2006 December | Crítica de Libros - Part 4
Critica de libros, comentarios, personajes, escritores, estudios y resumenes de libros. Literatura actual y clasica. Literatura espanola, literatura hispanoamericana, literatura norteamericana, literatura europea. Libros recomendados, best-sellers y obras selectas

Archive for December, 2006

El millonario inocente

Es un libro que me lo he leído varias veces, divertido, ameno y con un fondo en todo su argumento.

LAS NINFAS (Francisco Umbral)

Yo tenía dieciséis o diecisiete años y ya quería ser escritor, y me interesaban, y mucho, las mujeres. Lo primero me diferenciaba, creo, de los adolescentes de mi entorno; lo segundo me igualaba a todos, aunque sólo en el deseo incumplido: por mucho que cueste creerlo, por entonces yo era tímido. Era la época en que uno descubría el mundo, esa cosa enorme y fascinante que habían dejado ante nosotros para nuestro disfrute y nuestra perplejidad: los deseos de desentrañar el pasado del que veníamos y del que no habíamos sido, de ver aquellas películas que habíamos mitificado en un recuerdo del futuro, de comprender aquellos libros y formar parte de eso mismo que servía para crear la diferencia, la alegría y el sonrojo.

Ya conocía a Umbral, claro, de leer su columna diaria en la última plana de la enorme sábana gris que entonces era Diario de Cádiz. Como él, me hice amigo de Natalia y la marquesa, me encontré a la Nadiuska del barrio cada tarde cuando, como él, bajaba a comprar el pan, y también como él me enamoré de la nariz de golfillo francés de Isabel Tenaille. Y entonces, en pleno viaje iniciático a Santiago, leí y me empapé de la que es para mí su obra mágica, mi obra clave. Las ninfas.

Todo estaba allí: él y yo, nosotros y ellos, el hartazgo de una ciudad de provincias, los círculos poéticos a los que asomábamos con cierta curiosidad y cierto resquemor, las niñas monas del barrio centuplicadas, magnificadas por la prosa del maestro. Era un juego de espejos, se me antojó y se me antoja, porque también en el libro había espejos dentro de otros espejos: desde los oropeles de las escamas de la bella pescadera al juego de dobles y antagonistas que el narrador (Francisco, sin apellidos) mantendría con el hermoso y educado Cristo-Teodorito. Era una novela iniciática, ya digo: como yo quería haber sido, el narrador de Las ninfas se confesaba porque se sabía distinto, porque vivía entre el quiero y no puedo de la literatura y la vida, entre las dos pulsiones máximas: creatividad y sexo. Yo quise creer, y todavía lo creo, que en ese libro (como en tantos otros, como en todos) Umbral era a la vez mentiroso y sincero, fabulaba y proyectaba, hacía alardes de sí mismo y a la vez se escabullía.

Fue la primera novela, el primer libro, supongo, que me hizo ver que la literatura podía ser exactamente eso: no una historia que agarraba sin detenerse en profundizar sobre el lenguaje que empleaba para ello, sino precisamente el lenguaje como herramienta mágica para contar aquello que, lo insisto siempre, no se podía contar de otro modo. Fue el primer libro que me hizo reflexionar sobre la belleza de las letras, que me hizo saber que no se puede contar lo que uno quiere de cualquier manera, sino relamiéndose en esa herramienta que nos han prestado, en el lenguaje que nos apoya y nos impulsa. Fue el primer libro que quise haber escrito yo: Todavía estoy en eso.

Amores adolescentes, guapos niños de derechas y centros católicos, muchachitas en flor y guantes amarillos, pederastas y posguerra civil, el deseo de escribir a toda costa, la traición de ese mismo deseo. Y la huida a la libertad que sólo podía dar la literatura.

Un libro maravilloso que ganó en su día, hace ya veinticinco años, el premio Nadal.

Nunca he vuelto a leer una novela que me emocionara tanto.

HIJOS DE LA MEDIANOCHE (Salman Rushdie)

Salman Rushdie es un escritor más famoso que conocido y de no haber mediado la condena a muerte por parte de los integristas islámicos es posible que su obra hubiera pasado desapercibida fuera de Gran Bretaña. La condena tuvo el doble efecto de recluirle de por vida y poner sobre él la atención del mundo y aunque la mayoría se limitó a llevarse las manos a la cabeza y lanzar peroratas sobre la libertad de expresión unos cuantos aprovecharon para descubrir al mejor de los autores británicos que aparecieron en la segunda mitad de los años setenta. Un autor que, por cierto, no ha rehuido nunca escribir cosas que si no son pura ciencia-ficción o fantasía se le parecen muchísimo.

Hijos de la medianoche es una buena muestra. Nueve de cada diez críticos hablarían de realismo mágico al referirse a esta novela. Bueno, vale, ¿y qué es el realismo mágico? ¿Por qué, si en un relato de M.R. James aparece un fantasma es terror gótico y si sale en uno de García Márquez es realismo mágico? ¿Es que hay fantasmas "realistas"? Del mismo modo aquí hay un montón de elementos que si salieran en un libro firmado por Philip K. Dick todos interpretaríamos sin dudar como propios de la ciencia-ficción, pero como aparecen en uno que ha ganado el premio Booker pues ni hablar. Etiquetas aparte, lo cierto es que es un libro excelente que si por algo cojea es por recordar demasiado a Cien años de soledad. Tanto que casi se podría hablar de que Hijos de la medianoche es Cien años de soledad ambientado en la India y con el riquísimo bagaje hindú de mitos y leyendas sustituyendo al del Caribe. También cuenta la saga de una familia condenada a la destrucción, abundando en elementos puramente fantásticos, y lo hace a través de un narrador que nace en el mismo instante en que se proclama la independencia de la India y Pakistán. Esa es la medianoche del título y sus hijos los que dieron a nacer unos pocos minutos antes o después de la misma, circunstancia por la que cada uno resultará agraciado con un don especial que no tiene nada que envidiar a los poderes de un X-Man cualquiera. Ahora bien, si alguien espera andanzas comiqueras que busque en otra parte: Hijos de la medianoche es la crónica de un enorme fracaso. El del protagonista y narrador que no obtendrá ningún provecho de su habilidad telepática ni de su extraordinario sentido del olfato, el de su familia, el de los otros hijos, a los que sus dones servirán únicamente para prosperar en sociedad o como ayuda a la hora de mendigar, y desde luego el de los países cuyo nacimiento acompañaron con el suyo. La novela entera puede verse como una fábula sobre la conversión de la India milagrera y esperanzada de los inicios en un país igual de atrasado y pobre pero más triste, un mensaje que sólo las generosas dosis de humor del texto logran endulzar un poco, pero poco

Ramón Muñoz en www.Bibliopolis.org

es una buena muestra. Nueve de cada diez críticos hablarían de realismo mágico al referirse a esta novela. Bueno, vale, ¿y qué es el realismo mágico? ¿Por qué, si en un relato de M.R. James aparece un fantasma es terror gótico y si sale en uno de García Márquez es realismo mágico? ¿Es que hay fantasmas "realistas"? Del mismo modo aquí hay un montón de elementos que si salieran en un libro firmado por Philip K. Dick todos interpretaríamos sin dudar como propios de la ciencia-ficción, pero como aparecen en uno que ha ganado el premio Booker pues ni hablar. Etiquetas aparte, lo cierto es que es un libro excelente que si por algo cojea es por recordar demasiado a . Tanto que casi se podría hablar de que es ambientado en la India y con el riquísimo bagaje hindú de mitos y leyendas sustituyendo al del Caribe. También cuenta la saga de una familia condenada a la destrucción, abundando en elementos puramente fantásticos, y lo hace a través de un narrador que nace en el mismo instante en que se proclama la independencia de la India y Pakistán. Esa es la medianoche del título y sus hijos los que dieron a nacer unos pocos minutos antes o después de la misma, circunstancia por la que cada uno resultará agraciado con un don especial que no tiene nada que envidiar a los poderes de un X-Man cualquiera. Ahora bien, si alguien espera andanzas comiqueras que busque en otra parte: es la crónica de un enorme fracaso. El del protagonista y narrador que no obtendrá ningún provecho de su habilidad telepática ni de su extraordinario sentido del olfato, el de su familia, el de los otros hijos, a los que sus dones servirán únicamente para prosperar en sociedad o como ayuda a la hora de mendigar, y desde luego el de los países cuyo nacimiento acompañaron con el suyo. La novela entera puede verse como una fábula sobre la conversión de la India milagrera y esperanzada de los inicios en un país igual de atrasado y pobre pero más triste, un mensaje que sólo las generosas dosis de humor del texto logran endulzar un poco, pero pocoRamón Muñoz en

LA VÍA MUERTA (Danuta Reah)

Deborah Sykes, una profesora de secundaria de una pequeña ciudad inglesa, es la única que ha visto al estrangulador que desde hace meses aterroriza a las mujeres de la región. La imprudencia de un periodista local la pondrá más tarde en el punto de mira de este asesino obsesionado con los trenes, en torno a los cuales comete todos sus crímenes. A partir de ese momento, a la protagonista empiezan a sucederle cosas extrañas que no son sino señales de que el psicópata va estrechando su cerco.

Con estas premisas podríamos decir que nos encontramos ante la típica novela de suspense con asesino en serie, y no nos equivocaríamos, sobre todo en lo de típica. Su estructura es calcada a la que utilizó (y supongo que seguirá utilizando) Dean R. Koontz en casi todas sus novelas de horror, a saber: mujer más o menos indefensa que se ve involucrada en una serie de acontecimientos extraños que ponen en peligro su vida (en los libros de Koontz este peligro podía ser desde una mutación genética de origen militar hasta una secta satánica, pasando por el mismísimo Hitler), y que es rescatada por el héroe de turno que siempre resulta ser un ex espía o boina verde (ex policía en la novela que nos ocupa) con un pasado poco claro que le ha obligado a dejar el cuerpo de élite en cuestión. Todo ello se comprende en el caso de Koontz, cuyas ideas políticas y sobre la vida en general nos resultan siempre un pelín sospechosas (a la derecha de Gengis Khan, vamos, como dijo alguien una vez de Larry Niven y Jerry Pornuelle), pero resultan curiosas en esta nueva autora británica que inicialmente trata de presentarnos a su protagonista como una mujer liberada y autosuficiente para luego quedar completamente a merced del psicópata o el “mazas” de turno. En fin, me parece que nunca comprenderé bien eso del feminismo.

Por lo demás, tampoco la caracterización del asesino en serie resulta demasiado novedosa para cualquiera que haya leído un par de libros de este tipo. Los problemas del pobre hombre con su padrastro resultan aburridos y la autora pasa sobre ellos como si no le importaran demasiado, por lo que dan una sensación de ser superfluos que no remite ni al final del libro. A parte de eso, el hecho de que el psicópata lo sea porque recibió malos tratos de niño resulta demasiado facilón. La “técnica” de presentarnos los pensamientos del malo en cursiva tampoco ayuda mucho, y creo que tampoco es demasiado original.

Por último, la forma en la que se nos van relatando los hechos es lenta y muy aburrida. La comparación con Koontz no es posible esta vez: el autor americano, pese a escribir siempre la misma novela, lo hace con suficientes momentos de clímax, una narración mucho más fluida y un saber administrar las cosas que el lector debe saber en cada momento que están ausentes, a mi entender, en esta novela (por eso Koontz vende lo que vende).

En definitiva, se le nota demasiado que es una primera novela, utiliza elementos totalmente trasnochados del género y no sabe, en cambio, utilizar los recursos que hacen que un lector no sea capaz de dejar un libro. Todo ello, junto al final previsible, hacen de esta una novela totalmente prescindible que no aporta nada nuevo.

LA SOMBRA DEL PÁJARO LIRA (Andrés Ibáñez)

Los que quieran entretenerse con esta obra deben ser advertidos antes de nada: por favor, no lean el texto de la contracubierta cuando tengan en sus manos el volumen. Éste es una de esas geniales ideas que desvelan más de doscientas páginas de la novela. En fin, el mercado manda.

Dicho esto, pasemos a ver qué nos encontramos en este grueso libro, de cerca de quinientas páginas, escrito por el autor de El mundo en la era de Varick o La música del volumen, cuyo principal valor es su sugestión y unas cuantas buenas vueltas de tuerca.

Los habitantes del Instante Eterno, ajeno al tiempo, exploran sus habilidades de la imaginación y recorren, casi físicamente, su memoria individual. La acción nos sitúa en Glabris, un mundo fantástico muy original y evocador, de reminiscencias medievales y folklóricas, bastante interesante. El príncipe Adenar, apenas un muchacho, tiene que viajar hasta otro planeta en busca de su alma. Así, aterrizará en un espacio muy similar al nuestro y vivirá singulares peripecias.

La sombra del pájaro lira recorre distintos tipos de novela fantástica. Por un lado, la historia comienza como una aventura de fantasía, de corte tradicional y fabuloso, que se convierte en ciencia-ficción a raíz del viaje interplanetario. Esto da lugar a una narración de extrañamiento, pues Andrés Ibáñez, a través de los ojos del protagonista, observa por primera vez un mundo ajeno. Se propone, entonces, un choque entre dos civilizaciones y dos formas de entender la vida.

Sin embargo, el libro comienza a desvelar datos asombrosos, que dotan a sus páginas de un angustioso y profundo significado. Estas revelaciones, descubiertas, como ya he comentado, en la contracubierta, arrastran la obra hasta el fantástico de corte más existencial.

A pesar de estas notas tan apetitosas, la novela no llega a ser plenamente satisfactoria. Aunque la lectura adquiere, en ocasiones, un ritmo vertiginoso, contiene bastantes altibajos. El libro posee demasiados prolegómenos y, asimismo, da la sensación de tener un final que no ha sido condensado, pues se alarga hasta llegar a la distensión innecesariamente. Por otro lado, la obra conjuga diferentes registros, pero mantiene un uniforme tono idílico y benévolo, que le acerca a la narración infantil.

Además, hay que señalar el tufillo a libro de autoayuda que no le hace nada bien a una historia, de por sí, interesante. Al igual que una defensa de la imaginación, también es un alegato a favor de la confianza en uno mismo y la superación personal. El viaje de Adenar, así, se convierte en un viaje iniciático, en un viaje interior que, cómo no, no concluye al finalizar la narración. Por muchas de las cosas ya señaladas, el volumen recuerda, irremediablemente, a La historia interminable de Michael Ende.

Por otro lado, hay que hablar de los personajes que aparecen dispersos por la novela. Andrés Ibáñez nos presenta algunas figuras muy interesantes, con un tremendo potencial. Sin embargo, apenas están desarrolladas, pues se las deja abandonadas y no se las explora. De esta forma, pues, se acentúa la sensación de sugerencia y evocación que se entronca con la característica anterior.

Así, La sombra del pájaro lira es un libro de inquietudes humanísticas que contiene algunos planteamientos interesantes y atractivos pero que, desgraciadamente, posee un acabado irregular y ciertos elementos que podrán alejar a muchos lectores de sus páginas.

DREAMCATCHER (Syephen King)

 

Dreamcatcher es la primera novela de Stephen King después del accidente que casi le costó la vida, y con sus seiscientas diecinueve páginas se sitúa en la categoría habitual, dentro de la ingente producción de King, de los pesos pesados; si no en cuanto a calidad, si al menos en cuanto a número de páginas.

La trama se desarrolla en torno a cuatro hombres, amigos desde la infancia, que se alojan en la cabaña de uno de ellos, en pleno bosque de Maine, para su reunión anual de caza. Sin embargo, esta reunión se complica por factores tan ajenos a su voluntad como una invasión alienígena, nada menos. En medio de una tormenta de nieve, los personajes se enteran (por las duras) de que una nave de otro planeta ha aterrizado en los bosques y, aunque proclaman la paz, son portadores de un virus que mata a los que lo contraen, no sin antes otorgarles brevemente el don de la telepatía. Lógicamente, el ejército interviene para contener una posible epidemia… y ahí es cuando se embrolla todo.

Como ya sabrán algunos lectores, un dreamcatcher es un artefacto artesanal indio, que suele consistir en un circulo hueco de madera con haces de hilos que se entrelazan en el centro del círculo. Al parecer, los indios americanos lo utilizaban como trampa para las pesadillas, que al entrar en la tienda quedaban atrapadas en el dreamcatcher y no podían afectar a los que dormían. Qué tiene que ver este artefacto con la trama y porqué el libro se llama así no se descubre casi hasta el final. Por cierto, King quería llamar al libro Cancer, hasta que su esposa lo convenció de las connotaciones excesivamente negativas de tal título. Sin embargo, a pesar de que esta anécdota parezca indicar lo contrario, no debe preocuparnos que King se vea afectado por la castrante ola de corrección política que nos invade: algunos de los afectados por el virus alienígena desarrollan un parásito al más puro estilo Alien… sólo que éste parásito no emerge por el estómago, sino que aprovecha un orificio de salida ya existente para abandonar el cuerpo de su anfitrión.

Como viene siendo habitual en los libros de King, iremos aprendiendo más acerca de estos cuatro personajes (y de todos los demás, sobre todo de un quinto miembro del grupo) mediante continuos flashbacks a base de recuerdos, sueños y telepatía (don que los cuatro personajes ya compartían, de forma limitada, antes de la invasión). Como también es habitual en sus libros, iremos aprendiendo el pasado de sus personajes de forma fragmentaria, parcial; paralela y complementariamente a la acción que está teniendo lugar en el presente.

King demuestra una vez más ser un constructor soberbio de personajes humanos, con flaquezas y debilidades, absolutamente alejados de cualquier arquetipo. Asimismo, sus diálogos son como siempre frescos, fluidos y naturales. Su sentido del tempo es excepcional, como también nos tiene acostumbrados: a pesar del ingente volumen del libro, no existen caídas de ritmo y toda la acción avanza imparable hasta el clímax.

Sin embargo, el argumento y desarrollo de este Dreamcatcher no superan el aprobado justito: a pesar de leerse con interés y enganchar desde la primera página (King siempre ha sabido pescar al lector desde el principio, y mantenerlo sin importar la extensión), la trama peca de un exceso de convencionalismos. Cualquiera que haya visto más de tres episodios de Expediente X sabrá en todo momento el terreno que pisa: los alienígenas son los hombrecillos grises que han venido a sustituir a los hombrecillos verdes en el subconsciente pop; hay un militar malo malísimo, un virus extraterrestre, el sempiterno (en la bibliografía de King) desastre natural que acompaña la trama como un personaje más… Y, qué duda cabe, esta acumulación de tópicos pesa en contra del libro. Los destellos de originalidad (que haberlos, haylos) y la incorrección política de los aliens no bastan para disimular lo tópico del argumento. Y es una pena, sobre todo para el lector asiduo de King, ya que éste irá recogiendo a lo largo de la lectura pistas que llegan a hacer pensar que lo que se está leyendo es una segunda parte de It… pero no hay tal.

En resumidas cuentas, a mí me parece un libro más dentro de la producción de King: recomendable, como todos, pero sin alcanzar las cotas de It, Apocalipsis, La zona muerta y tantos otros.

Carlos Manuel Pérez en www.bibliopolis.org

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