Catálogo Bibliográfico y Biográfico del Teatro Antiguo Español desde sus Orígenes hasta Mediados del Siglo XVIII, Cayetano Alberto de la Barrera

Libro de eru­dición fundamental en la bibliografía dra­mática, del que fue autor Cayetano Alberto de la Barrera (1815-1872), publicándose en el año 1860, habiendo sido premiado en el concurso de este año de la Biblioteca Na­cional de Madrid. Es un verdadero dicciona­rio de nuestros autores teatrales, consignándose sus biografías junto a la bibliografía de las obras, seguido de un índice de títulos (conforme a los géneros) y completándose la labor de estudio con varios suplementos. En la posición erudita que arranca de los Orí­genes del teatro, de Moratín, se limita a la parte objetiva, siendo aun hoy fundamen­tal para la historia bibliográfica de nuestros dramaturgos de la Edad de Oro, aunque claro está que rectificando las nuevas fechas y datos descubiertos por la investigación actual, desde la fecha en que el libro apa­reció. Representa La Barrera el tipo muy loable de agrupación erudita de datos, an­terior al sentido de animada creación de Menéndez Pelayo.

A. Valbuena Prat

Catecismo de los Industriales, Claude-Henri de Rouvroy

[Catéchisme des industriéis]. Obra del eco­nomista Claude-Henri de Rouvroy, conde de Saint-Simon (1760-1825), publicada en los años 1823-1824 en una serie de cuatro cua­dernos, el tercero de los cuales lo constituía el Sistema de política positiva (v.) de Comte. Inspirado en la necesidad de estudiar en la vida moderna los elementos que tienden al progreso y los parásitos que obstaculizan toda forma de sana política, el famoso uto­pista y reformador examina la naturaleza de los industriales. Éstos son hombres que trabajan «para producir o poner al alcance de diferentes miembros de la sociedad uno o más medios materiales de satisfacer sus necesidades y sus gustos físicos». Ellos de­ben ocupar el primer puesto en la escala social, porque son los miembros más impor­tantes de la comunidad, en lugar de ser considerados como los menos importantes entre todos los ciudadanos. Sólo con una perfecta organización de las fuerzas pro­ductivas, la vida de la nación será dirigida de un modo racional; se verán así evitadas inútiles luchas políticas y guerras de con­quista, en cuanto, con el justo empleo de los medios que el mundo ofrece a los in­dustriales, cada cual tienda naturalmente a la felicidad. Es necesario presentar a los in­dustriales un verdadero cuadro de la situa­ción social, sin ocultarles nada: favorecer la colectividad significa evitar las revueltas e incitar a las fuerzas, no a la destrucción, sino al empleo eficaz de toda energía.

Des­pués de haber definido el carácter y el po­der de los industriales, el autor pone de manifiesto la formación de la industria bancaria. El gran empleo del dinero para im­portantes trabajos facilitará empresas de todo género, de una forma que centuplicará la actividad de los particulares y la pondrá bajo el control de mayores y más perfectas organizaciones. Por lo demás, el poder ad­ministrativo deberá dominar a los militares e incluso a los legisladores, por cuanto es más perfecto y tiende orgánicamente hacia la unión de todas las fuerzas. Varios ejem­plos muestran en la historia las graves cri­sis ocasionadas por la falta de conocimiento de las leyes económicas; por ejemplo, la del industrialismo inglés contemporáneo. Pero el gobierno británico sostiene en Eu­ropa el régimen gubernativo, mientras que en América el sistema de organización in­dustrial es sostenido contra el sistema esta­tal. Demostrada claramente la necesidad de considerar las leyes económicas que deben gobernar la sociedad, hay que tener fe en el porvenir: un mejoramiento eficaz de la vida en Francia y en Europa se perfila en el horizonte. Los sabios y los industriales contribuirán a dar a la humanidad el sueño de su redención y de su felicidad. La pu­blicación es notable además porque indica en el aspecto filantrópico — socialista por definición — del sistema económico uno de los caracteres de la nueva sociedad.

C. Cordié

Catalina, Hija de Houlihan, William Butler Yeats

[Kathleen ni Houlihan]. Drama en un acto del dramaturgo, poeta y narrador anglo irlandés William Butler Yeats (1865-1939), represen­tado en Dublín en 1902. Místico e idealista, soñando en un arte que redimiese a las al­mas de la tristeza gris del industrialismo y del urbanismo, Yeats se inclinó a servirse de un teatro filosóficamente naturalista, lle­no de vaga espiritualidad y rico en simbo­lismo. El argumento de esta Cathleen ni Houlihan se parece al de la Condesa Ca­thleen (v.): aquí no se trata de una con­desa que vende su alma al diablo para res­catar las de sus súbditos que las han mal­vendido a cambio de pan, sino de una pobrecilla, símbolo de Irlanda pobre y des­calza, que da vueltas pidiendo el sacrificio de sus hijos. Más que un drama es una alegoría política. La pobrecilla que, impul­sada por el largo vagabundeo por el mundo, después de que sus verdes campos y su mis­ma casa han sido invadidos por los extran­jeros (estamos en 1798, en la época en que Irlanda, ayudada por los franceses, intentó la rebelión), entra en la quinta rústica de Pedro en Killala, mientras los franceses des­embarcan en este puerto irlandés, y narra sus desventuras, sus amores, sus esperanzas de liberación y pide, no dinero, sino «al­guien que se ofrezca a sí mismo», es Irlan­da, azotada por siglos de sujeción y despo­jo, pero presta a acudir juvenilmente a la llamada de la libertad. Y Miguel, el hijo de Pedro, que espera en la casa paterna a Delia, su novia, a quien mañana llevará al altar, queda extático, y los trajes nupciales le caen de sus brazos: «¿De qué bodas me ha­blas, mamá? ¿Qué vestidos he de ponerme?» Entra Delia y con ella Patricio, el herma- nito de Miguel, y lanza los brazos al cuello de su novio para retenerlo; pero él se pre­cipita afuera, persiguiendo la voz de la Po­brecilla. «¿Has visto — pregunta Pedro a Pa­tricio— una vieja que bajaba por el sen­dero?» «No; en cambio he visto una joven, que subía como una reina». El éxito del drama fue enorme y un estremecimiento de entusiasmo se extendió por toda la isla. Pero, en realidad, la obra está demasiado ligada al momento en que nació.

G. Piou

L’ESCRIPTURA INSÒLITA

Manuel Baixauli
Ignot
Edicions del Periscopi, 2020, 253 pàgs.

per Anna Rossell

Com definir la literatura que practica Manuel Baixauli? Contestar la pregunta no és gens fàcil, i que no ho sigui és un símptoma que respon, en certa manera, la pregunta. Perquè la seva escriptura escapa a les etiquetes i això ja la defineix.

A Ignot la veu narradora que crea Baixauli ens desvetlla uns pensaments de Mateu, un dels seus personatges, sobre la novel·la d’una altra de les seves criatures, Ivor: «Inventory [el títol del llibre] era una novel·la sovint caòtica, amb incomptables digressions, amb històries dins les històries, testimoni d’algú que observa el que passa al seu voltant amb ull perplex, al·lucinat». O també quan afirma d’un altre personatge: «La prosa de Crisòstom forada murs, ultrapassa límits, penetra el desconegut». Aquestes paraules es poden aplicar, fil per randa, a la literatura de l’autor valencià. Però cal dir que «caòtica», per bé que li escau, no és de cap manera en un sentit negatiu. Ben al contrari, Baixauli fa del caos i de les digressions un art, un dels trets més essencials de la seva narrativa.

L’autor ens ho posa igualment difícil si ens plantegem explicar al lector quines històries narra. A Baixauli no li interessa desenvolupar una història; el que fa és explorar, per a si mateix i per als lectors, profundes vivències i intuïcions que el porten i ens porten més enllà, que no ens donen respostes definitives, sinó, ben al contrari, que no acaben mai «d’anar més enllà. Accés a l’inaccessible. Finestra sempre». Ell no ho diu, no ho escriu, sinó que ho practica. I en això rau el seu més pregon mestratge. El que Baixauli ens vol dir no ho trobem en les paraules, sinó en el muntatge, no tant en el què, sinó gairebé exclusivament en el com.

Certament, els mons a què ens dona accés giren preferentment entorn de la literatura i de la pintura i el dibuix; són els que millor coneix —l’autor mateix és escriptor i pintor—. Però el que pretén explorar és la creació. Al voltant d’aquest eix gira Ignot (i no només Ignot). Alguns subtemes sí que hi són presents directament com a part de les converses que sostenen els personatges o dels seus pensaments: la crítica literària, els concursos, literaris o de pintura (que no en surten gens ben parats), les reflexions sobre la nefasta influència de la popularitat sobre la qualitat de la producció artística, sobre la superficialitat de certs corrents pictòrics avantguardistes o la influència en l’èxit o el fracàs de factors aliens a la qualitat…

El títol Ignot anuncia una bona part de la temàtica que ens trasllada l’autor a través de peculiars personatges. Units pel comú interès de la creació artística: els uns com a grans lectors i descobridors de genis, altres com a escriptors o pintors i dibuixants, tots ells conflueixen en una complexa relació que els va posant en contacte, directe o indirecte, per formar una teranyina a través de la qual Baixauli ens dona a entendre tota una filosofia i concepció de la creació. Els seus són personatges solitaris, dedicats amb cos i ànima a la descoberta de l’art, de la bellesa, que és, al seu torn, la descoberta d’ells mateixos. L’autor aposta per l’autenticitat, al marge de tendències, modes i fama; els seus protagonistes les defugen, com sembla que les deu defugir el propi autor. Els seus són personatges insòlits, feréstecs i genials, que, sorprenentment i simptomàtica, es van trobant perquè s’assemblen i coneixen només alguns erudits iniciats. L’un ens condueix a l’altre i aquest altre ens retorna a l’un. Tots ells, però formen part d’un grup d’elegits que viu al marge dels grans esdeveniments i fins a la fi de les seves vides resta ignot al gran públic. Baixauli els envolta d’una atmosfera enigmàtica que manté la intriga i la tensió, que, per bé que no és el que atorga més interès a la novel·la, sí que n’és un ingredient primordial, en tant que ens obliga a plantejar-nos qui és qui, pregunta de la qual se’n desprenen moltes altres que sí són essencials del concepte que l’autor té de la realitat i de la ficció.

Passa amb els personatges d’Ignot com amb les matriusques russes: Baixauli basteix un univers on els va situant individualment, però acaben per encaixar l’un en l’altre, inclòs el propi Baixauli, que s’incorpora, també ell, a la novel·la com a personatge. Formulat d’una altra manera podríem dir que ens presenta un panorama on la visió estereoscòpica no existeix sinó en un lent procés, de manera que assistim a aquest procés fins que la imatge esdevé gairebé del tot estereoscòpica, deixant obert, però, l’interrogant del gairebé.

Els llibres de Baixauli giren al voltant de temes recurrents, però mai de la mateixa manera, no es repeteix. Li agrada submergir-se en realitats paral·leles, trencar els límits entre realitat i ficció, perquè no n’hi ha, de límits; desdibuixar les fronteres entre nivells de realitat… així fa trobar-se personatges difunts amb vius, sap crear ambients amb una força simbòlica onírica kafkiana; títols i personatges d’altres llibres seus es fan presents també a Ignot, com l’arquitecta Orofila Martí o la seva anterior novel·la La cinquena planta. La transmigració li és una eina de treball. La novel·la que escriu Crisòstom conté personatges de la de Baixauli… Li agrada emmarcar una realitat dins d’una altra, encaixar-les, com si tot esdevingués, finalment, unitat.

Però la literatura que gasta Baixauli no s’esgota en la paraula. L’autor fa ús de la fotografia i del dibuix per narrar. Les seves imatges estan al servei del text: la seva funció no és la il·lustració del que diu el text (encara que de vegades ho sembli), sinó que hi són en lloc de text. Com tot sovint ens ha donat a entendre l’autor, a ell no li agrada dir les coses directament; com a molts dels seus personatges li interessen els silencis, les taques a les parets, les ombres que es projecten en un llençol, tot allò que provoca la imaginació de qui llegeix o de qui mira i veu, allò que apel·la al subconscient. Així les fotografies són vagues, evocadores i provocadores; els dibuixos, sovint acompanyats d’alguna frase amb lletra trencada difícil de llegir, però no il·legible, suggerents; plantegen preguntes més que donen respostes, mai en color, sempre en tonalitats de grisos.

A banda de tot això, que no és poc, Ignot té l’interès afegit que fa esment de tot un seguit d’escriptors i artistes, d’existència real, alguns de renom universal, d’altres, però, ignots, que poden ser una descoberta per al lector. De manera que Baixauli, com alguns dels seus personatges: Jaume Font, el Mestre, Crisòstom i Don, s’erigeix en descobridor de talents i ens serveix de recomanació amb garanties. Com Ivor, com Edmund Bosch, ell també fa inventari.

L’acció —si és que podem parlar d’acció— abasta episodis des de l’any 1966 fins més enllà del 2000, per bé que no segueix una cronologia lineal. La novel·la alterna la veu d’un narrador omniscient amb la de Mateu, l’única figura que parla en primera persona.

Sense cap mena de dubte Baixauli és un narrador de gran altura. Insòlit.

© Anna Rossell
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Sobre Catalina de Médicis, Honoré de Balzac

[Sur Cathérine de Médicis]. Complicada y vasta obra narrativa en tres partes de Honoré de Balzac (1799-1850), escritas en dos etapas en 1828 y en 1836, publicada íntegra en 1843. En la primera parte, El mártir calvinista, las intrigas de la complicada política de Cata­lina de Médicis, en tiempos del débil Fran­cisco II y de la astuta María Estuardo, están iluminadas por viva luz novelesca en una serie de episodios dramáticos que se enlazan con la aventura de un imaginario protago­nista: el joven Cristóbal, hijo de Licamus (el peletero de la Real Casa). Este Cristóbal, ferviente adepto de la reforma calvinista, después de haber tomado parte en una serie de intrigas secretas en las que está envuelta incluso la Reina Madre, resiste heroicamen­te terribles martirios para no comprometer a su real cómplice. Encuentra más tarde su recompensa cuando, convertida en Regente después de la caída de los Guisa, con la su­bida al trono de su hijo menor Carlos IX, Catalina le nombra consejero en el Parla­mento, lo cual le lleva a abjurar y calmar su idealismo heroico en el quieto e intere­sado conservadurismo paterno.

Con la segunda parte, La confidencia de los Ruggieri, el autor quiere presentar el mundo legen­dario de hechiceros e histriones que vivía unido a la corte de Catalina de Médicis. Lo­renzo y Cósimo Ruggieri parecen realmente dotados de poder adivinatorio, que explo­tan, sin embargo, revistiéndolo con muchos engaños. Catalina se sirve de ellos en sus intrigas para satisfacer su sed de dominio y para someter la voluntad de su hijo Car­los IX. Después de una complicada aventu­ra, el rey consigue tener en su poder a los hermanos Ruggieri y está a punto de hacerles matar; pero en una conversación con ellos (se trata de páginas dramáticas y cu­riosísimas, donde se resume en verdad todo el interés del relato) queda fascinado por su astuta habilidad, sorprendido y profun­damente turbado por algunos pronósticos que se cumplen de lleno, y acaba concediéndoles la salvación.

La tercera parte, Los dos sueños, nos transporta completamente a un mundo fantástico. En una comida del si­glo XVIII, dos provincianos desconocidos narran sus sueños. Uno de ellos, abogado, explica que soñó a Catalina de Médicis, la cual exaltaba la noche de San Bartolomé, aunque a su juicio, no fue del todo eficaz porque la hecatombe purificadora no fue lle­vada hasta el fin; y la sombra de Catalina le amonestó para que un error similar no se repitiese. El otro, un cirujano, cuenta que soñó en .un enfermo que tenía que operar al día siguiente, bajo cuya piel vivían gran cantidad de seres en lucha entre sí, de modo que, cuando clavaba el bisturí en la llaga cancerosa, mataba* millares y millares… Ex­travagante fantasía que en sustancia quiere demostrar que el ejemplo y los métodos de Catalina de Médicis pudieron muy bien ha­ber inspirado la política de ciertos hombres de la Revolución Francesa. El abogado sería Robespierre, y el cirujano, Marat. La fa­rragosa obra, que cuenta con numerosas pá­ginas pintorescas y episodios trazados con excepcional vigor, pese a la íntima debili­dad de la construcción, muestra un Balzac todavía atraído por la novela histórica; que trata de aplicar el sistemático y sutilísimo análisis psicológico y sus fantásticos sondeos en las misteriosas profundidades de la vida social, con los que consigue frutos mucho mejores cuando los aplica al estudio de la vida contemporánea.

M. Bonfantini