Brahmasütra o Veddntasutra

Texto filosófico hindú, que contiene la exposición del «Veddnta» o idealismo hindú. Los «Sü­tra» (v.) contienen sólo palabras típicas, incomprensibles sin el comentario; son atri­buidos a Badarayana; el comentario en cambio es obra del gran filósofo Sankara (800 a. de C.). Surgieron estos\ Sutra al mis­mo tiempo que los Mimamsásutra (v.) de Yaimini, esto es varios siglos antes de la era vulgar. Trad. alemana de P. Deussen (3.a ed. Leipzig, 1920) e inglesa de G. Tibaut (2 vols. Oxford, 1890-1896).

A. M. Pizzagalli

Brand, Henrik Ibsen

Drama en cinco actos del no­ruego Henrik Ibsen (1828-1906), compuesto entre Roma y Ariccia en 1865 y publicado en 1866. Brand, sacerdote de una religión aún no bien determinada, lucha contra los hombres entre los cuales vive, en una época de la que pudo escribir Kierkegaard: «Deja que los demás se quejen de que los tiempos son malos; yo me quejo de que son miserables porque carecen de pasión». La divisa de Brand es «todo o nada», ser uno mismo intransigentemente, o instinto o voluntad, o darse a Dios o al demonio, sin compromisos de ninguna clase. El com­promiso es su mayor enemigo porque crea en las conciencias de los hombres los replie­gues más peligrosos. Y Brand no se doblega al compromiso. Deja morir a su madre sin consuelos religiosos porque no se ha arre­pentido de su avaricia. Deja morir a su hijo porque siente que alejarse del lugar gélido donde vive sería faltar a su deber. Exige que la mujer abandone los queridos objetos que le recuerdan la dulce vida sa­crificada por ella. Y cuando también la mujer ha muerto, él, que ha renunciado definitivamente a todo y no puede ya temer las insidias del corazón, se siente en situa­ción de iniciar su verdadera obra, que con­siste en llevar a los hombres la nueva ley. Con el dinero pecaminoso heredado de su madre hace construir una nueva iglesia. Pero no llega a consagrarla porque advier­te que entre aquellos muros no puede estar la casa de Dios. Se desgañita contra la re­ligión vulgar, anuncia el nuevo verbo. El pueblo le escucha, se entusiasma, pero luego se rebela y lo lapida. Así vuelve a estar solo. Recuerdos queridos le tientan: de la casa, del hijo. En la tempestad de nieve, entre las montañas, un fantasma con el aspecto de su mujer se le aparece y le pro­mete que recobrará los bienes perdidos si renuncia a su «todo o nada». Brand no se doblega: «¿Le basta a un hombre, para salvarse, luchar con todas sus fuerzas?» grita al cielo mientras el alud le arrastra.

Y una voz oculta responde: «Dios es cari­dad». Drama severo, sin dudas, que cada vez más alcanza tonos altos y solemnes; pero en conjunto, obra amarga. Se ha dicho que es el poema de la Crítica de la razón práctica. Extraña afirmación si se considera que Brand se salva sólo cuando le falta la proterva voluntad de proclamar y obedecer a la ley no bien definida en la cual se puede representar el imperativo categórico de Kant. En realidad Brand es un perso­naje, más que oratorio, impreciso; oscila, como ha observado Croce, entre el héroe y el fanático. Ibsen aquí no está todavía maduro, como no lo está en el drama que escribió al año siguiente, Peer Gynt (v.). Sin embargo hay quien considera el Peer Gynt como su obra maestra, y quien pro­clama como tal a Brand. Por algo en el último drama de Ibsen, Al despertar de nuestra muerte (v.) el escultor Rubek de­muestra que no se hace ilusiones sobre la comprensión de muchos que le admiran. [Trad. española de P. Pellicena (Madrid, sin fecha)].4

 G. Lanza

La dramaturgia de Ibsen es, en sus raí­ces, una dramaturgia más religiosa que éti­ca o estética y no es fácil que la sientan en toda su fuerza quienes no han pasado de la concepción estética a la cumbre de la ética. (Unamuno)

Bracebridge Hall, Washington Irving

Volumen de ensayos y relatos del norteamericano Washington Irving (1783-1859), publicado en 1822. Puede decirse que está inspirado en los mismos principios de arte que el Libro de los bocetos (v.) y abunda en varias obser­vaciones de hombres y hechos. El protago­nista, el observador, Bracebridge, tiene sin duda por modelo al Sir Roger de Coverley (v.) de Addison (v. el Espectador); pero Irving consigue dar a su héroe un tono per­sonal, que aunque no sea del todo ameri­cano, tiene ciertamente independencia del personaje de Addison. El ambiente inglés está mostrado con arte sutil que alcanza el expresado por el camino de la sencilla re­presentación.

A. Camerino

Brahmana

Obras litúrgicas de la an­tigua literatura india. Pertenecen a la lite­ratura védica. Esta se divide en tres estra­tos sucesivos: primero, las colecciones de himnos (v. Sarrihita); después los Bráhmana o comentarios litúrgicos, junto con los Aranyaka (v.) o libros siniestros y los Upanishad (v.) o doctrinas esotéricas y, fi­nalmente, los Sütra (v.) o aforismos mnemotécnicos, en los que se exponen las ciencias subsidiarias de Veda (v.). Los Brdhmana eran muchos. Puede decirse que cada es­cuela védica tenía el suyo, pero se perdie­ron en su mayor parte. Fueron compuestos entre el 800 y el 500 a. de C. Los más an­tiguos que han llegado hasta nosotros son el Pancavimsa y el Taittiriya. Uno de los más recientes y el más importante es el satapathabráhmana (v.) o Brdhmana de los cien caminos.

A. M. Pizzagalli

Bradamante, Robert Garnier

Comedia en cinco actos, en verso, de Robert Garnier (1534-1590), publicada en París en 1582. Se inspira li­bremente en los amores de Ruggero (v.) y Bradamante (v.) narrados en el Orlando Furioso (v.) y particularmente, en el final del canto XLIII. La llegada de Ruggero a la isla del ermitaño, la petición de matri­monio de Bradamente por León, los com­bates de Roger en defensa de los búlgaros y su amistad caballeresca con León, dan lugar a motivos que tanto en la escena como en la narración de los personajes, son viva­mente dramáticos y novelescos. El bando proclamado para las bodas de Bradamante, la lucha de Ruggero bajo las insignias del rival y amigo León, y por fin, el matrimo­nio de Ruggero con Bradamante, están desenvueltos con mucha habilidad escénica, narrando acertadamente los acontecimien­tos ocurridos entre un acto y otro (por ejemplo, el encuentro de León y Ruggero en el bosque), pero también con vivos con­trastes de carácter en la acción misma, cuando se representa ante los propios ojos del público. Garnier, aun haciendo resaltar los momentos felices de la trama, se mues­tra bastante perspicaz presentando dramá­ticamente las varias vicisitudes de los amo­res de Bradamante, obteniendo de la obra maestra de Ariosto, ligereza de tono y finu­ra psicológica. También en este sentido, en Bradamante, el escritor sin valerse de los coros para la distinción de los actos, advier­te a los autores que no han de confundir los actos entre sí, ni tampoco se han de poner entre acto y acto intermedios escé­nicos. La obra es notable, porque al lado de los ejemplos clásicos, caros a Garnier, muestra singular interés por la materia de las novelas caballerescas italianas.

C. Cordié

Por vez primera, Garnier libra a la tra­gedia de sus declamaciones oratorias y de ese tono patético gracias al cual se creía conseguir el rigor de las obras maestras de la antigüedad. (A. Béguin)