HARRY POTTER Y LA PIEDRA FILOSOFAL (J. K. Rowling)
Aretino :: May.31.2007 :: Fantasía épica y en general :: No Comments »
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Se ha dicho (yo incluido) que las novelas de Rowling son algo más oscuras de lo que permitiría suponer el público al que van dirigidas (sí, me repito, lo mismo dije de la anterior). No es que tengan esa cosa de "terror para jóvenes" que muchas colecciones tienen como reclamo debido al éxito de determinados tipos de libro (con mis saludos al señor Stine, al que encuentro muy divertido) en el mercado infantil y juvenil. Me temo que lo de Rowling es aún peor. Mucho peor. No importa que el protagonista sea un niño (preadolescente en esta) o que haya momentos de humor genuinamente inspirado o pequeñas batallas diarias típicas de estudiantes, exámenes, peleas en el patio y juego sucio en los deportes. Ni siquiera importa lo que yo opine acerca de lo buena que es esta novela, está por encima de lo que un ignorante como yo pueda opinar. Lo único que puedo decir justificadamente es lo siguiente:
¿Otra vez revisionismo histórico dentro de la ficción de Rowling? Constantemente, pero con una habilidad que ya quisieran para sí muchos de los que tienen números uno en las listas de bestsellers. De todas formas, cualquier lector adulto de la serie que no se haya dado cuenta de que el mundo de Harry Potter está en guerra, es que no lo ha leído bien: cada libro es una batalla ganada o perdida… Rowling tiene la habilidad de configurar el mundo sobre el que escribe de manera que cada vez que lo hace, lo hace más coherente, reservándose, eso sí, los mejores trucos para el final. Y desviando la atención con autentico oficio de prestidigitador.
Viaje a la historia de la publicidad gráfica. Arte y nostalgia
Aretino :: May.31.2007 :: Fantasía épica y en general :: No Comments »
Si no tuviese ninguna otra cualidad, que las tiene y sobre las que volveré más tarde, su capacidad para la trama garantizaría el éxito de los libros de Connie Willis. No es sólo que sea capaz de inventar buenos argumento, sino que los desarrolla con una precisión arrolladora y hermosa. Nada es casual, todos los pequeños detalles tienen su razón de ser, y todo lo que sucede en la página cien tiene su importancia al llegar a la 400. Incluso cuando el lector descubre cuál va a ser la solución, siempre le queda la duda de cómo se las arreglará para llegar a ella. Y el placer proviene de comprobar no sólo que lo consigue, sino que lo hace sin violar las reglas y con facilidad matemática.
Y en ninguno de sus libros es tan evidente como en este que hoy nos ocupa. Posiblemente la novela de estructura más compleja en la que se haya embarcado esta autora, y que se resuelva con total aplomo y suavidad. Y los problema narrativos de Por no mencionar al perro en principio no podrían ser mayores. No sólo es una novela de viajes en el tiempo, con las complicaciones que tal cosa introduce en el orden narrativo, sino además una comedia, con las limitaciones que eso impone en el ajuste de los elementos para producir el humor, y en el equilibrio para hacer estallar la carcajada. El hecho de que Connie Willis lo consiga, mientras reconstruye toda la época victoriana y desenreda la telaraña temporal de paradojas en la que mete a sus personajes, demuestra que es una autora dotada de algo más que de un envidiable sentido para la trama. Demuestra una vez más inteligencia, cuidado y amor por su obra (por ejemplo, el increíble, en apenas unas frases, cambio que se produce entre la personalidad que el lector atribuye a Lady Schrapnell y la que tiene realmente).
Ned Henry corre de arriba abajo por el tiempo buscando el tocón del pájaro del obispo, un misterioso objeto casi legendario que es imprescindible para reconstruir con total fidelidad la Catedral de Conventry (destruida por los nazis). Es uno de los muchos encargo de Lady Schrapnell, una excéntrica millonaria norteamericana, empeñada en reconstruir el lugar donde una antepasada suya conoció a su verdadero amor. Pero Ned está sufriendo de desorientación temporal, así que sus superiores le envían a descansar allí donde la dama no pueda encontrarle: el verano de 1888, en plena época victoriana. Y de paso, devolver algo, algo que no debería haber venido del pasado y que podría provocar una paradoja de trágicas consecuencias. Pero Ned no entiende muy bien su misión. Sólo quiere dormir. Pronto, ésa será su menor preocupación.
Y mientras Ned y su compañera Verity intentan salvar el continuo espacio tiempo de un colapso inminente que ha paralizado casi todas sus actividades, tienen que vérselas con una familia de excéntricos victorianos, un mayordomo culto, una reina del espiritismo, tres hombres en una barca…. y eso por no mencionar al perro. Jugando continuamente con las convenciones de la novela victoriana y de detectives, Connie Willis va desplegando su historia de amor y de paradojas, en una novela que cuando se empieza a leer es imposible dejar. La más divertida de sus novelas es también la más seria. Y una vez más se demuestra que las mejores historias son las historia de amor… con viajes en el tiempo.
Aretino :: May.31.2007 :: Novela de terror :: No Comments »
Aretino :: May.31.2007 :: Obras de Ciencia ficción :: No Comments »
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El público español conoce a Banks por sus dos vertientes como escritor: cuando hace ciencia ficción es bueno, baste con recordar la Serie de la Cultura. Pero cuando escribe cosas como estas es mejor. Sus libros de mainstream (por calificarlos de alguna manera) son insuperables, dotados de una profundidad asombrosa, un sentido de lo terrible y del humor que raya en lo malsano pero que sin embargo le devuelve al lector una humanidad que quizás hace tiempo que no encontraba en otros libros. Banks es un escritor de descenso a los infiernos y esta novela es el mejor ejemplo de ello, aunque no se quedan atrás otras obras de Banks como The Crow Road (otra novela con comienzo espectacular), Cómplice o la aparentemente inofensiva Espedair Street . La lectura de un libro de Banks debería ir acompañada de un aviso del tipo Léalo por su cuenta y riesgo.
O de un Abandone toda esperanza el que entre aquí.
Frank vive solo en una isla de la costa inglesa con su padre. Y Frank es un asesino con una sorprendente declaración de principios:
Y a él le gusta así.
Es una elección personal consciente.
Las motivaciones de Frank para cometer sus actos de salvajismo y muerte son complejas, pero no totalmente ajenas a lo que el lector puede llegar comprender Banks consigue que el lector establezca una cierta empatía con Frank, aunque sea un bastardo psicótico. Sólo como ejemplo, el comienzo de la novela nos presenta a Frank enfrascado en una épica pelea a muerte…con un conejo. Pelea que Frank termina haciendo un sorprendente uso de explosivos caseros y generando así una nueva pieza de geografía frankiana que añadir a ese mapa por el que el lector navega constantemente y que la novela descifra para él mediante la voz de Frank. Poco a poco se van añadiendo detalles, racionalizaciones por parte de Frank sobre su comportamiento y confesiones abiertas de culpabilidad.
Por último dos cosas:
Primero, el nombre de Frank es por Frankenstein, un Frankenstein a la escocesa como en Pobres criaturas de Alasdair Gray, sólo que esta vez moderno en vez de victoriano, pero curiosamente muy similar en determinados aspectos, tales como su relación con el sexo (con el género, mejor dicho) y los códigos morales de criaturas aparentemente amorales (Frank, después de todo, no está completamente loco). Este libro reta a establecer al final una lectura feminista con un cierto elemento sarcásticamente freudiano que contribuye a que el lector se de cuenta de la tragedia final que se ha estado gestando durante todo el libro: un enfrentamiento final entre hermanos, la revelación de un terrible secreto, explosivos caseros y perros en llamas.
Y segundo: Si creen que la historia de Frank es desagradable, esperen a oír la de su hermano mayor superviviente. Eso si que es desagradable.
Con mayúsculas.
DESAGRADABLE.
Imprescindible, violento y digno de admiración.
Y si les gusta esta, no dejen de leerse Cómplice, también en Mondadori.
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