2007 May | Crítica de Libros
Critica de libros, comentarios, personajes, escritores, estudios y resumenes de libros. Literatura actual y clasica. Literatura espanola, literatura hispanoamericana, literatura norteamericana, literatura europea. Libros recomendados, best-sellers y obras selectas

Archive for May, 2007

HARRY POTTER Y LA PIEDRA FILOSOFAL (J. K. Rowling)

Echaba de menos algo así. Últimamente el mercado español del libro infantil y juvenil me parece que está demasiado lleno de productos políticamente correctos o de clones a la estela del éxito de la serie Pesadillas de R. L. Stine. Harry Potter parece en realidad una mirada hacia atrás en el género de la fantasía para niños, pero rescatando lo esencial y entretenido que se ha ofrecido en este tipo de libros, desde Erich Kätsner a Tove Jasson, pasando por toda la literatura inglesa de este tipo, desde Alicia hasta El hobbit.

Harry Potter no es quizá una historia demasiado original, cumpliendo casi a la perfección el paradigma de \’niño con destino criado por amenazadores e incomprensivos extraños\’. Pero la lectura del libro es francamente entretenida, divertida y fascinante en ocasiones. Está lleno de detalles de ingenio -sobre todo en la descripción del colegio de magia donde Harry acabará estudiando las artes de la hechicería. Así, Harry, hijo de dos magos muertos en un enfrentamiento con el archienemigo de sus padres, Voldermort, es famoso desde pequeño por haber eliminado a ese mismo Voldemort -aunque él no tenga el más mínimo recuerdo del hecho- y es enviado a vivir con una desagradable familia de mundanos. Más tarde, Harry ingresará en el colegio de magia y a partir de aquí empezarán sus verdaderas aventuras, rodeándose de fieles amigos y enconados enemigos… aunque estás categorías no son siempre las que parecen a la primera.

Para mí lo mejor del libro son las ocasiones donde Harry falla o está a punto de cometer un error imperdonable, sorteando la autora congracia y dignidad esas situaciones de forma que Harry no cometa un error que otros autores desarrollarían mediante una extensa redención del personaje que además sería innecesaria: Harry comete los errores justos y necesarios y también posee las dudas justas y necesarias (después de todo, el lector tiene que poder identificarse con el personaje, aunque sea un mago de destino evidente) y aprende de ambos lo justo y necesario.

Con esta curiosa mezcla de fantasía (dragones, unicornios y gnomos) y novela sobre niños en la escuela (matones, enemigos de patio de recreo y profesores hueso), la historia de Harry Potter se inscribe por derecho propio entre las mejores novedades de la literatura infantil. Además, es posible leerla a casi cualquier edad y disfrutar de ella, un logro considerable en cualquier género.

HARRY POTTER Y EL CÁLIZ DE FUEGO (J. K. Rowling)

Así es como, bien entrada la novela, J. K. Rowling, declara la guerra a Harry Potter, al lector y a los últimos restos de la infancia de los personajes. Sólo una palabra de una maravillosa sonoridad e inequívocamente malvada, de ese tipo de maldad que provoca un ligero escalofrío de excitación. Los personajes han crecido, el lector ha crecido y Rowling ha crecido en su dominio de la escritura y la trama.

Se ha dicho (yo incluido) que las novelas de Rowling son algo más oscuras de lo que permitiría suponer el público al que van dirigidas (sí, me repito, lo mismo dije de la anterior). No es que tengan esa cosa de "terror para jóvenes" que muchas colecciones tienen como reclamo debido al éxito de determinados tipos de libro (con mis saludos al señor Stine, al que encuentro muy divertido) en el mercado infantil y juvenil. Me temo que lo de Rowling es aún peor. Mucho peor. No importa que el protagonista sea un niño (preadolescente en esta) o que haya momentos de humor genuinamente inspirado o pequeñas batallas diarias típicas de estudiantes, exámenes, peleas en el patio y juego sucio en los deportes. Ni siquiera importa lo que yo opine acerca de lo buena que es esta novela, está por encima de lo que un ignorante como yo pueda opinar. Lo único que puedo decir justificadamente es lo siguiente:

Esta es una magnífica novela acerca de la vida en tiempos de guerra.

La intención es doble: por un lado el lector es puesto sobre aviso de que ciertas guerras no acaban nunca (más o menos desde que lector empieza a leer la primera página), en cualquier momento el enemigo puede presentarse a la hora del té. Y por otro lado, en esta novela mucha gente recuerda lo que hizo en su última guerra. Y por qué. Tanto es así, que esta novela no tendría sentido sin esos recuerdos.

No es sólo que algunos personajes hablen de lo que les pasó, como sufrieron o a quienes perdieron: los recuerdos son necesarios -aunque tengamos que fisgar, como Potter, en la mente de los demás- para explicar el mundo que rodea a Potter, hallando la explicación a comportamientos quizás cómicos, quizás grotescos… pero terriblemente justificados en los contextos que Potter va descubriendo, contextos que el lector descubre con el personaje.

¿Otra vez revisionismo histórico dentro de la ficción de Rowling? Constantemente, pero con una habilidad que ya quisieran para sí muchos de los que tienen números uno en las listas de bestsellers. De todas formas, cualquier lector adulto de la serie que no se haya dado cuenta de que el mundo de Harry Potter está en guerra, es que no lo ha leído bien: cada libro es una batalla ganada o perdida… Rowling tiene la habilidad de configurar el mundo sobre el que escribe de manera que cada vez que lo hace, lo hace más coherente, reservándose, eso sí, los mejores trucos para el final. Y desviando la atención con autentico oficio de prestidigitador.

Echemos un vistazo al título: Harry Potter y el cáliz de fuego. Si nos ceñimos a la fórmula de los libros anteriores (especialmente a los dos primeros), esperaremos que el cáliz de fuego sea un artefacto mágico que de alguna manera permea la trama, en una de las variantes de la épica del género fantástico: obtención del talismán, destrucción del mismo o ambas cosas (como la Piedra Filosofal del primer libro o la Cámara de los Secretos del segundo). Nada de eso. El cáliz de fuego es un McGuffin como la copa (perdón por la repetición) de un pino. Y nadie puede acusar a Rowling de engañar al lector. Si uno termina la novela y queda defraudado, sólo tiene que releerse los capítulos del Mundial de Quidditch para comprender que el McGuffin estaba preparado desde la primera página y que al lector se le han dado todas las oportunidades posibles para adelantarse a los acontecimientos. Y a Potter también. Exactamente las mismas oportunidades. El lector y el personaje trabajan sobre los mismos problemas con la misma cantidad de información, solo para que ambos se den de cabeza contra la pared (¿Cómo no me habré dado cuenta antes?). Rowling hace gala de una escritura tan retorcida que da la impresión de que bien podría haber escrito ella solita un clásico moderno de la novela negra, pero no lo hace porque considera que esto es mucho más divertido (y le da más dinero).

¿Qué otros rasgos destacaría yo de la escritura de Rowling? Los nombres de los personajes. Rowling le da a sus personajes nombres que cuadran perfectamente con sus cualidades principales. Severus Snape. Draco y Lucius Malfoy. Lord Voldemort. Nombres que despiertan la antipatía del lector una vez que ha hecho las pertinentes conexiones. Parece que Rowling juega muy bien con la tradición medieval inglesa de la fábula y el mistery play y sus encarnaciones de maldades y virtudes humanas que se desenmascaran a sí mismas nada más abrir la boca.

Pero lo que en otro autor se convertiría en un estorbo, la tendencia a tipificar "nominalisticamente" los personajes, Rowling lo convierte en un elemento que juega a su favor. Si podemos reconocer a un determinado tipo de mal por su nombre… ¿qué pasa cuando la autora insiste en dar nombre cargados de significado semántico pero moralmente neutros…? Rompe, como ha hecho siempre, las reglas sin violar ningún tipo de contrato con el lector. El lector ni siquiera se da cuenta de que ahí había una "regla", una pequeña convención narrativa hasta que ésta desaparece.

En el libro anterior no rompe esa regla: Sirius Black (presente también en este libro) es un nombre de poder, pero no necesariamente malvado, de forma que Rowling manipula alegremente al lector de un lado a otro pero sólo porque este se deja manipular… O el mismísimo Severus Snape, profesor de pociones y villano confeso… ¿O no? Severus es severo y actúa con flagrante mala fe, pero no hay en él la auténtica maldad que Rowling reserva para otros personajes. Me confieso mucho menos listo que Rowling: cuando en este libro se acerca un acontecimiento que el avispado lector de la serie puede presuponer que va a ocurrir (¡ algo que tiene que ocurrir para que haya libro!) Rowling se las arregla para aparentar que no va a ocurrir hasta que coge de sorpresa al lector. ¡Y eso que estaba sobre aviso!

Si yo fuera el tipo de crítico (no es que me autodenomine así, pero es el único sustantivo que cuadra con escribir este tipo de reseña) que admite a regañadientes que una obra como ésta es buena aunque lo niegue en público, posiblemente estaría empeñado en hacer un lamento por la formidable (o por lo menos pasable) escritora que ha perdido la literatura "seria". Pero como soy de otra manera y además la literatura es el único mundo donde el sabio Doctor Pangloss puede invocar a Leibniz sin equivocarse, decretando que "todo ocurre para mejor en el mejor de los mundos posibles", pues entonces los libros de Harry Potter son lo mejor en un mundo que puede convertir momentáneamente en el mejor de los mundos posibles. Al menos durante lo que tarda uno en leerlo. Creo que no puedo decir nada más.

Xavier Riesco Riquelme

Viaje a la historia de la publicidad gráfica. Arte y nostalgia

Por no mencionar al perro (Connie Willis)

Si no tuviese ninguna otra cualidad, que las tiene y sobre las que volveré más tarde, su capacidad para la trama garantizaría el éxito de los libros de Connie Willis. No es sólo que sea capaz de inventar buenos argumento, sino que los desarrolla con una precisión arrolladora y hermosa. Nada es casual, todos los pequeños detalles tienen su razón de ser, y todo lo que sucede en la página cien tiene su importancia al llegar a la 400. Incluso cuando el lector descubre cuál va a ser la solución, siempre le queda la duda de cómo se las arreglará para llegar a ella. Y el placer proviene de comprobar no sólo que lo consigue, sino que lo hace sin violar las reglas y con facilidad matemática.
Y en ninguno de sus libros es tan evidente como en este que hoy nos ocupa. Posiblemente la novela de estructura más compleja en la que se haya embarcado esta autora, y que se resuelva con total aplomo y suavidad. Y los problema narrativos de Por no mencionar al perro en principio no podrían ser mayores. No sólo es una novela de viajes en el tiempo, con las complicaciones que tal cosa introduce en el orden narrativo, sino además una comedia, con las limitaciones que eso impone en el ajuste de los elementos para producir el humor, y en el equilibrio para hacer estallar la carcajada. El hecho de que Connie Willis lo consiga, mientras reconstruye toda la época victoriana y desenreda la telaraña temporal de paradojas en la que mete a sus personajes, demuestra que es una autora dotada de algo más que de un envidiable sentido para la trama. Demuestra una vez más inteligencia, cuidado y amor por su obra (por ejemplo, el increíble, en apenas unas frases, cambio que se produce entre la personalidad que el lector atribuye a Lady Schrapnell y la que tiene realmente).
Ned Henry corre de arriba abajo por el tiempo buscando el tocón del pájaro del obispo, un misterioso objeto casi legendario que es imprescindible para reconstruir con total fidelidad la Catedral de Conventry (destruida por los nazis). Es uno de los muchos encargo de Lady Schrapnell, una excéntrica millonaria norteamericana, empeñada en reconstruir el lugar donde una antepasada suya conoció a su verdadero amor. Pero Ned está sufriendo de desorientación temporal, así que sus superiores le envían a descansar allí donde la dama no pueda encontrarle: el verano de 1888, en plena época victoriana. Y de paso, devolver algo, algo que no debería haber venido del pasado y que podría provocar una paradoja de trágicas consecuencias. Pero Ned no entiende muy bien su misión. Sólo quiere dormir. Pronto, ésa será su menor preocupación.
Y mientras Ned y su compañera Verity intentan salvar el continuo espacio tiempo de un colapso inminente que ha paralizado casi todas sus actividades, tienen que vérselas con una familia de excéntricos victorianos, un mayordomo culto, una reina del espiritismo, tres hombres en una barca…. y eso por no mencionar al perro. Jugando continuamente con las convenciones de la novela victoriana y de detectives, Connie Willis va desplegando su historia de amor y de paradojas, en una novela que cuando se empieza a leer es imposible dejar. La más divertida de sus novelas es también la más seria. Y una vez más se demuestra que las mejores historias son las historia de amor… con viajes en el tiempo.

Erasmus Darwin magister (Charles Sheffield)

En principio Erasmus Darwin Magíster podría parecer similar a Las crónicas de McAndrew. Pero un examen más atento nos revelará las diferencias. En Las crónicas de McAndrew el epónimo protagonista era una excusa para hablar de ciertos descubrimientos científicos (y no pretendo hacer una juicio de valor, la pretensión de tratar de los descubrimientos científicos me parece tan digna literariamente como cualquier otra, y construir un libro alrededor de una ciencia tan válido como hacerlo alrededor de un personaje). Erasmus Darwin Magíster nace de la fascinación con un intelecto. El libro es menos una recopilación de tres cuentos sobre un personaje común que una exploración del carácter de un hombre que en el siglo XVIII tenía muchas de las características de un hombre de ciencia moderno.

Y vean aquí; como un escritor de ciencia ficción dura, a los que se les achaca todas las maldades literarias posibles (y cuantos literatos no deberían fijarse más en la viga en el ojo propio), crea un libro que se sostiene prácticamente por completo sobre la personalidad del protagonista.

Y no quiero decir con ello que las historias que forman el volumen ("El demonio de Malkirk" sobre monstruos, "El tesoro de Odirex" sobre pueblos perdido y "El inmortal de Lambeth" sobre eso) sean aburridas. Ni mucho menos. Las tres son muy interesantes y desarrollan con inteligencia sus respectivos temas. Pero si este libro permite una segunda lectura, y todo buen libro debería permitir una, será por el protagonista Erasmus Darwin, abuelo de Charles Darwin y fundador de la Sociedad Lunar que reunía a algunos de los mayores intelectos de su época.

Éste es claramente un libro escritor por amor y respeto. Es fácil, leyéndolo, que el lector sienta la fascinación de un escritor que escribe un libro sobre una persona, que a pesar de los siglos, compartía muchas de sus mismas inquietudes intelectuales.

Cronopaisaje (Gregory Benford)

Estamos en 1998. El mundo está sumido en un gran desastre ecológico. Los gobiernos imponen restricciones y burocráticamente intentan paliar el desastre. En esta situación, el físico John Renfrew propone una solución: enviar un mensaje por medio de taquiones -hipotéticas partículas que de existir viajarían a velocidades superiores a la de la luz- al pasado para advertirles de la catástrofe por venir.

De esta forma entra en el argumento otro mundo más: la California de 1962 donde Gordon Bernstein detecta accidentalmente esas emisiones. El problema está en mantener por un lado los mensaje en medio de un mundo que se desmorona y por otro en convencer al mundo de que se están recibiendo mensajes del futuro.

Según el autor, el tiempo es el tema rara vez comentado pero siempre presente de esta novela. Enviar un mensaje al pasado significa asumir que existe una continuidad en el tiempo, que el tiempo es de alguna forma un ente sólido. El tiempo como objeto es ese cronopaisaje al que hace referencia el título de la novela. Y sobre ese fondo se desarrolla el drama humano. Cronopaisaje es un intento de mostrar que el tiempo es uno de los problemas fundamentales de la física moderna. Cronopaisaje intenta hacernos ver que ese problema nos afecta a todos.

La imagen omnipresente en la novela es la de las ondas. El autor juega continuamente con imágenes oceánicas (juego que por supuesto se pierde en la traducción, ya que en español las palabras \’ola\’ y \’onda\’ no evocan el mismo fenómeno) mezclando las ondas de probabilidad de la mecánica cuántica con las olas del mar. Los personajes se dan cuenta de que viven en el espacio tiempo que es "Un gran animal en el oscuro mar" y en ese mar de probabilidad dónde somos como olas "rompiéndose en una blanca espuma".

Pero también se trata de una novela sobre la comunicación, o sobre la imposibilidad de la misma. No sólo el futuro intenta hablar con el pasado, sino que los personajes intentan hablar entre sí, sin alcanzarse o sin entenderse. Renfrew no consigue conectar con el burócrata Peterson del que depende para conseguir el dinero que mantenga el experimento en marcha. Gregory Markham (el alter ego de Gregory Benford en la novela, y el lector deberá recordar durante la lectura que Gregory Benford tiene un hermano gemelo) vive sólo para sus ecuaciones. Gordon intenta comunicarse con su madre, que vive en el universo de Nueva York, muy lejos del nuevo mundo de su hijo. Gordon Berstein debe además enfrentarse al mundo académico de la universidad para la que trabaja y a la difícil y compleja (aunque quizá sea complicada) relación que mantiene con su novia Pam.

Esta novela, en suma, puede disfrutarse de varias formas. El análisis de la vida académica muestra la ciencia tal y como es: un producto creado por seres humanos, con todas sus grandezas y miserias. Los personajes son todos grandiosos. Cada uno intenta su manera de adaptarse a los cambios por venir. Algunos intentan mantener la apariencia de orden, mientras que otros luchan hasta el final por lo que creen.

El lector puede apreciar además otro curioso juego. Al final, en el último capítulo, Gordon Bernstein está a punto de recibir un premios por su labor científica. En un momento comienza a hablarnos de su mujer y a recordar lo que sucedió después de la recepción del mensaje del futuro. Si el lector está atento, descubrirá que esos recuerdos aparentemente sin importancia recapitulan todo lo que ha sucedido en la novela.

Quizá la imagen más poderosa de esta novela sea la de unos estantes de cocina. Marjorie, la mujer de John Renfrew, le pide a su esposo que los coloque. John utiliza sus herramientas para asegurarse de que los estantes están perfectamente horizontales con respecto al suelo. Pero la casa está inclinada y da la impresión de que los estantes también lo están. De nada sirve que John Renfrew discuta los métodos empleados para montar los estantes, finalmente comenta: "la estantería está a plomo. Son las paredes las que están inclinadas" (p. 129). Más tarde, cuando el desastre se acrecienta, comprende que a veces son los estantes los que están inclinados y las paredes rectas.

La fábrica de las avispas (Ian Banks)

El público español conoce a Banks por sus dos vertientes como escritor: cuando hace ciencia ficción es bueno, baste con recordar la Serie de la Cultura. Pero cuando escribe cosas como estas es mejor. Sus libros de mainstream (por calificarlos de alguna manera) son insuperables, dotados de una profundidad asombrosa, un sentido de lo terrible y del humor que raya en lo malsano pero que sin embargo le devuelve al lector una humanidad que quizás hace tiempo que no encontraba en otros libros. Banks es un escritor de descenso a los infiernos y esta novela es el mejor ejemplo de ello, aunque no se quedan atrás otras obras de Banks como The Crow Road (otra novela con comienzo espectacular), Cómplice o la aparentemente inofensiva Espedair Street . La lectura de un libro de Banks debería ir acompañada de un aviso del tipo Léalo por su cuenta y riesgo.
O de un Abandone toda esperanza el que entre aquí.
Frank vive solo en una isla de la costa inglesa con su padre. Y Frank es un asesino con una sorprendente declaración de principios:

Hace años que no mato a nadie, y no pienso volver a hacerlo nunca más. Fue solo una mala racha que estaba pasando.

Las víctimas de Frank son mayormente sus familiares y conocidos. Y los métodos utilizados son de lo más sorprendentes: Una cometa; una serpiente; un martillo y la ingenuidad de un hermano…Y la vida mental de Frank también es de lo más sorprendente. Los personajes de Banks pueden ser definidos mediante una frase del estilo "tienen una extraña relación con la realidad" (Pedro Jorge Romero dixit), lo cual no significa que la novela pertenezca al género fantástico, pero aún así Frank vive inmerso en un mundo de creación propia plagado de signos y portentos, entre ellos la mismísima Fábrica de las Avispas, el ingenio oracular en el cual Frank lee el futuro mediante el sufrimiento y muerte de los citados insectos (Frank, después de todo es un genio para lo macabro). O la geografía imaginaria, como los Postes de Sacrificio descritos al principio de la novela, el Búnker o el Parque de las Serpientes, en la cual se mueve Frank, llena de hitos de pasados combates con seres de lo más diverso (conejos y perros en el universo de Frank son cosas bastante peligrosas). Sin embargo Frank es consciente de que vive en un universo personal que el resto de la humanidad no comparte.
Y a él le gusta así.
Es una elección personal consciente.
Las motivaciones de Frank para cometer sus actos de salvajismo y muerte son complejas, pero no totalmente ajenas a lo que el lector puede llegar comprender Banks consigue que el lector establezca una cierta empatía con Frank, aunque sea un bastardo psicótico. Sólo como ejemplo, el comienzo de la novela nos presenta a Frank enfrascado en una épica pelea a muerte…con un conejo. Pelea que Frank termina haciendo un sorprendente uso de explosivos caseros y generando así una nueva pieza de geografía frankiana que añadir a ese mapa por el que el lector navega constantemente y que la novela descifra para él mediante la voz de Frank. Poco a poco se van añadiendo detalles, racionalizaciones por parte de Frank sobre su comportamiento y confesiones abiertas de culpabilidad.
Por último dos cosas:
Primero, el nombre de Frank es por Frankenstein, un Frankenstein a la escocesa como en Pobres criaturas de Alasdair Gray, sólo que esta vez moderno en vez de victoriano, pero curiosamente muy similar en determinados aspectos, tales como su relación con el sexo (con el género, mejor dicho) y los códigos morales de criaturas aparentemente amorales (Frank, después de todo, no está completamente loco). Este libro reta a establecer al final una lectura feminista con un cierto elemento sarcásticamente freudiano que contribuye a que el lector se de cuenta de la tragedia final que se ha estado gestando durante todo el libro: un enfrentamiento final entre hermanos, la revelación de un terrible secreto, explosivos caseros y perros en llamas.
Y segundo: Si creen que la historia de Frank es desagradable, esperen a oír la de su hermano mayor superviviente. Eso si que es desagradable.
Con mayúsculas.
DESAGRADABLE.
Imprescindible, violento y digno de admiración.
Y si les gusta esta, no dejen de leerse Cómplice, también en Mondadori.

© Xavier Riesco Riquelme 1999

Viaje a la historia de la publicidad gráfica. Arte y nostalgia

Next »

Flag of Andalucía.svg Hoteles baratos en Andalucía

Flag of Catalonia.svg Hoteles baratos en Cataluña

Flag of the Community of Madrid.svg Hoteles baratos en Madrid

Bandera de la Comunidad Valenciana (2x3).svg Hoteles baratos en Comunidad Valenciana

Flag of Galicia.svg Hoteles baratos en Galicia

Bandera de Castilla y León.svg Hoteles baratos en Castilla y León

Flag of the Basque Country.svg Hoteles baratos en País Vasco

Flag of the Canary Islands.svg Hoteles baratos en Canarias

Bandera usual de Castilla-La Mancha.svg Hoteles baratos en Castilla-La Mancha

Flag of the Region of Murcia.svg Hoteles baratos en Murcia

Flag of Aragon.svg Hoteles baratos en Aragón

Flag of Extremadura with COA.svg Hoteles baratos en Extremadura

Flag of the Balearic Islands.svg Hoteles baratos en Islas Baleares

Flag of Asturias.svg Hoteles baratos en Asturias

Bandera de Navarra.svg Hoteles baratos en Navarra

Flag of Cantabria.svg Hoteles baratos en Cantabria

Flag of La Rioja (with coat of arms).svgHoteles baratos en La Rioja