Amor de Perdición, Camilo Castelo Branco

[Amor de perdiçáo]. Novela portuguesa de Camilo Castelo Branco (1826-1890), escrita en 1861 mien­tras el autor estaba encarcelado debido a la denuncia de un marido celoso. Castelo Branco desentierra, o finge desenterrar de los archivos de familia, la trágica historia de su tío Simao Botelho, historia que se ambienta en la provincia portuguesa del siglo XIX. Simao Botelho, hijo de un ma­gistrado ignorante y de una soberbia dama de la corte, tras una adolescencia corrom­pida y libertaria y en el umbral de la ju­ventud, se enamora de Teresa de Alburquerque, hija de un enemigo personal de su padre. Éste, para impedir el matrimonio entre ambos jóvenes, promete a su hija con su sobrino Baltazar Continho quien, viendo que son vanas sus tentativas de seducción, decide suprimir con la violencia al rival afortunado. No lo consigue y, encendida en el corazón del impetuoso Simao la llama de la venganza, paga con su vida. Simao es detenido y condenado a muerte; Teresa se retira a un convento, consumida por la ti­sis. La familia abandona completamente a Simáo a su destino y sólo en la segunda parte su padre se decide a interponer su in­fluencia para obtener que la pena capital sea conmutada por la deportación perpe­tua.

Simáo es auxiliado durante su larga espera por Mariana, hija de un herrador que se ha enamorado del joven sin espe­ranza de verse un día correspondida. La noticia de la gracia concedida a Simáo tie­ne una influencia benéfica sobre la salud de Teresa, pero se trata sólo de una me­joría ilusoria. Cuando el navío que lleva a Simáo hacia las Indias zarpa del puerto, tras haberle dirigido el último saludo des­de la ventana del convento, Teresa muere. Simao, a quien Mariana ha querido acom­pañar hacia el presidio, muere de dolor pasados pocos días de navegación y cuando el saco que contiene su cadáver es lanzado al mar los marineros oyen otro chapuzón siniestro: la fiel Mariana ha querido alcan­zar en el más allá su amor imposible. La novela es la más popular entre las del es­critor portugués y sin duda es aquella en que su talento se advierte más trabajado. La narración es lenta, reposada, excesiva­mente oprimida por el inacabable y proli­jo carteo de ambos enamorados. El lector no portugués se adapta difícilmente al pe­simismo que envuelve la novela, que más que motivo universal es manifestación de la típica melancolía («saudade») portugue­sa que durante el siglo pasado fue la ver­dadera dolencia espiritual de las mentes más elevadas de dicho país. [Trad. españo­la de M. Casado Nieto (Barcelona, 1942)].

A. R. Ferrarin

El Amor de las Tres Naranjas, Carlo Gozzi

[L’amore delle tre melarance]. Fábula tea­tral del veneciano Carlo Gozzi (1720-1806), representada en el teatro San Samuele de Venecia por la compañía de Antonio Sacchi el 25 de enero de 1761. Inspirándose en una conocida fábula, transcrita por Basile en el Cuento de los Cuentos (v.), Gozzi transfor­ma, como innumerables veces en el teatro, una polémica literaria en situación teatral.

El autor sólo traza el escenario de la fá­bula, contentándose con transcribir pocos diálogos y los recitados de Morgana y de Celio. Más que contra la poesía goldoniana, dispara contra la poesía barroca de Chiari, representado en el Hada Morgana, la cual, con ponzoñas de versos alejandri­nos envenena a Tartaglia (v.), hijo del rey de Copas, inspirándole una aburrida melan­colía. Le salva Truffaldino (v.), el célebre Sacchi, que consigue hacerle reír con sus chanzas. Desde este momento la acción se convierte en fábula: Morgana inspira al príncipe el deseo de tres naranjas y éste marcha con Truffaldino. Un diablo con un fuelle les hace recorrer en un instante mu­chas millas (parodia de Chiari, que pres­cindía del sentido común) y les lleva al castillo de la giganta Creonta, donde deben vencer cuatro obstáculos: una puerta oxi­dada, un perro hambriento, una cuerda po­drida y una tahonera. Triunfan con ayuda del mago Celio, rival de Morgana (Goldo­ni), y la giganta muere declamando insen­satos versos de Chiari. La puerilidad de la fábula suspende al público entre la mara­villa y la risa. Sigue otra escena fabulosa, salpicada con las chanzas de Truffaldino: abiertas las naranjas, surgen de ellas bellas jóvenes, dos de las cuales mueren de sed; Tartaglia salva a la tercera, Ninetta, y se enamora de ella. Pero, al alejarse, Smeraldina Mora, enviada por Morgana, le cla­va un alfiler en la cabeza, transformando a Ninetta en paloma y poniéndose sus vesti­dos, de modo que el Rey quiere obligar a Tartaglia a que se case con ella. Sigue a continuación un intermedio satírico, la disputa entre Celio, que emplea vulgares versos abogadescos, y la delirante Morga­na. La paloma se aparece luego a Truffal­dino cocinero, haciéndole olvidar el asado, por lo cual el Rey viene con la Corte a pro­testar; pero, arrancado el alfiler, he aquí que la paloma vuelve a ser princesa. El Rey se sienta junto a la lumbre y juzga a los culpables, mientras los dos enamorados se encierran en la despensa esperando las bo­das. óptima escena donde se consigue una feliz combinación de tonos: fabuloso, fami­liar y juguetón.

E. Rho

 [Los dramas de Gozzi] no están imagina­dos según una mentalidad italiana, sino que más parecen obra de un alemán; y, en efecto, los alemanes los acogieron con gran entusiasmo… y en la actualidad son los únicos que mantienen la reputación de Gozzi. (Sismondi)

*      Se sacó de esta fábula una ópera, en un prólogo y cuatro actos, palabras y mú­sica de Serge Prokofief (n. 1891), repre­sentada en Chicago, en 1921.

Del Amor Conyugal, Giovanni

[De amore coniugali]. Colección de treinta y tres ele­gías latinas, dividida en tres libros, del es­critor italiano Giovanni, llamado Gioviano Pontano (1426-1503). Testimonio de cariño a su familia, esta obra ilustra la santidad del matrimonio en forma completamente nueva. Su joven esposa Adriana Sassone, de diecisiete años, cantada con el’ nombre de Ariadna, entró en su familia en 1462, y se revela muy digna del amor de su espo­so, pues éste proclama que el amor conyu­gal es la prueba más elevada de la pasión y la verdadera antorcha de la vida. Alejado de su mujer, cada vez más, en los años que seguirán al matrimonio, Pontano elogia su dulzura de mujer, su gran afecto de ma­dre hacia las tres hijas que van creciendo poco a poco: Aurelia, Eugenia y Lucía Marcia, muerta después en tierna edad. Se di­rige a su amada, pensando en sus hijas; en su educación, en el sentido del deber, en la alegría de saber que son buenas y juiciosas. El nacimiento de un varón, Lu­cio, le llena de nuevo orgullo: es el es­plendor de su vida, y todo su entusiasmo revierte sobre la cabeza de su gentil espo­sa. Para el niño compone las «Nanas» o «Canciones de cuna [«Neniae»] incluidas en el segundo libro de la obra. Libre de cui­dados, la madre juega con sus hijitos, o la nodriza canta mientras el niño mama a sus pechos; también el padre, al acariciar al buen Lucito (Luciolús), le llama con dul­zura y cariño. Los epitalamios para las bo­das de las dos hijas que sobrevivieron; una composición que, citando los amores de Ovidio con Corina, habla con Ariadna leja­na; y, sobre todo, la poesía que anuncia el retorno del poeta junto a la suspirada familia, cierran la obra con un tono de leve melancolía. El recuerdo de la paz do­méstica, la sonrisa de las alegrías familia­res ponen una nota verdaderamente pro­funda en el Amor Conyugal, un reposo de idilio y suspirante esperanza: el regreso a la alegría de su casa, en la bella ciudad de Antignano, muestra el entusiasmo de su es­píritu sincero y poético. Esta colección pue­de considerarse como la verdadera obra maestra de su autor y uno de los mejores libros del Humanismo italiano.

C. Cordié

El Amor Constante, Alessandro Piccolomini

[L’amor costante]. Comedia en cinco actos de Alessandro Piccolomini (1508-1578), representada en Siena en 1536, en presencia del empera­dor Carlos V; dignamente elaborada, con mixtura de elementos diversos, desde el juego dialectal hasta la aventura novelesca. Ginevra, confiada por su padre Pedrantonio a su tío Consalvo, antes de marchar para el destierro y enamorada de Ferrante di Selvaggio, enemigo de Consalvo, se ha ca­sado secretamente con él, huyendo los dos. En el viaje les raptan los piratas: Ginevra es entregada a Guglielmo, mientras Ferran­te es vendido en Túnez. Libertado, Ferrante llega a Pisa donde encuentra a Ginevra, sin que ésta le reconozca; puede así compro­bar la fidelidad de la mujer; se da a cono­cer e intenta huir con ella. Sorprendidos por Guglielmo, éste les condena a beber un veneno. Pero en ese punto interviene Giannino, hermano de Ginevra, enviado de niño al cardenal de Médicis (ahora Clemen­te VII): enamorado de Ginevra, sin saber que es su hermana, la ha pedido en matrimonio a Guglielmo y con la ayuda de cuatro hombres armados, riñe con él para salvar a la muchacha. La intervención de Consalvo descubre no sólo el parentesco de ambos jóvenes, sino que Guglielmo es su padre Pedrantonio. La alegría se convierte en llanto a la noticia de que Ginevra y Ferrante han bebido en tanto el veneno; pero el médico Guicciardo que se lo ha dado, considerando injusta la ira de Gu­glielmo, ha dado a los jóvenes una bebida innocua. Y un final placentero pone térmi­no a las aventuras. Comedia de reconoci­mientos, al estilo de los clásicos, y de aven­turas románticas, según las nuevas fórmulas del gusto internacional, trata de fundir am­bos factores con el elemento patético. El Amor constante fue imitado por Louis de Jars en Lucelle, tragicomedia en prosa francesa (1576).

U. Dèttore

Amorcillos, Edmund Spenser

[Amoretti]. Conjunto de ochenta y ocho sonetos ingleses de Edmund Spenser (15529-1599), publicado en el año 1595 junto con el poema breve Epi­talamio (v.); los sonetos fueron inspirados por el amor del poeta hacia Elizabeth Boyle y el epitalamio fue probablemente escrito para el matrimonio que coronó dicho amor. Los temas tratados son los de costumbre en los cancioneros de los petrarquistas italia­nos y franceses: en muchos sonetos Tasso está imitado estrechamente («Hermosa es mi mujer», «Mujer, pues la fortuna», «El alma en busca de luz», etc.), otras veces Desportes; el tono de conjunto es el del platonismo de Bembo y sus seguidores. Sin embargo, pese a los convencionalismos, la originalidad del poeta se manifiesta en ciertos acentos de profundo sentimiento re­ligioso. El estilo es ágil y armonioso, aun­que un tanto prolijo.

M. Praz