Antoine Gombaud, Caballero de Méré

Nació en el castillo de Beaussais, en 1607 (o según recientes estudios, en 1604), murió allí mismo el 29 de diciembre de 1684. De an­tigua y noble familia venida a menos, reci­bió en los primeros años una discreta ins­trucción; a la muerte de su padre (1620) ingresó en la Orden militar de Malta con el grado de «caballero de justicia» (de don­de su seudónimo) y tomó parte en varias campañas terrestres y marítimas, muchas veces a las órdenes del mariscal de la Meilleraye, distinguiéndose por su valor, hasta que, casi a los sesenta años, intervino en la expedición naval contra los piratas árabes y en la subsiguiente toma de Gigeri (1664), donde fue herido en un contraataque. Pasó el tiempo libre del servicio militar en Pa­rís, bajo Luis XIII y Luis XIV, adquiriendo en breve tiempo la reputación de «honnête homme» en los más importantes salones de la capital (de Sablé, du Plessis, de la Suze) hasta convertirse en el niño mimado de la marquesa de Rambouillet, su prima, en cuyo «hôtel» brilló hasta que fue suplantado por Voiture (v.), atacado después por él en el Traité de la justesse.

Sus dotes de hombre de mundo, experto en cuestiones caballe­rescas, y de grandes maneras, provisto de varia cultura, le permitieron instruir du­rante cerca de cuatro años a Françoise d’Aubigné (la futura Mme. de Maintenon), la cual, una vez encumbrada, no agradeció los desvelos de su maestro. En casa del du­que de Roannez, amigo suyo, conoció a Pas­cal, y también fue maestro de refinada ur­banidad para éste. Amó a muchas mujeres, entre otras a Ninon de Léñelos, y tuvo ilustres amigas, como la duquesa de Lasdiguières y la maríscala de Clérambaut. Habiéndose retirado en 1674 a Beaussais, can­sado de la vida cortesana, pasó los últimos años en una mediana comodidad, dedicado a la literatura, en compañía de su cuñada y colaboradora marquesa de Sepvret; mu­rió una noche mientras jugaba a los naipes con ella. Su fama ha quedado vinculada a las Conversaciones (v.) y a otras obras: Agréments (1677), De l’esprit (1677), De la conversation (1677), Les aventures de Re­naud et d’Armide (1678), arreglo libre del episodio del Tasso, Lettres (1682). Fue tam­bién traductor del español y del griego.

P. Raimondi

Rafael María Merchán

Escritor y poe­ta cubano, nació en Manzanillo el 2 de no­viembre de 1844, murió el 19 de marzo de 1905 en Bogotá. En su juventud fue aprendiz de tipógrafo, ocupación que dejó para estu­diaren el Seminario de Santiago; más tarde abandonó sus estudios y se dedicó a la en­señanza privada y al periodismo. Su ardien­te defensa de la independencia de Cuba le valió el destierro, pero siguió sirviendo a sus ideales a través de artículos periodís­ticos, y desde la dirección de Diario Cu­bano y La Revolución.

El 15 de noviembre de 1868 apareció en El País de La Habana su famoso artículo Laboremus, que, inter­pretado como secesionista, dio motivo a que, desde entonces, se denominasen «laboran­tes» a los cubanos partidarios de la revo­lución y la independencia. Colaboró tam­bién en periódicos extranjeros, tales como La Liberté de París, y se calcula que el número de sus artículos periodísticos no baja de los ocho mil. Tras la independencia cubana representó a su país ante los gobier­nos de Francia y España, y en Colombia, donde había de desempeñar una meritoria labor cultural, fue académico de su corres­pondiente de la Lengua y secretario del presidente Núñez.

La característica de sus escritos, copiosísimos, fue el frío enjuicia­miento de los problemas que se proponía, expuestos con rigor e imparcialidad crítica, como lo prueban sus trabajos La honra de España en Cuba y La autonomía cubana, así como la serenidad de su Carta al señor Juan Valera sobre asuntos americanos. De entre sus poesías deben destacarse Emocio­nes (Bogotá, 1899), y de sus ensayos, los ponderados Estudios críticos (v.).

Paul-Pierre Mercier de la Rivière

Nació hacia 1720, murió en Paris en 1794. Después de haber sido consejero del Parlamento de Paris de 1747 a 1758, marchó como inten­dente a Martinica, donde permaneció largo tiempo. Sin embargo, todavía sus ideas po­líticas y económicas eran vagas, y sólo a su regreso a Francia (1764), cuando tuvo ocasión de conocer a los más importantes representantes de la escuela fisiocrática — Quesnay y el marqués de Mirabeau —, pudo aclararlas y definirlas mejor. Se con­virtió entonces en entusiasta seguidor de la escuela, cuyas doctrinas ilustró y defen­dió primeramente en el Journal de l’agriculture, du commerce et des finances, y más tarde (1767) en su obra principal, El orden natural y esencial de las sociedades polí­ticas (v.). Es ésta una obra verdaderamente importante para el conocimiento de la fisio­cracia, tanto que Adam Smith afirmará que el volumen ofrece la exposición más eficaz y orgánica de tal doctrina que, contrapo­niéndose al mercantilismo, veía en la agri­cultura la única actividad económica efec­tivamente productiva y combatía todo lo que pudiera oponerse a su natural desarro­llo.

En la obra de Mercier la inclinación que varios autores habían mostrado hacia el poder absolutista se convierte en una explí­cita defensa del despotismo legal, distinto del despotismo arbitrario en cuanto exige la sumisión de la autoridad suprema a la autoridad anterior de las leyes naturales. Los contemporáneos, sin embargo, vieron en Mercier al defensor del despotismo tan sólo y a consecuencia de ello se promovieron ani­madas polémicas, en las que también tomó parte Voltaire. Pero cuan inexacta era esta opinión quedó demostrado a raíz de su entrevista con Catalina de Rusia, que había llamado a Mercier a Moscú, confiada en su ca­pacidad como legislador. La entrevista fue bruscamente interrumpida por la empera­triz, irritada ante las afirmaciones del filó­sofo que le había recordado que gobernar significaba someterse a las leyes que Dios había puesto en el corazón de los hombres.

Vuelto a Francia, siguió M. la cambiante fortuna de la «secta de los economistas», como eran llamados los fisiócratas. En 1770 discutió con el abate Galiani en defensa de la libertad de comercio de los cereales (L’intérét générale de l’Etat, ou la liberté du commerce des blés); en 1775, a petición del rey de Suecia, expuso sus ideas sobre ins­trucción pública (De l’instruction publique).

F. Catalano

Louis-Sébastien Mercier

Nació en París el 6 de junio de 1740, murió en la misma capi­tal el 25 de abril de 1814. Hijo de un co­merciante, asistió al Collège des Quatre Nations, y fue, durante dos años, profesor de Retórica en el Colegio de Burdeos. Vuelto a París, frecuentó ambientes litera­rios y teatrales, distinguiéndose muy pron­to por su carácter extravagante, dispuesto a aceptar las más extrañas novedades en ideas y en costumbres. Voraz lector de auto­res franceses del siglo XVI y de obras ex­tranjeras (especialmente inglesas y alema­nas) tuvo un verdadero fanatismo por Shakespeare, lo que le indujo, después de la tentativa poética de Heroides (1765), a escribir para el teatro. Mientras obtenía es­caso éxito en tal actividad, una novela fantástica (El año 2440, v.), de 1770, y so­bre todo el Cuadro de París (v.), de 1781, alcanzaban gran resonancia.

Cuando apare­cieron, anónimos, los dos primeros volú­menes del Cuadro, animada y satírica pin­tura de la capital, después de haber reve­lado al censor la paternidad de la obra, para no perjudicar a otros, partió para Sui­za, donde conoció a Lavater. Terminada la obra en Neufchátel, pasó a Alemania, donde fue muy festejado, y volvió a Francia al estallar la Revolución, que — afirmó — él mismo había preparado con sus escritos. Redactor de Annales patriotiques, se dis­gustó con los excesos jacobinos y se pasó a los girondinos. Diputado en la Conven­ción, votó contra la pena de muerte de Luis XVI y siguió de cerca las vicisitudes políticas de este período; firmó con otros la protesta de 72 diputados contra la Mon­taña, y pudo eludir después el arresto. En 1795 entró en el Consejo de los Quinientos, en el que adoptó una actitud polémica.

Ca­tedrático de Historia en la Escuela Central, sus ex abruptos suscitaban el ridículo. Fue miembro del Instituto desde su fundación. De su copiosa producción de polígrafo, re­cordemos: Théâtre (1778-1784, en 4 volú­menes); Du théâtre, essai sur l’art drama­tique (1773), en el que expone su estética teatral; Nouveau Paris (1800). Dejó manuscrito un Cours de littérature. Entre los dra­mas, citemos: Molière (1776), Philippe II, roi d’Espagne (1785), y Timon d’Athènes (1795).

P. Raimondi

Luigi Mercantini

Nació en Ripatransone (Marcas) el 20 de septiembre de 1821, murió en Palermo el 17 de noviembre de 1872. Encaminado a los estudios eclesiásticos, los abandonó y profesó la enseñanza privada en Arcevia y Sinigalia. Fue ferviente y activo patriota; fracasados los movimientos del 48, Mercantini se desterró voluntariamente a Corfú y a Zante, donde vivió de la ense­ñanza privada y de la edición de sus Versi (1850). Vuelto a Italia en 1852, residió en Turin (1853) y después en Génova. Algunos cantos y poemas patrióticos (v. Cantos) le valieron una notoriedad nacional a la que se debió, más que a méritos científicos, el nombramiento de Mercantini para la cátedra de Historia y de Estética en la Academia de Bolonia (1860) y posteriormente (1865) para la cátedra de Literatura italiana en la Uni­versidad de Palermo. Pobre y declamato­ria, pero rica en estímulos sentimentales, la lírica de Mercantini señala la estrecha conexión entre la literatura y el movimiento patrió­tico nacional italiano.

D. Mattalia