Crítica de libros
Critica de libros, comentarios, personajes, escritores, estudios y resumenes de libros. Literatura actual y clasica. Literatura espanola, literatura hispanoamericana, literatura norteamericana, literatura europea. Libros recomendados, best-sellers y obras selectas

YASMINA KHADRA E INGRID BETANCOURT

Berta Lucía Estrada Estrada *

Yasmina Khadra (jazmín verde), es el seudónimo del escritor argelino Mohammed Moulessehoul (1955). Khadra vive actualmente en Aix-en-Provence y su obra literaria ha sido escrita en francés, no sólo porque nació cuando Argelia era aún una colonia francesa, sino porque cuando estaba en el colegio el profesor de árabe criticaba y rechazaba su forma de escribir y el de francés lo estimulaba y apoyaba; por lo que desde entonces escribir en dicha lengua se convirtió en algo natural. Es de anotar que Yasmina Khadra fue galardonado con el Gran Premio de Literatura Henri Gal 2011, concedido por la Academia Francesa, por el conjunto de su obra literaria.

Hace algunos años compré uno de sus libros, Las Golondrinas de Kabul, pero como muchos otros ha estado en la estantería de mi biblioteca esperando su lectura, ya que soy una compradora un poco compulsiva; así que a veces los libros me esperan algún tiempo para ser leídos. Y esta semana volví a encontrarme con el autor en cuestión al adquirir L’équation africaine (Éditions Julliard, Paris, 2011). Si bien al principio pensé que me encontraba frente a una pequeña joya sobre la condición humana, poco a poco este sentimiento fue cediendo, hasta tener la impresión de estar leyendo un bestseller y al final creí estar viendo una telenovela colombiana, de esas que hacen llorar a medio país varias veces a la semana. Pero sobre todo, tuve la impresión que el tema había sido escogido gracias a No hay silencio que no termine de Ingrid Betancourt. El libro de Khadra narra el secuestro de un médico alemán y de su amigo, un empresario que dedica parte de su fortuna personal a la ayuda humanitaria, por parte de una banda de rebeldes sin causa de Somalia.

Ahora bien, si hay un aspecto que resalto del libro de Betancourt, es la discreción a la hora de mostrar el horror al que se vio enfrentada; es un velo de pudor que mitiga lo que podría ser un cuadro dantesco. En cambio, en Khadra ese pudor es inexistente; más bien se tiene la impresión de ser un observador de primera fila en un circo romano del siglo XXI. Su libro es bastante realista, como si aún estuviese escribiendo para lectores decimonónicos. Pienso que la gran diferencia es que mientras que Ingrid Betancourt experimentó en carne propia siete años de infierno, Yasmina Khadra sólo ha imaginado lo que puede ser el descenso a los infiernos. Su lenguaje es cruel, despiadado, descarnado, no disfraza las palabras. Y si bien el Dr. Kurt Krausmann, el personaje principal, aprende a conocerse a sí mismo a medida que sobrevive al terror, a la manera de un viaje simbolista, un viaje al interior de sí mismo; el autor se pierde al regodearse en pequeños detalles de golpes y sangre. Sobra decir que la lectura de L’équation africaine no me produjo mayores sensaciones, más bien me dejó fría y en algunos pasajes más bien me produjo desagrado.

“No hay silencio que no termine”, es un verso de Pablo Neruda, que pareciera que hubiese sido escrito para darle un título al libro de Ingrid Betancourt. Confieso que no he sentido ningún deseo de leer los testimonios que desde hace algún tiempo están apareciendo en las librerías colombianas, supuestamente escritos por las personas que han sufrido el oprobio del secuestro. No obstante, la entrevista de Héctor Abad Faciolince a la autora, y su comentario lúcido, como todo lo que él dice o escribe, que se trata de una verdadera obra literaria, me sembró el interés por su lectura, el cual se incrementó con el artículo de Santiago Gamboa; entrevista y comentario publicados por la prensa en el segundo semestre de 2010. Lo leí despacio, tratando de sumergirme en el horror descrito en las 689 páginas de “Même le silence a une fin”, Editions Gallimard, 2010. Lo leí en francés, ya que las traducciones rara vez son fieles a las obras originales.
Mi relación con Ingrid ha pasado por diferentes etapas. La primera fue una gran admiración por su valentía; me refiero a las huelgas de hambre que hizo en el Senado colombiano o como cuando se postuló como candidata a la Presidencia de la República. También seguí con mucho interés su campaña, en la que creo recordar que distribuía condones en la calle; uno de los aspectos que influyó en mi decisión de votar por ella, ya que apruebo las posturas contestarias, además de ser un acto de sensatez en un país de doble moral como es el nuestro. Pero cuando fue secuestrada, debo confesarlo, sentí cólera y rechazo, ya que creía que ella había buscado ser secuestrada, no para quedarse 6 ½ años de su vida pudriéndose en la selva, sino para ser liberada en 48 o 72 horas con un comunicado de las FARC, lo que en ese entonces sucedía con alguna frecuencia, y lo que habría aumentado su popularidad. Durante esos años de infortunio me llegó a desestabilizar que sólo preguntaran por ella; ya que era consciente que habían muchas otras personas que estaban sufriendo el mismo calvario. Pero luego hubo un cambio en mi actitud. Cuando regresé a Francia en 2005 y vi su rostro en las Alcaldías de ciudades y pueblos por los que pasaba, entendí que ella visibilizaba la infamia del secuestro. Poco tiempo después yo misma hacía parte de uno de los grupos de apoyo a Ingrid Betancourt. El día de su liberación lloré, sentí que el terror que había vivido, era el mismo que mi país ha experimentado en esta larga guerra fratricida en la que estamos inmersos hace ya más de cincuenta años.
“No hay silencio que no termine”, es un libro muy bien escrito, con una gran riqueza de lenguaje, que muestra el gran dominio que Ingrid tiene del francés. Tuve la sensación que la autora quiso utilizar un filtro que la protegiese de los recuerdos del cautiverio, no hay que olvidar que la lengua materna de Ingrid Betancourt es el castellano; así que al filtrar las palabras en un idioma que es más lógico que el nuestro, aunque sea también de origen latino, permitió que el dolor se atenuara. Ese filtro, al llegar a mí, volvió a operar. Lo leí con sangre fría, antes de leerlo creí que iba a llorar, que me iba a estremecer pensando en la ignominia que le había tocado enfrentar y a la cual yo jamás podría sobrevivir. Pero no, no lloré, ni se me puso la carne de gallina. El velo que Ingrid utilizó para no exponer su dolor en una vitrina como si fuese una herida supurante, sino más bien como un velo de una textura fina, cuyo material es el pudor, le permitió mostrar la adversidad y el delirio humano. Pienso que esa es la gran estrategia literaria que hace que su libro no sea un simple testimonio de una víctima, sino un libro sobre la condición humana.
“No hay silencio que no termine”, nos muestra la vileza en toda su dimensión. Es un fresco de las bajezas y de la humillación, a las que somos capaces de llegar cuando la frontera entre la razón y la locura se hace tan tenue como una simple vara en la que caminamos como funámbulos. Pero también es el fresco del deseo de poder que puede apoderarse de nosotros cuando somos incapaces de ver en el otro a un ser humano con nuestras mismas debilidades, necesidades, angustias. Estoy convencida que para las FARC este libro es un golpe enorme, como si se tratase de un bombardeo de gran magnitud; puesto que nos muestra que todo el supuesto argumento “revolucionario” y “los deseos por una sociedad más justa y equitativa” son una gran falacia en el corazón de una guerrilla que hace tiempo está en los estertores de una enfermedad terminal, pero que por una u otra razón, se niega a morir; aunque todos conocemos la verdadera razón, sabemos que el narcotráfico, la guerra y las ganancias, con multitud de ceros a la derecha, evitan que haya una luz al final del túnel.
Blog: El Hilo de Ariadna en www.elespectador.com (sección cultura)
Blog: Voces del Silencio en beluesfeminas.blogspot.com

Djuna Barnes y el bosque de la Noche. Transgresora, onírica y lesbiana.

Djuna Barnes

A veces le da a uno por frecuentar esos autores a los que normalmente se llama “raros” y en esta ocasión le tocó el turno al Bosque de la Noche, de Djuna Barnes.
Escribir una opinión sobre esta novela es casi imposible sin hablar primero de la autora, una mujer peculiar y estigmatizada por su época y que, de todos modos, supo rodearse de personajes interesantes, intensos y profundamente controvertidos. En cierto modo, y si se me permite la comparación, considero a Djuna Barnes una especie de alter ego de Franziska von Reventlow, pero mucho más triste y más atormentada que la alemana.

Ambas mujeres, en efecto, se introducen en los ambientes masculinos, escriben, hacen lo que les da la real gana, mantienen relaciones de todo tipo, se codean con los mejores escritores y artistas de su época y crean un ambiente estético a su alrededor que las convierte en únicas. La prusiana, por su parte, se ríe de todo, se casa por dinero con un conde, se divorcia por dinero pero sigue siendo condesa, se muere de risa con todo el mundo y se mata en un accidente de bicicleta.

Djuna Barnes hubiese querido, seguramente, tener ese carácter desapegado, pero no lo consiguió del todo. Viajó por Europa, tuvo grandes experiencias, participó también en la locura de su época, peor pesó demasiado sobre ella el trauma de su origen, y acabó encerrándose en Nueva York durante cuarenta años, donde murió nonagenaria. El caso de Djuna Barnes no podía ser de otro modo: nacida en una colonia de artistas fundada precisamente para servir de inspiración creadora, no acude a la escuela porque su padre (violinista del montón) considera la enseñanza pública una influencia burguesa indeseable. De ese modo, aislada de los demás, es educada por su abuela y por su madre, que no consiguieron evitar que quisiera probarlo todo y no respetase norma alguna. A esto seguramente también ayudó que su padre y su abuela abusaron sexualmente de ella en su infancia y juventud.

Por lo visto, su padre no consideraba que abusar sexualmente de su hija fuese una mala influencia burguesa. Los artistas revolucionarios a menudo son así…

En cuanto a la novela, El Bosque de la Noche narra la historia de varios personajes desquiciados moviéndose por la Bohemia parisina, entre borracheras, celos, lesbianismo, relaciones atormentadas y ataques de lucidez absolutamente geniales.

Muy pocas novelas combinan con tanta perfección lo absurdo de la trama, el aburrimiento del estilo, embrollado y pedante, con destellos de fabulosa fuerza narrativa que devuelven de nuevo al lector al corazón de la novela, impidiéndole darle la patada que en la mayoría de los pasajes merece.

El bosque de la noche, por tanto, no es una novela desigual, sino una novela que basa toda su esencia en la discontinuidad, y que precisamente por ello refleja aún mejor a esos personajes sucios, arteros, egoístas y mentirosos, depravados en todos los aspectos y que, aún así, resurgen de vez en cuando de su miseria par convertirse en seres únicos a los que nadie querría conocer pero a todo el mundo le gustaría haber conocido.

La historia principal, consistente en el amor lésbico de dos mujeres por una tercera, es totalmente lírica y me parece una de las historias de amor más destructivas y más enérgicas que he leído. Cuando la lees, no te interesa nada lo que les pase, luego te preguntas si alguien en la novela está sobrio o despierto y finalmente te convences de que borrachos, drogados y suicidas son en realidad la trama del tapiz de este mundo.

Una lectura irrepetible. Aún no sé si para bien o para mal, y eso me obliga ineludiblemente a recomendarla.

El hospital de la transfiguración, o la tragedia en el ambiente. Stanislaw Lem

El hospital de la Transfiguración, de Stanislaw Lem

El hospital de la transfiguración fue la primera novela escrita por el polaco Stanislaw Lem y la compuso en un momento en el que todavía no tenía claro si quería ser escritor o dedicarse a la medicina, que había sido su primera vocación. Después de grandes problemas para que las autoridades comunistas le dieran el visto bueno, logrío al fin publicarla en 1956, aunque había terminado el libro en 1948.

La obra narra la situación de un médico al principio de la segunda guerra mundial, cuando nadie sabía si de veras iba a haber una guerra o implemente se daría por bueno el reparto de Polonia entre alemanes y soviéticos. El joven es enviado a un funeral para representar a su padre y allí vemos las figuras populares del país y su desánimo, con un ambiente de extravió que ya no nos abandonará a lo largo de toda la novela.

Porque esa es la principal virtud de Lem en esta obra: contar hechos más o menos cotidianos dejando la impresión de que el desánimo y la tragedia flotan en el ambiente aunque no suceda nada. Para ello se vale de los locos, que en el psiquiátrico donde acaba trabajando este médico  no son los aullantes internos que podemos encontrar en otros libres, sino gente triste que se pregunta qué les llevó a perder la salud.

El hospital, que sirve también de refugio  algunos personajes importantes de la intelectualidad polca, se va convirtiendo en un lugar de debate donde poco a poco se reúnen algunos de los huidos de las matanzas nazis y rusas, especialmente encarnizadas con los intelectuales polacos y cualquier clase dirigente (o que pudiese organizar la resistencia) y se nos muestra cómo el penbsamiento, la filosofía o la estética misma pueden ser también formas de escapismo ante una realidad que se prefiere no ver.

El ambiente en el hospital se va enrareciendo, y aunque los hechos no llegan a ser trágicos hasta más adelante, predomina el dominio delos paisajes sombríos, las ideas desesperanzadas, narradas con una proisa que parece transmitir el cansancio del que no sabe cómo resistirse a sus circunstancias.

Al final, con la llegada de los alemanes al hospital, se desencadenará un desenlace que no tiene nada que ver conl previstyo, o no al menos para quien llegue a la sutileza de lo que quiere contar Lem y vaya más allá de los simples hechos.

Más que un drama o una novela histórica, estamos ante una novela de ambiente, como la Investigación y, tal vez, las memorias encontradas en una bañera.

 

 

ASSIA DJEBAR

Assia Djebar

Por: Berta Lucía Estrada Estrada*
Su verdadero nombre es Fátima-Zohra Imalayene, nació en Argelia en 1936, cuando este país era aún colonia francesa. Por línea materna tiene orígenes bereberes. En esa época las niñas argelinas eran retiradas de la escuela por sus padres cuando llegaban a la edad de 10 años, esta era la edad en la que contraían matrimonio; tal y como sucede hoy en día en varios países musulmanes, como Afganistán, por ejemplo. Assia Djebar corrió con la suerte de tener un padre que supo entender la importancia de la educación, no sólo para los hombres sino para las mujeres, e incluso fue aún más lejos, ya que su deseo ferviente era que su hija se educase como una francesa. Es por ello que en el otoño de 1955 la envía a París para realizar sus estudios en la Escuela Normal Superior. Este dato que pareciera anodino, se convierte en algo trascendental, ya que Assia Djebart es la primera argelina en ser aceptada en este centro educativo. Pero antes de dicho ingreso ya había cursado estudios en una escuela coránica privada y en el colegio de Blida, donde realizó estudios de griego, latín e inglés. Después de la independencia argelina, en 1962, regresó a su país y trabajó como profesora de historia moderna y contemporánea, en la Universidad de Rabat y luego ingresó como docente a la Universidad de Argel. Aunque su lengua materna es el árabe, es la lengua francesa que ha escogido para su enorme producción literaria. No obstante, desde los años 70 estudia el árabe clásico y ésto le ha permitido enriquecer aún más su estilo y la calidad estética de su obra. Assia Djebart es una mujer comprometida con su género y con su país.

Su producción abarca desde nouvelles, novelas y poesía, hasta ensayos y obras de teatro; sin olvidar su oficio de cineasta -gremio que ha sabido darle el reconocimiento que se merece-. Su obra gira básicamente en torno a la emancipación femenina, a la reivindicación de los derechos de la mujer, al reconocimiento de todas sus capacidades; en realidad es una lucha en contra de toda clase de violencia, no sólo contra la mujer, sino contra la lengua árabe y contra el pueblo argelino. Ella misma ha dicho: “Escribir sobre uno mismo, nos pone en riesgo de muerte”. Su incansable labor en pro de los derechos humanos le fue reconocida en el año 2000 por la Asociación de Libreros y Editores Alemanes,destacando, además, su lucha por la no distorsión del Islam. Ella misma ha declarado: “Escribo, como tantas otras mujeres escritoras argelinas, con un sentimiento de urgencia, contra la regresión y la misoginia”.

En 1999 es nombrada miembro de la Academia Real de la Lengua y de la Literatura francesa de Bélgica. Ya en 1995 había sido nombrada Directora del Centro de Estudios Franceses y Francófonos de Lusiana (USA) y desde el 2001 trabaja en la Universidad de Nueva York, como profesora de literatura francesa. En el 2005 fue elegida miembro de la Academia Francesa, siendo la primera mujer de origen magrebí en obtener dicho honor.

Su obra ha sido traducida a numerosas lenguas. Sin embargo, el libro más conocido es “Mujeres de Argelia en su apartamento”. El título hace referencia a uno de los cuadros más famosos de Eugène Delacroix, realizado por el artista en 1832, durante una breve visita a Argel, donde tuvo la oportunidad de conocer un harem. Es un cuadro de una extraña belleza, armónico, exuberante en el colorido, y en el cual el artista nos muestra un pequeño grupo de mujeres bañadas por una luz mágica, en el interior de sus habitaciones privadas; allí donde sólo podían entrar el marido y los eunucos. La mirada de Delacroix no le estaba permitida a todo el mundo, es como si el artista hubiera “robado” ese instante único y eterno. Es un cuadro lleno de sensualidad y de exotismo, donde se respira un aire lleno de códigos, de gestos desconocidos, de secretos, pero también de un drama ajeno, que los rostros de las protagonistas ocultan al intruso que las ha retratado. Es de anotar que la percepción de Delacroix, en lo que a la mujer árabe se refiere, fue bastante ingenua y a la vez extremadamente machista; su idea de las mujeres encerradas en vida, en las cuatro paredes de un harem, quedó resumida así:

““¡Es hermoso! ¡Es igual a los tiempos homéricos! ¡La mujer en el gineceo, ocupándose de los niños, hilando la lana, o bordando maravillosas telas. Es la mujer que a mí me gusta!” [1]

En el libro, Assia Djebart no sólo hace una férrea defensa de la mujer musulmana, sino que condena al colonialismo francés que abatió Argelia por espacio de más de cien años. El libro está dividido entre el “ayer” y el “hoy”; con lo cual nos enfrentamos a mujeres que les ha tocado vivir dos épocas completamente diferentes de la historia argelina y que han debido afrontar y soportar una sociedad extremadamente patriarcal. En el “Ayer”, está la mujer que debe afrontar el colonialismo y en la de “Hoy” la mujer que debe asumir los cambios que la historia y la independencia le han traído. Es un relato de difícil lectura. Es un libro que está a medio camino entre el sueño y la memoria; lo que permite a cada mujer mostrarse tal cual es, en otras palabras, quitarse el velo. Y si hablo de sueños, me refiero, básicamente, a la evocación, que a veces pierde su sentido de realidad. Las mujeres de Assia Djebart, son mujeres que osan hablar de sus sentimientos, de sus miedos, de sus vidas, son mujeres temerarias; muy diferentes de la imagen de la mujer sumisa que tenemos en Occidente de la mujer musulmana. Es la mirada íntima de un lugar aún más íntimo: el apartamento, donde la vida privada y secreta se lleva a cabo; donde podemos ser nosotras mismas, sin engaños, sin máscaras que oculten nuestra verdadera naturaleza y nuestra verdadera historia.

“A lo mejor la amistad palestina servirá al fin…

-¿A qué?

- ¡A sacarte el odio!

- ¡El odio! Gritó el pintor mientras traía té y whisky. ¡si nosotros lo chupamos con la leche de nuestras madres explotadas! No han comprendido nada: no es solamente el colonialismo el origen de nuestros problemas psicológicos, ¡sino el vientre de nuestras mujeres frustradas!… ¡Estamos condenados desde que somos fetos.” [2]

Assia Djebar denuncia y cuestiona la opresión de la mujer musulmana, y al mismo tiempo le quita el velo, símbolo de la opresión de la que es objeto. Un velo que busca empequeñecerla, borrarla, hacerla invisible. El velo es la herramienta masculina, utilizada para evitar que la mujer sea crítica, pensante, analítica. El velo, tirado a un lado, transforma la sumisión de la mujer, en osadía, en valentía. El velo, impuesto por el hombre y por la religión, busca a la vez el “silencio” de la mujer. En el velo, el hombre esconde sus propias frustraciones, sus miedos atávicos, sobre todo el miedo a la mujer, a la diferencia, a la aceptación de la otra. Chahdortt Djavann, escritora iraní, dice al respecto:

“El velo condena el cuerpo femenino al encierro, puesto que en ese cuerpo radica el honor del hombre musulmán, por lo tanto él debe ser protegido. El velo traduce la alienación psíquica del hombre musulmán que construye su ser y su identidad en el miedo permanente de la transgresión femenina; una transgresión inquietante: una mecha de pelo o una pequeña parte de la piel que se deja ver”.[3]

El “silencio”, impuesto a la mujer, es en realidad el símbolo de la frustración masculina. El “silencio” impuesto por el padre a la hija, oculta los fracasos del padre y le es impuesto a la hija como una especie de “virtud”, léase incluso de “mutilación”. La niña, convertida en mujer, no conocerá el placer sexual; el “silencio” le arrebatará también la posibilidad de realizarse, de ser ella misma, de aceptarse. El “silencio” será la base de la autonegación, será la base de una vida de sumisión absoluta, servil, incluso, una vida de esclavitud. El libro de Assia Djebart, es un grito desesperado, lanzado a todas las mujeres y hombres del planeta. Un grito desgarrador que espera ser escuchado, repetido una y otra vez, hasta encontrar un eco que ayude a la mujer musulmana a dejar atrás tanta ignominia.

——————————————————————————–
[1] Djebar, Assia. Femmes d’Alger dans leur appartement. Éditions Albi Michel S.A. 2002. Pág. 265. (Traducción libre de la autora del artículo).

[2] Ibídem. Pág: 84 (Traducción libre de la autora del artículo).

[3] DJAVANN, Chahdortt. Bas les voiles! Éditions Gallimard. Pág. 21-22. (Traducción libre de la autora del artículo)
*Blog: El Hilo de Ariadna en el www.elespectador.com, (sección cultura)

El arte de la ficción (David Lodge)

El arte de la ficción (David Lodge)

Compré este libro con la idea de que analizaría una serie de herramientas de técnica literaria, y en cierto modo es lo que hace, pero de una manera muy somera, como quien se entretiene comentando impresiones con amigos en un café, pero no le parece momento de profundizar en nada.

Lamento confesar mi incultura, pero en mi vida había leído nada d este señor, del que se dice que es un conocido novelista, y tampoco de muchas de las obras de las que habla a lo largo del libro. Esto último, por otro lado, puede ser interesante de cara a conocer nuevas obras, clásicas en otros lados. O lo sería si no se centrase de manera tan profusa en la literatura anglosajona. Con deciros que el realismo mágico lo aborda hablando de Milan Kundera, creo que no necesito mucho más, para que os hagáis una idea de lo que sabe este señor de letras hispanoamericanas, por ejemplo. Y bastante que menciona a un checo…

Cada capítulo, y son cincuenta, comienza con un texto invariablemente anglosajón en el que se emplea la técnica que va a comentar, o la parte dela narrativa que quiere balizar, y una vez hecho esto, el autor se ponbe a hablar de cualquier cosa o a demostrarnos que se ha leído el libro del que ha entresacado el párrafo inicial.

Aunque el tono general es entretenido, a menudo da la impresión de que no tiene nada más que decir, porque en realidad hay poco más que decir, y le falta aún media columna de periódico pro llenar, así que habla de siuss propias obras, del conflicto que se planeta en la novela elegida o del sursum corda…

Por lo demás, la parte más interesante del libro es el índice, que resulta muy interesante si se quiere preparar un taller literario o se quiere utilizar para buscar textos que empleen esas técnicas, pero por cuenta propia. Fuera de eso, lo mejor el prólogo, de Eloy Tizón, que está muy por encima del texto del autor.

Eso sí: para quienes quieran empezar a estudiar algo del asunto, puede resultar interesante. Los que conozca un poco la técnica literaria, mejor que busquen otro libro un poco más consistente.

 

FIESTA CON HAVANA CLUB, novela negra cubana

Un nuevo autor de novela negra cubana aterriza en el panorama literario español. De la mano de Editorial Amarante, Andrés Casanova nos presenta la novela “Fiesta con Havana Club”.
La novela negra cubana es conocida en España por sus dos baluartes más importantes y jóvenes: Amir Valle y Lorenzo Lunar, muy premiados y de reconocido prestigio internacional. Sin embargo, merece la pena descubrir nuevos autores de la calidad de Andrés Casanova. En los años setenta del pasado siglo en Cuba comenzó a surgir con pujanza la novela negra policiaca, y fueron autores como L. Rogelio Nogueras o Daniel Chavarría los que potenciaron y dignificaron el género. En nuestro país comenzamos a conocer el género “hecho en Cuba” a través de Leonardo Padura, que con Tusquets tiene publicados una veintena de títulos, uno de los más conocidos es “Vientos de cuaresma”, es muy famoso su detective Mario Conde. Este autor rompió el melón con una descripción realista de la sociedad cubana y dejó entrever una cierta crítica social en su obra, tal vez más acentuada en sus últimos libros donde escribe sobre el desencanto. Con el camino ya abierto surgieron los dos autores reseñados: Amir Valle, publicando con Planeta y otras, tiene desplegadas una docena de novelas disponibles al lector español. Y Lorenzo Lunar, con una decena de títulos en las editoriales Edaf y Almuzara. Aunque se podría nombrar a más autores, esta reseña no pretende ser un estudio sobre la novela negra cubana, el cual está por hacer con rigor y profundidad. Es significativo que los tres más importantes estén fotografiados en la galería de retratos del templo de la novela negra, la librería barcelonesa “Negra y criminal”, por cierto que la editorial Amarante, para la que publica Andrés Casanova, cuenta con un autor entre sus filas en la galería “Negra y Criminal”: se trata de Carlos de Tomás, del cual ya reseñamos en esta misma página su última novela negra “Café Bramante”.
La última generación de autores cubanos aborda, desde el género negro, temas como la corrupción, la tortura, el narcotráfico, el contrabando, la prostitución, etc. Males que aquejan a cualquier país latinoamericano… y de otros lugares, con independencia de su color político. Lo esencial, y común denominador de los autores, es: que no explican la realidad de cuba, simplemente la narran aprovechando el género. Escudarse en la ficción es una manera de hacer crítica social. Y no es exclusivo de ellos, algunos de los autores de la novela negra nórdica no dejan títere con cabeza, y ahora estoy recordando las palabras que dijo Juan Madrid en una entrevista concedida hace un año al periódico El Mundo: “La única literatura posible hoy en día es la negra… Nada de escritores encerrados en su torre de marfil. En este mundo no hay más que soledad, angustia, explotación, violencia. O se cuenta así o no se cuenta… Cuando te pones a escribir, lo quieras o no, la realidad se cuela por todas partes, no existe un escritor apolítico, porque su oficio es el de contar conflictos.”
La ciudad de la Habana da para mucho, y por eso no quiero dejar de mencionar que otros autores actuales (no cubanos) del género han utilizado a Cuba y en especial a La Habana como escenario de la acción de su novela y con descripciones de personajes cubanos que podríamos poner en cuarentena, pues nos obliga a pensar que por ejemplo un novelista español, me acuerdo de José Luis Muñoz con su obra “Llueve sobre la Habana”, a pesar de su buena intención, de describir la relación del fuerte sobre el débil, de meternos poéticamente en La Habana; sin embargo, no tiene “el sabor” que nos transmiten los autores cubanos.
“Fiesta con Havana Club”,de Andrés Casanova, tiene todas las características señaladas con anterioridad, y añado más: La poética de la narración y el delicioso surrealismo que nos hace sonreír a cada página. Como dice la sinopsis: “Se trata de una novela de espionaje donde la acción nos conduce por el laberinto físico-mental de una hermosa y joven cubana, Zhenia Ortiz, que tiene por encargo ganarse la confianza del asesor principal del Ministro de Desarrollo Técnico. Una novela llena de intriga y acción; con policías cubanos, políticos, comerciantes extranjeros, funcionarios corruptos, personajes del hampa, marginados, etc. Un cóctel al que no le podía faltar la Santería ni los nuevos cristianos, cuyo resultado es un inaudito policiaco en el que no sólo actúan personas de carne y hueso. El autor cubano ha diseñado unos personajes, como el capitán Tony Ramírez, o su compañero Osvaldo Cantabria, que no se alejan en absoluto del estereotipo del detective clásico europeo. Andrés Casanova nos ofrece una visión distinta de La Habana, y lejos de narrar el lado más frívolo, a pesar del sentido del humor y un cierto surrealismo, crea una atmósfera alrededor de los protagonistas que por sí misma nos introduce en la historia íntima de cada uno de ellos; y afloran los sentimientos, las cargas del pasado, los prejuicios e incluso las frustraciones”. De una narración y factura impecable, la acción de “Fiesta con Havana Club” no nos deja perder ni un ápice de interés hasta terminar su lectura. Una Cuba que se mira hacia dentro, “… lo más preocupante era que estos enemigos de ahora no parecían en realidad agentes de la CIA, seres de carne y hueso, sino demonios…” Una novela continuadora y en la estética de “Tormenta tropical de verano”, novela negra que cuajó un gran éxito tanto en cuba como en Méjico.
De Andrés Casanova cabe destacar, que tiene escritas una docena de novelas y aunque esta es la primera que publica en España, sí fueron publicados varios libros de poesía en editoriales españolas en la década de los 90, destacando en la antología “Poesía Cubana Hoy”, Editorial Grupo Cero, Madrid, 1995.
Eladio Martín (Élmar) para Crítica de Libros
Ficha bibliográfica:“Fiesta con Havana Club”, Andrés Casanova. Editorial Amarante, Salamanca 2011. (Novela negra) Formato: ebook sin DRM desde editorialamarante.es; 65.673 palabras aprox. ISBN: 978-84-939625-3-1 (Archivos de compatibilidad: ePUB y MOBI para Kindle desde la misma web).

Next Page »

Flag of Andalucía.svg Hoteles baratos en Andalucía

Flag of Catalonia.svg Hoteles baratos en Cataluña

Flag of the Community of Madrid.svg Hoteles baratos en Madrid

Bandera de la Comunidad Valenciana (2x3).svg Hoteles baratos en Comunidad Valenciana

Flag of Galicia.svg Hoteles baratos en Galicia

Bandera de Castilla y León.svg Hoteles baratos en Castilla y León

Flag of the Basque Country.svg Hoteles baratos en País Vasco

Flag of the Canary Islands.svg Hoteles baratos en Canarias

Bandera usual de Castilla-La Mancha.svg Hoteles baratos en Castilla-La Mancha

Flag of the Region of Murcia.svg Hoteles baratos en Murcia

Flag of Aragon.svg Hoteles baratos en Aragón

Flag of Extremadura with COA.svg Hoteles baratos en Extremadura

Flag of the Balearic Islands.svg Hoteles baratos en Islas Baleares

Flag of Asturias.svg Hoteles baratos en Asturias

Bandera de Navarra.svg Hoteles baratos en Navarra

Flag of Cantabria.svg Hoteles baratos en Cantabria

Flag of La Rioja (with coat of arms).svgHoteles baratos en La Rioja