísimo incidente.  Si el golpe de Cayo ha sido una ganancia o una pérdida para Cayo, es Cayo quien debe decidirlo, y no Ticio.

- 4 – La Tercera Ley Fundamental (ley de oro) Esta Ley presupone, aunque no lo enuncie explícitamente, que todos los seres humanos están incluidos en una de estas cuatro categorías fundamentales: los incautos, los inteligentes, los malvados y los estúpidos.  Si Ticio comete una acción y obtiene una pérdida, al mismo tiempo que procura un beneficio a Cayo, ha actuado como un incauto; si realiza una acción de la que obtiene un beneficio, y al mismo tiempo procura un beneficio también para Cayo, ha actuado inteligentemente; si realiza una acción de la que obtiene un beneficio causando un perjuicio a Cayo, ha actuado como un malvado.  La Tercera Ley Fundamental aclara explícitamente que: UNA PERSONA ESTÚPIDA ES AQUELLA QUE CAUSA UN DAÑO A OTRA PERSONA O GRUPO DE PERSONAS SIN OBTENER, AL MISMO TIEMPO, UN PROVECHO PARA SÍ MISMA, O INCLUSO OBTENIENDO UN PERJUICIO.  A la vista de esta Tercera Ley Fundamental, las personas racionales reaccionan instintivamente con escepticismo e incredulidad.  El caso es que las personas razonables tienen dificultades para imaginar y comprender un comportamiento irracional.  Pero dejémonos de teorías y veamos qué es lo que nos ocurre en la práctica en la vida diaria.  Todos nosotros recordamos ocasiones en que, desgraciadamente, estuvimos relacionados con un individuo que consiguió una ganancia, causándonos un perjuicio a nosotros: nos encontrábamos frente a un malvado.  También podemos recordar ocasiones en que un individuo realizó una acción, cuyo resultado fue una pérdida para él y una ganancia para nosotros: habíamos entrado en contacto con un incauto.  Igualmente nos vienen a la memoria ocasiones en que un individuo realizó una acción de la que ambas partes obtuvimos provecho: se trataba de una persona inteligente.  Tales casos ocurren continuamente.  Pero si reflexionamos bien, habrá que admitir que no representan la totalidad de los acontecimientos que caracterizan nuestra vida diaria.  Nuestra vida está salpicada de ocasiones en que sufrimos pérdidas de dinero, tiempo, energía, apetito, tranquilidad y buen humor por culpa de las dudosas acciones de alguna absurda criatura a la que, en los momentos más impensables e inconvenientes, se le ocurre causarnos daños, frustraciones y dificultades, sin que ella vaya a ganar absolutamente nada con sus acciones.  Nadie sabe, entiende o puede explicar por qué esta absurda criatura hace lo que hace.  En realidad, no existe explicación -o mejor dicho- sólo hay una explicación: la persona en cuestión es estúpida.

- 5 – Distribución de la frecuencia La mayor parte de las personas no actúa de un modo coherente.  En determinadas circunstancias una persona actúa inteligentemente, y en otras esta misma persona puede comportarse como una incauta.  La única excepción importante a la regla la representan las personas estúpidas que, normalmente, muestran la máxima tendencia a una total coherencia en cualquier campo de actuación.  Una persona inteligente puede alguna vez comportarse como una incauta, como puede también alguna vez adoptar una actitud malvada.  Pero, puesto que la persona en cuestión es fundamentalmente inteligente, la mayor parte de sus acciones tendrán la característica de la inteligencia.  El hecho de que sea posible analizar a los individuos en vez de sus acciones, permite hacer algunas digresiones sobre la frecuencia de los malvados y de los estúpidos.  El malvado perfecto es aquel que con sus acciones causa a otro pérdidas equivalentes a sus ganancias.  El tipo de malvado más ordinario es el ladrón.  Una persona que roba 10.000 pesetas, sin causar daños posteriores, es un malvado perfecto: tú pierdes 10.000 pesetas, él gana 10.000 pesetas.  Sin embargo, los malvados perfectos son relativamente pocos.  Los malvados que obtienen para sí ganancias mayores que las pérdidas que ocasionan a los demás son deshonestos y con un grado elevado de inteligencia, pero, desgraciadamente, no son muy numerosos.  La mayor parte de los malvados son individuos cuyas acciones les proporcionan beneficios inferiores a la pérdidas ocasionadas a los demás.  Si alguien hace que te caigas y te rompas una pierna para quitarte 10.000 pesetas, o te causa daños en el automóvil por un valor de 50.000 pesetas para robarte una radio insignificante, por la que no va a obtener más de 3.000, si alguien te dispara y te mata con el único objetivo de pasar una noche en Montecarlo en compañía de tu mujer, podemos estar seguros de que no se trata de un malvado "perfecto".  Aun utilizando sus parámetros para medir sus ganancias (pero usando los nuestros para medir nuestras pérdidas), este individuo se situará muy cerca del límite de la estupidez pura.  La distribución de la frecuencia de personas estúpidas es completamente diferente de la distribución de los malvados, de los inteligentes y de los incautos.  La razón de esto es que la gran mayoría de personas estúpidas son fundamental y firmemente estúpidas; en otras palabras, insisten con perseverancia en causar daños o pérdidas a otras personas sin obtener ninguna ganancia para sí, sea esto positivo o negativo.  Pero aún hay más.  Existen personas que, con sus inverosímiles acciones, no sólo causan daños a otras personas, sino también a sí mismas.  Estas personas pertenecen al género de los superestúpidos.
- 6 – Estupidez y poder Como ocurre con todas las criaturas humanas, también los estúpidos influyen sobre otras personas con intensidad muy diferente.  Algunos estúpidos causan normalmente sólo perjuicios limitados, pero hay otros que llegan a ocasionar daños terribles, no ya a uno o dos individuos, sino a comunidades o sociedades enteras.  La capacidad de hacer daño que tiene una persona estúpida depende de dos factores principales.  Algunos individuos heredan dosis considerables del gen de la estupidez, y gracias a tal herencia pertenecen, desde su nacimiento, a la elite de su grupo.  El segundo factor que determina el potencial de una persona estúpida procede de la posición de poder o de autoridad que ocupa en la sociedad.  Entre los burócratas, militares, políticos y jefes de Estado se encuentra el más exquisito porcentaje Þ de individuos fundamentalmente estúpidos, cuya capacidad de hacer daño al prójimo ha sido (o es) peligrosamente potenciada por la posición de poder que han ocupado (u ocupan).  ¡Ah!, y no nos olvidemos de los prelados.  La pregunta que a menudo se plantean las personas razonables es cómo es posible que estas personas estúpidas lleguen a alcanzar posiciones de poder o de autoridad.  Las clases y las castas (tanto laicas como eclesiásticas) fueron las instituciones sociales que permitieron un flujo constante de personas estúpidas a puestos de poder en la mayoría de las sociedades preindustriales.  En el mundo industrial moderno, las clases y las castas van perdiendo cada vez más su importancia.  Pero el lugar de las clases y las castas lo ocupan hoy los partidos políticos, la burocracia y la democracia.  En el seno de un sistema democrático, las elecciones generales son un instrumento de gran eficacia para asegurar el mantenimiento estable de la fracción Þ entre los poderosos.  Hay que recordar que, según la Segunda Ley, la fracción Þ de personas que votan son estúpidas, y las elecciones les brindan una magnífica ocasión de perjudicar a todos los demás, sin obtener ningún beneficio a cambio de su acción.  Estas personas cumplen su objetivo, contribuyendo al mantenimiento del nivel Þ de estúpidos entre las personas que están en el poder.

- 7 – El poder de la estupidez No resulta difícil comprender de qué manera el poder político, económico o burocrático aumenta el potencial nocivo de una persona estúpida.  Pero nos queda aún por explicar y entender qué es lo que básicamente vuelve peligrosa a una persona estúpida; en otras palabras, en qué consiste el poder de la estupidez.  Esencialmente los estúpidos son peligrosos y funestos porque a las personas razonables les resulta difícil imaginar y entender un comportamiento estúpido.  Una persona inteligente puede entender la lógica de un malvado.  Las acciones de un malvado siguen un modelo de racionalidad: racionalidad perversa, si se quiere, pero al fin y al cabo racionalidad.  El malvado quiere añadir un "más" a su cuenta.  Puesto que no es suficientemente inteligente como para imaginar métodos con que obtener un "más" para sí, procurando también al mismo tiempo un "más" para los demás, deberá obtener su "más" causando un "menos" a su prójimo.  Desde luego, esto no es justo, pero es racional, y si uno es racional puede preverlo.  En definitiva, se pueden prever las acciones de un malvado, sus sucias maniobras y sus deplorables aspiraciones, y muchas veces se pueden preparar las oportunas defensas.  Con una persona estúpida todo esto es absolutamente imposible.  Tal como está implícito en la Tercera Ley Fundamental, una criatura estúpida os perseguirá sin razón, sin un plan preciso, en los momentos y lugares más improbables y más impensables.  No existe modo alguno racional de prever si, cuándo, cómo y por qué, una criatura estúpida llevará a cabo su ataque.  Frente a un individuo estúpido, uno está completamente desarmado.  Puesto que las acciones de una persona estúpida no se ajustan a las reglas de la racionalidad, de ello se deriva que:

a) generalmente el ataque nos coge por sorpresa;

b) incluso cuando se tiene conocimiento del ataque, no es posible organizar una defensa racional, porque el ataque, en sí mismo, carece de cualquier tipo de estructura racional.  El hecho de que la actividad y los movimientos de una criatura estúpida sean absolutamente erráticos e irracionales, no sólo hace problemática la defensa, sino que hace extremadamente difícil cualquier contraataque -como intentar disparar sobre un objeto capaz de los más improbables e inimaginables movimientos-.  Esto es lo que pensaba Schiller al afirmar que "contra la estupidez los mismos dioses luchan en vano".  Hay que tener en cuenta también otra circunstancia.  La persona inteligente sabe que es inteligente.  El malvado es consciente de que es un malvado.  El incauto está penosamente imbuido del sentido de su propia candidez.  Al contrario que todas estas personas, el estúpido no sabe que es estúpido.  Esto contribuye poderosamente a dar mayor fuerza, incidencia y eficacia a su acción devastadora.  El estúpido no está inhibido por el sentimiento de autoconsciencia.  Con la sonrisa en los labios, como si hiciese la cosa más natural del mundo, el estúpido aparecerá de improviso para echar a perder tus planes, destruir tu paz, complicarte la vida y el trabajo, hacerte perder dinero, tiempo, buen humor, apetito, productividad, y todo esto sin malicia, sin remordimientos y sin razón.  Estúpidamente.

- 8 – La Cuarta Ley Fundamental No hay que asombrarse de que las personas incautas generalmente no reconozcan la peligrosidad de las personas estúpidas.  El hecho no representa sino una manifestación más de su falta de previsión.  Pero lo que resulta verdaderamente sorprendente es que tampoco las personas inteligentes ni las malvadas consiguen muchas veces reconocer el poder devastador y destructor de la estupidez.  Es extremadamente difícil explicar por qué sucede esto.  Se puede tan sólo formular la hipótesis de que a menudo tanto los inteligentes como los malvados, cuando son abordados por individuos estúpidos, cometen el error de abandonarse a sentimientos de autocomplacencia y desprecio, en vez de segregar inmediatamente cantidades mayores de adrenalina y preparar la defensa.  Generalmente, se tiende incluso a creer que una persona estúpida sólo se hace daño a sí misma, pero esto significa que se está confundiendo la estupidez con la candidez.  A veces hasta se puede caer en la tentación de asociarse con un individuo estúpido con el objeto de utilizarlo en provecho propio.  Tal maniobra no puede tener más que efectos desastrosos porque:

a) está basada en la total incomprensión de la naturaleza esencial de la estupidez y

b) da a la persona estúpida oportunidad de desarrollar posteriormente sus capacidades.  Uno puede hacerse la ilusión de que está manipulando a una persona estúpida y, hasta cierto punto, puede que incluso lo consiga.  Pero debido al comportamiento errático del estúpido, no se pueden prever todas sus acciones y reacciones, y muy pronto uno se verá arruinado y destruido por sus imprevisibles actos.  Todo esto aparece claramente sintetizado en la Cuarta Ley Fundamental, que afirma que: LAS PERSONAS NO ESTÚPIDAS SUBESTIMAN SIEMPRE EL POTENCIAL NOCIVO DE LAS PERSONAS ESTÚPIDAS.  LOS NO ESTÚPIDOS OLVIDAN CONSTANTEMENTE QUE EN CUALQUIER MOMENTO Y LUGAR, Y EN CUALQUIER CIRCUNSTANCIA, TRATAR Y/O ASOCIARSE CON INDIVIDUOS ESTÚPIDOS SE MANIFIESTA INFALIBLEMENTE COMO UN COSTOSÍSIMO ERROR.  Es lo que pensaba Gracián cuando recomienda: "evita relacionarte con necios".  A lo largo de los siglos, en la vida pública y privada, innumerables personas no han tenido en cuenta la Cuarta Ley Fundamental y esto ha ocasionado pérdidas incalculables a la humanidad.

- 9 – El macroanálisis y la Quinta Ley Fundamental Las consideraciones finales precedentes nos conducen a un análisis de tipo "macro", según el cual, en vez de bienestar individual, se toma en consideración el bienestar de la sociedad, definido, en este contexto, como la suma algebraica de las condiciones de bienestar individual.  Es esencial para efectuar este análisis una completa comprensión de la Quinta Ley Fundamental.  No obstante, es preciso añadir que de las cinco leyes fundamentales la Quinta es, desde luego, la más conocida y su corolario se cita con mucha frecuencia.  Esta ley afirma que: LA PERSONA ESTÚPIDA ES EL TIPO DE PERSONA MÁS PELIGROSA QUE EXISTE.  El corolario de la ley dice así: EL ESTÚPIDO ES MÁS PELIGROSO QUE EL MALVADO.  La formulación de la ley y de su corolario es aún del tipo "micro".  Sin embargo, tal como hemos anunciado, la ley y su corolario tienen profundas implicaciones de naturaleza "macro".  El punto esencial que hay que tener en cuenta es éste: el resultado de la acción de un malvado perfecto representa pura y simplemente una transferencia de riqueza y/o de bienestar.  El malvado perfecto, con su acción, habrá añadido un "más" a su cuenta, "más" que equivaldrá exactamente al "menos" que ha ocasionado a otra persona.  La sociedad en su conjunto no ha salido ni beneficiada ni perjudicada.  Si todos los miembros de una sociedad fuesen malvados perfectos, la sociedad quedaría en una situación estancada, pero no se producirían grandes desastres.  Todo quedaría reducido a transferencias masivas de riqueza y bienestar en favor de aquellos que actúan malvadamente.  Si todos los miembros de una sociedad actuaran malvadamente por turnos regulares, no solamente la sociedad entera, sino incluso cada uno de los individuos, se hallaría en un estado de perfecta estabilidad.  Pero cuando los estúpidos entran en acción, las cosas cambian completamente.  Las personas estúpidas ocasionan pérdidas a otras personas sin obtener ningún beneficio para ellas mismas.  Por consiguiente, la sociedad entera se empobrece.  Los incautos dotados de rasgos de inteligencia superiores a la media, así como los malvados con rasgos de inteligencia y, sobre todo, los inteligentes contribuyen todos, aunque en grado diverso, a aumentar el bienestar de la sociedad.  Por otra parte, los malvados y los incautos con rasgos de estupidez no hacen sino añadir pérdidas a las ya causadas por las personas estúpidas, aumentando de este modo el nefasto poder destructivo de estas últimas.  Todo esto nos sugiere algunas reflexiones sobre los resultados que se dan en las sociedades.  Según la Segunda Ley Fundamental, la fracción de gente estúpida es una constante Þ, que no se ve influida por el tiempo, espacio, raza, clase o cualquier otra variante histórica o sociocultural.  Sería un grave error creer que el número de los estúpidos es más elevado en una sociedad en decadencia que en una sociedad en ascenso.  Ambas se ven aquejadas por el mismo porcentaje de estúpidos.  La diferencia entre ambas sociedades reside en el hecho de que en la sociedad en declive:

a) los miembros estúpidos de la sociedad se vuelven más activos por la actuación permisiva de los otros miembros;

b) se produce un cambio en la composición de la población de los no estúpidos, con un aumento relativo de las poblaciones de incautos y malvados con rasgos de estupidez.  Esta hipótesis teórica se ve abundantemente confirmada por un exhaustivo análisis de casos históricos.  En efecto, el análisis histórico nos permite reformular las conclusiones teóricas de un modo más concreto y con detalles más realistas.  Tanto si consideramos la época clásica como la medieval, la moderna o contemporánea, nos impresiona el hecho de que todo país en ascenso tiene su inevitable porcentaje Þ de personas estúpidas.  Sin embargo, un país en ascenso tiene también un porcentaje insólitamente alto de individuos inteligentes que procuran tener controlada a la fracción Þ, y que, al mismo tiempo, producen para ellos mismos y para los otros miembros de la comunidad ganancias suficientes como para que el progreso sea un hecho.  En un país en decadencia, el porcentaje de individuos estúpidos sigue siendo igual a Þ; sin embargo, en el resto de la población se observa, sobre todo entre los individuos que están en el poder, una alarmante proliferación de malvados con un elevado porcentaje de estupidez y, entre los que no están en el poder, un igualmente alarmante crecimiento del número de los incautos.  Tal cambio en la composición de la población de los no estúpidos refuerza, inevitablemente, el poder destructivo de la fracción Þ de los estúpidos, y conduce al país a la ruina.

Viaje a la historia de la publicidad gráfica. Arte y nostalgia

LAS SAGAS NÓRDICAS

LAS SAGAS NÓRDICAS

© Enrique Bernárdez (texto)

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¿Qué es una saga?

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En la antigüedad escandinava se llamaba saga a las pequeñas leyendas sobre seres heroicos, mitológicos, etc., como las que de hecho aparecen en las Eddas.  Sin embargo, en el siglo XIII apareció en Islandia un género literario al que se aplicó la misma denominación y que no tiene prácticamente relación directa con aquellas antiguas leyendas: la saga propiamente dicha.

La palabra islandesa saga quiere decir "lo dicho, lo contado".  En general, podríamos traducirla por "narración" y así se puede aplicar también a las historias narrativas escritas en Islandia y Noruega sobre los reyes de este último país.  Sin embargo, el sentido fundamental del término ha pasado a referirse fundamentalmente a un tipo determinado de obra literaria que se produjo en Islandia entre los siglos XIII y XIV, aunque hay epígonos posteriores.

Los estudiosos clasifican las sagas en varios tipos; el principal de ellos es el de las Sagas Islandesas.  Otras son las sagas históricas, las caballerescas, las de obispos, las de santos… Nos limitaremos a considerar aquí las de islandeses.

Definir lo que son las sagas es a la vez sencillo y extremadamente complejo.  Porque existe una considerable diversidad: tenemos dentro del mismo grupo de sagas de islandeses, algunas de carácter fundamentalmente histórico, mientras que otras unen a partes iguales realidad histórica y ficción, las hay también en que predomina lo ficticio e incluso algunas está claro que son simples obras de ficción sin base histórica.  Sin embargo, en general podemos decir que una saga es una narración, cuya acción transcurre en torno a la época de la colonización de Islandia, hasta la conversión del país al cristianismo, en torno al año 1000 y en la que se cuenta la vida de un personaje islandés.

Podríamos compararlas con novelas históricas o con biografías noveladas.  En unas y en otras, el autor sitúa la acción en un tiempo pasado y, asesorándose mediante libros de historia, biografías, etc., hace una narración que puede ser completamente inventada, aunque siempre haya algunos elementos de carácter histórico.  Los personajes, o el personaje principal, pueden ser inventados también, o reales, en cuyo caso el elemento histórico puede ser más o menos importante, incluso hasta predominar con claridad.  Lo mismo sucedía con las sagas, tanto por la forma en que trabaja el autor como por su propio carácter literario.

Los personajes pueden ser muy diversos, aunque predominan los poetas, como Gunnlaug Lengua de Víbora, o los guerreros vikingos, aunque muchas veces un vikingo era a la vez importante poeta, como Egil Skallagrimsson, personaje importantísimo, núcleo de la saga de su mismo nombre, y un poeta nunca desdeñaba las hazañas guerreras, como el mismo Gunnlaug.  Pero también podía tratarse de simples campesinos, jefes territoriales, etc., como en la Saga de Hrafnkel.  Lo que exigía era que el personaje fuera importante, en cualquier sentido, que en su vida hubieran sucedido grandes acontecimientos y, desde luego, que fuera islandés.  De manera que la saga es un género literario narrativo peculiar de la Islandia medieval y que apenas posee contrapartidas en las otras literaturas medievales europeas.  Cabe destacar, por fin, que sobre este sentido de la palabra saga se ha llegado a crear una especie de género literario especial contemporáneo, dentro de la novela.  El término se usa, sobre todo en el ámbito anglosajón, para novelas que cuentan la historia de una familia.  A partir de aquí, el término ha empezado a usarse mucho en castellano con el sentido de "historia de una familia".  Lo que, si no coincide plenamente con el significado del término tal como lo hemos definido más arriba, sí se aproxima más a él que la definición del diccionario académico, quien lo define como "cada una de las leyendas recogidas en los dos libros llamados Eddas que se refieren a los antiguos escandinavos".

Otro tipo de narración breve de la misma época recibe el nombre islandés de "thaettir" (thattr en singular).  No son propiamente sagas, pues no suelen narrar la vida completa de un personaje, sino que se limitan a una aventura de especial importancia; es posible que, a veces, se dedicara un thattr a un personaje que no se había hecho merecedor de una saga completa, pero que había realizado algún hecho especialmente destacable.  Es más o menos también la diferencia que ahora podemos hacer entre novela y cuento o historia corta.

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¿Cómo y por qué se escribieron las sagas?

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La tradición de estudios literarios e históricos sobre las sagas es ya extensa; podemos decir que comenzó en el siglo XVIII, con el interés anticuario de los eruditos daneses: en Islandia, que fue provincia danesa hasta 1914, seguían copiándose y leyéndose las sagas medievales y muchos manuscritos cayeron en manos de sabios daneses, que los estudiaron y publicaron.  Desde entonces, la investigación sobre las sagas ha pasado por numerosos avatares y la dirección de los estudios ha cambiado varias veces.  Lo que sigue es un resumen de las principales ideas que han ido apareciendo en este período de tiempo.

Los islandeses siempre han sido aficionados a las historias y siguen siéndolo.  Desde los principios del país, colonizado a partir del año 874, los islandeses gustaban de componer historias en verso y, posiblemente, también en prosa sobre personajes de la historia de su país, especialmente de la época de la colonización.  Estas historias no se escribían, sino que tenían carácter exclusivamente oral.  Su función era múltiple: por un lado servían de entretenimiento, pero también guardaban los recuerdos históricos, las genealogías de las familias, los hechos más importantes que habían sucedido en el país, en cada región y en cada una de sus familias principales; servían así, en cierto modo, para mantener la relación entre familias del mismo origen establecidas en lugares distintos de la isla.

Para los partidarios del estudio "romántico" de las sagas, predominante en el siglo XIX y principios del XX, y que aún cuenta con algunos defensores, aunque pocos, aquí radica el origen de estas obras literarias.  El proceso de creación de éstas sería, según ellos, más o menos como sigue.

Algunos personajes y algunas familias de especial importancia, como la del vikingo y poeta Egil Skallagrimsson, contarían con numerosas historias, que se transmitían oralmente.  En lugar de ser simples narraciones libres, que variaban cada vez que se recitaban, llegaron a codificarse de manera que el narrador las aprendía de memoria, al pie de la letra.  Para ello se ayudaban con algunas características del estilo literario propias de la transmisión oral, como las repeticiones, las fórmulas fijas, etc.  Como no podía menos de suceder, pese a los intentos de fidelidad a la versión inicial, los errores de memoria o los gustos del narrador podían producir variaciones, de manera que la historia cambiaría según quien la contara, aunque siempre dentro de unos márgenes bastante estrechos.  Estas historias orales se conservarían entonces a lo largo de varios siglos, pues suponemos que se originarían poco después de la muerte de los personajes, si no en vida de éstos.  En resumen, es algo similar al origen que se considera aún válido para los cantares de gesta, como el Mío Cid español, el Cantar de Roldán francés, etc.

Esto explicaría, aparentemente al menos, varias cosas.  En primer lugar, ciertos rasgos estilísticos de las sagas, propios del lenguaje hablado y no del escrito; además, la existencia de variaciones más o menos grandes entre diversos manuscritos de las sagas.  Finalmente, explicaría el carácter histórico, al parecer muy considerable, que podemos asignar a las sagas; este carácter histórico llega hasta el extremo de que, por ejemplo, en una de las más grandes sagas, la de Njál, se cuenta la quema de la casa de uno de los principales personajes, Gunnar de Hlidarendi, indicando cómo fue la lucha y también dónde se produjo exactamente.  Y, en efecto, en los años 20 de este siglo, los arqueólogos descubrieron en el lugar indicado los restos de una casa quemada que coincidían con la descripción de la saga; o la narración de la Saga de Erik el Rojo sobre los asentamientos islandeses en Groenlandia, que se vio confirmada por los hallazgos arqueológicos; justo donde tenían que encontrarse se encontraron las cosas que se esperaban.  El caso extremo, en cierto modo, o el más llamativo, es el de la narración de los viajes a Vinland (América del Norte), en la misma Saga de Erik el Rojo: las descripciones geográficas se han intentado identificar con el terreno de la costa nordeste de Norteamérica y algunas observaciones que en la saga se hacen sobre los indios parece coincidir exactamente con las que aportaron viajeros europeos en los siglos XVI y XVII: comidas extrañas, armas aún más extrañas, costumbres como dormir bajo una canoa volcada y otras muchas cosas aparecen en la saga y parece que luego se han confirmado.  Y hoy día parece que no cabe duda de la presencia efímera de los groenlandeses e islandeses en Norteamérica y algunos restos arqueológicos encontrados en la zona es muy posible que sean de origen escandinavo.  Todo ello parece apuntar a una considerable fiabilidad histórica en las sagas.  Lo que, desde luego, no sería extraño si las sagas no fueran sino historias contadas oralmente sin modificación, prácticamente ni siquiera literal, desde la época en que sucedieron los hechos.

La saga es, para los estudiosos partidarios de esta teoría, un género oral puesto por escrito varios siglos después de sucedidos los hechos; los escribas no hicieron más que poner sobre pergamino las historias que les contaban.  Lo que explicaría, de paso, por qué las sagas son anónimas.

Hasta aquí la teoría tradicional, romántica.  Pero las cosas parece que no coinciden como debieran.  Hoy día, la inmensa mayoría de los estudiosos de las sagas son de otra opinión: no se trata de un género oral, sino escrito, obra de autores individuales que las crearon en forma similar a como un novelista moderno crea una novela.

Esta teoría, predominante hoy, tiene también sus variantes.  Así, algunos llevaron esta idea de creación escrita personal a sus consecuencias extremas.  No nos ocuparemos de estas opiniones tan desprestigiadas hoy como las que vimos en primer lugar, sino que tendremos en cuenta solamente lo que hoy día parece ser la explicación más plausible del origen de estas narraciones islandesas.

Podemos explicar la aparición de las sagas escritas como resultado de una compleja serie de factores.  Existían sin duda las narraciones orales a las que hemos hecho referencia; pero éstas eran breves y, posiblemente, carecían de la codificación que antes dijimos.  Se tratarían de simples historias en las que se recogía información de varios siglos atrás, pero sin una considerable labor literaria.  Antes sólo existía el alfabeto rúnico, que nunca se utilizó, que sepamos, para escribir textos extensos, sino sólo para inscripciones, mensajes, etc.  (quizá también para escribir los poemas escáldicos, de los que luego hablaremos).  Con el cristianismo llegó el alfabeto romano, que fue rápidamente adoptado y adaptado a las necesidades de la fonética islandesa.  Pero llegaron más cosas.  Entre otras, una relación con los centros de la ciencia medieval, por ejemplo París.  Islandés fue el primer sacerdote escandinavo que estudió en la ciudad francesa.  Llegó el conocimiento de la literatura latina medieval (y de algunas literaturas en las lenguas vernáculas) y algo de la literatura clásica latina.  Así, los islandeses conocieron historias del mundo, historias de santos, de la Virgen, narraciones bélicas, etc., incluyendo algunas obras de ficción además de las puramente teológicas.  Los islandeses tenían ya un considerable interés por la literatura, reflejada en la poesía, sobre todo la escáldica, de los siglos IX al XII; el género escáldico llegó a convertirse en una especialidad literaria de monopolio islandés: islandeses eran los escaldas que viajaban por las cortes escandinavas y en las Islas Británicas.  También fue en Islandia donde más tiempo se conservaron las tradiciones literarias (y otras como las mitológicas) escandinavas, lo que explica que, por ejemplo, en época cristiana se siguieran componiendo poemas de tema religioso pagano.  Con el cristianismo, el nuevo alfabeto y el nuevo conocimiento de otras literaturas empujaron aún más el gusto islandés por la literatura.  Se empezó, como en otros lugares de la Europa medieval cristiana, a redactar historias de personajes sagrados; primero en latín, pero enseguida en islandés.  Este paso, más rápido que en otros países europeos, a la lengua vernácula se vio favorecido por la ya mencionada tradición literaria oral y por dos peculiaridades islandesas: el mantenimiento de la lengua, sin cambios y prácticamente sin variaciones dialectales como consecuencia de la igualdad social, relativa pero mayor que en ningún otro país europeo, y el orgullo nacionalista, tan bien representado en las mismas sagas y, sobre todo, en muchos thaettir.  Los islandeses tenían sus modos de vida, y entre ellos encajaba perfectamente expresarse siempre en su lengua, incluso para cosas que en otros sitios se hacían en latín.

Comenzó así una considerable actividad literaria en lengua islandesa, en los géneros usuales de la época.  A veces traducciones, pero sobre todo creaciones propias, y en todos los terrenos.  Había historias del mundo e historias de los países (por ejemplo la historia de Britania de Beda el Venerable, bien conocida en Islandia) y los islandeses quisieron escribir también su propia historia.  Como ésta era muy reciente, había dos posibilidades: contar la breve historia de Islandia, especialmente los sucesos que rodearon su descubrimiento y su colonización, o narrar la historia de Noruega, país del que procedían la mayor parte de los colonizadores; como la historia de un país era la historia de sus gobernantes, de sus reyes, la historia de Noruega, primer capítulo de la de Islandia, se convirtió en las historias de los reyes de Noruega.

Y los islandeses trabajaron por todas estas vías: redactaron historias de la Virgen, de santos extranjeros, pero también de sus propios obispos, popularmente santificados; redactaron historias de los reyes noruegos, en su conjunto o individualmente y también narraron la colonización de su propio país.  Estos libros se escribían a la manera de cómo se hacía en otras partes: recurriendo a las fuentes, que en Islandia eran casi exclusivamente orales al principio; cuando hubo ya un corpus literario e histórico importante, lo que sucedió enseguida, a esas fuentes orales se unieron las escritas, no sólo islandesas, sino también extranjeras.  Surgieron así, primero un breve "Libro de los Islandeses", del sabio Ari Thorgilsson, siglo XII, luego sucesivos "Libros de Colonización", anónimos algunos, de autor conocido otros; se escribieron historias como las llamadas "Sagas de Obispos", resúmenes de la historia de Noruega como el "Ágrip" ("Resumen"), historias del rey noruego Olav Haraldsson el Santo, etc.  Podemos decir que esta tradición culminó con una magnífica obra historigráfica: las "Historias de los Reyes de Noruega" o "Heimskringla" de Snorri Sturluson, importantísimo político y escritor islandés del siglo XII-XIII.

La Heimskringla es llamada así por las primeras palabras del texto: "El círculo del mundo…", heims kringla en islandés.  Se trata, para muchos, de la mejor obra de su estilo en el medievo europeo; es un libro extenso, que trata las vidas de los reyes noruegos desde sus orígenes míticos; su gran valor histórico va parejo con su excepcional interés literario.  Un elemento que llama la atención en toda esta literatura islandesa, incluida la obra de Snorri, es la ausencia, comparativamente con las tradiciones del resto de Europa, de ingredientes fabulosos.  Los islandeses, realistas y pragmáticos, llevaban el realismo a sus obras históricas, sometiendo sus fuentes a una criba crítica y rechazando todo lo que parecía increíble o improbable.

Lo más plausible parece ser el ver en todo esto el origen de la saga: igual que se escribían las vidas de los grandes personajes extranjeros, por ejemplo de los reyes noruegos, se podían componer biografías de los grandes personajes islandeses.  Como en Islandia no había nada que pudiera compararse directamente con las aristocracias europeas, también escandinavas, había que otorgar su grandeza al personaje en virtud de sus hechos.  Todo consistía, por tanto, en escribir vidas de islandeses notables del mismo modo que se escribían las de extranjeros destacados.  Así, junto a las vidas de santos, de obispos y reyes, aparecen las de islandeses.

Esto servía para poner de relieve la importancia de la nación islandesa: un pueblo se medía entonces por la grandeza de sus individualidades.  Por otra parte, en la época en que se escribieron las sagas, había considerables tensiones con los reyes noruegos, que deseaban convertir a la isla en simple estado vasallo, privándola de su ya secular independencia.  La lucha contra los afanes expansionistas noruegos prosiguió hasta la definitiva absorción en el siglo XIV y la literatura servía también aquí de arma política.  En muchos thaettir, por ejemplo, y en algunas sagas importantes también, encontramos claramente reflejado el antagonismo noruego-islandés.

Las sagas de islandeses transcurren en la época heroica de la isla, pero también hubo sagas de contemporáneos, que trataban los acontecimientos de la misma época de redacción o poco antes.  No se trataba de simples crónicas, sino de historias noveladas donde no sabemos siempre qué es cierto y qué inventado.  Es decir, pese a la diferencia cronológica de su acción con las sagas de islandeses en sentido propio, guardan con éstas una estrechísima relación.

Podemos suponer que las sagas de islandeses se compusieron como otras obras cultas de la época, no sólo en Islandia: un autor, muy a menudo un monje, otras veces alguien relacionado de algún modo con un monasterio, otras veces un importante personaje político, escribía "ex ovo" la historia de un personaje anterior, que normalmente había sido antepasado suyo o, simplemente, había vivido en su región o en aquella en la que residía el autor.  Para hacerlo utilizaba todas las fuentes posibles.  Sin duda, fuentes orales, no sólo historias sino también recuerdos, anécdotas, etc., transmitidas de generación en generación.  Pero también fuentes escritas: listas genealógicas, los libros de la colonización, otras sagas y otras historias: no podemos olvidar que la acción se sitúa en época ya lejana para el autor, y que tenía que asesorarse bien sobre los sucesos históricos.  Con todo ello y tras un proceso de crítica de las fuentes en el que se rechazaba todo lo increíble para la época, casi todo lo maravilloso y buena parte de lo fabuloso, se redactaba la obra siguiendo un plan previo del autor.  No se trata, por tanto, de narraciones orales pasadas al pergamino, sino de obras literarias escritas.

Esto nos obliga a plantearnos las cuestiones que parecía explicar la teoría oral: el carácter histórico, las variantes, el por qué del anonimato de sus autores, etc.

En cuanto al carácter histórico de las sagas, podemos distinguir dos cuestiones: en primer lugar cómo explica la nueva teoría la indudable historicidad de buena parte de las sagas; en segundo lugar, hasta dónde llega realmente esa historicidad.

Desde luego, decir que las sagas no son simples plasmación escrita de una tradición oral secular inalterada no quiere decir que carezcan de todo valor histórico.  Porque, en último término, parte de las fuentes utilizadas para escribirlas sí tienen ese carácter secular inalterado al que nos hemos referido.  Una parte de la numerosísima información de carácter histórico que se nos proporciona parece indudablemente fiable, precisamente porque se apoya en fuentes anteriores.  Pero, al tratarse de obras creadas por un autor determinado con fines sobre todo literarios, mucho más que históricos, aparecerán también muchas cosas carentes de realidad histórica.

Así, en numerosas sagas, entre ellas la de Gunnlaug Lengua de Víbora, encontramos temas, motivos y personajes sospechosamente repetidos: el joven que debe viajar al extranjero a fin de hacer méritos para casarse con su amada, y que es engañado por un amigo que se convertirá en marido de aquella; la lucha singular con un berserk amenazante; se trata de dos motivos que aparecen en sagas aparentemente no relacionadas entre sí.  El primero de ellos, para poner sólo ese ejemplo, reaparece en varias vidas de poetas y parece que se ha convertido en tema literario obligado para este subtipo especial de sagas.

En estas condiciones, parece que una parte al menos de los hechos que se narran en las sagas no son históricamente ciertos.  El autor podría inventarse aventuras, peripecias, personajes, pero también podía tomarlos prestados de otras sagas u otras obras literarias o simplemente de las convenciones literarias de la época.  Un ejemplo claro de todo esto es la aparición de los poemas escáldicos en las sagas.  En el prólogo a su Heimskringla, Snorri explicaba que una de las fuentes más importantes y más fiables para conseguir información histórica veraz y objetiva eran las composiciones de los escaldas o poetas cortesanos.  Decía Snorri que, como los poemas se recitaban públicamente en presencia del rey y de su corte, era impensable que en ellos se narraran hazañas inexistentes o que se exagerara demasiado, porque ello se consideraría burla y no alabanza.

Estos poemas escáldicos nacieron hacia el siglo VIII y IX y, como ya hemos dicho, se convirtieron con el tiempo en casi monopolio islandés.  Se transmitían oralmente, lo que se veía muy facilitado por su misma estructura métrica estricta y con aliteración, rimas internas y en ocasiones externas, utilización de paráfrasis muy complejas, especie de metáforas llamadas "kenning" y una sintaxis y, en general, una dicción poética muy peculiares.  En Islandia, este tipo de poesía se resistió durante mucho tiempo a la influencia de la poesía de origen e inspiración europea continental y llegó a utilizarse incluso para la composición de obras de carácter cristiano.  Prácticamente sin modificación de ningún tipo, estos poemas se conservaron hasta que, en la época de creación de las sagas, pasaron a fijarse por escrito.  Su valor histórico es, por tanto, elevado y las observaciones de Snorri parecen hoy todavía válidas en buena parte.

Prácticamente casi todas las sagas incluyen poemas escálidicos para glosar situaciones, hazañas, etc.  Se trata de un resto de su origen como derivación de las obras de carácter historiográfico.  En general, se considera que la aparición de esas composiciones son una especie de garantía de por los menos una buena parte del contenido de las sagas.

Sin embargo, la cuestión no es tan sencilla.  Porque se ha podido demostrar que algunas de las composiciones que aparecen son falsas: en unos casos se trata de falsas atribuciones, por ejemplo a Gunnlaug Lengua de Víbora se le atribuyen algunos poemas de otro escalda anterior, al que también se le dedicó una saga, redactada antes de la de Gunnlaug: Kormak.  En otros casos se trata posiblemente de poemas compuestos para la ocasión por el mismo autor de la saga; es le caso, entre otros, de algunos poemas que se dice, en la Saga de Egil Skallagrimsson, que fueron compuestos por su autor a los tres años de edad.  Igual que el escritor contemporáneo de novelas históricas puede inventarse documentos, libros y demás, el autor medieval de la saga podía inventarse, si lo consideraba útil o conveniente, alguna estrofa escáldica para dar así un tono más histórico a su narración.

Por otra parte, aunque la cronología de las sagas no está del todo clara, parece que las primeras contenían un número mucho mayor de estrofas escáldicas y que, según pasaba el tiempo, éstas iban siendo menos numerosas, hasta llegar a la composición de sagas que, como la de Hrafnkel, no tenían ninguna o bien otras sagas como la de Njál, que tenían muy pocas.  Es decir, parece que según fue pasando el tiempo predominó cada vez más claramente el elemento de ficción y fue perdiendo importancia el aspecto histórico.  Esto sería una evolución lógica a partir del origen de las obras de carácter historiográfico: las sagas empiezan como historias noveladas para acabar prácticamente en novelas de ambiente histórico.

De manera que las sagas tienen una parte de verdad pero otra, tanto o más importante, de simple ficción.  Pueden seguir utilizándose como fuentes históricas, pero no considerarlas como historias verdaderas al cien por cien, como pretendía la interpretación romántica.

Nuestro segundo problema es explicar las variantes entre diversas versiones de las sagas.  Se trata de una cuestión muy compleja en la que no podemos entrar en detalle.  Señalaremos tan sólo que los manuscritos de sagas que se poseen son, además de muy numerosos, de muy diverso carácter y antigüedad.  En general, no los hay de la época de redacción, es decir, no se trata de los manuscritos originales, no son autógrafos de los autores.  Además, los manuscritos son a veces completos y a veces fragmentarios, en ocasiones se recogen las sagas completas y en otros casos sólo partes de ellas.  Teniendo en cuenta que las sagas se copiaban y recopiaban, se compraban, vendían, prestaban y hasta robaban, y ello desde la época de su redacción hasta prácticamente el siglo XIX, no puede resultar extraño que aparezcan variantes, incluso considerables.

El tercer problema es el del anonimato de los autores.  Era perfectamente explicable en el caso del origen oral.  En realidad el anonimato es algo peculiar de la literatura medieval, aunque probablemente menos de lo que tradicionalmente se ha pensado; ese anonimato era menor en las obras científicas, pero frecuente en las puramente literarias.  En Islandia conocemos autores de obras de la primera clase: Snorri Sturluson o Ari el Sabio, por citar sólo dos.  Además, teniendo en cuenta lo dicho sobre los manuscritos, parece lógico que no se recogieran de un manuscrito a otro, detalles realmente secundarios como el nombre del autor, que no le decían prácticamente nada al campesino islandés varios siglos después de que la saga se hubiera redactado.

En cuanto al estilo, indiscutiblemente más propio de lo oral lo conversacional o incluso coloquial que de lo escrito, parece incluso una razón más a favor de esta teoría: resultaría difícil memorizar, por ejemplo, los extensos pasajes dialogados de sagas como las de Hrafnkel o la de Njál.  Por otra parte, podemos observar un contraste con el estilo, mucho más barroco, calcado a veces del latín, de otras narraciones como las vidas de obispos.  Las sagas de islandeses, que trataban de personajes populares, conservaban el estilo popular: se escribía como se hablaba, posiblemente, aunque no podamos saber si se trata de algo buscado o del resultado de una falta de tradición suficiente en la producción de obras literarias escritas.  Además, sin embargo, en el estilo de las sagas encontramos mucho de convencional, tomado de modelos diversos, incluso no islandeses.

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Respuesta Recomendar Mensaje 2 de 2 en la discusión

De: Robertokles-Jr Enviado: 28/06/2004 23:21 Centros de producción de las Sagas.

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Son fundamentalmente regionales, tanto por sus personajes como por sus autores, como ya hemos visto.  Se pueden establecer grupos de sagas por la región en que se desarrollan, que suelen coincidir además con las regiones donde se encontraban los centros de enseñanza en torno a los cuales se escribieron.

Existen, así, sagas de la región del fiordo de Borg, como la de Gunnlaug o el thattr de Gisl Illugasson, pues sus personajes proceden de esa región donde se asentaron sus familias de las que luego procederían personajes tan importantes como Egil Skallagrimsson, el mismo Gunnlaug o, más tarde, Snorri Sturluson.  Es decir, se escribieron ciclos completos de sagas, muchas de las cuales se han perdido, sobre las grandes familias de cada región de Islandia.

Los centros de producción de las sagas coinciden aproximadamente en unos casos, exactamente en otros, con las regiones de desarrollo de las mismas.  En Islandia, como en otros sitios, fueron los monasterios los grandes centros literarios.  Pero, a diferencia de otros lugares de Europa, en ellos no se redactaban sólo obras de carácter religioso, sino que se prestaba gran atención a las obras profanas: si los autores fueron en muchos casos los mismos monjes, éstos sabían separar perfectamente las dos facetas de la vida.  Unas veces trabajaban como hombres de la Iglesia, otras como literatos islandeses, aunque en ocasiones, como en la Saga de Hrafnkel, supieran unir hábilmente ambos aspectos, creando obras de inspiración cristiana, muy probablemente con fines edificantes, siguiendo el estilo de las obras puramente seculares de entretenimiento.  Hoy día se presta cada vez más atención a la influencia del cristianismo sobre las sagas y en varias de ellas se cree ver una clara inspiración religiosa, magistralmente combinada con la descripción precisa de las aventuras, las instituciones y el modo de vida de los islandeses de época pagana.

Centros islandeses de erudición, enseñanza y religión a la vez que de producción literaria fueron los obispados de Skálholt, en el sur de la isla y de Hólar, en el norte; centros de enseñanza como el de Oddi, donde se formó Snorri, estaban estrechamente unidos a ellos.  Monasterios, de los que había muchos en el país, como los de Mödruvellir, en el norte, Helgafel en e oeste, Vídey en la región de Reykjavík, etc., tienen una importancia fundamental para comprender la aparición y el desarrollo de las sagas.

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Las épocas de las Sagas.

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Se desarrollan entre los siglos IX y XI, en la que podemos llamar época heroica de Islandia.  Esto sirve para diferenciarlas de otro tipo de obras llamadas también sagas: las de obispos y de familias contemporáneas, que pertenecen a la época cristiana; las de la antigüedad, cuyos personajes vivieron antes de la época heroica: desde el siglo IX hasta los principios de la epopeya germánica, como la Saga de los Volsungos, que desarrolla temas que reaparecerán en el Cantar de los Nibelungos alemán y que se remontan al siglo V o incluso antes.

La época en que se produce la acción de las sagas es muy distinta a la que ve su nacimiento: en los siglos IX al XI, Islandia era una sociedad germánica-escandinava tradicional, pagana, aunque sometida ya a considerables tensiones que desembocarán, hacia el año 1000, en la conversión oficial del país al cristianismo, por decisión mayoritaria de la gran asamblea o thing.  No se trata de una lucha religiosa, sino fuandamentalmente social y cultural: la sociedad pagana tradicional iba estando cada vez más influida por la cultura y la vida económica y política de los estados europeos.

En la época heroica en que se colonizó Islandia y su población fue creciendo y se formaron las instituciones y se desarrolló el carácter peculiar de lo islandés frente al resto de lo escandinavo, tenemos todavía las principales características de lo que era la sociedad germánica primitiva, aunque en progreso de rápido cambio: una cierta igualdad social, sin que existiera una nobleza claramente destacada del resto de la población, mayoritariamente compuesta de hombres libres propietarios de tierras y de esclavos generalmente de origen céltico; instituciones democráticas como el thing, donde se reunían los hombres libres para impartir justicia, tomar decisiones políticas y modificar las leyes o hacer leyes nuevas; costumbres como la de viajar en verano al otro lado del mar, generalmente a la península escandinava y a las islas Británicas, para hacer comercio, participar en expediciones vikingas, visitar parientes, conseguir favores de los reyes o para ver mundo.  Pero, sobre todo, una serie de principios y valores éticos y morales netamente paganos, en los que primaban la idean del destino, el valor personal como único medio de ser recordado como gran personaje después de la muerte, la hospitalidad, elemento fundamental en la sociedad tradicional, la fidelidad y la amistad a los familiares, amigos y jefes.  Pero también cosas que ahora consideraríamos como antivalores: la capacidad de emborracharse sin medida, de ser cruel e implacable cuando parecía necesario, de elevarse por encima de los demás… antivalores que eran valores positivos para aquella época.  Gran parte de esa ética, de esos principios morales y de comportamiento, se reflejan también en obras llegadas a nosotros desde la época pagana, como el Hávámal o Discurso del Altísimo, largo poema compuesto por aforismos, refranes y recomendaciones de conducta.

Un aspecto fundamental, imprescindible para entender buena parte de las sagas, es lo que hoy llamaríamos sistema penal.  Cuando se producía un delito grave, generalmente una muerte, los familiares de la víctima podían optar entre pedir una compensación económica o vengarse en el culpable de la muerte o en algunos de sus familiares.  En este caso era a su vez el turno de éstos, y podía producirse una cadena de venganzas sangrientas que llegaban a involucrar a un número considerable de personas en atentados, emboscadas y batalles campales.  También se podía acudir al thing y hacer juzgar al asesino.  En la asamblea se podía tomar la decisión de promover un acuerdo entre las familias afectadas estableciendo compensaciones económicas, o bien condenar al asesino al destierro; término éste, por otra parte, que no corresponde exactamente a la pena, pues no se trataba de la simple expulsión de la región o del país, sino que implicaba la indefensión absoluta del condenado de forma que cualquiera podía matarlo sin incurrir en responsabilidades y todos sus bienes podían ser incautados en manos de los familiares o amigos de la víctima y las actuaciones, aunque "legales", solían ser violentas.  Si, como sucede en la Saga de Hrafnkel, el condenado tenía gran poder, podía resultar díficil, o imposible incluso, hacer efectiva la condena.

Las sagas se escriben fundamentalmente en los siglos XIII y XIV.  Es una época fundamental en la historia de Islandia, y su terminación marca el fin de la independencia política y de la pervivencia de la tradición, aunque parte de ésta podrá sobrevivir en las aisladas granjas islandesas hasta mucho más tarde.

Islandia es por entonces cristiana desde hace varias generaciones, y los cambios que antes apuntamos habían culminado: sin llegar a crearse un ejecutivo central, todo estaba en manos de los jefes regionales, sucesores de los antiguos godar.  Había conflicto entre éstos y los campesinos libres que habitaban en sus distritos, pero también entre los jefes y la Iglesia, pues aquellos habían querido perpetuar su poder religioso como "apéndice" del poder civil y la Iglesia, después de las reformas de Gregorio VII quería ser plenamente independiente en el terreno espiritual y, aún más, intervenía directamente en la vida política y económica.  Se produjeron así guerras civiles que se prolongaron durante bastantes años.  La isla vivía en un estado de total inseguridad civil, y el más poderoso abusaba sin escrúpulos de su poder y sus prerrogativas.

En esta situación, los deseos expansionistas de los reyes noruegos (y los daneses) encontraron terreno abonado.  Participaron directamente en las luchas intestinas islandesas, y personajes como Snorri mantuvieron un equilibrio más que díficil entre el deseo de independencia nacional, la necesidad de estar en buenas relaciones con el rey noruego y la inevitabilidad del enfrentamiento con otras grandes familias islandesas.  Tan díficil era ese equilibrio que el mismo Snorri murió asesinado por ello.

Pero, al mismo tiempo que se producían todos esos complejos acontecimientos, en Islandia florecían las letras.  Desde el siglo XII se habían comenzado a componer obras islandesas y a traducir obras extranjeras, y los centros islandeses de enseñanza desarrollaban una considerable actividad, muy superior a la de otros países escandinavos como Noruega o Dinamarca, para no hablar de Suecia, recientemente cristianizada y donde aún no se había asentado definitivamente la nueva cultura y las nuevas formas de vida.  De este modo, Islandia producirá una literatura magnífica, formada por las distintas clases de sagas, las obras historiográficas, las recopilaciones de leyes, las traducciones, etc.., al tiempo que se ponen por escrito poemas orales de época pagana como la Edda, compliación de antiguos poemas mitológicos y heroicos, o la ya mencionada poesía escáldica.  El que todo esto suceda en una época de gravísima crisis interna y externa no deja de encajar en una pauta de carácter bastante universal.

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© Enrique Bernárdez (texto)

Viaje a la historia de la publicidad gráfica. Arte y nostalgia

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