Si Yo Fuera Fuego, Cecco Angiolieri

[S’io fossi foco]. Soneto de Cecco Angiolieri (12609-1312/13), el más célebre de su Cancionero (v.). El poeta expresa una serie, cada vez más gran­de, de deseos: las ideas expresan la actitud arrogante de un hombre que se siente odia­do por todo el mundo. Dice que si fuera fuego quemaría el mundo, y si viento o agua lo desgarraría con tormentas y dilu­vios; si fuera Dios, lo hundiría. A estas jactancias, Angiolieri añade que si fuera papa daría tanto quehacer a los cristianos que los volvería locos a todos, y que de ser emperador los degollaría. Peor todavía, si fuera la Muerte iría a ver a su padre y si fuera la Vida se alejaría de él.

Lo propio haría con su madre. Salidas violen­tas, pero que hay que juzgar a la luz del final: «De ser yo Cecco, como soy y fui, / tomaría a las mujeres jóvenes y bellas: / y las viejas y feas, las dejaría a los de­más», que revela la construcción teatral de la composición. Este soneto es importan­te para juzgar al poeta, ya que a menudo se consideró como una afirmación de indi­vidualidad exasperada y violenta, casi de un romántico en lucha contra la sociedad. Parece en cambio más conforme con los varios motivos de sus Rimas considerarlo como una expresión ostentosa de su tem­peramento triste y salvaje.

C. Cordié

Si Yo Fuera Rey, Adolphe Adam

[Si j’étais roi]. ópe­ra cómica en tres actos de Adolphe Adam (1809-1856) con libreto de d’Ennery y Brasil, compuesta en 1852 y representada por primera vez en el Théátre Lyrique de París en noviembre del mismo año. Su libreto es la transformación de un cuento árabe de Las mil y una noches (v.) [«Kisnet»] y que ha sido a menudo utilizado por los comediógrafos.

Los libretistas han trans­portado la escena a una Goa de fantasía en 1510. Un pobre pescador, Zeforis, ha sal­vado de una muerte segura a Nemea, so­brina del rey. Nemea, que apenas ha entre­visto a su salvador, se ha enamorado de él. Pero Kadoor, primo y ministro del rey, se alaba de ser él el salvador, y el Rey decide las bodas entre Kadoor y Nemea. Zeforis, también enamorado de la bella princesa, se desespera: «¡Ah, si yo fuese rey!» [«Ah, si j’étais roi!»]. Y antes de dormirse, sin darse cuenta de lo que hace, escribe estas palabras en la arena. El Rey lo sorprende; lo manda llevar dormido a palacio, vestirlo ricamente, y organiza la burla. Cuando Ze­foris se despierta se ha convertido en Bey: primero no lo cree, pero acaba por convencerse’ de que ha sido un don de los dioses, y tanto más cuando ve que así puede acercarse a Nemea, revelarle su amor y la men­tira de Kadoor, y fijar sus propias bodas en seguida. Nemea detesta a Kadoor y ama a Zeforis. Al Rey le parece entonces que la burla llega un poco lejos: da a beber a Zeforis un vino con un narcótico, y después lo manda llevar, dormido, a su cabaña de pescador. Al despertar Zeforis se desespera, pero Nemea, cada vez más enamorada, re­vela al Rey la intriga de Kadoor y obtiene el consentimiento para casarse con el pobre pescador.

Escrita en poco más de dos me­ses, esta obra obtuvo grandísimo éxito y siguió siendo de repertorio durante casi cincuenta años. Esto es debido no sólo a la vivacidad de algunas arias bien logradas, sino también al argumento desarrollado por el libretista con cierta habilidad, y al he­chizo del exotismo, elemento entonces nue­vo en la música y que había sido inaugu­rado por Felicien David con su oda-sinfo­nía El desierto (v.). Hablar de color local a propósito de Si j’étais roi, sería exage­rado : pero el músico obtuvo efectos de ritmo y de color instrumental nuevos y efi­caces en el género ligero de la «opéra-comique»; y de ello puede dar una ligera idea la popularísima «Introducción», que resume los mejores momentos de la ópera.

D. De Paoli

Siyaset Name, Nizám al-Mulk

[Libro de la política]. Tratado epicopolítico persa, del género de los llamados «Fürstenspiegel» o «espejos de príncipes», compuesto a finales del siglo XI por el estadista persa Nizám al-Mulk (m. en 1093), por encargo del sultán seleúcida Maliksháh. En él, Nizám al-Mulk recogió los resultados de su larga experiencia de visir y hombre político, puesto que durante muchos años tuvo en sus manos la direc­ción efectiva del imperio. Apenas está bos­quejada la parte teórica sobre el origen y el carácter de la soberanía, donde se acepta el principio corriente en la Edad Media musulmana del origen divino del poder. El Siyaset Name es, en cambio, precioso como cuadro, aunque asistemático y fragmentario, de las instituciones militares y civiles, administrativas y económicas, del imperio de los Seleúcidas, y en parte tam­bién de otros estados musulmanes.

Contie­ne, en efecto, para ilustrar los preceptos políticos y administrativos, numerosos cuen­tos y anécdotas, a menudo estilizados con delicioso candor, que reflejan ambientes y épocas anteriores al siglo XI. Del Estado seleúcida, el Siyaset Ñame nos enseña su estructura de feudalismo militar, la orga­nización de la Corte, el sistema de impues­tos, las relaciones entre el soberano, los vasallos y los súbditos, las relaciones con el califato de Bagdad, etc. De gran im­portancia desde el punto de vista histórico e historicorreligioso son los capítulos fina­les sobre las sectas heréticas musulmanas, contra las que los Seleúcidas libraban una violenta campaña, y de cuyo terrorismo de­bía ser víctima más tarde el mismo Nizám al-Mulk. Además de su importancia histó­rica, el Siyaset Ñame tiene también un no­table interés literario, por el estilo y la lengua en que está redactado, ambos fieles a las más nobles tradiciones de la prosa persa antigua, sencilla y eficaz, ajena al «preciosismo que había de corromperla en época más tardía. Concebido como una obra esencialmente práctica y técnica, la habilidad de su autor supo convertirla en un clásico de la literatura persa. Trad. fran­cesa de Ch. Schefer (París, 1893).

F. Gabrieli

La Situación del Hombre en el Cosmos, Max Scheler

[Die Stellung des Menschen im Kosmos]. Obra del filósofo alemán Max Scheler (1874-1928), publicada en Darmstadt en 1928. Contiene los puntos funda­mentales de la antropología filosófica que el autor tenía la intención de escribir y que no pudo desarrollar. La idea fundamen­tal es la identidad de organismo y alma, cuya unidad concreta está representada por la vida psicofísica. El espíritu se desarrolla por grados desde el impulso oscuro de las plantas, pasando por el instinto de los ani­males inferiores, y la memoria asociativa e inteligencia práctica de los animales supe­riores, hasta el hombre, en el que culmina este proceso de desarrollo. La esencia del espíritu está en su libertad, objetividad y autoconciencia, pero especialmente en ser «acto» que se dirige hacia las eternas esen­cias de las cosas y las transforma en ideas.

Este acto presupone la «reducción fenomenológica», con la que el espíritu prescinde del aspecto existencial de los objetos que se presentan a su intuición, lo que constitu­ye por tanto una inversión de la dirección vital, y esta inversión hace del hombre un «asceta de la vida», el ser a través de cuya actividad espiritual todo el universo llega al conocimiento de sí mismo. Es notable cómo con esta interpretación metafísica de la técnica fenomenológica teorizada por Edmund Husserl en las Ideas relativas a una fenomenología pura (v.), Scheler llega, abandonando la fase agustiniana de su pen­samiento, a renovar la visión de la natura­leza de Schelling; pero es precisamente este empleo metafísico — que está también im­plícito en la fase final del pensamiento de Husserl — lo que quita a la fenomenología su sentido crítico y refuerza su significado en los cuadros de la filosofía tradicional. [Trad. de José Gaos (Madrid, 1929).

G. Preti

Si una Ciudad está Situada sobre una Altura

[Shuma álu eli méli shákin]. Título de una extensa serie de textos mánticos babilónicos y asirios, una de las más importantes encontradas en Mesopotamia.

Está tomado de la primera línea de la pri­mera tabla de la serie. La serie constaba por lo menos de 174 tablas con predicciones de numerosísimos fenómenos y aconteci­mientos, tanto naturales como provocados Entraban también en ella las predicciones hechas con la observación del hígado, es decir los tratados hepatoscópicos, así como los correspondientes al nacimiento de los niños y seguramente también los astroló­gicos. La obra debe remontarse a la época de la primera dinastía de Babel (unos 2000 años a. de C.).

G. Furlani