EL LABERINTO DE UN AMOR IMPOSIBLE (Elkonin, Daniil B.)

Publicado por sonia el Thursday, March 18th, 2010 a las 11:00

Algunos de los temas que nos encontramos constantemente en toda la obra son los malos tratos, los prejuicios, la cultura machista, la religión y la hipocresía, el amor, la homosexualidad… En general se trata de personajes de espíritu joven y bondadoso que van aprendiendo de la vida, enfrentados al dolor y a la tristeza, y que contrastan con la exageración de los rasgos que retratan a los maltratadores con grandes dosis de crueldad, ambición y crudeza. Llena de drama y dolor, sirve a modo de denuncia de todas esas historias anónimas que sólo llegan a nuestros oídos como ruido de fondo en el telediario. El mensaje e intención de la obra consigue hacernos más conscientes del sufrimiento de inocentes en manos de perversos intolerantes sin escrúpulos que tienen el poder social o económico y no admiten ni comprenden las diferencias ajenas.

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CUANDO NADA IMPORTE (Rafael Simarro Sánchez)

Publicado por sonia el Wednesday, March 17th, 2010 a las 11:00

Como si se tratase de partituras escritas para un instrumento musical, las dieciocho composiciones que integran este poemario han sido concebidas en rescate de una estrofa poco usada en la actualidad: el cuarteto-lira de rima asonante. Los temas tratados en los poemas varían, desde cuadros románticos y elegíacos, verdaderos paisajes del alma, hasta recreaciones de tipo histórico o literario. En la visión del poeta, conmueve tanto la contemplación de las majestuosas ruinas de un templo romano como la inesperada dulzura que proporciona acariciar a un perro. Y es que, venga la poesía de donde venga, y alimente su sueño en regiones remotas o en lugares cotidianos, al corazón siempre ha de encontrarlo disponible…

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ALIENTO A MUERTE (Haghenbeck, F.G.)

Publicado por sonia el Tuesday, March 16th, 2010 a las 11:00

Tehuacán, México, 1868. El emperador Maximiliano ha sido fusilado. Las veleidades imperialistas francesas han sido arruinadas por el ejército republicano del presidente Juárez. Tras regresar de la guerra y del campo de prisioneros, Adrián Blanquet, oficial mexicano del derrotado ejército imperial e hijo de un rico hacendado, vuelve a contemplar el pueblo que abandonó y donde ahora lo dan por muerto.
Todo se ha perdido: su padre se quitó la vida tras verse traicionado; su mujer, Victoria, ha desaparecido, y la fortuna familiar ha sido usurpada. Blanquet tendrá que enfrentarse a todo un pueblo dominado por sus enemigos, con la única ayuda de un cocinero enano de origen francés, antigua atracción de feria, dos prostitutas siamesas… y unas alforjas llenas de monedas de oro, de origen incierto.
Ésta es la historia de una venganza: la de Adrián Blanquet, un hombre que escapa de la muerte para castigar a todos aquellos que traicionaron el mundo que él conocía, y que está desapareciendo. A través del recorrido por una imaginaria exposición de pinturas y piezas históricas, Haghenbeck recrea el cambio del México imperial al republicano, y nos atrapa con la fuerza de su prosa y sus diálogos en una lectura sin respiro hasta la última línea.

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EL HOMBRE QUE HABLABA CON LAS RANAS ( Miguel Ángel Rodríguez)

Publicado por sonia el Monday, March 15th, 2010 a las 16:12

El polifacético Sevilla vuelve a la carga avalado por el éxito de ventas de sus dos libros anteriores: Memorias de un Homo erectus y Diario de un ninja. En El hombre que hablaba con las ranas el vocalistas de Mojinos escocíos nos cuenta que aprendió el idioma de los batracios para filosofar con ellos, que se refugió en una casa para escribir y el fantasma que la habitaba le sirvió de negro o que viajó en el tiempo para encontrarse consigo mismo. Una obra para reír y no parar. Una revisión inteligente y lúdica de la realidad donde vivimos con el mejor humor del sur.

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LA ESPADA DE LA VENGANZA, de Jack Ludlow

Publicado por Aretino el Monday, February 22nd, 2010 a las 12:29

Ya han transcurrido cuarenta años desde que el destino de dos niños, Aulus Cornelius y Lucius Falerius quedó marcado por una profecía. Aulus, víctima de una traición, ha muerto y Lucius, convertido en el senador más poderoso y ambicioso de Roma, luchará por evitar hacer frente a su destino final. Mientras tanto en Hispania, un joven Aquila intentará descubrir el mensaje oculto de un extraño amuleto en forma de águila que le entrega su madre adoptiva en el lecho de muerte.

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EL FARO DE LA ÚLTIMA ORILLA ( Stephen Marlowe)

Publicado por Aretino el Thursday, January 21st, 2010 a las 09:16

Lo mejor y lo peor de esta novela es que es nbecesario conocer la vida y obra de Poe para savcarle todo su verdadero sentido. Es, pues,m una novela para eruditos d eun tema concreto, aunque los que no lo sean tanto también disfrutarán de su lectura.

Se abre la novela con una cita: ¿Acaso no es todo lo que vemos o parecemos sólo un sueño dentro de un sueño?. Terminada la lectura y pasada su última página, esta frase adquiere todo su significado. EL FARO DE LA ÚLTIMA ORILLA es un texto de una fantasía evocadora; realidad y sueño se confunden, ¿no es acaso lo mismo vivir una realidad que creer que se está viviendo una realidad? Los últimos desgraciados días de vida del literato Edgar Allan Poe, secuestrado literalmente por agentes de cierto partido político; agonizante poco después sobre una cama en el Hospital de Baltimore, es la excusa perfecta que da pie a la narración. Poe se retrotrae y cobija en los recuerdos de su pasada existencia, alumbrando sus vivencias en compañía de amigos, enemigos, amantes y esposa; confundiendo en su lecho de moribundo las verdaderas personas de su vida con los personajes de su vida literaria. Ambas vidas jamás estuvieron del todo separadas. Llegados a un punto, es difícil discernir el límite entre lo sucedido realmente y lo que Poe ha creído en verdad experimentar. Sus conversaciones con C. Auguste Dupin, célebre detective diletante creado por él mismo, son muy reveladoras a este respecto, así como sus viajes a París (en donde el autor jamás estuvo), o a la idealizada isla de Panchatán, escenario de unas surrealistas aventuras en las que él mismo toma a la vez el papel de creador y protagonista. Tal es el deseo de Stephen Marlowe de incidir en su idea, de mostrarnos este maremágnum de realidad distorsionada, que en ocasiones la lectura se hace un poco confusa; es necesario estar atento a cada giro de la trama, y a cada desplazamiento de los personajes dentro de ella. Curiosamente, aunque la novela está abundantemente poblada de personajes, tanto reales como imaginarios, hay uno que se convierte en protagonista casi absoluto, y ése es Edgar Allan Poe. Todo gira en torno a su figura, como en torno a un sol ya moribundo; él es el motor y el alma de la historia. Ya sea en su identidad de Phidias Peacock o en la de Thomas W. Fredericks (lo que puede dar una idea de lo esquizofrénico de la trama urdida) la figura de Poe consume a todas las demás, que no parecen si no pálidos reflejos fantasmales que acompañan al espectro supremo, un Poe que se representa en la novela tan pronto como un volcán de ideas y de ilusiones condenadas al fracaso, como un ente herido y confuso, sepultado por la terrible convulsión de lo que sin duda fue su prodigiosa mente. Stephen Marlowe ha optado por intentar parir una novela genial. La idea es tan hipnótica y el resultado final tan monstruoso como se podría esperar: es una novela brillante, aunque no genial. El texto, formado por multitud de capas, sin duda resulta enriquecedor para el que lo lee; resulta enigmático, a la vez que divertido, pasar cada nueva página, avanzar un tanto más en lo que se cuenta, para ver hacia dónde nos lleva. Al final no nos lleva a ningún terreno nuevo, el juego del autor (ya avisados) lo hemos seguido desde el principio: constatar, según la maravillosa teoría de todo aquel que goce de (y con) las exultantes quimeras de la imaginación, que la vida es sueño. En definitiva, una muy recomendable lectura; considerar también que la prosa de Marlowe es todo lo correcta que se pueda desear, y sus descripciones de escenarios y personajes, más que ilustrativos. Tengo la impresión, de todas formas, de que con una segunda lectura, el libro ganará en riqueza. De aquí a unos años, se verá.

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EL DIABLO ENAMORADO (JACQUES CAZOTTE)

Publicado por Aretino el Saturday, December 26th, 2009 a las 07:12

Dividir en siglos la historia no es menos arbitrario, tal vez, que dividir en puntos el espacio o en instantes el tiempo, pero esas unidades son arquetipos que nos ayudan a imaginar y cada siglo nos propone una imagen coherente. El admirable siglo XVIII fue el siglo de Voltaire y de la Enciclopedia, pero fue también el siglo de Swedenborg y de su rebelde discípulo, William Blake. Quizá no huelgue recordar que fue el siglo de Osián, del apócrifo Osián y de la epopeya celta, que inauguró el vasto movimiento romántico. Ese ambiguo carácter se refleja en el Diable amoureux de Jacques Cazotte.

 Está redactado en razonable y clara prosa francesa, pero su fábula es fantástica. Ya Voltaire en Micromegas y en Le Blanc et le Noir había dado el ejemplo; ya Antoine Galland había revelado al Occidente el Libro de las Mil y Una Noches. Cazotte recordaría su título en Mille et une fadaises, Contes a dormir debout; de igual modo, el Diable amoureux es una voluntaria antítesis de Le Diable boiteux de Le Sage. El argumento de Cazotte no se reduce a un artificio del Demonio que toma forma de mujer para apoderarse de Alvaro; el demonio, enredado en su propio juego, se enamora de Alvaro, como si la fugaz mascarada hubiera transformado su esencia, hasta convertirlo en la verdadera y apasionada heroína de la obra. Nada queda en Biondetta de la monstruosa aparición que responde al conjuro de Alvaro en las ruinas de Portici y que le dice en italiano: Che vuoi? La máscara es el rostro; la satánica seductora es la seducida y seguirá siéndolo, ansiosa y plañidera, en el decurso de la fábula, tan llena de episodios idílicos. Una y otra vez Belcebú-Biondetta agota las diversas artimañas que todas las mujeres inventan para atraer a un hombre. El estilo, deliberadamente frívolo, suele jugar con el terror, pero, a diferencia de Vathek, que es de fecha ulterior, no se propone nunca alarmarnos. Cazotte no pudo prever que su fábula sería sometida a la mitología patológica del reciente Procusto, Sigmund Freud. Gabriel Saad, discípulo de Procusto, ha conseguido que el Belcebú-Biondetta sea una hipótesis de la madre y del padre del escritor, lo cual es más quimérico y, sin duda, más terrorífico que el libro que se propuso explicar. Agreguemos que es menos encantador.

 Cazotte nació en Dijon hacia 1720. Como Diderot y como Joyce fue educado por los jesuitas y, a diferencia de ellos, no abjuró de la fe cristiana. Según Nodier, Cazotte a los veinte años, ya instalado en París, escribe: «yo era un enamorado de la soledad, del recogimiento, de las meditaciones vagas y fantasiosas… resolví aislarme totalmente y de casi todos, incluso en las formas más comunes de la vida exterior. Vestía, entonces, un largo traje cuidadosamente abotonado hasta el mentón, un sombrero redondo y chato, de anchas alas caídas, polainas de cuero crudo cerradas con broches de acero. A esto se agregaban cabellos sin empolvar, cortados bastante cerca de la frente, y caídos sobre el cuello y los hombros». En 1747 obtiene el grado de comisario en la marina y es destinado a la Martinica. Se casa ahí con la hija del juez de la isla, Elizabeth Roignan. Dos años después, rechaza una invasión de los ingleses. Ya anciano invocaría en sus cartas la memoria de esta resistencia para que la Martinica se defendiera de un ataque de los soldados de la República. A la par de la rutina oficial, Cazotte, dedica su tiempo a trabajar la finca que su mujer trajo en la dote. Hacia 1758 decide regresar a su patria. La Compañía de Jesús había organizado un vasto sistema bancario, que ahora lleva el nombre de Traveller’s checks. Cazotte aprovecha el sistema y la estrecha amistad que lo une a la Orden, para confiar a su cuidado el monto de la venta total de sus bienes en la isla. En Francia intentaría, vanamente, recobrar un solo centavo. Al cabo de un epistolario, no menos paciente que inútil, al superior de la Orden, publica una memoria relatando la infeliz culminación de un vínculo que data de su infancia. Por fin, resignado, inicia un pleito. La ruptura coincide con su acercamiento al ocultismo y parece alentar su actividad creadora. En 1762 publica un poema en 12 cantos, donde combina verso y prosa, titulado Ollivier. Lo sigue otro volumen, cuyo inesperado título es Lord Impromptu. En 1772 publica el Diable amoureux; el éxito es tan grande que se le acusa de haber revelado misterios que los iniciados deben guardar. Los críticos, razonablemente, atribuyen a la imaginación del autor el encuentro con el Demonio. Su fama de visionario permitió que le atribuyeran una profecía de su propia muerte y del terror. Por lo demás, el propio Cazotte declara: «Vivimos entre los espíritus de nuestros padres; el mundo invisible se cierne a nuestro alrededor… sin cesar, los amigos de nuestro pensamiento se nos acercan familiarmente… Veo el bien, el mal, a los buenos y a los malos; a veces la confusión de los seres es tal, cuando los miro, que no siempre sé distinguir, desde el primer momento, a los que viven en su carne de quienes han dejado las apariencias groseras…» Y agrega después: «Esta mañana, durante la oración que nos reunía bajo la mirada del Todopoderoso, el cuarto estaba tan lleno de vivos y de muertos de todos los tiempos y de todos los países, que no podía distinguir entre la vida y la muerte; era una extraña confusión, pero también un magnífico espectáculo.»

 Monárquico ferviente, no oculta nunca su adhesión a Luis XVI. En agosto de 1792, las autoridades secuestran unas cartas en las que se cree ver una conspiración. Cazotte es arrestado; su hija Elizabeth lo acompaña voluntariamente a la cárcel. La suerte le depara un fin espléndido; al subir al patíbulo, bien cumplidos los setenta años, podrá decir: «Muero como he vivido, fiel a Dios y a mi rey.»

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LOS HOMBRES QUE MATÉ (F. P. CROZIER)

Publicado por Aretino el Saturday, December 19th, 2009 a las 07:09

Antes y después de que el soldado de infantería Barbusse publicara Le feu, han abundado las diatribas contra la guerra, escritas por civiles condenados de golpe a su esclavitud y hartos del ejercicio de matar y de esperar la muerte. The Men I Killed no es menos elocuente que esas diatribas, pero de todas ellas lo separa una circunstancia increíble: lo ha redactado un general del ejército inglés. En cuanto se refiere a la guerra, F. P. Crozier puede hablar con autoridad: se ha batido en el Sudán, en Burma, en el Transvaal, en Francia, en Flandes, en Irlanda, en Lituania y en Rusia. «Sé algo de matar», dice en el primer capítulo de su obra. «Ay de mí, sé muchísimo de matar. Sé demasiado.»

 Los muertos a que alude el título The Men I Killed («Los hombres que maté») no son, precisamente, gloriosos, aunque podemos afirmar con verdad que han muerto por la patria. Se trata de hombres pusilánimes o aterrados que pueden contagiar de pánico a los demás y que perecen en el fondo de las batallas, sumariamente ejecutados por el revólver de su oficial o por el impaciente bayonetazo de un compañero. Menos desdichados que el desertor, su muerte punitiva suele perderse en la confusa muerte general de las vastas batallas, y no es raro que dejen a sus hijos un nombre venerado. El general Crozier afirma: «Muchos, erróneamente, suponen que la seguridad del frente británico era cuestión de artillería, de coraje y de municiones. Mentira: la seguridad de tal punto del frente, a tal hora era cuestión de dos o tres hombres listos a obrar, si era necesario, con un desdén total de la hidalguía, de la tradición y de las buenas costumbres. Siempre he tenido en mi batallón a un hombre de este tipo… El público no sospecha esas cosas; el público supone que las batallas se ganan con valor y no con asesinatos».

 El general ha dedicado su libro: «A los genuinos soldados de cualquier país que se aguantaron hasta el fin (who stuck it to the end) en el frente, y a los genuinos pacifistas de cualquier país que se aguantaron hasta el fin en la cárcel».

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LAS AVENTURAS Y DESVENTURAS DE LA FAMOSA MOLL FLANDERS (DANIEL DEFOE)

Publicado por Aretino el Wednesday, December 16th, 2009 a las 06:37

 

Si no me engaño, el hallazgo esencial de Daniel Defoe (1660?1731) fue la invención de rasgos circunstanciales, casi ignorada por la literarura anterior. Lo tardío de ese descubrimiento es notable; que yo recuerde, no llueve una sola vez en todo el Quijote. Más allá de esa tecniquería, como diría Unamuno, es admirable en su labor la continua creación de personas queribles y pecadores y el agrado peculiar de un estilo que no adolece nunca de vanidad. Saintsbury opina que su obra marca una etapa entre la novela de aventuras y la hoy llamada psicológica; las dos, de hecho, se confunden. El Quijote no es menos el carácter de don Quijote que los trabajos que padece; Robinson Crusoe (1719) no es menos el sencillo marinero, de origen alemán, que arma su habitación en la isla desierta que el penetrante escalofrío de la huella humana en la arena. Defoe, dicho sea de paso, mantuvo en el puerto de Bristol un largo diálogo con Alexander Selkirk, que vivió cuatro años y cuatro meses en la isla de Juan Fernández, al oeste de Chile, y que sería el prototipo de Crusoe. Conversó al pie del patíbulo con el ladrón de caminos Jack Sheppard, que fue ahorcado a los veintidós años y cuya biografía escribió.

 Nieto de un señor rural e hijo de un carnicero, Daniel Defoe nació en Londres. Su padre firmaba Foe; Daniel previsiblemente agregó la partícula nobiliaria. Recibió una esmerada educación en un colegio disidente. Los negocios lo llevaron por tierras de Portugal, de España, de Francia, de Alemania y de Italia. Se le ha atribuido un panfleto contra los turcos. Estableció un negocio de mercería. Conoció la quiebra, la cárcel y la picota a la que dedicó un himno. No desdeñó el ejercicio del espionaje; trabajó por la unión de los dos reinos de Inglaterra y de Escocia. Abogó a favor de un ejército permanente. Ajeno a toda disciplina partidaria, se malquistó con los conservadores y con los liberales. Guillermo de Orange había ascendido al trono; la gente lo acusaba de no ser un inglés de pura cepa. En un folleto de vigorosos dísticos decasílabos, Defoe razonó que hablar de un inglés de pura cepa es una contradictio in adjecto, ya que todas las razas del continente se habían mezclado en Inglaterra, el albañal de Europa. En ese curioso poema ocurren los versos

 

 The roving Scot and bucaneering Dane,

 whose red hair offspring everywhere remain.

 

(El merodeador escocés y el danés bucanero, cuya prole de pelo colorado perdura en todas partes.) Esta diatriba le valió una pensión. En 1706 publicó el folleto que se titula Relato auténtico de la aparición de la señora Veal.

 Las Aventuras del Capitán Singleton, en Africa, prefiguran en un estilo muy disímil las futuras novelas de Rider Haggard.

 Era demonólogo; su Historia política del Diablo data de 1726.

 No deja de asombrarnos pensar que la recatada picaresca española, que nunca se atrevió a lo carnal, es la lejana antepasada de Las venturas y desventuras de la famosa Moll Flanders (1721), con sus cinco maridos, con su incesto y con sus muchos años de cárcel.

 Marcel Schwob tradujo este libro al francés; Forster lo ha ponderado y analizado.

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RÍOS DE PASIÓN Y FUEGO (Gregorio Fernández Castañón)

Publicado por Aretino el Sunday, December 13th, 2009 a las 00:25

Último libro de la trilogía leonesa de este autor, en una edición especial para bibliófilos limitada a 1.034 ejemplares.

Con tratamiento individualizado en la portada y cinco páginas más, para incluir una pieza de cerámica; firmar, sellar y numerar cada ejemplar; incluir una pluma de ave, un trébol de 4 ó más hojas y pegar un grabado (limitado a 40 copias).

 

“Parte de la historia de León, sus costumbres y paisajes, por extraordinarios, vuelven a introducirse en estas páginas. Unas páginas escritas después de haber escuchado el pulso de la realidad: a veces vivo, a veces con convulsiones de muerte. Quiero decir que, a excepción de las palabras dictadas por los recuerdos y por los amigos confidentes, no quise iniciar la escritura sin volver a ser el fiel testigo de ese instante mágico. Un paisaje, una comarca, un pueblo, un monumento, una obra de arte, unas ruinas, una fiesta, una tradición…, todo tenía que volver a revivirlo antes de plasmar con tinta el frío o el calor, la belleza o la suciedad, la historia o la leyenda, la verdad o la mentira; los sentimientos. En definitiva, me obligué a viajar por mi tierra para tocar, soñar, sentir, vivir, sufrir y llorar (de emoción o de impotencia, que de todo hubo) antes de convertirme en algo muy similar a ese humilde ermitaño –enamorado, eso sí– que, de lo cotidiano, busca hacer algo excelso. ¿Lo habré logrado? No lo sé. Pero, en cierto modo, la duda, a veces razonable, a veces cruel, es buena compañera de viaje”.

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